Buenos días, lectores! Un enorme saludo desde Mérida, Yucatán, México.

Esta vez les presentaré una serie de cuentos que envié a una competencia de literatura internacional que se llevará a cabo en mi país y cuyos resultados se darán a conocer a mediados de abril en la prensa nacional. De esta serie de cuentos, 9 en total, dos ya los había publicado antes por aquí ("Bolena" y "Sangre de Oro"), aunque éstas ya han sufrido ligeras modificaciones, las cuales se presentarán justamente una vez que sustituya los archivos de lectura de ambas historias. Hay un tercer cuento, llamado "Familia", que pienso incorporar en la novela "Loup Garou" en algún momento conforme lo avance este año :-).

Los otros seis cuentos, los cuales se hallan incorporados bajo el título "Cuentos caóticos", serán presentados en forma de multichapter para disfrute del lector, quien hallará personajes un tanto caóticos o un tanto determinados, como es el caso de la mujer pirata que posee un artefacto que le permite viajar en el tiempo, el de una joven madre que vivió los famosos "tres días de oscuridad" profetizadas en la Biblia y en otras fuentes, a una pareja conformada por una reina y un general que no son lo que aparentan, a una mujer mestiza que se enfrentará a la muerte con una sonrisa, a una persona muy quejica que busca cómo desahogarse y a una pareja conformada por un convicto y su víctima de chantaje cuya relación terminará en tragedia.

Espero que les guste.

Un enorme abrazo!

EuRiv, alias Vicpin en .


La llave de oro.

Una mujer de cabellos negros estaba de cuclillas en un rincón de una oscura habitación. Observando con expectación cómo el guerrero se despojaba de su armadura, la mujer empezó a pensar en una manera de poder escapar de las garras de aquél hombre cruel que la buscaba con la mirada.

Buscaría algún objeto punzocortante con qué defenderse de cuáles sean las intenciones del hombre, pero he ahí la mala suerte de que el único objeto punzocortante en el cual había posado sus ojos era la espada del varón de piel morena y cabellos oscuros asentada en el lecho, justamente a pocos metros del rincón en donde ella estaba; sin tener otra opción, la muchacha se acercó con sigilo hacia el objeto.

Con mucho cuidado, tomó el arma por el mango y, al incorporarse lentamente, se dispuso a asestar un golpe mortal contra su carcelero, quien estaba distraído con el despojo de los brazaletes de piel de sus muñecas.

No obstante, auxiliado por su instinto guerrero, el hombre se apartó a tiempo del ataque de la chica; ésta, en un acto desesperado, volvió a blandir la espada para clavársela en la cabeza o en el brazo, pero el guerrero tomó un arma que estaba colgada en la pared y bloqueó el golpe de su prisionera. Aquél bloqueo no le ayudó mucho, ya que la mujer le dio en el abdomen y un golpe en la espalda, siendo suficiente para dejarle debilitado por un instante.

La chica corrió hacia el balcón y trepó la orilla. Analizando cuál podría ser el efecto de la caída puesto que se encontraba en un tercer o cuarto piso del palacio, se volvió hacia el guerrero, quien se levantaba del suelo trabajosamente y, tras esbozar una sonrisa triunfante, la mujer dio un salto hacia el vacío, hacia el suelo que la recibiría viva o muerta.

Empero, una mano la tomó de sorpresa por la muñeca; la mujer, mirando hacia arriba, se encontró con que el guerrero intentaba pujar hacia arriba con la columna como su único sostén. Pudo haber luchado, pudo haber empezado a forcejear, a gritar que ella no quería regresar con él, que la dejara libre o de lo contrario le mataría... Pero no, no podía hacerlo.

No podía hacerlo porque frustraría el plan que había estado fraguando junto con otros tres esclavos que, seguramente, ya estarían afuera de la misteriosa ciudad a la cual los Bárbaros les habían traído desde sus aldeas.

Empujándola hacia el lecho, el guerrero miró a la mujer a los ojos y le reprochó con enojo:

̶ ¡¿En qué pensabas, mujer?! ¡Pudiste haber muerto!

La aludida, con mirada desafiante, le replicó:

̶ ¡Prefiero estar muerta antes que ser tu meretriz, maldito imbécil sin cerebro!

Dicho eso, le dio un puñetazo en el rostro al hombre. No conforme con ello, se le abalanzó y empezó a agredirle en varios ángulos. El pobre guerrero se defendía con estupefacción; no se explicaba de dónde había sacado tanta fuerza aquella joven de apariencia enclenque ni cómo podía lanzar golpes certeros con los puños ni mucho menos cómo había aprendido a pelear como varón.

Si tan sólo conociera al padre de la chica, entonces podría regresársela personalmente y decirle que su hija era un peligro para todo hombre sensato, puesto que sospechaba que la mujer había sido criada como varón y no como una más de su propio sexo.

La doncella, por su parte, le mordía y le arañaba el rostro como un gato salvaje; eludía muy bien los manotazos del guerrero para mantenerla quieta, pero en cambio lograba propinarle una buena dosis de golpes a puño limpio en el rostro acompañada de insultos que no vendrían al caso mencionarlos.

