Siempre se dijo que dentro del Castillo del gran "lobo adinerado", como llamaban las personas a Sir Ángelo Gabriel de la Bouatouire, había un sótano maldito. Nunca se supo cuál de todos, ya que el castillo contaba con más de 100.

El castillo llevaba siglos abandonado, y como siempre se acostumbran entre los jóvenes las aventuras extremas, los retos eran entrar al castillo y encontrar aquel sótano. Pero nadie lo había conseguido, hasta hace un par de décadas.

Un grupo de chicos, de edades entre 17 y 20 años, decidió quedarse a acampar en aquel lugar, sus padres, se negaron, pero ellos hicieron caso omiso como siempre y se fueron al castillo. La adrenalina los corría por todo el cuerpo cada vez que se aproximaban más a aquella obra maestra de la arquitectura gótica.

– Vamos chicos –dijo una Annie entusiasmada al encontrarse justo a unos pasos de aquel portón enorme, de casi 6 metros de alto y 12 de ancho–, ya casi se nos va el sol, hay que aprovechar para levantar las tiendas de campaña –concluyó mientras entraba a pasos agigantados hacia aquel terreno baldío que alguna vez fungió como jardín de aquel lugar.

– Siempre es así de entusiasta, ¿cierto? –cuestionó Jovan con un ápice de diversión en su tono–, por algo es la pequeña y…

– Y ya cállate –le respondió Lil dándole un golpe ligero sobre la nuca–, ya sabemos que la amas, no es necesaria la cursilería que siempre nos dices cuando ella no está… ¿sabes' –le comentó pensativa– deberías decírselo a ella, no a nosotros –y al terminar de hablar entró al jardín muerto de aquel castillo y comenzó una búsqueda de Annie.

– Vamos, amigo –Paul le dio una palmada en la espalda a Jovan en demostración de su empatía por él–, entiendo lo que es ver anonadado a tu niña, bueno, la mía es un poco más… fuerte, la llamaremos –dijo con una sonrisa–, pero no deja de ser mi niña.

Pasaron aproximadamente 4 horas acomodando todo lo que usarían para sobrevivir esa noche. Habían tratado inútilmente de iniciar una fogata, ya que las noches de Octubre comenzaban a ser frías, pero no lo lograron, y por decisión unánime, se concretó entrar en el castillo, no era la primera vez que lo hacían, al menos de día. Entraron juntos y comenzaron a andar por el salón principal, un espacio enorme que aún conservaba los tonos dorados de algunos cuadros. Había un retrato en especial que les cautivó su atención, probablemente eran los ex-dueños, en el retrato, hecho a mano a base de pinturas, había una niña de rizos platinados, tez pálida y ojos grises; un hombre idéntico a ella en sus facciones, color de cabello y piel, sólo los diferenciaba el tipo de cabello, él lo tenía lacio, y la niña ondulado, probablemente él sería su padre; una mujer con un cabello castaño el cual llevaba suelto dejando apreciar su largo hasta media espalda, con rizos grandes, menos definidos que los de la niña, pero imponentes que asemejaban una melena de león, ojos castaños que dedicaban una mirada tierna, algo que no reflejaban los grises de las otras dos personas, los cuales eran fríos y no mostraban sentimiento alguno.

Siguieron avanzando, observando todo lo que pasaba a su alrededor, llegaron a un sitio dividido entre un pasillo angosto y otro ancho. El ancho era de color aperlado en las paredes, el angosto era de un tono verde esmeralda –o al menos ese sería el verde original, ya que el paso del tiempo no fue en vano y ahora se veía gastado y deteriorado, parecía un verde grisáceo, con toques negros provocados por algunas manchas que había en el techo. Escogieron ir por el angosto: Jovan dijo que en un lugar pequeño hace menos frío que en uno grande, y nadie le refutó. Avanzaron en silencio, no había nada qué observar en ese camino, era un pasillo lineal, de metro y medio de ancho y 2 metros y medio de alto. Había muchas puertas, al lado derecho, mientras que el lado izquierdo estaba conformado por cristales que dejaban una gran vista de los exteriores del lugar. En algún momento debió verse hermoso y deslumbrante.

