Entrelazadas

El avión acababa de aterrizar, habían sido unas horas muy largas de viaje y se encontraba harta, solamente quería llegar y ver que tanto había cambiado todo en 15 años. Cuando bajó del avión se sacó su chaqueta negra de cuero para volver a sentir el aire de su tierra natal, quizá todo fuera igual que antes.

En cuanto prendió su teléfono celular un mensaje le hizo reaccionar:

"Lo siento no podré ir a recogerte- Matías"

Acababa de llegar y su hermano ya era una patada en el trasero como siempre.

-Matías en serio no iras por tu hermana.

En un pequeño apartamento de la ciudad una joven de cabellos largos y castaños abrazaba a su novio bajo las sabanas.

-Hace mucho no la ves.

-No la quiero ver, siempre la favorita ella.

El celular del muchacho comienza a sonar, desde el otro lado del interlocutor se encontraba a su hermana impaciente.

-Deberás verla tarde o temprano…

Dice la joven abrazándole por el cuello.

-No quiero hacerlo, que hay de ti ¿no era tu mejor amiga?

Mientras en el aeropuerto la joven se encontraba esperando un taxi.

-Ella solo se fue, ni siquiera se despidió, además solo teníamos seis años…

-Mis padres la mandaron lejos quien sabe por qué.

Fuertes golpes resuenan en la puerta, la joven castaña se levanta cogiendo la camisa de su enamorado para cubrirse va a ver quién es.

Los golpes aumentan mientras una firme voz femenina se escucha al otro lado.

-¡Matías! ¡Abre la maldita puerta desvergonzado!

-Mati…

La chica parecía un poco asustada más al ver a su novio con esa cara de espanto y tratando de esconderse bajo la cama, giró a ver la puerta y notó como una tarjeta de crédito abría la cerradura, pero la puerta quedó cerrada gracias al pestillo que tenía puesto.

-¡Matías! ¡Abre la puta puerta o te la hecho abajó! ¡Me tuviste dos horas en el maldito aeropuerto!

Se ve una mano colarse por la puerta y agarrar la cadenilla, en cuestión de segundos esta se encontraba rota y una muchacha de cabellos negros y rojizos entraba corriendo directo a la cama a perseguir al muchacho.

-¡Yo no tenía porque ir!

Grita el joven desde bajo la cama, pero ya era tarde la muchacha había alcanzado uno de sus pies y lo comenzaba a jalar fuera.

-¡Maldito demonio!

De pronto una suave mano cogía a la muchacha por su brazo y con una audaz llave de jiu-jitsu la muchacha de cabellos oscuros se encontraba tirada en el piso, mientras soltaba un suave grito de dolor.

-Vete de aquí o soy capaz de romperte el brazo.

La camisa de la joven castaña se encontraba desarreglada y dejaba ver uno de sus hombros, pero nada importo cuando azotó contra el piso después de que la otra joven golpeara sus pies con los suyos.

-¿Quién rayos eres tú? Yo tengo todo el derecho de venir y darle una paliza a ese mocoso por algo soy su hermana mayor.

Decía mientras se ponía de pie y limpiaba su chaqueta.

-Karime…

La joven castaña se encontraba boquiabierta y no podía creer lo que estaba viendo.

-¿Te conozco?

-Vete de aquí Karime.

-No sé quien seas ni tampoco me importa, pero tu- dice señalando a su hermano- me debes una maldito demonio.

Sube el cuello de su chaqueta asiendo que su cabello negro-rojizo ondule y caiga libremente.

-Te veo en la casa de mis padres enano, más vale que llegues.

Tras un fuerte portazo la joven desapareció.

-Ni siquiera... ni siquiera me reconoció.

La joven castaña cae fuertemente en la cama, mientras su novio llega aun desnudo a su lado temblando prácticamente.

-Es normal María Jesús ¿no se ven hace 15 años no? Pero ella sigue siendo el mismo ser escalofriante ¿Vendrás conmigo no?

Ella sonríe apoyándose en su pecho.

-Abrázame.

El chico suspira pesado y la abraza casi como no queriendo.

-Ven vamos, si no llego pronto de seguro me desheredan.

-¿Seguro quieres ir tan pronto?- con su dedo comienza a tocar su pecho.

