Ruta al Infierno.

Angelópolis.

El arcángel Miguel estaba preocupado. A últimas fechas, le habían llegado insistentes rumores de que una de sus más eficaces guerreras estaba realizando actos de dudosa intención, actividades que podrían no ser consideradas como propias de un ángel, y él no sabía si su cazadora estaba haciéndolo con algún propósito oculto, o era que, simplemente, las últimas batallas en las que ella había estado habían sido demasiado cruentas, lo que a la larga podría haber afectado su psique.

Pero no, Anya Sókolov no era de ese tipo de ángeles. Ella siempre había sido muy segura de sí misma, tenaz, persistente y, sobre todo, muy valiente, nunca se había amedrentado ni ante los demonios más terribles, y siempre era la primera en lanzarse a atacar. Por sobre todas estas cosas, Anya tenía también un espíritu bondadoso, era alguien que siempre solía pensar en los demás antes que en ella misma. Tan era así, que Miguel había pensado en convertirla de manera oficial en capitana de la Legión de Ángeles del Sur, puesto que ya había ostentado de manera provisional durante algún tiempo, antes de que la actual capitana, Ehriel Dubois, fuese elegida de forma definitiva. Sin embargo, Miguel recordó que, ya desde el momento en el que él anunció que sería Ehriel la nueva capitana, Anya se mostró muy irritada y molesta, en una actitud de rabieta que el arcángel nunca le había visto a un ángel.

¿Qué estaba ocurriendo entonces con Anya? Los ángeles del Ejército Celestial, del cual Miguel era el Comandante Supremo, estaban para proteger, salvar y ayudar a seres indefensos, pero sobre todo, a los seres humanos, y había ocasiones en las que Anya olvidaba esto último. Ella creía que el fin justificaba los medios, y no le importaba lastimar a algunos humanos si con ello conseguía eliminar a un enemigo poderoso. No era precisamente ésa la manera en cómo Anya debía hacer las cosas pero… Dado que ella era el ángel cazador con mayor número de demonios capturados, la más eficaz del Ejército Celestial, Miguel se había limitado a llamarle la atención, preguntándose si debería retirarla por algún tiempo de las batallas. A pesar de todo, Anya había respetado las vidas de los demás seres, y aunque a veces resultaban heridos algunos inocentes, ella no había llegado al extremo de matar a nadie.

Hasta ahora.

Miguel tenía en sus manos un reporte oficial redactado por Alessandro Lua, capitán de la Legión de Ángeles del Norte, en donde informaba que Anya Sókolov, ángel cazador de la Legión de Ángeles del Sur, había quitado la vida de seres inocentes durante su última misión en conjunto. Alessandro, que había trabajado con Ehriel, había estado al pendiente de las acciones de Anya, y había constatado que, al momento de atrapar a un demonio al que buscaban ambas Legiones, ella había acabado con dos hadas y tres elfos, los cuales, si bien no eran humanos, sí merecían el respeto hacia la vida que todo ser vivo merece. El capitán Lua también informaba que, en otras ocasiones, había constatado que Anya mostraba muy poco respeto por la vida de otros seres, y que incluso sospechaba que podría ser culpable de haber causado la muerte de una pareja de humanos, fallecidos hacía poco durante una explosión de una cabaña, la cual fue catalogada como accidental, pero que se sospechaba que podría tener un origen supernatural. Dicho accidente había ocurrido durante la persecución de un ser de inframundo que había sido buscado infructuosamente por las Legiones del Norte y del Sur. Alessandro afirmaba haberse encontrado en las inmediaciones del terreno en donde se encontraba la cabaña, minutos antes de que ésta explotara, y había visto a una mujer pelirroja, que correspondía con la descripción de Anya, salir del lugar. Alessandro afirmaba que, si la explosión de verdad había sido accidental, Anya debió entonces ayudar a los humanos a huir, no marcharse a toda velocidad, y que si de verdad había hecho esto último, había contribuido de manera indirecta con sus muertes.

Miguel frunció el ceño al leer el informe; Ehriel había determinado que la explosión había sido causada por una fuga de gas de una reserva natural, explicación que no dejó satisfecho a nadie, pero fue lo que se estableció en el reporte oficial que la capitana entregó. Además, Anya no podía haber sido la responsable de la explosión, ya que, por ser un ángel, no tenía la capacidad de producir fuego con sus manos (a diferencia de los arcángeles, que podían crear Fuego Divino, un hechizo de muy, muy alto nivel, y reservado para los seres celestiales de mayor rango). Sin embargo, ya Elizabeth Wolfgang, un ángel cazador convertido, uno de los más recientes elementos incorporados a la Legión del Sur, había mencionado en alguna ocasión que los ataques de su compañera Anya eran hipertérmicos, es decir, que contenían mucha cantidad de energía térmica y calor, algo que no era habitual en un ángel de su categoría.

"Tendré que investigar a fondo", pensó Miguel. "No puedo ya fiarme de las declaraciones de Anya… Ni de las de Ehriel…".

Demasiado tarde, el arcángel se había dado cuenta que Ehriel Dubois no era eficaz como capitana, pues no era apta para resolver problemas complicados, y en misiones de gran alcance había tenido que ser apoyada por otros capitanes con más experiencia, como lo eran el mismo Alessandro Lua, o Irinia Santé, la capitana de la Legión del Este. Incluso, Elizabeth Wolfgang tenía más determinación al momento de actuar, y Ehriel quedaba rezagada y opacada en muchas ocasiones, ya fuera por Elizabeth, por la misma Anya, o por cualquier otro ángel que mostrara más decisión y arrojo. Quizás, lo mejor sería enviar a un ángel de otra Legión a investigar a Anya Sókolov, para no levantar sospechas en ésta ni dar a Ehriel la preocupación de tener a un posible elemento peligroso entre sus filas. Sin perder un segundo más, Miguel tomó una pluma de su ala derecha, escribió un mensaje en ella y la hizo desaparecer.

Poco tiempo después, llegaba a su Centro de Mando un ángel vestido con un traje de batalla de color blanco con adornos dorados, que mostraba una piedra ovalada azul en el pecho; dicho ángel tenía el cabello rubio y corto, con un mechón de pelo gris y los ojos de color dorado. En su frente relucía el símbolo del Portal de Luz Divina, característico de todos los ángeles cazadores que se encontraban bajo el mando de Miguel, y sus alas blancas estaban plegadas a su espalda. Se trataba, pues, de Alessandro Lua, el ya mencionado capitán de la Legión de Ángeles del Norte.

- ¿Me has llamado, Miguel?.- Alessandro hizo una reverencia respetuosa.

- Así es, Alessandro. Te necesito para una misión de extrema importancia.- respondió Miguel, señalando la mesa de mármol blanco, a donde Alessandro acudió.- Lo que voy a encargarte, es algo secreto en extremo. Absolutamente nadie debe saber que te he encomendado esta misión, ni siquiera los capitanes de las demás Legiones.

- ¿Tan importante es?.- preguntó el capitán.

