Un pequeño relato antes de dormir…

Las cicatrices de la tierra se abrieron emergiendo demonios sobre estas sin parar como la hemorragia de una herida abierta. El cielo cerró sus puertas opacando la luz solar que otorgaba fe a los desafortunados llevándolos a un destino que presagiaba destrucción. Los mismos infiernos se hallaban abiertos por culpa de un arcángel caído en intento de remediar su dolor.

Esta es mi historia…

Me llamo Uriziel. Heme aquí relatando un hecho que ningún humano pudo llegar recordar ya que una vez, fueron extintos. Las tragedias que llegue a experimentar y los hechos que me impulsaron a tales actos atroces son explicados por un solo sentimiento que me imbuía, el Odio.

Exactamente. El odio fue el motivo por el cual me vi desterrado de los mismos cielos a vagar por los confines más desolados y desiertos de la tierra en busca de mis Alas que ustedes no comprenden porque no lo pueden ver, ni sentir porque son simplemente Humanos que se rigen por placer. Es la razón por la que me vi obligado a convertirme en Su buscador.

Como arcángel, obtuve ciertas recompensas por parte de mi Creador. Pude encontrarme en cualquiera de los tres "Mundos" por los cuales ustedes se encuentran entre esta división. Como pueden intuir por sus propios medios, El Cielo está en guerra. Esta guerra no concierne a El Infierno, es más, difiere completamente a cualquiera de estos 2 Mundos. La causa por la que fui exiliado fue por una Deidad diferente a las 2 reconocidas y tiene tanto poder como Él y el Caído. Estoy hablando de Su creación, antes del tiempo de vuestro nacimiento y del Averno, tuvo el amor de crear a un ser perfecto, a su imagen y semejanza con el poder de crear a su propia voluntad como Él pero surgió conflictos de poder y superioridad. Se vio destinado a encerrarle en una caja por no querer destruirlo. Esta caja no tiene tiempo ni espacio. No se rige por las reglas de la existencia infundadas por el Creador, ya que este fragmento de mundo perdido se encuentra en posesión de la voluntad de Su creación.

Durante el transcurso del tiempo, Él creó al hombre, un ser débil con el poder más majestuoso que se les pudo dar, el Amor. Pero al crear estos seres, necesitó crear al Caído para ejercer un balance entre los humanos.

Mientras esto sucedía, el Primogénito de Él, fue acumulando poder y odio en contra de Su creación mas amada. El momento en que pudo desgarrar la pared de la caja, azotó la faz de la tierra como una peste de oscuridad, devolviendo engendros de estos pobres seres indefensos. Pertenecían al Primogénito como esbirros del mal sin motivo de existencia, solo hacer dolor en Su corazón. Como defensor del Cielo y de las Piedras Celestiales, partí en guerra con mis 2 hermanos, mi hermana Duriel y mi hermano Asrael. En primer deber, llevé las piedras de vuelta a las puertas del Cielo. Mis hermanos en defensa de los inocentes, crearon una muralla de piedra encerrando al Semi-Dios en una jaula que llegaba hasta los mismos Cielos extendiéndose por kilómetros como la primer defensa Celestial, luego los Ángeles comenzaron a descender como lluvia iluminando el cielo que se encontraba tan oscuro asemejando a la superficie de la tierra y trayendo redención a los poseídos. Humanos, en vista como luchan sus salvadores celestiales, tomaron valor de abalanzarse en la lucha en contra de los inexistenciadores. Ángeles y Humanos se vieron luchando juntos para combatir en favor de la Fe contra el Odio.