-Sí ó de seguro vendrá de nuevo, no la conoces como yo- dice poniéndose de pie a buscar sus pantalones- además no tengo más ganas de sexo

-¿En serio crees que solo para eso estoy? Cada día te pones más idiota Matías.

Da un fuerte portazo al entrar al baño. El muchacho solo se viste cada día la chica estaba más sensible para su gusto y él detestaba eso.

-Voy partiendo ¿vienes?- dice golpeando la puerta- de seguro tienes muchas ganas de ver a tu amiguita de infancia….

-Tus padres siguen odiándome, solo voy porque tú me lo pediste.

Sale de la ducha vistiendo un ligero vestido blanco de mangas cortas con sandalias que hacen juego, va tras él y se sienta en el lado del copiloto de un deportivo azul.

Las calles pasan veloces, el muchacho toma cada curva como si quisiera acabar con la vida de alguien.

-Siempre es lo mismo, cada vez el mundo gira a su alrededor.

La muchacha sujetaba su sombrero con su mano derecha, en la cual se podía ver un brazalete de plata que jamás se quitaba, desde hace más de 15 años.

-Bien ya llegamos.

Estaciona el auto velozmente y baja del mismo dando un portazo.

La muchacha no salía del auto se encontraba pensando, desde un tiempo a esta parte su relación iba declinando, cada día se sentía más triste y sola, es cierto la suerte le sonreía después de ser pastelera tanto tiempo por fin había conseguido un programa para ella, pero él la hacía sentir como si nada de eso valiera la pena.

-¿Te bajas o no?- el muchacho había entrado la cabeza al auto- vamos que es para hoy.

Se baja con cuidado caminando tras de él, a lo lejos una joven vestida de maid se viene acercando a ellos.

-Señorito… sus padres están furiosos.

El muchacho sonríe al verla, en su mirada la lujuria se hacía presente. Al notarlo su novia pellizca fuertemente su brazo.

-Ya basta Mati.

La mira de manera fea sin dignarse si quiera a responderle.

-¿Qué mis padres que?

-Señorita Andrea- realiza una pequeña reverencia hacia la joven empleada- ¿podría llevarnos con ellos?

-Es que… no creo que haga falta.

Un hombre de unos cincuenta años algo corpulento y con una cara de pocos amigos se venía acercando a ellos.

-Tú, niño de porquería…

El muchacho al verlo se esconde tras su novia.

-Buenas tardes señor- dice de manera educada la joven castaña.

-Buenas- saludó un poco de mala- Andrea por favor lleva a la señorita a la piscina en donde será la fiesta mientras yo tengo que hablar con este muchachito.

Cogiendo a su hijo de un oído como si de un niño pequeño se trata lo lleva directamente a la gran mansión arrastras.

Al verlos alejarse María Jesús se calma un poco.

-Lo siento Andrea

-No importa es siempre lo mismo- dice guiándola por la mansión.

La joven aun no podía acostumbrarse a tan gran cantidad de lujo, es más, Andrea había sido su vecina tiempo atrás, pero al verla Matías se había empecinado en contratarla hasta que lo logró.

Al llegar a la piscina el gran estruendo se hacía presente, la música resonaba en todos lados, al fondo en la piscina asiendo de dj se encontraba Karime con un traje de baño negro, a la luz su cabello rojo resaltaba, y en sus oídos unos audífonos que hacían juego con su cabello, al verla de ese modo se sonrojó jamás pensó en verla así… tan crecida.

La miraba de reojo de vez en vez sin que ella lo notara.

María Jesús también la miraba intentado ver si ella también llevaba el brazalete, comenzó a sentirse sumamente mal, no quería estar ahí, no quería verla, no quería nada más con esa familia, camino una vez más de vuelta a la salida.

-¿Ya te vas?

Una mano la sujeta, en la cual se podía ver un brazalete idéntico al de ella.

-Supongo que esperarás a mi hermano.

-Quiero irme ya.

Suelta su mano algo agresiva y sigue su camino, estaba lejos de casa y aun no sabía cómo volvería.

-Que humor… recuerdo que cuando niña eras más dulce mi pequeña hadita…

Desvía su mirada, aprovecha el sombrero para cubrir su rostro sonrojado.

-No me siento bien Karime…

De un paso se acerca a ella, le quita el sombrero y toca su frente con su mano.