Llegaron a un recodo y se percataron que sólo había una puerta, del triple de tamaño a las que habían pasado. Supusieron que se trataría de una alcoba, quizá de las principales, así que no dudaron en adentrarse. Sería un buen lugar para dormir, después de todo. Abrieron las puertas –luego de varios minutos de intentos–, y lo que vieron los dejó conmocionados: estaban frente a un invernadero de escalas inimaginables, pero lo extraño es que estaba verde.

Había plantas de muchísimos tipos, especímenes que en su vida habían visto, todos alrededor, dándoles la bienvenida a su escondite. No sabía cuánto tiempo habrían estado abandonadas, pero era una belleza, se internaron en aquel grandísimo bosque –pues eso parecía–, maravillados con todo lo que veían en las alturas, no se percataron por dónde iban caminando, y fue Lil quien bajó la mirada, pues sintió algo pegajoso en sus tenis, y le extrañó, pues nadie había tirado nada. Al distinguir lo que había pisado entro en un estado de shock, sus pupilas se dilataron, su mirada quedó ausente, su cuerpo dejó de moverse, y sintió la palidez de su rostro extenderse por la totalidad de su cuerpo.

– ¿Pero qué…? –Jovan estaba a punto de reñir a la persona que se le había atravesado en el camino, un acto nada característico de él, quien siempre era amable y tranquilo.

Vio a Lil y trató de moverla, pero parecía que su cuerpo estaba anclado en el suelo, tal como su vista lo hacía, estaba fija en el piso de mármol. Jovan bajó la vista en dirección a lo que fuera que hubiese atrapado la de Lil. No era para menos la reacción de pánico en la que ella había entrado, bajo sus pies había un charco enorme de sangre. Parecía fresca. Con cautela, la tomó de un brazo y la aló hacia sí mismo con delicadeza, ella sólo atinó a seguir a aquel jalón, cuando sus pies se despegaron del suelo para dar un paso hacia el origen de aquel llamado a su cuerpo, hebras de sangre espesa se levantaron junto a ellos. Casi cae desmayada, pero Jovan fue más rápido, perdió cualquier sutileza y la jaló fuertemente para abrazarla y evitar que siguiera mirando aquellas manchas espesas de líquido carmecí.

– ¿Estás bien? –le preguntó con evidente preocupación a lo que ella sólo atinó a asentir con su cabeza– Vamos –le dijo él con amabilidad–, tenemos que alcanzar a Annie y a Paul, los hemos perdido de vista –tomó la mano de la chica y comenzaron a avanzar dentro de aquella selva espesa. Él demostraba seguridad, pero por dentro, la angustia lo estaba carcomiendo.

Caminaron un buen rato entre tantos de aquellos pasillos verdes, pero no había señales de su amigo y su novia. Se hacía tarde. Miró su reloj y éste marcaba las 5:23 pm. El sol se pondría a las 7, no disponían mucho tiempo para andar explorando aquella tétrica propiedad. Caminó de nuevo, con la mano de Lil sujeta fuertemente a la suya. Al frente, estaba ya el otro extremo de aquel invernadero rodeado de cristal. Se aproximó para ver a través de él y cerciorarse de que sus compañeros no hubiesen salido. Colocó su mano que tenía libre en el cristal, tratando vanamente de cubrirse los rayos del sol y así acercar su rostro al ventanal, pero se quedó estático, cuando estaba a menos de 10 centímetros del vidrio, unos labios comenzaron a formarse en él. Retrocedió rápidamente con sus ojos desorbitados, eso era imposible, "debó estar alucinando" pensó para tranquilizarse, "sí, eso debe ser, estoy a la expectativa de encontrar algo que no existe… es sólo eso".

Ya habían pasado más de 20 minutos y seguían en la misma situación: Paul y Annie no estaban, Lil seguía en shock, y el comenzaba a desesperarse. Decidido, se levantó de la banca artesanal en la que había estado descansando con Lil, la tomó nuevamente de la mano y dio tres pasos al frente. Ya no sabía hacia dónde estaba la salida. Estaba perdido en aquella jungla, se sentía impotente, pues no podía hacer nada más.

