La traición

Rorien la tierra sobre la que la magia y lo real se mezclan. Era hermosa con todos sus paisajes naturales, solo había unos cuantos poblados humanos que convivían en paz junto con las criaturas sobrenaturales que vivían en Rorien, los neforien. Todo se mantenía en paz gracias a los mejores reyes que jamás reinaron en todo Rorien, Aarón y Zelena. De tez bronceada, unos impasibles ojos negros al igual que sus cabellos, el rostro de Aarón era noble y sereno aunque bajo esa tranquilidad solía ocultarse su gran coraje. Rorien pasaba por grandes problemas en guerra con algunos cuantos rebeldes que habían renunciado al Pacto de Rorien argumentando que el gobierno estaba corrompido.

-Señor… el señor de la Sociedad de Ánimas perdidas quiere tener una charla con usted- dijo Héctor con voz ahogada. Héctor era el consejero y segundo al mando de Aarón. A diferencia de Aarón el rosto de Héctor se veía siempre intranquilo y nervioso, bajo sus ojos fríos había medias lunas oscuras de cansancio.

-Así que… -dijo Aarón con voz grave- Hayler ha decidido que llego el momento de hablar… cara a cara.

-No mi señor lo el señor de la Sociedad no se presentar personalmente el…

-Enviara un mensajero- le corto Aarón-. Típico de él. Y ¿donde desea que sea la reunión?

-El salón del Alba al noroeste a la orilla del rio.

-Tiene el descaro de querer deshonrar el salón donde hace casi mil años se firmo el Pacto. No ha cambiado de costumbre…

-Yo solo soy mensajero, mi señor-replico Héctor temiendo de que Aarón descargara su ira contra él.

-Lo sé Héctor, pero no debes preocuparte estoy bastante tranquilo - pero se veía tenso y su boca había quedado convertida en una fina línea-. Además no tienes…

El resto de las palabras de Aarón quedaron ahogadas cuando se abrieron las puertas de roble del salón y entró una mujer alta, delgada y frágil, de tez muy blanca, ojos azules y de cabellos dorados y sedosos que llegaban hasta su cintura. Esta venia seguida por unos hombres como tratando de alcanzarla. Aarón se puso de pie de un salto, pero antes de que pudiera abrir la boca la mujer le espetó:

- Como se te ocurre hacerle caso a los chantajes de un traidor como Hayler, como puedes permitir que te trate como si tú… -no termino la frase al ver que Aarón levantaba la mano para hacerla callar.

- No les dije que no permitieran que nadie entrar -dijo Aarón dirigiéndose a los que la seguían.

- Señor tratamos de detenerla pero ella insistió.

- Zelena si sabias que quería privacidad ¿por qué entraste a la fuerza? -le dijo Aarón a su esposa.

- Necesitaba saber que podían estar tramando Hayler esta vez -contesto mientras Aarón volvía a sentarse en el trono.

- Mujer, -le dijo Aarón en tono amable- sabes que puedo arreglármelas yo solo.

- Pero -dijo Zelena en tono confidencial- sabes de lo que hablamos ayer -y dicho esto miro de soslayo a Héctor.

- Si y sabes muy bien lo que opino -le recordó Aarón-. Ahora te ruego que te vayas esta sigue siendo una reunión privada, hablaremos después.

Zelena se fue indignada de la sala no sin antes lanzarle una mirada de enojo a su esposo, cerrando con fuerza las puertas a sus espaldas. Y mientras se alejaba de la sala del trono iba pensando en que argumentos usaría en contra de su esposo.

En cambio, en la sala del trono, Aarón y Héctor volvían a discutir. Al final de la tarde propusieron que Aarón se presentaría a la reunión con Hayler, pero acompañado de unos cuantos soldados para su seguridad.

Un problema menos -pensó Aarón. Pero sabía que el tener que lidiar con su esposa hecha una fiera iba a ser todo un dilema. Iba tan metido en sus pensamientos que no se percató de que lo llamaban. Al ver al soldado que lo llamaba se detuvo en seco para oírle, pero al ver la expresión de su rostro lo invadió un mal presentimiento.

El soldado le conto que todos los guardias apostados en los alrededores del Salón del Alba fueron hallados muertos y que la única pista era una nota dejada en la entrada del salón. Aarón le pidió que le entregara la nota. Esa simple nota cambiaria en rumbo de ese reino para siempre.

Querido Aarón veo que no estás dispuesto a cumplir con las reglas de nuestra reunión así que mejor haré unos cambios, será en tres días, a media noche en el risco Lux. Espero que cumplas esta vez. Hayler.

Leyó la nota dos veces para asegurarse de lo que había leído, con preocupación pensó en su amada y todo lo que esta le había dicho, pensando que tenía razón, se hallaba en una encrucijada muy grande.