- Temo que tengamos a un ángel en riesgo de ser corrompido.- respondió Miguel, con un suspiro.- Sí, es muy importante lo que voy a confiarte. Te he elegido a ti debido al reporte que me entregaste hace dos días, sobre tus sospechas con respecto a Anya Sókolov. Lo que has dicho confirma los rumores que he oído sobre ella últimamente, así que deseo que investigues más. He escuchado que, incluso, Anya es capaz de crear energía térmica, y deseo saber si es verdad.

- Un ángel que crea energía térmica no es una buena señal, ¿verdad?.- preguntó Alessandro, muy serio.

- Sólo ha habido aquí otro ángel capaz de crear energía térmica sin tener acceso al Fuego Divino.- contestó Miguel.- Y hace muchos siglos que ya no se encuentra entre nosotros.

Alessandro sabía perfectamente bien de quién estaba hablando Miguel, así que sólo asintió con la cabeza.

- Tienes mi permiso para hacer lo que sea necesario para detener a Anya Sókolov, si es que la encuentras haciendo algo indebido.- añadió Miguel, poniendo sus dedos índice y medio en la frente del ángel, justo en donde se encontraba su Portal de Luz Divina.- Cuentas con mi protección y mi apoyo.

Haciendo otra reverencia, el ángel se retiró, dejando al arcángel muy pensativo. Por el bien de Angelópolis, lo mejor sería que tanto él como Alessandro estuvieran equivocados. Sin embargo, era bien conocido por todos que los ángeles eran los seres más fáciles de ser corrompidos por el Mal.

¿Qué pasaba por la cabeza de Anya, realmente? Sólo ella podría asegurarlo. Sin embargo, a pesar de lo mucho que Miguel deseaba que no fuera verdad, lo cierto era que Anya estaba cada vez más cerca de dejarse llevar por la Oscuridad, algo que bien podría haberse previsto, de haber puesto atención a las actitudes que había estado mostrando la pelirroja de ojos negros, desde antes de ser capitana provisional.

Anya Sókolov era, como ya se había dicho, uno de los ángeles cazadores más fuertes y experimentados de la Legión del Sur. Su larga cabellera pelirroja, que habitualmente recogía en una trenza, contrastaba enormemente con su traje de batalla blanco, y sus ojos negros parecían dos fosas oscuras en donde no tenía cabida el miedo. Cuando fue creada, ella sólo pensaba en servir a su Ser Supremo y cumplir el objetivo para el cual había sido hecha, esto es, pelear para el Ejército Celestial. Su corazón noble y bondadoso sólo buscaba ayudar a otros, y nada más, y podía pasarse horas consolando a los indefensos, siempre teniendo una palabra de ánimo para todos.

Desde que llegó a Angelópolis, Anya demostró tener muchas habilidades para el combate, por lo que de inmediato fue admitida en las Legiones del arcángel Miguel, más específicamente, en la Legión del Sur. Ella rápidamente fue escalando puestos, y sus compañeras admiraban su tenacidad, su perseverencia y su eficacia, y durante sus primeros siglos de vida, fue compasiva y bondadosa con los seres indefensos a los que ella protegía. Su fama llegó incluso a otras Legiones, a las que prestó ayuda en varias misiones sin pedir nada a cambio. Anya decía sentirse feliz con el simple hecho de poder cumplir con su labor.

Sin embargo, era verdad que un ángel, por su misma naturaleza pura, era muy susceptible de ser corrompido. La vanidad arruina hasta al más humilde, y el orgullo puede opacar al espíritu más brillante, y Anya no estuvo exenta de caer en la oscuridad; conforme fue cumpliendo misiones con éxito, el ángel comenzó a experimentar un furor desconocido para ella, un orgullo por lo que hacía y una aspiración inmensa por ser más poderosa para poder ganar más batallas. Este orgullo y estos deseos de tener dominio total se habían mantenido bajo control, mientras Anya no tuvo acceso al liderazgo de la Legión, pero una vez que ella probó lo que era estar al mando de la misma, no pudo seguir conteniendo más sus ansias de poder, siendo la muerte de la antigua capitana de la Legión del Sur lo que acabó arrastrando a Anya hacia el abismo.

Habitualmente, los capitanes de las Legiones sólo pueden ser elegidos por el arcángel Miguel, cuando el anterior capitán no puede o no quiere seguir cumpliendo con sus funciones. La Legión del Sur tenía una capitana experta y con muchos años de antigüedad, pero fue asesinada por un demonio de alto nivel, tras salvar a su Legión de ser destruida, así que, momentáneamente, el puesto había quedado vacío. Tras el tiempo reglamentario de luto, durante el cual la Legión del Sur quedó inactiva, Miguel decidió que era momento ponerla a trabajar nuevamente, para lo cual era indispensable el conseguir a una nueva capitana, y los ángeles de la Legión no ponían en duda que Anya sería elegida.

Analizándolo fríamente, Anya Sókolov era la mejor opción; no sólo era el ángel más eficaz, sino que también tenía don de liderazgo y casi toda su Legión la seguía sin titubear, sin olvidar sus ya mencionadas cualidades. Cuando la anterior capitana falleció al salvar a sus compañeras, fue Anya quien sacó a la Legión del abismo infernal en el que había caído, llevándola de regreso a Angelópolis, ya que, como ya se especificó, casi todas sus compañeras seguían sus órdenes. Casi. La única cazadora que siempre contradecía a Anya cada vez que podía, era Elizabeth Wolfgang, una humana convertida en ángel que recientemente se había incorporado a la Legión del Sur. Elizabeth, si bien no era precisamente lo que podría considerarse como un ángel "tranquilo", no solía contrariar ni desobedecer a sus superiores, pero tratándose de Anya, la joven no veía ocasión de refutar todos sus planes. No era un suceso al azar, a Elizabeth no le agradaba la manera en cómo Anya se enorgullecía de todos sus logros, y aún cuando la primera fuese un humano transformado en ángel, en proceso de entrenamiento, estaba segura de que tener tanto orgullo de sí mismo no era una cualidad angelical.

- Seguramente, tú serás la elegida para ser capitana.- había dicho entonces Ehriel Dubois a Anya.- Eres la más capaz de todas nosotras.

- Decididamente, lo soy.- había respondido Anya, sin inmutarse.- Soy la más eficaz, y la que más misiones ha logrado completar exitosamente.

- Y por lo visto, no eres la más humilde, ¿cierto?.- añadió Elizabeth, frunciendo el ceño.- No me he topado con otro ángel que se vanaglorie tanto de sus logros como lo haces tú.

Anya había respondido con una sonrisa de superioridad; decididamente, Elizabeth Wolfgang debía tener celos y envidia de ella, algo que se podía esperar de una antigua humana. Daba lo mismo, que Elizabeth no decidiría quién sería la nueva capitana, y Anya estaba segura de que Miguel la nombraría sin dudarlo.

- Quizás, pero pensarás diferente cuando sea tu capitana y veas lo bien que llevo a cabo las misiones.- replicó Anya.

- ¿Qué sucedió contigo?.- preguntó Elizabeth, extrañada.- Cuando llegué a este lugar, todos me dijeron que eras un ángel muy humilde y tranquilo.

- Las personas cambian.- respondió Anya.- Los ángeles, también.