– ¡Annie! –Gritó con todas las fuerzas que sus pulmones pudieron otorgarle en el momento– ¡Paul! ¿Dónde están? –continuó gritando, pero seguía sin obtener respuestas. Eso no estaba bien, y lo sabía, no era una buena señal. Conocía perfectamente los clichés de las películas y libros de suspenso, y ese era el primer error de todos: separarse.

Caminaron nuevamente, y en algún punto, chocaron con la escultura de un ángel, pero, tenía algo extraño, su cara reflejaba tristeza, "Los ángeles representan la felicidad y seguridad, ¿no?". Observó embelesado aquella obra magnífica, aquella que cautivó su atención, incluso más que el retrato que vieron al inicio. "Los fantasmas tienen memorias" dijo en un susurro para nada entendible, se acercó, y cuando estaba a unos centímetros de tocar aquella obra de arte, un cuervo se paró justo en el lugar en que iba a posar su mano. Salió de su ensoñación, cogió nuevamente a Lil de la mano, y camino hacia atrás varios pasos. El cuervo no dejaba de mirarlo, y eso le inquietaba.

– No te hará daño –dio un brinco ante el espanto que Lil acababa de otorgarle. Ella hablaba con naturalidad, como si estuviera en un estado de trance, y Jovan, se limitó sólo a escucharla y a asentir distraídamente-, sólo protege lo que es suyo, si no haces disturbios, entonces, él se quedará tranquilo.

– Y tú, ¿cómo lo sabes? –Preguntó consternado ante la personalidad de ella– ¿Qué te hace estar tan segura? –la miró directo a los ojos, con interrogancia.

– Porque le conozco –respondió Lil con entereza–, tú también le conoces, sólo que no lo recuerdas –en ese momento, ella se soltó de su mano, sonrío con diversión, con un brillo en los ojos, el cual sólo tienen aquellos que planean hacer algo en grande. Comenzó a trotar con felicidad hacia alguna parte. Y Jovan no dudó en darle alcance.

Ella se paró y lo miró con detenimiento, "¿cómo te llamas?", preguntó con voz soñadora al viento, "es muy lindo tu nombre", ella volvió a sonreír, se veía tétrica al hacer ese gesto, era como si no fuese ella misma, como si Lil jamás hubiera dado problemas, como si para ella fuera normal el estar distraída. Era otra persona en el cuerpo de su amiga.

– Vamos a salir, Lil –el chico le hablaba en un tono quedo al mismo tiempo que se acercaba lentamente a ella–, ven –le llamó extendiendo su mano en espera de que ella la tomara. Pero no fue así, la mirada de Lil se volvió gélida, el color marrón que predominaba en sus ojos se convirtió en un gris oscuro. Se cuadro de hombros y con paso recto se acercó hacia el que fuera su amigo.

– ¿Sabes algo? –le comentó con voz dulce mientras comenzaba a acariciar el cabello de éste– Es bueno volver a este lugar –concluyó señalando con sus ojos todo a su alrededor. Ese comentario sacó de lógica a Jovan, dio un paso hacia atrás y la miró confundido. Ella lo notó. Dibujó una sonrisa de medio lado en su rostro, parecía que trataba de aparentar diversión, pero era prepotencia, superioridad lo que reflejaba.

– ¿A qué te refieres? –preguntó con casualidad el joven, como si no le diera la importancia que merecía aquella situación. Como si la ignorara– Esta es la primera vez que estoy aquí, y la verdad, deberíamos dejar este juego, que dejó de serlo hace bastante. Tu hermana está con Paul, hay que ir por ellos pues…

– ¿Celoso? –Le cortó ella arqueando una ceja– Mi hermana está muy bien, Paul –hizo una pausa para dejar notar que pensaba en un calificativo aplicable al otro joven–… Es un buen chico, él sabrá cuidarla bien –volvió a sonreír. Caminó lentamente y se cituó justo detrás de Jovan para susurrar en su oído–, ellos ya no están con nosotros… o más bien, nosotros ya no estamos con ellos.