Yo, al punto de terminar mi tarea encomendada por Su Celestialidad, miré hacia atrás y observé desde las mismas puertas del Cielo, la sangre que era emanada de Ángeles, Esbirros y Humanos. En lágrimas, me abalancé en contra de Su voluntad y tomé las Piedras Celestiales. Para acabar con aquel horror, destruí las piedras con mi Lanza Celestial, desatando un Cielo rojo sangre, el cual se cerró conmigo adentro. Sentí el fuego y la destrucción que no podía ver al otro lado de aquellas nubes de fuego. Escuché la tierra desquebrajarse y el golpe de las pisadas del Caído en busca de complacer sus agobiantes deseos de destruir la existencia. Llantos de Ángeles y Humanos me eran atravesados, sintiendo un corte por cada ser que le era quitada la vida.

Aquel incidente de las piedras trajo consecuencias. Los Jinetes se vieron obligados a despertar. Su Eminencia sabía las consecuencias que esto podía traer con el Balance y por eso me pidió que las trajera pero yo hice caso omiso a sus comandos. El cometido de estos Apocalípticos seres, es de otorgar Balance ante cualquier costo y cualquier consecuencia. Tienen el poder de Hacer como de Deshacer. Son creaciones del Balance, de todas las cosas que Él hacía, para mantener un orden.
Como era de esperar, el Cielo se cerró durante cien años. Yo quede encerrado con Su Celestialidad hasta que cesara la Hora de la Purificación por parte de los Apocalípticos. No habitaba una sola alma sobre la faz de la Tierra. Cuando terminó aquel momento de Inexistencialidad, los cielos se volvieron azules una vez más. Los Jinetes acudieron en busca del llamado haciéndoseme presente Guerra.
Guerra:-Tú, ven conmigo.
Y así, surgieron cadenas imposibilitando mis pies y manos en busca de alguna posibilidad de escapar. Fuimos a la Cámara, en donde se encontraba Él. Nadie en la existencia pudo entrar a esa cámara pero estos Jinetes no pertenecen a Su creación y por lo tanto, ni su voluntad puede detener su ingreso.

Cuando llegamos a la puerta, no pude cruzar sus puertas. Y Guerra, la voz de todos los Jinetes, comenzó a susurrar:
Guerra:-Déjalo entrar.

Y las puertas se abrieron cegando mi vista opacando la luz de mis ojos llevándome las manos a estos. Guerra, mi carcelero, permaneció inmóvil con la vista a la puerta y acto siguiente, avanzamos al salón sagrado.

Mi vista no lo podía creer, había otro paraíso perdido. No había suelo, era toda una imagen de enormes rocas flotantes y muros ornamentados de flores como si estas mostraran la vejez y el tiempo que este lugar se encontraba en desolación. Ríos de agua cristalina eran emanados de cada superficie, como si estas mismas piedras lloraran de la nada y terminaran en formas de cataratas, cayendo hacia el infinito. En el centro de la enorme masa de tierra flotante más grande, se encontraba un árbol masivamente enorme alcanzando mi vista hasta que mi cuello lo exigía. Y así cruzamos ese paraíso perdido que pudieron haber sido creados por Él, por motivo que aún desconozco. Puede que haya sido creado para los Humanos, como para el Primogénito. Lo único que cruzaba mis pensamientos era "Edén".

Y así, me vi obligado a avanzar hasta unas enormes puertas iluminadas que emanaban lazos de luz y estaban grabadas en símbolos que llego a desconocer. Aquel portón estaba al final del Edén sobre una pared de nubes. De repente, el portón comenzó a desarmarse en bloques de piedra dejando pasar a los Jinetes y a mi desolada existencia.

En señal de respeto por su anonimidad, incliné la cabeza evitando ver su majestuosidad. En cambio los Jinetes, en ningún momento vacilaron y se acercaron hacia su altar arcano. Columnas blancas que levitaban ornamentadas de agua y flores blancas eran visibles durante todo el trayecto hacia Él, era un salón enorme en el cual, no había piso, paredes ni techos, solo nubes blancas y puras como neblina iluminada. Objetos flotantes y deformados hacían remarque en que aquella Cámara en la cual sentí un momento de familiaridad al creer que en aquel lugar pudo haber sido donde fui creado, el lugar del nacimiento de los 3 Mundos.