Ehriel miró a Anya como si sus palabras fuesen la verdad absoluta, y Elizabeth no entendió cómo era que ella no se daba cuenta de las cosas. Sin embargo, y a pesar de toda la confianza de Anya, sus deseos de ser capitana no iban a volverse realidad: el rumor de que Elizabeth contrariaba en todo a Anya llegó hasta los oídos de Miguel, quien se sorprendió por el comportamiento de la ángel recién llegada. El arcángel mandó a llamar a Elizabeth para preguntarle al respecto, y la joven, pelirroja también pero con ojos verde olivo, soltó lo que pensaba, sin miramientos.

- A mi parecer, Anya es demasiado orgullosa para ser una buena líder.- contestó Elizabeth.- Se enaltece demasiado de sus logros, y a veces me hace pensar que, más que cumplir con las misiones, ella lo que desea es sentirse poderosa. No creo que realmente esté interesada en el bienestar del Ejército Celestial.

- Entiendo.- dijo Miguel, llanamente.- El resto de los ángeles de tu Legión la apoya, y tú eres la primera que no está de acuerdo con su comportamiento.

- Debe ser porque soy la última en unirse.- respondió ella, sin titubear.- Creo que mis otras compañeras están eclipsadas por el comportamiento previo de Anya, un comportamiento que yo no le he visto desde que llegué. O quizás es que no he tenido tiempo de adaptarme, aún. Puede ser que, con el paso del tiempo, aprenda a respetar las actitudes de Sókolov.

Miguel agradeció a Elizabeth por la información, sin agregar nada más. Ella pensó que el arcángel no la había tomado muy en serio, hasta que Miguel anunció que aún no había tomado una resolución definitiva para elegir al nuevo capitán, y que Anya Sókolov tomaría el puesto de manera provisional, quedando en un periodo de prueba por un determinado tiempo, y que si en esa fase de prueba ella lograba demostrar que era lo suficientemente capaz para dirigir la Legión, se quedaría como capitana de forma definitiva. Tras el sorprendente aviso, mientras sus compañeras cuchicheaban entre sí, Elizabeth vio a Anya reclamarle a Miguel, preguntándole por qué había tomado tal decisión.

- Uno de los requisitos indispensables para que seas elegida capitana es que te ganes el respeto y la lealtad de todos y cada uno de tus ángeles.- respondió el arcángel.- Las Legiones son mis grupos de élite, los que se enfrentan a los rivales más poderosos y cumplen las misiones más peligrosas. Si en alguna de ellas hay un ángel que no obedece a su líder, habrá problemas que comprometerán la misión, y la vida de sus compañeros. Si deseas el puesto de líder de forma oficial, Anya, demuéstrame que eres capaz de ganarte la confianza de los demás.

La pelirroja de ojos negros no respondió, se limitó a hacer una reverencia y a retirarse con paso majestuoso. Sin embargo, cuando Anya pasó al lado de Elizabeth, le lanzó una mirada cargada de odio reconcentrado; ésta tuvo un escalofrío, más por el hecho de que un ángel no debería mirarla de esa manera, que por la mirada en sí.

Durante el periodo de prueba, Anya fue eficaz al momento de cumplir con las misiones; no había capitana más rápida, ni más responsable que ella, pero también era cierto que cada vez usaba más la violencia para conseguir lo que deseaba. Bajo el lema de "el fin justifica los medios", Anya no se tentaba el corazón al momento de pelear, y pronto sus compañeras comenzaron a murmurar que ella estaba volviéndose un tanto "agresiva". A pesar de eso, ninguna se atrevió a contrariarla, con excepción de Elizabeth, quien no dudaba en cuestionar sus actos una y otra vez, llegando a afirmar que Anya estaba "obsesionada con el poder", y que su comportamiento no la iba a llevar a algo bueno. Además, por si eso fuera poco, en la última misión, en donde los ángeles pelearon contra un aquelarre de vampiros, Elizabeth vio cómo Anya ponía sus manos sobre uno de ellos, al cual no soltó hasta que el ser oscuro se derritió. Elizabeth quedó muy sorprendida al ver este hecho, porque la única manera en la que Anya habría podido hacer lo que hizo fue usando energía hipertérmica, en un hechizo que ningún ángel era capaz de realizar. Cuando la pelirroja de ojos verdes interrogó a su capitana, ésta contestó que no había usado calor, sino que sólo había concentrado su energía en el interior del vampiro, hasta hacerlo estallar. Obviamente, Elizabeth no se creyó el cuento.

Miguel se sorprendió mucho cuando, tras el periodo de prueba, recibió más quejas del comportamiento de Anya de las que esperaba recibir. Algunas de las ángeles más experimentadas, e incluso la misma Ehriel, habían manifestado que Anya había sido un poquito excesiva con el uso de la fuerza, y que parecía haberse obsesionado con obtener más poder. Además de eso, estaba el comentario de Elizabeth, que afirmaba haber visto a Anya usar energía hipercalórica para acabar con un vampiro, situación que a Miguel no le agradó. Así pues, ante tales declaraciones, el arcángel decidió elegir a Ehriel Dubois como la capitana oficial. Y la queja de Anya ante este suceso fue casi épica: Miguel nunca había visto a un ser angelical gritar y enojarse tanto ante una decisión suya, lo que le confirmó que no se había equivocado al no elegirla.

Claro está, después de un tiempo, Anya aceptó la realidad y fingió apoyar en todo a su reemplazo: se comportó nuevamente como la compañera perfecta, la cazadora experimentada, y constantemente apoyaba a Ehriel en labores que resultaban muy pesadas para ella. Elizabeth pronto se dio cuenta que Dubois no daba la talla para ser líder de la Legión, y que eso favorecía a que Anya se tomara más consideraciones de las que le correspondían. Prácticamente, las cosas no cambiaron después de que Ehriel fuese elegida capitana, e incluso habían empeorado, pues ahora Anya podía actuar como se le viniera en gana, sin tener la responsabilidad de responder directamente por sus actos ante Miguel. Elizabeth, quien había sido entrenada por Alessandro Lua, le preguntó a éste si era normal que Anya fuese tan agresiva.

- Un verdadero ángel cazador sabe cómo cumplir con su misión sin necesidad de emplear violencia excesiva.- fue la respuesta que Alessandro dio.- Así como un verdadero capitán sabe que la fuerza no siempre es la respuesta a todas las preguntas.

Esto, por supuesto, no encajaba con el comportamiento de Sókolov, de ninguna manera.

A su vez, Anya estaba furiosa por no haber conseguido lo que tanto anhelaba, y esto era, ser la líder de la Legión del Sur. Desde que probó el poder, aquél día en el que lideró a su escuadrón por vez primera, ella se dio cuenta que la autoridad era la más maravillosa droga que podría dársele a cualquiera. Su corazón noble y su mente tranquila fueron contaminados por las ansias de dominio y de fuerza, y poco a poco su alma fue corrompiéndose sin darse cuenta. Bastó con que ella abriera una pequeña brecha en su corazón al poder para que éste la consumiera por completo, y no había momento en el que Anya se sintiera más feliz que cuando ella tenía el control total del mundo que la rodeaba. Pronto, Sókolov descubrió una manera de elevar la temperatura de sus ataques, los cuales eran tan letales como los hechizos hechos con fuego, y eso la convertía a ella en una de las cazadoras más poderosas, no sólo de la Legión del Sur, sino de todo el Ejército Celestial.

