Dicen que es el fin del mundo. Paparruchas, o eso espero. Al fin y al cabo, han dicho lo mismo tantas veces! Pero, por si acaso, me doy prisa en volver a casa. Abrazo a mi perra, me la llevo conmigo a la habitación, la meto en la cama y nos refugiamos bajo las mantas. Y a esperar. Ella dandome lametones a modo de besos, yo acariciandola y yo abrazandola como un peluche. No me imagino una forma más dulce de morir, en todo caso. Con quien siempre me ha querido sin rencores ni remordimientos... Mi pequeña Lluna...