-Pues no tienes fiebre, pero si estas un poco roja- toma su mentón para que la mire- ¿ni siquiera me vas a decir te he extrañado?

-Claro, sabrías que es mentira.

La muchacha mira la pulsera y algo parece causarle gracia. Se le acerca lentamente invadiendo su espacio personal hasta quedar cerca de su oído.

-Pues yo te he extrañado como loca… mi pequeña Jesu- susurra al momento que besa su mejilla.

Al sentir el contacto por inercia la castaña la empuja y sale corriendo de ahí. La sigue de cerca para no perderla.

-¿Por qué corres? ¿Qué mal te he hecho?-dice cogiéndola por la espalda.

-¡Suéltame Karime!

La deja ir al mismo momento que una sonrisa triste aparece en su rostro.

-Parece que realmente amas a mi hermano, tendré que felicitarlo, me ganó en lo más importante.

-… no sabes lo que dices.

Desde una escalera aparecen Matías y la madre de los chicos.

-Karime en la piscina hay muchas personas preguntando por ti.

Al mismo momento que la madre menciona esas palabras Matías coge de la mano a su novia y la comienza a llevar al auto de una manera un poco agresiva.

-Enano…

En un instante Karime se encuentra al lado de su hermano y lo hace girar para golpear fuertemente su estomago con su puño, dejándolo arrodillado a sus pies. Fuertes gritos se hacen oír por parte de María Jesús y la madre de los chicos.

-Felicidades… me ganaste.

Dice de manera calma la chica de cabellos negros al alejarse por las escaleras.

-¿Matías estas bien?

-Maldita demonio- dice el muchacho poniéndose de pie y viendo marchar a su hermana.

-Vámonos de aquí… en cualquier momento tus padres me quemaran viva como entretenimiento para la fiesta.

El chico parece tambalearse un poco al caminar, al llegar al automóvil se lanza al asiento del copiloto.

-Te deseo suerte, mi hermana es tu nueva jefa-dice con un poco de resentimiento el muchacho.

-¿Cómo que mi nueva jefa?

El cinturón de seguridad que intentaba ajustar la muchacha salió volando de sus manos.

-Me lo dijo mi mamá, será la nueva directora de muchos programas, entre ellos el tuyo.

Un silencio incomodo se encuentra en el aire, es como si ninguno de los dos quisiera estar ahí.

-Ya, vámonos, no tengo ganas de más solo quiero dormir.

Al escuchar las palabras de su novio, la castaña enciende el automóvil y conduce de manera lenta hasta el apartamento.

-¿Por qué tus padres siempre me han odiado?

-Pregúntale a tu amiguita y las cosas que pintaba, por lo mismo la mandaron lejos de aquí.

Al llegar se bajan del auto, ella trata de ayudarlo, pero aun con paso tambaleante el joven le lanza a un lado y camina solo.

-¿Aun llevas esa pulserita eh?

-Siempre la llevo, no quiere decir nada para mí- dice escondiendo el brazalete- solo… me gusta.

Camina unos pasos detrás de él, sabía lo violento que podía llegar a ser y aun así… no sabía porque estaba a su lado.

-¿Tú piensas que soy idiota y no he notado que mi hermana lleva la misma?-dice al entrar al ascensor, momento en el cual se le acerca, finalmente la muchacha podía oler el alcohol en su aliento.

-Bebiste…

-Solo un poco, mi padre quería celebrar la vuelta de su hija prodiga- dice con aire de grandeza y a la vez furia.

Suena la campana del ascensor y ambos salen, el con un poco de suerte se tambalea de un lado a otro, mínimo había bebido una botella él solo.

-Me sorprende que no salieras corriendo a sus brazos.

-Soy tu novia.

El muchacho solo ríe.

-De seguro te debió haber rechazado, claro después de ver a su princesita convertida en mi mujer-ríe de manera estridente- ahora entiendo lo que dijo… finalmente le gané, ¡le gane! ¡Karime te gané!

Dio dos pasos y cayó en la puerta riéndose como un loco.

-No… por favor entra a la casa Matías por favor o llamaran a la policía.

-Ya, ya, ya, niña tonta.- se pone de pie de manera dificultosa y abre torpemente la puerta.

El muchacho camina directo a la cama, tambaleándose de un lado a otro y finalmente cae dormido. Ella solamente suspira y lo cubre con una manta.

