Prólogo

Era una de esas noches en las que la celda y los muros de la prisión parecían volverse incorpóreos. Podía sentir claramente el suave viento norte erizarle la piel, mecerle la ropa y los cabellos, y otorgarle una cierta creencia de paz. El techo de cemento, mediocremente pintado de blanco, desaparecía unos instantes, y podía ver el cielo nocturno que desbordaba estrellas. Jake no dormitaba en la litera debajo, con su ronquido ahogado que molestaba, desvelaba y horrorizaba al personal cercano, a las celdas contiguas y a él mismo. Por el contrario, vio un frondoso bosque de verdes intensos. Corrió a su encuentro y se echó en la hierba fresca, aspirando su salvaje aroma.

Jean Joy, quien había sido encarcelado casi cinco años atrás, después de matar a treinta y dos personas en un período de diez, se permitía, un par de veces al mes, resignar el sueño y entretener su mente fantaseando con la imposible, absurda, grotesca (para el mundo exterior que lo aborrecía) y, por sobre todo, infantil idea de la libertad. Cuando ese deseo llegaba a su cabeza, evocaba otras épocas más brillantes y dignas en su vida, y soñaba con ellas hasta el amanecer.

Porque Jean Joy, asesino en serie, no siempre había estado encerrado entre muros. Alguna vez sintió el arrebatador júbilo que otorgaba la libertad plena. Y él, que se sabía un sentimental (aunque los tests psicológicos hubieran dicho que era un auténtico peligro para la sociedad entera y para sí mismo), no recordaba años más libres que los de su niñez.

Así que, como hacía esas noches especiales al mes, remembró sólo uno de ellos, para detenerse en los detalles más ínfimos y vívidos, y en el rastro punzante de las sensaciones que le dejaban. No le importaba girar sobre ello una y otra vez, hasta perder el sentido de las horas. Tenía todo el tiempo y todas las noches del mundo para recordar su aventurera niñez, que lo había conducido a esas rejas, muy irónicamente. Las doce cadenas perpetuas consecutivas que llevaba en la espalda eran todo ese tiempo y todo ese mundo.


Cosa loca y sin razón de ser que escribí porque estoy desvelada. Son varias viñetas. Saludos.