La Chica Del Espejo

Érase una vez, en un pequeño pueblo al norte de Inglaterra, donde vivía una joven chica con su familia, siendo ella la menor de 6 hermanos. Su nombre era Nishrley Sutherland. Todos la conocían como una chica interactiva, comunicativa y sociable, pero todo cambió luego de su cumpleaños número diecinueve, ella comenzó a alejarse y retraerse en sí misma, las cosas que antes le interesaban comenzaron a parecerle banales y poco era el significado que tenían para ella.
Nishrley comenzó a realizar paseos por la casa sin aparente motivo, y un día su nana, quien la había cuidado en toda su infancia, le pregunto:

- Mi joven niña ¿Qué haces revoloteando por la casa, cuan pajarillo enjaulado fueras?
La joven sorprendida ante la interrogante, miró con cautela a su nana, para finalmente responder:

- Realmente no me parezco a un pajarillo, ha de tener alas para ser uno de ellos.

Luego, sin decir nada más, se alejó, dejando a la anciana turbada ante la respuesta desorganizada que ofreció. Y así hubo muchas otras, la joven parecía perderse en el hilo de las conversaciones y divagaba en sus respuestas.

Una tarde cuando Nishrley realizaba sus paseos, llegó a un lugar de la enorme casa el cual desconocía, una enorme puerta se encontraba ante sus ojos, era una antigua habitación que al parecer no era ocupada desde hace mucho tiempo. Su curiosidad la invitaba a entrar y algo más en su interior le impulsaba a empujar la puerta que estaba frente a ella.

Tras unos segundos que para ella resultaron perturbadores y nerviosos, se atrevió a dar los pasos que la separaban de la enorme puerta. Tomo la manilla y la giro, un pequeño sonido se escuchó, no había seguro alguno, empujo la portezuela con cuidado y se dejó escuchar el chillido de las bisagras que tenían mucho tiempo sin ser movidas.

La habitación estaba en completa oscuridad, tomó uno de los candelabros ubicados para alumbrar el pasillo y se adentró en aquel aposento que tanto le atraía. Observó a su alrededor y solo pudo apreciar viejos muebles descartados, libros amontonados y cajas repletas de antigüedades, en un momento se dijo que no tenía por qué estar allí, pero cuando se disponía a retirarse una voz suave se escuchó a sus espaldas.

- Nish ¿Te iras tan pronto?

La joven cautelosa recorrió todo el lugar con la mirada, no había nadie más allí, solo ella. Al pensar que solo había sido un error se dispuso nuevamente a retirarse.

- ¿No me has escuchado, Nish?

Aquella voz, casi melodiosa, de nuevo le hablo. Con el candelabro alumbro el lugar, buscando el responsable de aquella voz.

- Estoy aquí

Escucho una vez más. Con sigilo se acercó al lugar de donde parecía provenir aquella voz, miró con detenimiento un lienzo que con seguridad cubría un objeto, con cuidado retiro aquel trozo de tela y ante sus ojos se vio a si misma reflejada en un enorme espejo. Pero pues, mayor fue su sorpresa al momento de que en la imagen que se reflejaba en el espejo una enorme sonrisa apareció en su rostro, cuando en el de ella misma aún estaba lleno de sorpresa.

- Has venido, por fin

La chica del espejo hablo por cuenta propia, aterrando a Nishrley, quien retrocedió unos pasos. Se mantuvo en silencio observado la imagen que se mostraba en el espejo, sin llegar a comprender lo que sucedía.

- ¿Qué…? Esto no puede ser cierto –se dijo a sí misma en voz alta, al cerrar los ojos y negar con la cabeza-

- ¿Por qué te niegas a aceptar lo que ven tus ojos? Estoy aquí porque así lo quisiste ¿o no? Viniste a este lugar buscando algo, sin saber que era, pues aquí estoy.

- ¿Quién eres? No eres yo.

La chica del espejo sonrió ante aquella negativa.

- Mmmm… Puedes decirme Ley, o como prefieras.

La joven a pesar de la perplejidad que sentía decidió quedarse en aquella habitación, charlando con aquel reflejo que no le pertenecía.

Los días pasaron y Nishrley cada tarde se acercaba hasta aquella habitación alejada y platicaba con la chica del espejo, mediante las conversaciones se dio cuenta que a pesar de ser una copia de su imagen, sus comportamientos chocaban, y disociaban en muchos aspectos.

