"Nadie puede ser juzgado por su apariencia."

Estas palabras son comúnmente menospreciada como un proverbio popular, un consejo que la sociedad le ha dado a uno como una muestra de su buena moral. Pero es por eso mismo que, a pesar de no ser tomada en serio, la frase representa una misteriosa realidad.

Una realidad que todos deberíamos tomar en cuenta, pero que comúnmente ignoramos por nuestro propio beneficio y placer.

No hablo de racismo, y no llegaría a los extremos de denominarlo discriminación.

Es simplemente el hecho de no ver a las personas por lo que son a causa de no querer llegar más allá de la barrera impuesta por lo físico y palpable.

¿Por qué es que te cuento esto? ¿Qué es lo que me lleva a dirigirme a ti, un completo extraño? Francamente, no lo sé. Creo que tan solo he elegido a la primera persona de ojos curiosos con la que me he topado para dejar salir mis pensamientos.

¿Que a dónde quiero llegar con esto? Bueno, tenemos para tiempo aquí. El tren se ha detenido y no hay aviso de que el problema, cualquiera que sea, vaya a solucionarse pronto. Nos conviene a ti y a mí matar el tiempo de alguna forma, ¿no? Ya sabía que me ibas a dar la razón. Entonces déjame proceder a contarte una historia.

Como podrás ver por mi uniforme, soy un estudiante de la Secundaria Shiroyama, clase 2-D. Si eres informado, el nombre te debe sonar. A pesar de ser una Secundaria de pueblo pequeño, tuvimos un incidente bastante grande el año pasado. Oh, ¿lo recuerdas? Sí, apareció en las noticias locales. En fin, a lo que voy es que yo participé, de cierta manera, en ese "incidente", y hasta el día de hoy me sorprende lo tanto que la historia se ha distorsionado.

¡Te ves interesado! Pues entonces déjame comenzar a relatar esta historia desde el mismo principio. La historia de Sato Ichiro, de Kashiwagi Enishi, de Ogawa Sentaro, de Aihara Jun, y de Hirasaka Eiko, entre otros. Una historia que no habría sido posible completar sin la intervención de cada uno de sus personajes.