Sus ansias de obtener más fuerza se volvieron su todo; dejó de interesarle el ayudar a los demás, y el ser compasiva y misericordiosa, y únicamente le importaba qué tan rápido podía deshacerse de los obstáculos para llegar a su meta. Sin embargo, a pesar de que toda su Legión la amaba y apoyaba, esa maldita de Elizabeth Wolfgang no tardó en volverse una molestia constante: no sólo la contradecía en todo, sino que también le había costado su puesto como capitana, Anya estaba segura de eso.

Cuando Miguel decidió elegir a Ehriel como líder definitiva, Anya estuvo a punto de atacarlo a él con la energía hipertérmica que era ya su especialidad, para después matar a Elizabeth, pero logró controlarse. Anya no habría podido matar a Miguel ella sola, él seguía siendo un arcángel, después de todo, y con matar a Elizabeth sólo habría conseguido que la expulsaran de Angelópolis, de manera que Anya tendría esperar. Ya habría ocasión de quitar a la joven de en medio, en alguna misión, de forma que pareciera un accidente. Ehriel Dubois no era un problema, pues Sókolov siempre la había manipulado a su antojo, y no dudaba que podría convencerla de guiar la Legión según sus deseos. Así pues, los planes de Anya iban desarrollándose a su antojo; Ehriel le hacía caso en todo, y no había misión en la que ella no pidiera consejo a la antigua líder. Prácticamente, esta última continuaba guiando la Legión, y estaba convencida de que Ehriel renunciaría a su cargo para darle paso a Anya, si ella se lo pedía. Quedaba sólo el asunto de Elizabeth, eliminarla del camino para evitar que la siguiera boicoteando, pero en esta ocasión, el plan de Anya salió muy mal.

El asunto de los humanos muertos en la cabaña, fue un intento fallido de asesinar a Elizabeth Wolfgang. Anya había descubierto la vivienda, habitada por humanos, en una excursión que hizo para analizar el terreno, durante una misión en donde debían encontrar a un demonio escurridizo que escapó a través de una cadena de montañas. La otrora capitana había decidido provocar un incendio menor alrededor de la cabaña, muy cerca de una reserva de gas natural que podría explotar en cualquier momento, y dio aviso de que había humanos en la zona y que ella se encontraba muy lejos para ir a ayudar. Anya esperaba que Elizabeth acudiera a su llamado, pero para su decepción y enojo, quien acudió fue Alessandro Lua.

Dado que Anya no tenía intenciones de eliminar a Alessandro (cosa de la que habría de arrepentirse después), trató ella misma de rescatar a los humanos para alejarse antes de que las reservas de gas natural explotaran. Sin embargo, y como era de esperarse, los humanos se aterraron al ver aparecer delante de ellos a un ángel con cabellos de fuego y mirada iracunda, que les exigía que la siguieran. La pareja no atinó a comprenderla, y Anya se exasperó, al ver que sus órdenes no eran escuchadas, de tal manera que se marchó, dejando a la pareja abandonada a su suerte. La reserva de gas natural estalló, llevándose la cabaña y a los humanos, pero Anya estaba segura que nadie había sido testigo de su estadía en ese lugar. O eso era lo que ella creía. Con respecto a si sentía remordimientos por haber causado la muerte de dos humanos, a los que se supone que debía proteger, Anya experimentó culpa por un corto periodo de tiempo, tras lo cual se dijo que en una guerra siempre habría víctimas, era inevitable. Sin saberlo, su esencia pura estaba corrompiéndose cada vez más.

Fue en este punto de la historia en donde Miguel, tras recibir los inquietantes reportes de sus ángeles, envió a Alessandro Lua a investigar a Anya Sókolov, con la esperanza de descubrir que todo era una equivocación.

Durante unos días no sucedió nada trascendental; Alessandro vigilaba a Anya, sin que ésta se diera cuenta, pero no logró encontrar datos que apoyaran la teoría de que estaba desviándose de su rumbo. Sin embargo, Miguel pronto encargó a la Legión del Sur la misión de detener a una manada de licántropos que habían hecho su nido en un bosque, y que atacaban a los viajeros de todas las especies que debían atravesar el área. Ehriel había pensado cercarlos para capturarlos, pero Anya tuvo la idea de causar un incendio en el bosque. La capitana no estaba muy segura de que ésa fuera la mejor manera de detener a los licántropos, pero Anya utilizó sus dotes persuasivas para convencerla.

- El fuego es la única cosa a la que los licántropos temen en realidad.- replicó Anya.- Sabiendo como sabemos que su temor a la plata es un mito estúpido que inventaron los humanos, y que gastaremos muchas flechas, tiempo y energía en pelear contra ellos, cercarlos con fuego será una manera mucho más fácil y rápida de capturarlos.

- Pero, ¿cómo vamos a producir el fuego?.- preguntó Ehriel, aún sin convencerse.- Ninguno de nosotros sabe hacerlo.

- Para los humanos es muy fácil producirlo.- mintió Anya.- Sólo tenemos que seguir cualquiera de sus métodos para crear fuego.

- Pero yo no conozco ninguno… Y dudo que las demás lo sepan.- replicó Ehriel.

- No te preocupes, yo me encargo de eso.- Anya sonrió con total confianza.

- No lo sé.- la capitana aún dudaba.- No sé si sea tan buena idea…

- Siempre has confiado en mí, Ehriel.- Anya se puso muy seria.- ¿Por qué habría de fallarte ahora?

Ehriel, aún sin estar muy convencida, aceptó la propuesta de Anya de incendiar el bosque en la zona cercana a la manada, ordenando a sus ángeles que estuvieran preparados, en el extremo opuesto de la foresta, para detener a los licántropos que salieran huyendo del fuego. Ni tarda ni perezosa, Anya se dirigió al extremo indicado para comenzar el incendio, cuidándose bien de que ni Ehriel ni nadie más la viera encender fuego, mientras el resto de la Legión se preparaba para atrapar a los lobos. Elizabeth, quien se había retrasado en la misión por estar buscando a Alessandro Lua, llegó a la Tierra cuando el bosque comenzaba a lanzar unas peligrosas humaradas grises.

- ¿Qué sucede aquí?.- preguntó ella a Ehriel, quien se veía preocupada.- ¿Es humo lo que huelo?

- Estamos encendiendo fuego para capturar a los licántropos.- respondió una de sus compañeras.- Esperamos la orden para lanzarnos sobre ellos.

- ¿QUÉ?.- Elizabeth gritó.- ¿Es en serio?

- Lo es, Elizabeth.- respondió Ehriel, muy seria.- Cercaremos con fuego a los lobos para obligarlos a escapar, y cuando eso suceda los atraparemos.

- ¿Cómo?.- la pelirroja de ojos verdes no salía de su asombro.- ¿Cuándo se te ocurrió que esto era una buena idea?

- En realidad, la idea no es mía.- confesó Ehriel, mordiéndose el labio.- Anya fue quien lo sugirió…

- ¿Y tú aceptaste?.- Elizabeth estaba anonadada.- ¿De verdad crees que, para detener a un grupo de lobos, es necesario incendiar todo un bosque?

