Reflexiones sobre un México convulso.

México convulso.

Así definiría el estado actual de mi país, así describiría el mundo en donde yo, siendo adulta, observo cómo se incendia poco a poco… O a pasos agigantados.

Hace apenas dos días el señor Enrique Peña Nieto inició su mandato, pero un mandato que parece prometer que habrá baño de sangre, desapariciones forzadas y hasta cacería de brujas a juzgar por lo sucedido en ese mismo día entre los manifestantes que exigían su inmediata renuncia por no haber ganado limpio las elecciones anteriores, cuyas pruebas eran más que fehacientes.

¿Por qué no se hizo lo mismo años atrás con el tal Calderón? Tal vez porque el señor ese era de un partido igual de viejo pero a la vez nuevo en la escena presidencial o qué sé yo. Lo peor del caso es que Peña Nieto representa algo más que una serie de errores colosales en materia de cultura y política: representa el retorno de la Dictadura Perfecta, el retorno del Partido Revolucionario Institucional, PRI para abreviarlo y porque así lo conocemos aquí en México, el retorno a esa dictadura que es más que nada la copia fiel de la que ejerció alguna vez el rumano Nicolae Ceausescu.

"El peor enemigo del pueblo es el propio pueblo", decía ese dicho tan célebre y tan tristemente cierto. Y creo que es verdad, porque se ha comprobado que pudo más la manipulación, el chantaje y hasta el embrutecimiento por cortesía de esas estúpidas telenovelas cuya originalidad está ausente, las cuales se transmiten en las televisoras nacionales. Todos esos factores han podido más que el deseo de cambiar uno mismo, que el deseo de que si queremos ver al país en la lista de los mejores del mundo, habría que cambiar uno mismo y empezar a trabajar desde abajo, que el deseo de perder el miedo a los que son económicamente superiores a nosotros.

Imaginemos que, digamos, en un año nuestros hijos, ¡nuestros hijos!, se conviertan en espías gubernamentales bajo amenaza o a cambio de dulces y dinero. Con sólo imaginarlo, uno ya se quebraría del miedo y hasta saldría corriendo de aquí a cualquier parte del mundo, a pesar de que haya miles de protestas en todos lados por la crisis, por los errores del gobierno o qué sé yo.

Con sólo imaginarlo, uno ya le tendría una terrible desconfianza en su familia y amigos. Espero no exagerar, aunque ya hay pruebas de que así van a hacer las cosas, a menos que se haga algo.

Aclaro que no me estoy quejando, ni estoy defendiendo a ningún partido político, sino que estoy exponiendo y tal vez adelantando cómo serán las cosas de aquí en adelante.

Hace unos días me enteré de que hay grupos armados esperando el momento de lanzar el golpe, o al menos anunciaron. Para mí esas palabras son vacías, son vanas, son inútiles. Se ha escuchado en miles de ocasiones a grupos así, desde el EZLN hasta el Ejército Maragonista, diciendo que se levantarán en armas y que habrá guerra civil en pos de la Patria. Lo más cercano que se ha visto, al menos con el EZLN, es que se cree un ambiente de tensión y no de lucha armada, un ambiente que derivó en varios acuerdos escritos para mantener la paz en las regiones del sur del país.

No obstante, he observado otros movimientos sociales en otros países, siendo Islandia y Egipto los ejemplos a seguir. Islandia porque, de manera inteligente, su pueblo se unió y luchó pacíficamente, sin armas y sin violencia, con tal de sacar a patadas a sus opresores y a los culpables de la crisis económica en la que se encuentran para luego re-escribir entre todos su Constitución y buscar la prosperidad en medio de una Europa en ruinas. Egipto porque, a pesar de estar armados hasta los dientes y estar unidos, logró derrocar a su dictador Hosni Murbarak, mediante una presión impresionante.

¿Podríamos los mexicanos hacer esas acciones? ¿Podríamos unirnos POR UNA TERCERA VEZ EN NUESTRA JODIDA VIDA COMO NACIÓN, y expulsar a los enemigos de la Patria? ¿Podríamos salir todos a las calles, y cuando digo TODOS, es que todos (policías, soldados, obreros, campesinos, estudiantes, niños, mujeres, hasta los pobres), abanderados por una causa común, nos atrincheremos en las calles y de ahí no nos movamos hasta conseguir lo que nos proponemos?

Yo creo que sí, aunque tristemente muchos me dirán que "eso ya es de hueva", "se hacen muchas ilusiones" o, más irónicos, "eso ya es una pendejada. Aquí nunca pasará eso". A esos muchos les diría: La Independencia y la Revolución se consiguió con violencia y con el deseo de ser libres, de ejercer nuestros derechos. Si nuestros ancestros pudieron, ¿por qué nosotros no? ¿Es que acaso están más a gusto con ver cómo violan a sus hijos y no se pueda hacer nada porque el fulano que los violó es el compadre de alguien de peso?, de ver cómo tu familia se embrutece con esas mierdas de telenovelas? ¡NI MADRES!

La libertad será un caos, pero lo será si la confundes con libertinaje. La libertad no será un caos si tú la respetas como tal y conoces hasta qué cierto punto es libertad y qué es libertinaje.

No obstante, debemos preguntarnos hacia dónde iremos si las cosas continúan así, qué pasará si no se hace nada de nada, si una vez más seremos los agachones de siempre.

Sólo Dios y nosotros mismos lo sabremos.