Jovan se tensó al escuchar aquellas palabras que estaba mencionando Lil. Era algo increíble, se sentía tonto, iluso, ese universo alterno no le agradaba demasiado. Trató vanamente de mantener su compostura, se cuadró de pecho pero sus piernas lo traicionaron unos segundos cuando estuvieron a punto de perder sus fuerzas. Lil soltó una risa que sonaba totalmente macabra. Jovan tomó una decisión.

– Si no me acompañas, entonces, quédate, yo no pierdo la esperanza de encontrar a Annie, es mi novia, ¿lo recuerdas? –le espetó molesto, y sin esperar respuesta comenzó a avanzar hacia un pasillo el cual, a simple vista, le parecía familiar.

El chico se adentró en aquel pasillo, creyó ciegamente que Lil lo seguía, escuchaba sus pasos, así que no se cercioró de ello, avanzó por más de 10 minutos. La luz escaseaba cada vez más. Luego, el pasillo terminó, "maldición", murmuró para sí mismo con evidente frustración, "esto no me puede estar pasando… Parece un estúpido laberinto", miró hacia todos lados tratando de encontrar algo que le diera alguna señal de salida… o de vida en aquel lugar, aparte de la vegetal que ya existía. Se viró para encara a Lil y pedirle alguna sugerencia, pero su sangre cayó de un golpe a sus pies, al notar que ella no era quien le había seguido.

– Pero, pero, ¿quién eres tú? –balbuceó como pudo las palabras mientras pegaba su espalda a la pared en un intento útil de escapar– ¿dónde está Lil?

El hombre, ese hombre le resultaba familiar, "¿en dónde te he visto?", se cuestionaba mentalmente mientras esperaba las respuestas, que jamás llegaron, de sus preguntas. Pero lo que vio a continuación le dejó más pálido de lo que estaba, aquel hombre al que estaba cuestionando acerca del paradero de su amiga, aquel hombre platinado -que ahora identificaba como el del retrato del salón principal-, se estaba metamorfoseando. No sabía qué estaba ocurriendo exactamente, se sentía abrumado, no lograba cavilar en su totalidad los pensamientos que rondaban cada segundo en su mente, unos tan absurdos, otros coherentes, pero en esos momentos, se esperaba cualquier cosa.

El hombre dejó de ser hombre: era un lobo. "esto es un mal sueño", trataba de convencerse a sí mismo, "esto sólo pasa en las películas, estas sugestionado, tranquilízate", se ordenaba mientras cerraba los ojos para concentrarse mejor. Contó hasta diez, "abrirás los ojos", volvió a hablarse mentalmente, "y nada estará aquí". Con cautela, fue despegando sus párpados unos milímetros, la luz que le dio de lleno lo cegó unos momentos, apretó con fuerza los ojos nuevamente, "¿Qué está pasando? ¿De dónde viene esta luz si ya es de noche?", volvía a aterrarse, así que decidió inhalar hondo, profundamente, se relajó un momento y abrió de golpe los ojos. Estaba en una cabaña. Miró con ojos confusos a su alrededor. Se levantó lentamente y comenzó a caminar. Una puerta estaba al frente, tomó el pomo y lo giró.

– ¿Dónde estabas? –le cuestionó una alegre Annie saltando a sus brazos al verlo salir de aquel lugar– te buscamos, pero al parecer bebiste de más cariño, te quedaste dormido ahí –le sonrío contenta de contar su anécdota–, anda, vamos, Lili y Jovan nos están esperando –le tomó el brazo y lo aló para incentivarlo a caminar. Luego de unos momentos de caminar en silencio, comentó con una voz soñadora -la cual, a Jovan le recordó a su hermana cuando estaba en trance-, unas palabras que lo dejaron más confundido de lo que estaba- Esta semana ha sido maravillosa, ¿no lo crees? –le miró con un brillo de anhelo en sus ojos, jugando, sintiéndose feliz por lo vivido, él no pudo decir nada, sólo asintió torpemente y continuaron caminando.