Tenía que agradecerle a Edward, su hermano mayor, por haberla criado como varón en un mundo donde las mujeres que estaban relacionadas con el mundo de la piratería tenían dos opciones: O ser sumisa y convertirse en la típica ama de casa abnegada, sin tener la posibilidad de que su opinión fuera escuchada e incluso ser tratada como objeto de intercambio financiero, o ser rebelde y aventurarse en los mares, adentrarse en las batallas contra ejércitos navales de otros países como Holanda, España, Portugal, entre otros, e incluso formar una familia en donde se les inculque toda clase de buenos y malos valores a los hijos.

Ella, Rose "Rusalka" Teach, había optado por la segunda opción. Y vaya que ella hasta ese momento no se había arrepentido en lo absoluto de haberla elegido.

La moza tenía un espíritu libre y rebelde atípico de su época, aspecto muy poco apreciado por los que la rodeaban. Siendo criada en un ambiente donde aquél que poseía las habilidades de las armas era considerado el más fuerte en la cadena de la supervivencia, Rusalka sabía manejar las armas de fuego, la espada y la daga de manera impecable. Siempre combatía a lado de su hermano mayor, el famoso pirata Barbanegra, en los diversos roces que éste tenía con los propios ingleses, los franceses y los holandeses; todos los que la enfrentaron en combate la respetaban como una igual a pesar de su sexo.

La tripulación de su hermano le tenía cariño por ser una mujer inteligente y una excelente estratega en los ataques sorpresa donde usaba su belleza y su "buen hablar" como enganche para seducir a sus víctimas mientras su hermano y algunos de sus hombres se infiltraban en el barco a robar, surgiendo justamente de esas situaciones el apodo de "Rusalka" ó "Sirena" en ruso.

Bartholomew Roberts, Henry John Morgan y Anne Bonnie, entre otros miembros de la Hermandad de la Costa, la apreciaban tanto como persona que como pirata, llegando incluso a invitarle a que formara parte de sus tripulaciones.

Sin embargo, su hermano siempre buscaba alguna manera de que ella permaneciera en tierra y no se aventurara más allá de lo necesario. El temible pirata quería mucho a su hermana y odiaba que le sucediera alguna cosa terrible, especialmente cuando estaba de por medio un secreto de familia que la ponía constantemente en peligro.

Ese secreto tenía su origen en la llave de oro que colgaba de su cuello. Muchos pensarían que ese objeto de oro macizo era la llave de algún cofre del tesoro enterrado en alguna isla del Caribe o en los Archipiélagos Orientales, pero la realidad era otra: Esa llave de oro era la Llave del Arameo.

La Llave era un misterioso objeto que le daba a su portadora la facultad de poder viajar a través del tiempo. Nadie sabe cómo ni cuándo fue creada esa funesta maravilla hecha por el Creador, ni siquiera los piratas.

Los rumores sobre su existencia no se hacían esperar. Algunos marineros decían que esa Llave parecía haber caído del cielo por motivos desconocidos mientras que otros señalaban que el objeto fue creado por las sirenas para proteger los tesoros de los mares y que había sido confiada a una de ellas para que nadie, ni siquiera el hombre, pudiera echar en mano a las maravillas del océano.

Rusalka no refutaba ninguna de esas explicaciones por el hecho de que prefería que todos discutieran e intentaran adivinar sus verdaderas funciones antes de explicar que aquél objeto aparentemente inofensivo era una pieza fundamental de la Lanza del Juicio Final, un arma que había sido forjado al principio de los tiempos por tres hermanos herreros por motivos hasta ahora desconocidos por ella misma.

Desgraciadamente, sus peores enemigos también sabían de la existencia de esa llave, siendo esa la razón por la que ella se encontraba ahí, en los principios de la Historia Humana, por ahí de la Edad de Bronce.

El capitán británico James Puntham, uno de los férreos enemigos de su hermano, era uno de los servidores del Croanaeos, una secta dedicada al servicio de Cronos, el Señor del Tártaro y del Inframundo. Su misión principal era ubicar y capturar a la Portadora, o sea, la mujer que era la dueña en turno de la Llave, para luego llevársela hacia las Islas de Pascua, en donde se supone que se encontraba la entrada a la Prisión de Cronos, y usar la Llave para liberarlo.

El inglés había tenido serias dificultades para hallar a la Portadora, todas ellas concentradas en sus encuentros seguidos con los Hermanos de la Costa, la congregación de piratas más conocida en la historia de la humanidad y una de las distintas hermandades que protegían en secreto a las Portadoras.

En uno de esos encuentros bélicos, Puntham se había dado cuenta de que la joven Teach era la Portadora en turno, por lo que se avino a perseguirla. Barbanegra, viendo el peligro que su hermana corría, le aconsejó que se marchara hacia otra época y se escondiera ahí sin importar lo que pasara hasta que él o uno de sus hombre fuera por ella a través de las Luces del Norte, un portal atemporal que se abre en el Polo Norte al atardecer del solsticio de invierno.

La chica obedeció, no sin antes prometerle que le esperaría en la aldea de los Ehnita, una tribu de amigos suyos de la Edad de Bronce, para huir juntos al siglo XXI. En caso contrario, ella se marcharía por su propio pie al Renacimiento y se escondería ahí hasta que haya pasado el peligro.