El Príncipe de la Niebla

"¿Quién?... Solo "quién" sabe quien es. Tanta retorica inservible. Porque esta es una pregunta curiosa -pero ¿No era simplemente una insinuación?-, tú... En lo cierto y con palabras francas -tú mientes mi desgracia querida, tan odiada como acogida-. Yo... Yo. ¿Yo? No. Es demasiado amplio el concepto y tu interpretación será distinta -quizá la falta de equilibrio juegue en contra- mientras que yo -yo de nuevo. Otra vez. Y una vez más- no pienso nada. Yo soy quien soy. Eres tú quien debería saberlo, -lo crees- el conocerme. Si fuera absoluto no hubieras dicho nada, absolutamente vacío, o lo inverso: tan atrayente, poco equilibrado; en definitiva, de lejos, de la distancia... De la cortesía. Simple... E irreal también.

Quien... Quien... Quien... Nada... Nada...

No te quedaras con eso

Algo... Algo... Algo... Una cosa y habrá silencio -el ruido de fondo. La sinfonía de la perfección-... Algo... Algo... Objeto... Objeto... Objeto... Concepto.

Definir con palabras lo que las acciones nunca fueron suficientes para silenciar... ¿Definir la definición hasta llegar a cero? Que irritante. No va haber paz. No... No... No... ¡Ya! La verdad está sola y así se quedara por la eternidad -¿Cuánto será eso? ¿Dos segundos, cuatro minutos, ocho pares de días? ¿Quince años? ¿Otros cien mil más?- O lo que NO quieras. Aquí se quedara y no moverá, porque alguien -quién, quién, quién ¡Basta!- la ancló hasta donde mis palabras lleguen a decir -prohibido interpretar- frases claras. Simples y objetivas -simpleza... Contigo no existe eso-.

Completo... Completo... Completo... Suficiente... Lo suficiente... ¡Para ti nada es suficiente! Mi esfuerzo no es de mayor importancia que el polvo que rodea nuestras manos -Lejanas. Ajenas. Tranquilas. Nerviosas- ¿Acaso no le ves? Esta intangible realidad que gime desgarrada, que espera un futuro de paz, de prudente lejanía, como tú quisieras llamarle mi intrusa ¡No! La propiedad trae consigo una carga terrible, y mía no eres, trágate tu libertad -que no salgan, que jamás pendan de mis dedos. De mi espalda. ¡De este endemoniado calor!-, enciérrala en lo profundo de tus multicolores entrañas. Son tuyas... No puedo aceptarlas, porque... Porque... Porque... ¡¿Por qué?!

Si lo supiera -lo sé, sé que lo sé- como decirlo -si yo no lo sé-... Déjalo, no vale la pena, porque...

Dímelo: ¡Estas feliz! -Estas... Estas... Estas...- eres... No puedo. Olvídalo, goza de la armonía, de tu sonrisa, de la de los demás. Olvídalo, vive esta vida, ríe, corre. Olvídame y corre, sigue, sigue, corre lejos...

Quiebre. Roto. Llanto. Necesidad. Otra ruptura.

Ahora soy yo quien huye. Puedo llegar muy lejos -rápida y justificadamente-, nadie me dirá algo. Sin recriminar. Sin críticas. Con cargo de conciencia. Solo tengo que retroceder un par de pasos, sumergido en la trivialidad de los gritos de los otros, para recuperar mi armonía de abierto campo. Sólo seguir con este satírico guión, recitar un par de líneas. La obra va a terminar. Sin embargo, nada de eso fue como tanto anhele: Mi salida una pared, tus ojos mi culpa: la responsabilidad sobre mis hombros ¡Estar dispuesto a cargarla! ¿Qué clase de locura estoy diciendo?

...Vivir por otro. No. No. No. No. No. ¡No! ¡No quiero! Aún no ni por ti. Quizá un cargo bajo, reemplazable y cordial. Más no. ¡Fraternidad! Tómala... Vamos ¿Qué esperas? ¿Qué... ¡Qué no te has dado cuenta¡?

Mírame bien y llámame embustero, si quieres falso... Hasta traidor. ¡Ódiame! Es algo sano y te hará feliz, porque...

...divagación...

Porqué no me importa si hay una razón concreta –que quede claro que no soy un profeta, ni falso, menos verdadero: nada. Eso es-; porque no es de importancia; porque va mucho más allá, porque no vaticino: es lo que pasará. Es lo que soy y lo que no. ¿Sigues en la ignorancia?... no lo entiende, no entiendes, no lo entiendes ¡No me entiendes! …No. Si quisieras saber –no hay que reflexionar, nada, nunca- no habría surgido tan retorcido problema, no lo tildes de duda, tú sabes, ahora, sí lo sabes que no es así: ¡La magnificencia de un actuar sin causa! ¡Desconsiderado y natural! Sí, ¡esto es lo que es!: Te haré llorar tantas veces que perderás la cifra y desmentirás a todo aquel que diga menos o más de lo que fue. Infortunada en la duda de la conmoción. Vendrás en los momentos malos – en los que la gente me rodea, me vigilan. Donde todos me atan alguna responsabilidad- para encontrarme frio, lo que no soy dentro de la niebla –allí, ese lugar hermoso. Tan bello. Tan deshabitado- en el que quizá puedas conseguir un nivel más bajo de cortesía. Que en el misterio de la claridad soy uno y en la libertad de la niebla casi quien he dicho que jamás seré.

¡Lo ves! No es mi misión cargar con eso, no estoy listo… y de ahí no sé la razón… como si me interesara saberla, como si fuera a ser útil. Tal y como no me importara en lo más mínimo. ¿Qué más?

Buenos días"


Aquí termina este primer y misterioso cápitulo. Muchos más han de venir, se aclaran muchas cosas, pero seguira siendo complejo y todo un asertijo.

Intrepetelo a su gusto, a menos que quiera la historia concreta detrás de esta, mas, en ese caso ¿Qué magia tendría este relato?

¡Gracias por leer!