La vida chusca de Elisa

Capítulo II

Disimulo

o-o-o-o

Lo reconozco, siempre he lidiado con el terrible y agobiante don de no reconocer a las personas conocidas en la calle, así estén a tres pasos de mí.

Así que un día, se me presentó la ocasión y decidí cambiar. Caminando como a media cuadra de mí, me topé con la que creía, era una compañera-amiga de mi escuela. Traía el uniforme de la preparatoria, se peinaba como ella y os podía jurar que tenía la misma complexión.

Pues bien, dije, al menos esta vez distinguí a alguien, así que hice lo que tenía que hacer: sonreír. Creo que estuve con la sonrisa colgada de mi cara hasta que avanzamos y quedamos a unos dos metros de distancia y por fin me di cuenta de que no era ella.

La cabeza me comenzó a hervir de la vergüenza mientras la chica pasaba por mi lado, mirándome con desagrado, y a la vez, poniéndome una cara que no me hacía dudar que estaba pensando si yo estaba loca o tenía cierta atracción por las chicas y la estaba flirteando.

A partir de ese día, prefiero que me tachen de cegatona y de sangrona que no saluda, a pasar nuevamente por semejante situación. He dicho.