Nos detuvimos y comencé a escuchar Sus palabras y las del Señor de la destrucción que todavía me mantenía encerrado.

Guerra:-Fuimos convocados por tus descuidos Creador.

Dios:-Fueron convocados en llamamiento del Deber de Balance.

Guerra:-Balance presagiaba este hecho, por eso fuimos creados.

Dios:-El presagio de su Deidad no me concierne, Balance tomó caminos diferentes al crear el Apocalipsis.

Guerra:-Le debes a Balance una explicación.

Dios:-Y la tendrá.

Guerra:-Entonces explícame porque este Arcángel corrupto destruyo las Piedras de Balance.

Dios:-Uriziel no es un Ángel corrupto, se dejó llevar por sus sentimientos de Amor y Dolor. No es su culpa que haya tomado una decisión al ver tal atrocidad.

Guerra:-¿Entonces estas a favor de este hereje?

Dios:-Algo que no comprenden ustedes los Apocalípticos es que el mundo que creé se rige por los sentimientos, que ustedes no tienen por parte de Balance.

Guerra:-Eso es algo que no me interesa Creador.

Dios:-Es lo que más me entristece.

Guerra:-El Arcángel debe pagar las consecuencias al igual que Tú.

Dios:-Deja a Uriziel fuera de tus cadenas Jinete. Yo mismo pagaré las consecuencias que trajo tu Apocalipsis.

Guerra:-Temo que no puedo hacerlo, es igual de responsable como Tú.

Dios:- Entonces me encargaré de que pague las consecuencias, no tus cadenas.

De repente las cadenas que tomaron vida propia, me desataron y volvieron a su dueño como una serpiente voladora estrellándose contra su pecho, absorbiéndola por completo como si esta hubiera formado parte de Guerra.

Guerra:-Mi cometido aquí a terminado, paga tus deudas Creador.

Dios:-Serán resueltas una vez que ustedes se marchen del Cielo.

Y así los Jinetes se marcharon sobre sus Imponentes caballos monstruosos dejando manchas de destrucción a lo largo del Cielo como si fuera una cicatriz quemada.

Él me dijo:

Dios:-No te sientas mal, no es tu culpa.

Como si fuese un niño llorando al ver que entidades poderosas discuten por una causa que te responsabiliza, derrame una lágrima sobre la infinidad y se perdió en las nubes.

Uriziel:-No puedo creer que todos hayan muerto, mis hermanos, Ángeles, Humanos.

Dios:-Temo que debo castigarte hijo mío.

Uriziel:-Pagaré cualquier consecuencia que usted crea que sea justa para mi ineptitud su Majestuosidad.

Dios:-Deberé quitarte tu Celestialidad, no serás más un Arcángel, serás un sobre humano mitad Ángel, tendrás que encontrar tus alas sobre la Tierra si es que quieres volver a pertenecer al Cielo y serás destinado a vivir con la Humanidad.

Uriziel:-Como usted diga su Eminencia.

Inmediatamente, fui expulsado de la cámara por una ráfaga de aire, cerrándose las puertas que fueron anteriormente abiertas, como si una soga atada a mí ser estuviera siendo tirada de vuelta a las mismas puertas del Cielo con destino al suelo de la Tierra desierta.

Estrellándome contra el suelo con las alas arrancadas, me puse de pie y comencé a caminar en una dirección en busca de mis alas, las cuales estaban esparcidas en pedazos sobre todo el mundo.

Mi redención se encuentra en la Tierra, al tratar de ayudar a los Humanos a crecer y protegerlos mientras soy Su buscador. Soy un desertor exiliado que no merece el Cielo ni tampoco el Infierno. Solo vago por el mundo en busca de mis desconsoladas y tristes alas que me fueron arrancadas de mi ser y arrojadas al Mundo y ser digno de su Perdón.