Un sonido llama su atención, el teléfono del muchacho comienza a sonar, era un mensaje de texto:

"Amorcito ¿Qué paso? Hoy me dejaste abandonada, te extraño mucho guapo- T.S."

La rabia puede más con ella y comienza por primera vez en mucho tiempo a tomar en sus manos las cosas, mete en una maleta todas las cosas del muchacho.

-Matías levántate.

-Cállate mujer, déjame dormir-dice el girando al otro lado de la cama.

-Despierta…

-¡Que no!

-¡Levántate de una vez!

-¿Qué rayos quieres María Jesús?- se sienta malhumorado cogiéndola por la muñeca.

-¡Que te vayas de aquí! Quiero que te vayas…

-Justamente ahora….

La toma del brazo y la lanza fuertemente al piso.

-¿Qué diablos te crees?

-¡La que paga el departamento! ¡Vete de mi casa Matías!

El muchacho la toma lanzándola una vez más a la cama y hace gestos de golpearla, pero parece arrepentirse a último momento.

-No me iré… ¡Tú eres mi propiedad!

La besa a la fuerza, mordiendo fuertemente su labio inferior haciéndolo sangrar.

-Que no se te olvide que eres mi propiedad, vuelvo cuando quiero por ti…

Caminó tambaleante hacia la puerta para marcharse del lugar, lo único que quedó tras él fue un fuerte portazo.

Ella se queda ahí pensando una vez más, no entendía en qué momento todo se había podrido tanto, cuando dejó de quererla, en qué momento había pasado de ser su hada encantada a ser su propiedad

Una vez más el celular del muchacho vuelve a sonar sobre la cómoda de noche, un nuevo mensaje había llegado:

"Más te vale que la cuides, si llegas a dañar a mi pequeña hada juro que te mató, cuídala tal como te lo pedí hace años- Karime"

La mañana había llegado una vez más, había dejado la maleta de Matías fuera del departamento, además trancado la puerta con la cadena y con una silla.

Su celular comienza a sonar era un mensaje de su trabajo:

"Necesitamos que te presentes en la tarde para una prueba de vestuario y cámara"

Respondió muy de mala gana:

"Lo siento no podré ir"

Tras un par de horas, suaves golpes se hacen oír en su puerta.

-No hay nadie en casa- murmura bajito para sí misma, esperando que quien fuera se marchara pronto.

-María Jesús- la voz de Karime se hizo oír al otro lado de la puerta.

Sus brazos se encontraban marcados al igual que su labio, no quería que nadie la viera así, mucho menos ella.

-Jesu… por favor.

La muchacha había corrido al ver llegar esa misma mañana a su hermano con sangre de alguien más en sus labios, sabía que algo no andaba bien.

-¿Puedo ayudarte en algo?- un joven alto de cabello castaño sale del departamento de al lado- La señorita María Jesús ya debió haber salido a trabajar, no es buena hora para encontrarla realmente.

La joven lo mira de pies a cabeza, encontrando algo familiar en aquel muchacho.

-Yo… a ti te conozco, pero claro eres el mismo chico que molestaba a Jesu en el parque, el mismo al que le di una golpiza a los cinco años…

-¿Eh? ¿Karime? Cuanto cambiaste…

-Tú también creciste- dice golpeando con un dedo el estomago del muchacho- antes eras más gordito.

-Han pasado 15 años desde que te fuiste, por cierto Jesu no llega hasta la tarde con su novio.

-No, algo me dice que Jesu está aquí, llámalo un sexto sentido si quieres, pero puedo apostar a que se encuentra ahí dentro- dice mirando la puerta.

Se acerca a la puerta una vez más y golpea.

-Jesu no me iré hasta que salgas de ahí.

-Sigue sin haber nadie en casa Karime no insistas- murmura y ríe bajo las mantas, sabiendo que desde allí no la escucharía.

Cree escuchar algo y sonríe.

-Te esperé todo un día de lluvia fuera de tu casa cuando teníamos cinco años solo porque estabas enfadada, créeme puedo pasar una semana aquí.

-No vayas a tirar la puerta o la casera te sacará a patadas- dice el muchacho.

-Tranquilo, solamente me quedaré aquí hasta que me abra la puerta- se sienta en la maleta que se encontraba fuera- tengo todo el tiempo del mundo para ella.

