CAPÍTULO VII - La Sombra de un Demonio

Miriam se llevó las manos a la boca. Retrocedió moviendo la cabeza de un costado para el otro en señal de negación con la mirada siempre fija al frente, pestañando incontrolablemente.

Lo que una vez fue su hija se encontraba de pie sobre la cama. Sin producir movimiento alguno, asemejaba estar más congelada que una estatua. Su vista no paraba de perseguirme de manera mortífera como si fuese su presa. Sus ojos querían perforar el interior de los míos para llegar hasta Diana.

Hubo un momento de en que todo se detuvo.

Estaba allí Miriam, quien lloraba sobre el suelo fuera de la habitación mirando el cuerpo de Diana que parecía no quitar su vista de mí. Lentamente su cuello fue girando en dirección hacia Miriam. Hizo una mueca de felicidad que se fue magnificando paulatinamente hasta formar una horrible imagen terrorífica con una sonrisa que llegaba a congelar el alma de los presentes.

No creí que algo tan inocente pudo haber sido corrompido por una presencia demoníaca. Era algo que me enseñaron desde que tengo memoria. Pero allí estaba la prueba, el auge de un demonio sobre el cuerpo de una joven sin alma a quien recurrir. Era un lugar de contención perfecto, habría sido más difícil corromper a alguien que no estuviera en esa situación. No sé de qué manera logró encontrarla. Como pude figurar en sus comentarios anteriores, la Hydra podía oler la presencia de Diana, lo que condujo súbita en incontrolablemente al deleite de su cuerpo expuesto e indefenso.

Las cartas no estaban a mi favor. Tenía que actuar antes de que pudiese llevarse más personas a sus escondrijos astrales. Tenía que erradicarla y no podía hacerlo en aquel momento, y menos si este poseía el cuerpo que trato de salvar.

Las máquinas electrónicas se detuvieron y el sonido continuo de un corazón muerto podía escuchárseles porque cables desconectados yacían en el suelo. Miré hacia la puerta con intención de cerrarla y la Hydra se percató. Su rostro volvió a fijarse en mí.

Inmediatamente aparece Francis al haber odio los gritos de su esposa. El demonio observó a Francis quien trataba de calmar a Miriam hasta que volteó para ver lo que sucedía dentro de la habitación.

Oh dios… Di… ¿Diana?Luego de haberse percatado de la situación, se para frente a la puerta sin entrar, tratando de verificar si eso no era una ilusión.

¡Atrás!Le dije a Francis, extendiendo mi mano en dirección hacia la puerta de entrada sin quitar la vista en el nuevo huésped inesperado.

¿Cómo demonios llegaste aquí? – Le pregunté para romper su silencio.

Persiste en quedarse mirando sin hacer movimiento alguno y sin decir una sola palabra. Cuanto más quieta permanecía, más inquietud causa en el ambiente. Pensé en decir algún insulto modesto.

¿Te quedarás ahí parado todo el día? De lo que tengo entendido, no te queda mucho tiempo para que desaparezcas de una vez de este plano. Eres tan débil aquí que yo podría atormentarte en el plano Real. Me preparé para cualquier cosa.

Pero seguía sin mover los labios.

¿De qué estás hablando? – Francis me preguntó mientas yo intercambiaba miradas fijas con la Hydra.

No es tu hija, Francis. Es un pútrido demonio de otra dimensión que logró meterse a este plano gracias al cuerpo de Diana. Siquiera tiene poderes. Es solo una escoria astral. Disimulé una pequeña sonrisa, pero la verdad es que estaba aterrado por lo que haría.

Creo que sería mejor que te detengas Marcus, realmente no quisiera que se molestase más de lo que parece esconder… - En mi mente, las palabras de Diana se escucharon claramente.

Marcus… - El demonio pronunció mi nombre con una voz que no provenía de la garganta de Diana.

Mis manos temblaron. No supe si es que realmente escuchó lo que Diana acababa de decir, o recordaba mi nombre de algún sueño pasado. La verdad era que podía escucharla como Tasarla también podía. No era algo común entre la gente escuchar entidades que no estuvieran en el plano físico. Él la había oído, la había olido, la siguió en los laberintos oscuros de la realidad hasta encontrar un cuerpo perfecto, sin alma con quien ejercer una lucha constante.

Vaya, sabes mi nombre. Ya era hora. – No podía creer que llamase por mi nombre, no era lógico.

Marcus… ¿Cuántas veces te he dicho que no puedes escapar de lo que eres?Hizo una pregunta retórica que parecía ser también una incógnita a reconocer.

¿Lo cual sería? Tragué mi amargura y orgullo para hacer esa simple pregunta.

Mi presa, Marcus. Eres mi presa… - Respondió calmadamente, aunque sabía que no estaba así en absoluto.

¡No lo escuches, Marcus! – Diana exclamó en mi mente.

¡No lo escuches, Marcus! - La Hydra replicó de una manera casi idéntica para poder confundirme.

¡Ella no soy yo, está jugando contigo! ¡Mentirosa, vete de aquí! – La voz con odio de Diana sacudió mis pensamientos.