- Parecía buena idea cuando lo sugirió… Yo pensé que… .- Ehriel comenzó a tartamudear.- Ella tiene razón al decir que el fuego es lo único que los puede detener...

- Esto es increíble.- Elizabeth se giró hacia sus compañeras.- Es una auténtica locura. No estamos aquí para destruir lo que al Ser Supremo le ha costado tanto trabajo construir. No podemos incendiar el bosque, independientemente de que lo hagamos por una causa justificada, morirán animales indefensos, y quizás también fallezcan humanos que queden atrapados. ¿Y si el fuego se sale de control y se propaga a áreas habitadas? Somos ángeles cazadores, no destructores, por el amor del Cielo.

Los ángeles de la Legión del Sur se miraron entre sí, intercambiando murmullos; muchos de ellos no estaban de acuerdo con el plan de Anya, y lo manifestaron abiertamente.

- A mí tampoco me parece buena idea que se prenda fuego al bosque.- dijo Zadquiel, una de las mejores cazadoras de la Legión.- Los ángeles ni siquiera deberíamos usar el fuego para nuestros propósitos. Todo esto apesta, y no es precisamente por el humo.

- Debemos detener entonces a Anya.- contestó Elizabeth, al ver que varios ángeles apoyaban lo dicho por Zadquiel.- ¿O no lo crees así, Ehriel?

- No lo sé.- la capitana aún dudaba.- Anya siempre ha sabido lo que hace…

- Pero en esta ocasión, me parece a mí que no tiene ni idea.- replicó Elizabeth.- ¿Vas a detenerla, o no?

- No sé ni en dónde está.- fue la respuesta que dio Ehriel.- Es decir, ni siquiera sé cómo abordarla…

Elizabeth suspiró; cada vez era más evidente que Ehriel Dubois no era una líder eficaz. Zadquiel movió la cabeza, en señal reprobatoria, y Ehriel se cohibió aún más. Era momento de tomar una decisión, el olor a humo era cada vez más intenso, y pronto pudieron verse a varios animales del bosque huir despavoridos.

- Voy a buscar a Anya.- resolvió Elizabeth.- Seguiré la pista que ha dejado con el fuego. Ustedes traten de evitar que esto se salga de control.

Zadquiel asintió con la cabeza, mientras Ehriel la miraba partir sin decirle nada; Elizabeth esperaba que su capitana la reprendiera o le diera alguna contraorden, pero no fue así.

Mientras tanto, Anya, en el extremo opuesto del bosque, en un área cercana a donde se encontraban los licántropos, había usado su nueva adquirida habilidad para provocar un buen incendio. Ella no podía ya contenerlo, su deseo de poder y de destrucción iban avanzando conforme las llamas se extendían, mientras su cara se distorsionaba por el reflejo de las mismas.

- Listo, con esto bastará.- murmuró Anya, satisfecha de su trabajo.

- Así que, de verdad, los rumores que hay sobre ti resultaron ser ciertos, Anya Sókolov.- dijo una voz masculina a sus espaldas.- Puedes crear fuego.

Anya se dio la vuelta, y se encontró de frente con Alessandro Lua, el capitán de la Legión de Ángeles del Norte. Éste la miraba con severidad, frunciendo el ceño y acercándose a ella con pasos cautelosos.

- De verdad, no quería creerlo.- continuó el ángel rubio.- Pero no puedo seguirme negando a la evidencia. Anya Sókolov, es mi deber llevarte ante el arcángel Miguel.

- ¿Estás loco? ¿Por qué, cuál es mi delito?.- Anya se sintió amenazada.- No he hecho nada malo, no puedes comprobar que encendí el fuego con mis manos, ni tampoco puedes juzgarme.

- Quizás yo no, pero el arcángel Miguel sí puede.- replicó Alessandro.- Sabes bien que los ángeles no podemos crear fuego. Es evidente que te has desviado de tu camino, y es necesario que seas juzgada y detenida antes de que tu alma acabe por condenarse.

- Creo que es un poco tarde para eso.- Anya miró a Alessandro, con odio en los ojos.

La larga trenza pelirroja de la cazadora se agitaba con el viento que avivaba las llamas, y su rostro estaba siendo deformado por el fuego, transformándolo en una careta malvada. Alessandro sintió un escalofrío al notar hasta qué punto se había corrompido el alma de Anya. El capitán se preparó para un enfrentamiento: en su mano derecha creó una masa de energía pura que pronto había de transformarse en su espada. Anya, a su vez, echó mano a su propia espada, esperando a que Alessandro hiciese el primer movimiento.

- ¡Anya, basta ya!.- gritó Elizabeth, en esos momentos, cortando la tensión del momento.- ¿Qué demonios crees que estás haciendo? ¿Qué cosa en el mundo te ha hecho pensar que incendiar el bosque es una buena idea?

Esos simples segundos fueron suficientes para que Alessandro se distrajera; rauda y veloz como el rayo, Anya lanzó una bola de fuego, que de inmediato cercó a Alessandro en medio de un círculo de llamas, tras lo cual saltó para quedar frente a Elizabeth.

- ¿Qué sucede?.- Elizabeth se sorprendió al ver a Alessandro atrapado en el círculo.- ¿Te has vuelto loca?

- Quizás sí.- respondió Anya, riendo malignamente.- O quizás ya me di cuenta de cuál es el poder verdadero.

Antes de que Elizabeth pudiera responder, Anya le lanzó una bola de fuego, pero aquélla alcanzó a esquivarla por muy poco, contraatacando después con un torbellino de agua que pudo crear gracias a un pequeño arroyuelo que pasaba cerca de ahí.

- ¿Vas a desperdiciar la poca agua que hay tratando de detenerme?.- Anya volvió a reír.- No eres muy inteligente, entonces.

- Tienes razón, por desgracia.- Elizabeth dejó de manipular el agua.- Pero hay otras maneras de hacerlo.

Ni tarda ni perezosa, Elizabeth lanzó una patada al rostro de Anya. La nariz de ésta crujió cuando la bota de aquélla se estampó contra ella. Un chorro de sangre oscura comenzó a manar de la nariz de Anya, y Elizabeth se preocupó al verla: tampoco era normal que un ángel tuviera la sangre de ese color. Antes de que Sókolov pudiera reaccionar, Elizabeth le propinó varias patadas más, que dieron certeramente en el blanco, por lo menos, hasta que Anya pudo reaccionar.

- Maldita.- Anya, ferozmente, tomó a Elizabeth por la pierna y la lanzó fuertemente contra el suelo.- Hace mucho que debí acabar contigo, pero ésta será una buena ocasión para concluir este tema.

La pelirroja ojiverde golpeó con fuerza la tierra y se quedó sin aliento. Anya se acercó a su rival, encendiendo fuego con una de sus manos, con la firme intención de incendiarla hasta convertirla en cenizas, pero antes de que pudiera ponerle una mano encima, un golpe de electricidad la lanzó de costado contra un grupo de árboles, dejándola momentáneamente aturdida y confundida.

- ¡Elizabeth!.- Alessandro auxilió de inmediato a la joven.- ¿Estás herida?

- No.- negó ella, aceptando la mano que él le ofrecía, preguntándose cómo pudo romper el cerco de fuego de Anya.- Sólo me quedé sin aliento.