Cuando su familia había comenzado a hacer preguntas sobre sus desapariciones repentinas y prolongadas se había excusado al decir que estaba reorganizando la antigua habitación puesto que no tenía otra obligación.

Un día noto como Ley, la chica del espejo, estaba aún más sonriente y entusiasmada que en ocasiones anteriores, le pareció extraño y sin poder contenerse le pregunto el motivo de su frenesí.

- Si te lo digo destruiría tu mundo –le respondió con voz melosa- solo puedo decirte que es algo que me complace gratamente.

Aquella respuesta la dejo con más dudas aún, pero no continúo preguntando.

Los días que siguieron fueron tranquilos, pero en algunos días aquel extraño entusiasmo volvía a mostrarse en el rostro de Ley, pero en aquellas oportunidades no quiso preguntar, algo dentro de ella misma le indicaba que no querría saber lo que sea que le provocaba tal emoción a la chica del espejo, no quería formar parte de aquello.

El tiempo continúo pasando, y la memoria de la joven comenzaba a perderse, en más de una oportunidad despertó en lugares desconocidos, sin saber cómo había llegado hasta allí, no tenía noción del tiempo ni de las cosas que acontecían a su alrededor.

Una mañana cuando tomaba el té con su madre y dos de sus hermanas, su madre con recato les dijo:

- Deberán tener cuidado a partir de ahora, no quiero que estén fuera de sus casas antes de que anochezca –les dijo a sus hermanas, y finalmente hacia ella- en especial tu Nishrley, con esos extraños paseos nocturnos que has tomado por costumbre realizar.

- ¿Es acaso por los asesinatos, madre?

Su madre respondió afirmativamente, y les indico que desde hace varias semanas habían comenzado a ocurrir unos extraños asesinatos. Los judiciales y encargados se mantenían buscando al responsable pero no tenían prueba alguna, lo único que podían afirmar era que el que cometía aquellos actos tenía un método desorganizado pero limpio.

- Nishrley, tú padre y yo hemos decidido comprometerte con el joven Joyce Writen.

Le declaró su madre sin oportunidad de reiterarse. Aquella misma tarde se dirigió hasta la antigua habitación, y le dijo a la chica del espejo lo que le había comentado su madre sobre los asesinatos y el hecho de tener que casarse con un desconocido.

- Tonta y grotesca idea. ¿Quiénes se creen para decidir de esa forma tan despótica?

- Son mis padres.

La chica del espejo hizo un mohín al ella mencionar aquello.

- Me encargare de todos, solo necesito más tiempo –murmuro Ley al comenzar a merodear.

- ¿De qué estás hablando?

Ley le dirigió una mirada irascible y fría, aquello la aterro.

- Aun eres demasiado débil –fueron las palabras que le dirigió aquel reflejo.

Luego de aquella extraña e inquieta conversación con la chica del espejo, se mantuvo alejada de aquella habitación, puesto estuvo ocupada con su madre preparando todo para su cercano compromiso.

Nishrley continúo despertando en sitios ajenos a ella, en cualquier lugar del pueblo. Comenzaba a sentir su mente fragmentada en episodios de sucesos que no comprendía, y las extrañas conversaciones con Ley. En ocasiones llego a sentir que sus pensamientos eran dominados por los pertenecientes a Ley, pero aquello era algo absurdo.

Días antes de la fiesta de compromiso tanto la familia de Nishrley y la del joven Writen, se reunieron para una agradable velada. La joven se mostró reservada y cuando le realizaban preguntas, respondía con descuido, en un lenguaje desorganizado.

Las campanadas de la medianoche se escucharon a lo lejos, y fue cuando la muchacha reaccionó y vino en cuenta que estaba en la antigua habitación donde se encontraba con Ley. Sin esperar demasiado se dirigió hasta el enorme espejo para ver la imagen de aquella chica de igual forma pero de pensamientos distintos, y magna fue su sorpresa al ver la apariencia que se reflejaba. La chica del espejo se mostraba con el vestido rasgado y repleto con manchas carmesíes.

- ¿Qué hiciste? –le pregunto con pavor.

- "¿Que has hecho?" Es la pregunta correcta.

La joven confundida se mira a sí misma, comprobando que es ella quien tiene el vestido teñido con sangre, dirige con terror la mirada hasta su mano derecha para apreciar allí como sostenía un chuchillo ensangrentado. Se escuchó el sonido sordo del metal chocando con la madera del suelo.

