"Austeridad"

Siempre que Álvaro se encontraba leyendo, y se topaba con términos que desconocía, recurría al diccionario que había colocado encima de su mesita de luz con ese propósito. Esa vez, fue la palabra "austeridad" la que llamó su atención. Estaba leyendo uno de esos pequeños libros de tapa gastada, que solía pertenecer a su tatara tatara tatara abuelo, y que era considerado toda una antigüedad.

—Humano, ¿por qué continúa atado a esos artefactos obsoletos? —interrumpió su búsqueda XL-9638, a quien Álvaro llamaba cariñosamente X, con su voz metálica y monocorde.

—Me gustan los libros, X. Además, son recuerdos de mi familia. Les tengo cariño —respondió sencillamente.

X transformó la carcaza que formaba parte de su pecho en una pantalla que sobresalió y brilló con una luz azul. El sistema operativo Doors 9 Beta, el más avanzado del momento, se inició, y presentó una cantidad de títulos ordenados alfabéticamente, de todos los géneros, autores y épocas.

—Estoy bien con los libros, X —repitió—, no hace falta.

X permaneció así, de pie a un costado de la ventana, con su forma humanoide rígida hasta alguna nueva orden que requiriera su movimiento. Entonces su madre entró a la habitación, con pasos presurosos, y lo miró airadamente, cruzando los brazos, al reparar en su actividad.

—¿Otra vez hurgando en los cajones viejos, Álvaro? —El pequeño se encogió de hombros, dejando el libro a un lado sobre el colchón— Deberías estar haciendo tus tareas de Genética.

—Puedo comenzar más tarde.

Su madre le dedicó una mirada aún más reprobatoria, y luego la dirigió a X.

—XL-9638, entre en modo de hibernación hasta las 19 horas —En ese preciso instante, todas las luces que indicaban que X estaba funcionando, se apagaron, con un ruido agudo—. ¿Qué estás leyendo? —probó con más amabilidad, situándose en un costado de la cama.

—Se llama "Noventa y nueve monedas" —indicó Álvaro, y luego pareció recordar algo, y cogió el diccionario—. Mamá, ¿sabés qué quiere decir "austeridad"?

La mujer frunció el ceño discretamente, ya acostumbrada a esos planteos por parte de su pequeño hijo de diez años.

"La puta madre, ¿por qué no será como los demás y jugará con las bicicletas a propulsión?"

Suspiró y habló.

—La austeridad, Álvaro, es no ser ni demasiado avaro ni demasiado mezquino.

El niño se acercó más, muy interesado.

—¿Algo como lo que hace el tío Juan?

La mujer asintió, recordando al mediocre de su hermano, que se había mudado a Sri Lanka, uno de esos lugares atrasados, a practicar una "vida sana". Se alegraba que tamaño pelotudo no tuviera lugar en su familia. Miró a su hijo. Podría influir gravemente en la susceptible mente de Álvaro.

—Eso es, algo como lo que hace el tío —asintió—. Pero la austeridad no es buena, porque nos aleja de lo que queremos realmente —explicó con dulzura—. ¿Y qué queremos, Alvarito?

—Dinero —contestó él, diligente.

—¿Y cómo lo conseguimos? —continuó.

Pareció dudar un poco al responder de nuevo.

—¿Robando a los países pobres?

Su madre le dedicó una sonrisa llena de orgullo.

—¡Exacto! —exclamó. Le acarició una mejilla— Has estado haciendo tus tareas de Capitalismo, ¿eh?

—Sí, mamá —Entonces volvió a asaltarle una nueva duda—. Pero, ¿eso quiere decir que estos libros nos están enseñando cosas malas?

—Oh, sí, sí. En realidad, se crearon para que puedas ver lo tonto que es. La austeridad es cosa de mediocres. De pobres. Ya sabés, como el tío Juan.

—A mí me cae bien el tío Juan.

La mujer lo observó debatiéndose entre enviarlo a un asilo para inadaptados al sistema, pensando que habían inaugurado uno cerca de la calle Náutica, o continuar hablándole con paciencia. Resolvió que internarlo ahí costaría unas cuantas transacciones virtuales, y necesitaba ahorrar para unos repuestos para el turbomóvil.

—Hacé tu tarea de Genética, Álvaro —Un pad se materializó en sus manos, como si cayera del cielo, y se lo tendió—. La clonación humana no se estudia sola.

Cuando su madre se fue, Álvaro se seguía diciendo, en su interior, que la austeridad no parecía tan mala después de todo.