- Debemos detener esto ahora mismo.- añadió Alessandro, dirigiéndose entonces hacia Anya. Sólo en ese momento Elizabeth se dio cuenta de que algunas de las plumas de las alas de él estaban chamuscadas.- Anya, esto se acabó, y lo sabes.

Anya, sin embargo, había conseguido ponerse en pie, y miraba a los otros dos ángeles con una sonrisa torcida en el rostro.

- Bien, ya que tanto insisten en que no queme el bosque, no lo haré.- dijo ella.- Después de todo, ¿para qué quiero quemar un estúpido bosque? No me sirve de nada, eso no me cubrirá de gloria. Pero, si por otro lado, consigo destruir una gran ciudad, eso sí que me dará el poder y la gloria que deseo. Ya que Miguel se negó a darme lo que merecía, quizás haya alguien más poderoso que él que se sienta complacido cuando le entregue la Ciudad de los Ángeles. ¡Se sentirá satisfecho cuando sus seres de oscuridad caminen por las blancas calles de mármol, y entonces, me dará el poder que tanto deseo!

Dicho esto, Anya Sókolov extendió sus aún blancas alas y emprendió el vuelo; Alessandro y Elizabeth la miraron partir, sorprendidos por sus palabras.

- ¿Qué es lo que pretende hacer?.- preguntó ella, respirando agitadamente.

- Planea destruir Angelópolis.- respondió Alessandro.- A juzgar por la referencia que hizo a la "Ciudad de los Ángeles".

- ¿Con seres de oscuridad? ¿Cómo pretende hacer eso?.- preguntó Elizabeth, sin entender del todo.

Ambos ángeles se miraron a los ojos; y de pronto, todo les quedó muy claro.

- Quiere abrir la Puerta Infernal, que comunica el Cielo con el Infierno.- contestó Alessandro, leyendo sus propios pensamientos en la mente de Elizabeth.- Pretende entregar Angelópolis a Lucifer.

- Esa desgraciada.- Elizabeth apretó los puños.- ¡Debemos pararla! Pero también debemos controlar este incendio, los animales pronto quedarán cercados por el fuego. ¿Qué vamos a hacer?

- Yo iré tras Anya.- dijo Alessandro.- Miguel me dio la orden de detenerla, así que es mi deber. Tú quédate a controlar el fuego, pues tú puedes manipular el agua, así como muchos de los ángeles de tu Legión.

- Está bien.- asintió Elizabeth, mirando hacia la parte incendiada del bosque.- Organizaré a la Legión del Sur para controlar el desastre que Anya inició y que Ehriel no supo detener. Si termino antes, iré a apoyarte.

- De acuerdo.- Alessandro asintió, tras lo cual miró a Elizabeth a los ojos.- Cuídate, por favor.

- Lo mismo te pido.- respondió ella, suspirando.

Alessandro extendió sus luminosas alas y emprendió el vuelo, en persecución de la traidora que amenazaba con destruir a su ciudad. Elizabeth, a su vez, se dirigió a toda velocidad al sitio en donde estaba su Legión. Ehriel se acercó a ella apenas la vio llegar, con el terror pintado en el rostro.

- Tenías razón, esto se ha salido de control.- manifestó la capitana.- Al parecer, hay humanos atrapados, y los licántropos han conseguido escapar. ¿En dónde está Anya?

- A Anya la ha corrompido la oscuridad.- respondió Elizabeth, sin titubear.- Se ha convertido en una enemiga potencial, no podemos confiar más en ella. El capitán Lua ha ido tras ella.

- ¿Qué? No puede ser verdad.- Ehriel abrió sus ojos como platos.- ¿Anya, una enemiga potencial? ¡Debe tratarse de un error!

- No creo que lo sea.- intervino Zadquiel.- Todas nos hemos dado cuenta que la actitud de Anya ha cambiado mucho en los últimos días.

- Sea como sea, no podemos preocuparnos por ella ahora.- las cortó Elizabeth.- Debemos apagar este incendio cuanto antes, y Alessandro ya tiene la misión de ir tras nuestra "amiga". Ehriel, esperamos tus órdenes.

- ¿Qué? ¿Cómo?.- Ehriel se sorprendió.- Yo… No tengo ni idea de cómo controlar esto…

- ¿Cómo que no sabes?.- exclamó Elizabeth.- Tú lo autorizaste, debiste haber pensado en cómo detenerlo si se salía de control.

- La verdad es que no creí que eso fuera a suceder.- confesó Ehriel.- Siempre he confiado mucho en Anya…

Elizabeth suspiró, derrotada; su instinto de supervivencia le dijo claramente que Ehriel no sabría cómo sacarlas del lío en el que ella misma las había metido, al darle luz verde a Anya para que llevara a cabo sus malévolos planes. Así pues, sabiendo que iba en contra de las leyes del Ejército Celestial, Elizabeth le dio la espalda a su capitana y se dirigió al resto de la Legión del Sur.

- Necesitamos hacernos cargo de esto, ahora.- dijo la joven.- Tenemos que dividirnos en tres grupos: uno que se haga cargo de controlar el incendio y apagarlo, otro que ponga a salvo a los animales, y el tercero que se encargue de buscar a humanos atrapados. ¿Estamos de acuerdo?

- Dinos qué hacer.- respondió Zadquiel, inmediatamente.- Y nos ocuparemos.

La mayoría de los ángeles no titubearon para seguir a Elizabeth; todos se habían dado cuenta que Ehriel Dubois no estaba en condiciones de seguir liderando la Legión. Así pues, la pelirroja de ojos verdes dividió al comando en tres grupos menores, llevándose consigo a los ángeles más expertos en el manejo del agua para apagar el incendio. Los ángeles más capacitados en rastreo se fueron a buscar humanos atrapados, mientras que el resto se dedicó a rescatar a los animales. En medio del jaleo, la mayoría de los ángeles se olvidaron de Ehriel, pero Zadquiel la vio un rato después, ayudando a una familia de conejos a llegar a un lugar seguro. Zadquiel suspiró al notar lo derrotada que se veía su capitana, ella sabía bien que, después de esa misión, era muy seguro que perdiera su puesto.

Fue un trabajo arduo y exhaustivo, pero gracias a la coordinación de los ángeles, el fuego pudo ser contenido y apagado. Gracias a la rápida movilización de los rastreadores, los humanos que habían quedado cercados por el fuego pudieron ser rescatados, y habían sido pocos los animales que habían sufrido quemaduras severas por el fuego, aunque grandes áreas de bosque habían sido destruidas. Elizabeth esperaba que los Escuadrones de Rescate pudieran ayudar a los animales heridos y recuperar las áreas verdes quemadas. Mientras manipulaba el agua de los ríos y arroyos cercanos, la pelirroja ojiverde se preguntó si Alessandro estaría bien, y si Anya habría conseguido salirse con la suya. Si ella lograba abrir la Puerta que unía al Cielo con el Infierno, poco importaría que el bosque se hubiera salvado.

- ¿Y ahora qué hacemos?.- preguntó Zadquiel, cuando los últimos ángeles rastreadores se incorporaron al equipo.- ¿Iremos tras Anya?