El terror se apoderó de su facie, y miró directamente al reflejo del espejo quien sonreía. No comprendía lo que sucedía, en un momento estaba con su familia en el salón y ahora estaba en la antigua habitación con sus ropas manchadas de sangre y un cuchillo en su mano.

El sonido de la puerta al abrirse la hizo alertarse, dirigió su mirada hasta allí y segundos después vio la silueta del que habían escogido como su prometido.

- Writen –menciono su nombre en un susurro.

- Lady Sutherland ¿Qué ha sucedido? Todos han muerto y usted ha desaparecido de repente.

El horror se mostraba en el rostro del joven.

- Que molesto. Acaba con él –escucho la voz melodiosa de la chica del espejo, dirigió su mirada hasta allí y no vio más que su propio reflejo, exacto. La voz provenía de su cabeza. – Hazlo.

Ella se negó a moverse pero su vista se movió directamente hacia el lugar en el suelo donde había caído aquel artilugio que había sostenido en su mano, lo vio allí tumbado y sintió deseos de tomarlo. Se reprimió.

La voz en su cabeza continuaba ordenándole y el joven en la puerta seguía haciendo preguntas. Una batalla había comenzado a librarse en su cabeza, dividiendo sus pensamientos. Sin saber cómo sintió que alguien más comenzó a manipularla, apoderarse de ella. Siendo así, se acuclilló y tomó el afilado objeto, luego con movimientos rápidos y torpes fue hasta el muchacho quien no pudo prever lo que sucedía.

Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Descontrolada, siguió enterrando la filosa arma en el cuerpo del joven hasta que finalmente este cayó inerte sobre el suelo.

La sangre del muchacho comenzó a correr en la madera, dejando un gran círculo en color escarlata, aquel rostro enmarado, que aun mostraba las facies del dolor y el miedo, parecía observarla con aquellos ojos verdes ya carentes de vida.

Sintió terror al percibir la sensación que le causaba aquel hecho, muy lejos de la pena, dolor, culpa o remordimiento. Sentía gozo y gran orgullo ante su obra. Sentimientos que nadie debería tener luego de arrebatarle la vida a un ser humano.

El pánico se apodero de ella mientras continuaba viendo el cuerpo sin vida, dejó caer el arma y miro sus manos ensangrentadas. Ella lo había hecho, le había quitado la vida a alguien. A muchos.

Recorrió con su vista el lugar hasta llegar al enorme espejo, allí estaba su reflejo sonriente y dichoso.

- Ha sido divertido ¿no es así?

Ella negó rotundamente con la cabeza, y una fuerte risa se escuchó.

- Pero si lo has disfrutado hasta el último momento. Deberías poder recordar el rostro de tus hermanos y tus padres cuando los atacamos. No se lo podían creer. –otra risa perturbada envolvió el lugar.

- ¡Calla! –gritó con euforia, pero la voz no se calló, continuo hablando y relatando cada hecho.

Su mente fragmentada comenzó a llenarse con imágenes que para ella eran de alguien más. Llevo sus manos a su cabeza y tapo sus oídos para evitar seguir escuchando al reflejo que le hablaba, pero la voz seguía en su mente.

Al ver que aquello seguía y seguía tomo el primer objeto que encontró a mano y lo lanzo directamente al espejo, este se rompió al instante esparciendo los vidrios por todo el piso de madera. Por un instante la voz calló, pero luego escucho aquella risa burlándose de ella. Se dejó caer en el suelo contrariada y tomo uno de los trozos del espejo. Allí una vez más vio su reflejo disociado en pensamientos.

- No puedes deshacerte de mí. ¿Sabes por qué? Porque yo soy tú y tú eres yo.

Eran una. Dos mentes en un cuerpo. La misma persona con pensamientos discordantes.

Apretó el trozo de vidrio en su mano hasta notar el color escarlata resbalar, un brillo iluminó su mirada, pero instantes después se oscureció. No podía seguir con aquello. Su mente se había dividido y el control de su opuesto aumentaba. Sujetó con fuerza el espejo roto, viendo su reflejo, y la chica del espejo la miró, retándola. Pero esta vez fue ella quien sonrió, y en un rápido movimiento dirigió aquel trozo de cristal directo a su cuello, traspasando la barrera de la piel en un instante. Acabando con su vida. Ahogando sus pensamientos con su propia sangre.

"Los seres humanos están repletos de seres imaginarios"