-¿No quieres pasar a tomar un café?

-No gracias, se me podría escapar de las manos y no soportaría perderla de nuevo.

El muchacho solamente entra al departamento y sale con 3 tazas de café, pasándole una a ella.

-¿Y la otra?

-Una para mí y la otra para mi novio.

-¡Lo sabía!- dice al borde de la risa.

El muchacho suspira resignado apoyándose en la pared.

-Te acompañaré a esperar.

-Es para largo sabes cómo es de obstinada, más cuando se enfada.

-No debes decírmelo a mí…

Del departamento sale un muchacho de unos 18 años sentándose a su lado y tomando la otra taza de café sin hacer preguntas.

-Buenas-dice saludándolo al muchacho.

El chico solamente hace gestos.

-Me matara si abro la puerta ¿cierto?

-Te dije que no estaba y tú no has hecho caso.

-Se que está, el corazón me lo dice.

Se acerca a la puerta y suavemente comienza a golpearla, pero con una vieja ronda de niños que ambas habían inventado.

-Y el amor a mi puerta llegó, vestida de flores y con un pequeño raspón- dice cantando suavemente.

Al instante el joven castaño llega con una flauta y comienza a tocar la misma canción a lo que la joven queda impresionada.

-Esa canción suena todos los días de su apartamento, la aprendí de oído nada más.

-Tiene una segunda parte de hecho-suspira- a distancia te tengo, ya no te veo pero aun te siento, mi niña de flores, mi princesa, mi pequeña hada de colores- dice cantando quedito.

Al otro lado de la puerta se encuentra la joven castaña escuchándolos, bebía te con miel, sabía que el aroma pronto le llegaría.

Mientras que fuera la joven apoya su cabeza en la puerta y un olor familiar llega a su lado.

-Mala- susurra- ¡sabes que me encanta y no convidas!

-Aun no hay nadie en casa Karime- susurra mientras ríe.

La muchacha fuera de la puerta ríe, ya había entendido el juego.

-Dos pueden jugar este juego- comienza a marcar en su celular un viejo número guardado.

Tras unos 20 minutos por las escaleras llega una niña trayendo con ella dos paquetes grandes, al abrirlos Karime un olor a dulce se esparció por todo el lugar.

-¿Jesu no quieres?- dice asiendo sonar el paquete de palomitas dulces, eran las mismas cuando veían películas de niñas.

El castaño ríe mientras toma a su chico en brazos para entrar al departamento.

-Jamás entenderé la extraña conexión que tienen estas dos desde que se conocieron...

Los mira marcharse y comienza a lanzar palomitas al aire y atraparlas con su boca.

-Jesu recuerdas cuando éramos niñas lanzaba las palomitas al aire y jamás las atrapaba, ahora ya aprendí como hacerlo.

-Te felicito Karime- dice el chico castaño- por favor cuida a esa hada distraída, no sé que ha visto en el troglodita de su novio.

-El apellido- dice atragantada- de seguro pensaba que era yo…

-Creía que sería… solo un poco como tu- dice la castaña antes de abrir la puerta.

Al ver la puerta abrirse su sonrisa se hace más grande.

-Te he extrañado… mi dulce hadita- dice desde atrás de las palomitas

La muchacha se encontraba con una larga bata para cubrir los moretones de sus brazos, ya inventaría algo para su labio.

-Yo, pues… ¿Cómo estás?- pregunta tímidamente Karime.

-Eso no debería preguntártelo yo a ti ¿no crees?-dice extendiéndole una taza con miel.

Toma la taza y la deja sobre la mesa junto con las palomitas para abrazarla fuerte.

-No sabes cuánto te extrañe mi pequeña princesa.

-¿Por qué no regresaste antes?- pregunta abrazándole de vuelta y a punto de las lágrimas.

-No me dejaban, no quise dejarte sola, no quise- la abraza un poco más fuerte.

A lo lejos se escucha el motor de un auto.

-Llego…

-¿Qué pasa Jesu?

-Matías…

La mira directo a los ojos en ese instante nota su labio roto e inflamado.

-¿El te lo hizo?

Desvía su mirada al escuchar las llaves y los pasos, había aprendido cada sonido de memoria para hacerse la dormida en cuanto el llegara.