- No.- Elizabeth ya había decidido cuál sería el siguiente paso.- El capitán Alessandro Lua ya está ocupándose de eso. Nosotros tenemos nuestra propia misión: vamos a buscar a los licántropos. Si están de acuerdo, por supuesto.

Al decirlo, ella había mirado a Ehriel, pero la capitana desvió la mirada. Sin embargo, el resto de los ángeles de la Legión asintieron al unísono, por lo que Elizabeth no encontró ningún obstáculo para guiar al grupo en la misión que se les había encomendado, rogando con toda su alma que su querido Alessandro estuviese a salvo.

Mientras tanto, en un lugar cercano a Angelópolis, tenía lugar una batalla entre dos combatientes que, en más de alguna ocasión pasada, habían peleado hombro con hombro para proteger al universo del Mal. En esta ocasión, ese mismo Mal se había apoderado de uno de ellos, y era deber del otro el detenerlo. Alessandro Lua perseguía muy de cerca a Anya Sókolov, dispuesto a hacer cualquier cosa que estuviera en sus manos para contenerla. Ella no dejaba de lanzar bolas de fuego con la esperanza de quitárselo de encima, pero Alessandro no se daba por vencido. Él tenía que impedir que Anya llegara a la Puerta Infernal, pero la pelirroja de ojos negros era tan escurridiza que fácilmente se ponía fuera de su alcance.

El ángel pelirrojo, sin problemas, atacó a los guardianes que vigilaban las cercanías de la Puerta Infernal, dejando fuera de combate en cuestión de minutos a varios de los ángeles más fuertes de Angelópolis. Esto ocurrió no sólo porque ella se había vuelto más poderosa, también fue porque los guardianes se confiaron al ver venir a uno de los suyos. Una guardiana, antes de caer en la inconsciencia, dio rápidamente la voz de alarma, que rápidamente se propagó hasta Angelópolis.

- Los arcángeles deben saberlo cuanto antes.- musitó el ángel.

Alessandro sabía, sin embargo, que para cuando los arcángeles llegaran, podría ser demasiado tarde. Así pues, contrario a su costumbre, él lanzó un ataque directo a Anya, que impactó de lleno en el sitio en donde nacían sus alas, justo cuando ella estaba a punto de tocar la Puerta Infernal. Dando un alarido de rabia, Anya cayó, dándole suficiente tiempo a Alessandro para alcanzarla.

- Sólo estás retrasando lo inevitable.- gruñó ella, sacando su espada.- ¿Quieres morir primero? Bien, te daré el gusto.

- Es muy triste saber que ha llegado el día en el que tenga que enfrentarme a una de mis compañeras.- Alessandro creó una bola de energía, la cual fue transformándose en su espada.- Pero sí así lo ha decidido el Ser Supremo, que así sea.

Los dos ángeles entrechocaron sus espadas, y el sonido fue tan potente que se escuchó en Tierra, en donde fue confundido con un trueno poderoso. Haciendo gala de sus habilidades, Anya pudo dar dos estocadas en Alessandro, una en su brazo, y la otra en un ala, pero el ángel rubio no dio ni un paso atrás, y por el contrario, reforzó sus ataques y consiguió clavar su arma en el hombro derecho de la joven. Anya soltó un alarido, mirando a Alessandro con toda la rabia de la que fue capaz.

- Tú te lo has buscado.- sus manos comenzaron a arder.- Vas a arrepentirte de haberte metido conmigo.

Una vez más, Alessandro pudo observar cómo Anya convertía su energía angelical en fuego puro, mientras sus ojos parecían querer lanzar llamaradas igual de intensas. El capitán se dio cuenta de inmediato que llevaba las de perder, así que tendría que subir su nivel de pelea si no deseaba que Anya lo incinerara. Alessandro tocó con su dedo índice y medio de la mano derecha el símbolo que portaba en la frente, murmuró algunas palabras en voz baja, y el Portal de Luz Divina se activó, comenzando a brillar y cubriéndolo con una capa luminosa. Con su poder aumentado al máximo, él no tuvo ningún problema para detener los ataques de fuego de Anya, contraatacando con sus hechizos de electricidad, que fueron mermando la energía de su oponente.

- Dos podemos jugar el mismo juego.- dijo entonces Anya, tocando con sus dos dedos el símbolo que llevaba tatuado en su hombro izquierdo.- Tengo acceso al mismo poder que tú.

Sin embargo, aunque Anya murmuró las palabras que abrían el Portal de Luz Divina, éste no se activó. Sorprendida, ella repitió el proceso, pero nuevamente no obtuvo respuesta. Alessandro, aunque también estaba asombrado, de inmediato se dio cuenta de lo que estaba sucediendo.

- Un ángel corrompido no puede tener acceso a la Luz Divina, el poder que viene del mismo Ser Supremo.- aclaró Alessandro.- Si necesitaba una última prueba de tu corrupción total, ahora la tengo.

- No digas idioteces.- rabiando, Anya intentó activar su Portal una y otra vez.- ¡Esto no puede estarme sucediendo, no me pueden negar el acceso! ¡Soy el ángel más poderoso, soy la mejor!

- No escuchas lo que estás diciendo, ¿verdad?.- Alessandro experimentó compasión por ella.- Son las mismas que palabras que otro Ángel Caído dijo hace miles de años, antes de ser expulsado del Paraíso.

Sin poder incrementar su fuerza, Anya fue dominada por los ataques de Alessandro; para contrarrestarlo, ella dejó que la ira que sentía la consumiera por completo, sin importarle que eso acabara por condenarla. Su poder de fuego incrementó, y Anya estaba segura de que podría acabar con Alessandro y con cualquiera que intentara detenerla, en cuestión de segundos, pues ella estaba a punto de convertirse en una antorcha angelical. El ángel rubio tuvo el mismo pensamiento, y se dio cuenta de que los arcángeles no alcanzarían a llegar para detenerla antes de que abriera la Puerta Infernal, o bien, que incendiara Angelópolis por completo. Era el momento de tomar decisiones drásticas ante situaciones desesperadas.

Alessandro concentró todo su poder en las manos, a donde fluía sin cesar la corriente de Luz Divina, apoyando después las palmas a ambos lados de la cabeza de Anya. Ésta, al sentir esa energía tan poderosa, soltó un grito que tenía más de sorpresa que de dolor o rabia, con todo y que ese contacto era muy doloroso para ella. Antes de que Anya pudiera reaccionar, Alessandro tocó el inservible Portal de Luz Divina del hombro izquierdo de la pelirroja, con sus dedos.

- En nombre del arcángel Miguel, quien me ha conferido la autoridad para poder detenerte en su nombre, si lo considero necesario, yo, Alessandro Lua, capitán de la Legión de Ángeles del Norte, te expulso de Angelópolis, Anya Sókolov, ángel caído en la desgracia.- dijo Alessandro, mientras sus dedos cambiaban el Portal de Luz por una marca en forma de la letra griega omega.