¡Ella no soy yo, está jugando contigo! ¡Mentirosa, vete de aquí!Volvió a imitarla.

¡Basta!Lleve una mano a mi cabeza. La confusión de lugares aturdía mi pensar.

Se aproximaba la noche, marcando el reloj las siete en punto, ya todo estaba oscuro, incluso en aquella habitación. Sus ojos brillaban por el reflejo de luz que provenía del pasillo. Eso solo nos inquietaba de una peor manera.

¡Sea lo que seas, deja en paz a mi hija!Francis apuntó hacia el cuerpo de Diana.

La Hydra volvió a girar su cabeza. Bajando de la cama por un costado si quitarle un ojo de encima.

¡Hola, papi! Su voz enfermiza no emanaba mucho cariño Así que quieres que tu hija se vaya. ¡Qué mal papi eres! No tratas bien a tu dulce hijita.

¡Atrás, Francis! La Hydra se le estaba acercando de a poco.

¡Detente! – Francis se hizo para atrás, con miedo en su rostro.

¡POR QUE! ¿No quieres jugar? No seas un mal papi con tu hija ¡Ven! ¡VAMOS A JUGAR! La Hydra se lanzó hacia el padre de Diana como un animal embistiendo a su presa.

Esta lo empuja hacia la pared para después dirigirse a la puerta de la habitación, justo donde se encontraba Miriam.

Corrí y cerré la puerta de entrada con fuerza para luego descubrir que el demonio se abalanzó encima de mí.

En el suelo, un golpe de sus manos rasguño mi rostro. Sostuve sus brazos con fuerza y Francis la tomó por la espalda. Rápidamente la tomé de las piernas y la até con los cables que se encontraban cerca de las máquinas electrónicas, al igual que sus brazos, evitando recibir un mordisco de su boca descontrolada.

¡Aaaah! ¡La maldita me mordió! – Se oyó la voz de Francis. Se tomó del brazo y se alejó de la cama en dirección hacia Miriam.

Yo la vigilo. Atiende a Miriam que parece no estar bien.Le dije con preocupación.

Los barrotes de la cama se movían incontrolablemente. Su lucha constante parecía no agotarle, pero en mi interior sabía que si seguía luchando, el cansancio terminaría de vuelta en el sueño eterno de Diana y el demonio retornaría a su Plano característico.

Caminé en dirección a la puerta de la habitación y la cerré por dentro para que sus gritos no sigan escuchándose por toda la casa y su lucha cesó. Pareció estar quieta y en calma. Su exaltación se vio apagada de manera irreal. Lucía como si no hubiese luchado en un principio contra sus ataduras. Los pasos del matrimonio se distanciaban, cayendo en un rotundo silencio cortante. No era necesario mencionar el viento frío que era atrapado en tinieblas antes de entrar por la ventana que daba a la calle.

Tomé la silla otra vez al haber sido derribada por el reciente momento de tensión. La arrastré hasta el borde de la cama tal cual anteriormente hice. La Hydra me observaba con su cuello en alto sin apoyar su cabeza contra la almohada. Trató de sentarse sobre el respaldo de la cama con la limitada movilidad que poseía, disimulando estar dispuesta a mantener una conversación sin sobresaltos, que de por sí era algo que no creía que pudiese sucede, al menos en ese momento. Se estaba acostumbrando a mi presencia. Ya no me veía como una simple presa frente a un cazador Astral. Yo le causé problemas, dolores, ira incontrolable. Me había ganado su atención. Su atención a que estaba completamente dispuesta a querer hacerme sufrir de la peor manera durante cada segundo de mi vida restante.

Me senté y un suspiro muy grande se escuchó de mí antes de decir una palabra.

¿No te cansas de perseguirme? – Le pregunté con tranquilidad y con despreocupación ya que estaba a salvo temporalmente.

Seguía mirándome a los ojos con una gran mueca de felicidad disimulada sin responder.

¿Valgo lo suficiente como para ser cazado por un demonio Astral? Lo pregunto porque recuerdo haber escuchado que solo era una insignificancia para ti. – Esperaba sacarle algunas palabras con mi juego.

Parecía una imagen pintada. Una foto real por la manera en que se me quedaba mirando. No era algo explicable. Nada era explicable. Con un último intento repliqué una vez más.

No creo que puedas matarme con la mirada. Es mejor que digas algo antes de que vuelvas a ser algo imaginario.- Mis insultos sobrepasaban la barrera de lo controlable del momento.

¿Quién dijo que estoy mirándote? Al término de esas palabras, una horrible carcajada ahogada podía escuchársele.

Me levanté mientras seguía riéndose con furia. Ahora todo tomaba otra perspectiva con cada paso que daba enfilados a la puerta de la habitación. Era cuestión de tiempo hasta que se pudra y desaparezca del cuerpo. Diana no dijo una sola palabra, su exposición al escuchar las palabras del demonio penetró mis pensamientos, exponiéndola al miedo y por lo tanto marche fuera. El rechinido de la puerta moviendose opacaba sus pequeñas carcajadas y finalmente en el exterior de aquella habitación, cerré la puerta con llave.