Los ojos de la pelinegra se llenan de furia.

-Ya se enterará.

Comienza a correr escaleras abajo, en cuanto lo ve le lanza un golpe estampándolo contra la pared.

-¡Maldito!- le grita mientras lo golpea una y otra vez.

En un momento de conciencia del muchacho la empuja contra el barandal para luego golpearle la cara reventándole el labio.

-¡Tú eres la maldita!

-¡Matías!- desde el piso superior había gritado María Jesús para distraerlo.

Aprovechando la distracción Karime lo lanza una vez más contra la muralla, pero esta vez fue diferente el chico la empujó con sus piernas lanzándola contra las escaleras, bajando dos pisos completos chocando finalmente con su cabeza el muro de abajo, la pelinegra no se movía para nada.

-¡La mataste! ¡Matías mataste a Karime!- grita la joven castaña a punto de ponerse a llorar.

-Yo… no…

El muchacho corre escaleras abajo pasando por el lado de su hermana, mas continua su escape pero sin mirar atrás.

La castaña corre rápidamente escaleras abajo mientras llamaba a la ambulancia al borde de las lágrimas.

-Je…su

-Te pondrás bien, te pondrás bien- decía mientras daba un par de números y claves por el celular.

Con las pocas energías que le quedaban Karime toma su mano y se siente el chocar de las pulseras, Jesu la mira le parece que el tiempo se detuviese con aquella nota que producían ambas pulseras al estar juntas, por un instante vuelven a ser las dos pequeñas niñas de seis años que en antaño fueron.

-Jesu… te tengo un secreto que confesar- se acerca susurrando a su oído- te amo mi hadita.

Lanzándose a sus brazos la pequeña castaña la hace caer sobre un montón de hojas secas.

-Y yo a ti también te amo Kari.

Nuevamente se encontraban en el piso cerca de las escaleras.

-Jesu… te amo- decía con sus últimas fuerzas.

-Y yo a ti Kari- dice derramando un par de lágrimas.

Se escuchan las ambulancias cerca, un paramédico se acerca a ellas corriendo por las escaleras.

-Aun respira, su pulso es sumamente débil- le dice al paramédico.

El chico ve la sangre regada por todas las paredes, el piso y la muralla.

-Señorita, no creo que se salve- dice poniendo su mano en su hombro.

-Ella es fuerte… ella se salvará- dice llorando a mares.

-Jesu…- dice la chica con una sonrisa.

La chica se agacha y besa sus labios.

-Te amo mi pequeña hadita…

Una vez más las pulseras vuelven a sonar y las muchachas vuelven a ser las pequeñas niñas de antes.

-¡Jesu! ¡Jesu!

Una pequeña niña de cabellos negros corría a verla.

-¿Jesu estas bien?

-Duele- la mira con lágrimas en los ojos, había caído del árbol lastimándose su rodilla.

-Bobita si querías tu pelota me debiste decir a mi- se agacha a besar su rodilla- me gusta más hacerlo así.

Se acerca lentamente y besa de manera muy tierna sus labios, solo un roce que basto para que ambas se pusieran rojas.

-Así es más suave- dice entre risas, las cuales se acaban al llegar la madre de la pelinegra llevándosela lejos de la castaña.

Las pulseras vuelven a sonar, esta vez una joven castaña de no más de 16 años se encontraba vestida con su uniforme de escuela, estaba en la azotea de esta apoyada en el barandal.

-Por lo menos… se que el mismo Sol nos ilumina- dice apretando fuerte la reja y comenzando a llorar.

-¿Por qué rayos siempre buscas lugares altos Jesu?

A sus espaldas se encontraba la pelinegra con un bolso de viaje colgando en su hombro.

-¿No me piensas saludar?

-¿Eh?- se voltea y no puede creer lo que ve… había vuelto, realmente había vuelto.

-¿Te sorprendí acaso mi pequeña hada?- dice al borde de la risa.

-¡Tonta! ¿Por qué no me dijiste nada?- se lanza a sus brazos asiendo que la pelinegra cayera sentada, aun así abrazándose.

-Y arruinar la sorpresa ¿Cómo crees?- ve un par de lágrimas en sus ojos y las seca- ¿en que estabas pensando?

-En cómo sería la vida lejos de ti por más tiempo…

-Tonta- la abraza más fuerte-