Las llamas se apagaron, y el cuerpo de Anya dejó de arder en cuestión de segundos. Una debilidad extrema se apoderó de ella, y sólo pudo sostenerse gracias a que Alessandro la tenía tomada por los hombros. Firmemente, pero sin lastimarla, el capitán la arrojó hacia la Tierra, sin que Anya pudiera evitarlo. Conforme iba cayendo, las alas de la antigua capitana fueron incendiándose poco a poco, hasta que todas las plumas quedaron cubiertas en fuego, cuales alas de un fénix moribundo. Sin embargo, en vez de quedar convertidas en cenizas, las plumas fueron cambiando de color, pasando del blanco con reflejos dorados a un gris cenizo, símbolo de la pérdida de su condición angelical. Al final, Anya cayó en el cráter de un volcán, y su cuerpo fue consumido por la lava.

Alessandro Lua descendió lentamente a Tierra, siguiendo el rastro de plumas que Anya fue dejando tras de sí, mientras su Portal de Luz Divina volvía a quedar inactivo. Aleteando con fuerza, el ángel sobrevoló la zona del volcán en donde había caído Anya, y se preguntó si su cuerpo habría sido destruido, o si acaso ella había logrado salvarse. Sin embargo, no había señales de Anya por ningún lado, ni siquiera se sentía ya su aura. Así pues, Alessandro regresó a Angelópolis, preguntándose si había hecho lo correcto.

Al volver, Miguel ya lo estaba esperando, acompañado de los otros tres arcángeles, Uriel, Rafael y Gabriel. Tras escuchar el informe de lo ocurrido, y de ofrecer una disculpa por haberse tomado libertades que, quizás, no le correspondían, Alessandro esperaba un castigo que no habría de llegar: Anya Sókolov se habría expulsado ella sola, si Alessandro no lo hubiera hecho primero.

- Además, te di la autoridad para hacer lo que consideraras necesario para detenerla.- concluyó el arcángel Miguel.- Y no cabe duda que, de no haberla expulsado, las cosas habrían resultado muy catastróficas para Angelópolis.

El ángel agradeció con una reverencia la indulgencia de su comandante. Miguel supo entonces que había tomado la decisión correcta al confiarle a Alessandro Lua esta importante misión.

Tras la expulsión de Anya, muchas cosas cambiaron en el Ejército Celestial, sobre todo en la Legión del Sur. Ehriel Dubois fue retirada de su puesto de manera inmediata, ya que había sido suya la responsabilidad de dejar que Anya cometiera cuanta locura quiso, sin que Ehriel atinara a ponerle un alto. Este gravísimo error, aunado a su falta de decisión y de don de mando, no sólo tuvo como saldo final el puesto de capitana de Ehriel, sino también su pertenencia a la Legión del Sur. Dado que las Legiones son la élite del ejército, las que reúnen a los cazadores más experimentados y diestros, Ehriel no era candidata para seguir en ellas desde el momento en el que sus dudas enturbiaron su buen juicio; así pues, la capitana fue denigrada a pertenecer a un comando inferior, en donde únicamente sería una cazadora más.

Con la expulsión de Anya, y la denigración de Ehriel, el puesto de capitán quedaba otra vez vacío, pero Miguel ya sabía a quién iba a dárselo. Elizabeth Wolfgang había tenido un desempeño excelente tras el fracaso de Ehriel, pues no sólo había contenido y apagado el fuego en el bosque, sino que acabó atrapando a los licántropos, tras liderar a la Legión del Sur; además, la pelirroja ojiverde había tenido ya una trayectoria bastante buena como ángel cazador, sin olvidar que sus instintos fueron los correctos al desconfiar de Anya Sókolov desde el principio, y que tenía la aceptación de todos los ángeles de la Legión del Sur. Miguel confiaba en que Elizabeth no se desviaría del buen camino, como había sucedido con su compañera, y con todo y que ella sería la capitana más joven de la historia del Ejército Celestial, el arcángel sabía que Elizabeth desempeñaría muy bien su cargo.

Fue ésta la manera en cómo Anya Sókolov fue expulsada de Angelópolis, y en cómo Elizabeth Wolfgang se ganó el puesto de capitana de la Legión del Sur. Aunque quedaba la duda de si Anya habría sido destruida al caer en el volcán, por lo que el arcángel Miguel sabía que tenía que estar al pendiente, por si acaso en un futuro volvían a tenerse noticias sobre ella.

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Ella abrió los ojos; sorprendentemente, sentía el cuerpo muy pesado, y el hombro izquierdo le escocía, dos situaciones que no había experimentado nunca en toda su vida.

Anya movió un brazo, y después el otro. No sabía en dónde se encontraba, pero donde quiere que fuese, era un lugar oscuro y muy, muy caliente. Ella recordó que había caído dentro de un volcán, pero perdió el conocimiento cuando el calor abrasó su cuerpo, pensando antes de caer en la oscuridad que su fin había llegado. Sin embargo, Anya sabía que los seres expulsados del Cielo, al morir, se convierten en cenizas, de manera que era obvio que ella no había muerto, si aún conservaba un cuerpo. Lentamente, se incorporó, hasta quedar sentada con las piernas cruzadas a su frente. No le sorprendió darse cuenta de que estaba desnuda, lo que la desconcertó fue sentir el peso de sus alas en la espalda, y notar que no se encontraba sola.

A su alrededor había seres con cuernos gruesos y largos que tocaban el suelo, con alas enormes, correosas y negras surgiendo de sus espaldas, vestidos con largas túnicas negras, aunque muchos otros, seres femeninos principalmente, permanecían desnudos de la cintura para arriba. Demonios, sin lugar a dudas, Anya los había enfrentado miles de veces como para no reconocerlos. Era evidente que ya no se encontraba en el Cielo, ni siquiera en la Tierra.

Sólo por hacer algo, y mostrar que no se sentía intimidada, Anya extendió sus alas, y se dio cuenta de que éstas habían cambiado drásticamente: las plumas se habían vuelto totalmente negras. Ella miró entonces la marca de su hombro izquierdo, en donde solía estar su Portal de Luz Divina, y vio que éste había desaparecido para dar lugar al símbolo Omega, la marca de los expulsados del Cielo.

Los diablos que estaban parados frente a ella se hicieron a un lado para dejar pasar a un demonio mayor, un ser de oscuridad increíblemente bello y poderoso, alguien que era conocido y temido por haber osado desafiar al Ser Supremo. Ese demonio, antes el ángel más bello del Cielo, se detuvo a pocos pasos de Anya y le sonrió.

- Así que tú también has cometido el "error" de desafiar Su Autoridad.- fue lo que dijo.- Bienvenida seas al Infierno.

El gobernante de aquéllas zonas tenebrosas le tendió una mano a la ahora ángel caído y la ayudó a ponerse de pie; ella no titubeó en hacerlo, mostrando con orgullo su bien formado cuerpo desnudo a todos los demonios que los observaban. Mientras los demás chillaban y lanzaban gritos que podrían clasificarse como escalofriantes, Anya sonrió al darse cuenta de la verdad…

Se había convertido en un ángel caído.

Fin.

Notas:

- Alessandro Lua, Anya Sókolov y Ehriel Dubois son personajes creados por Lily de Wakabayashi.

- Elizabeth Wolfgang es un personaje creado por Elieth Schneider, y usado con su expreso consentimiento.

- Para comprender mejor esta historia, hay que leer previamente "Ciudad de Ángeles".

- La continuación de la historia de Alessandro Lua y Elizabeth Wolfgang sigue en "Senda del Destino", mientras que la de Anya Sókolov continúa en "Viento del Mañana".