Odio y La Herida Sentimental

No podía imaginarme tal paisaje sangriento. Toda la sangre que descendía de una herida masiva mientras enormes pedazos de carne se sostenían del techo como si hubiesen sido desgarrados por un cuchillo de gran magnitud. Y cerca del hoyo infinito se podía ver otra figura semejante.

¡Es él! – Tristeza gritó avistando al último sentimiento que quedaba por reconocer.

¡Odio! – Exclamé con furia.

Desde una lejana distancia podía sentir que su presencia me cubría y por lo tanto la ira que lo caracteriza me era asimilada.

Al voltearse, Odio deja lo que parece ser un ritual para después centrar su completa atención en nosotros.

¡Ustedes! ¡No deberían estar aquí! – Poseía el Libro del Dolor de Desesperación consigo.

Antes de que Tristeza pudiese poner un brazo en mí para detenerme, cargué a Justicia con intención de asestar una herida a Odio, pero su impresionante velocidad esquivó mi golpe, clavándose la espada de plata en el torso de muertos que gritaban de agonía.

¡Juro que te voy a cortar la cabeza! – Después de tomar la espada una vez más, caminé hacia éste con lentitud.

¡Ya es tarde gusano! ¡No puedes hacer nada para evitarlo! ¡Eres una insignificancia para mí! – De la nada, formó un hacha de Sangre pura.

¡ALTO! ¡Los dos! – Tristeza aterrizó entre medio de nosotros. – No venimos a hacerte daño, solo venimos a habar, ¿Cierto Felicidad? – Imponiendo sus dos manos en direcciones opuestas, Tristeza giró su cabeza hacia donde yo estaba. Odio aprovecho el momento de distracción para atacar.

¡TRISTEZA! – Grité hacia este y lo empujé fuera del alcance del filo del hacha de Odio, que chocó contra la Voluntad de Justicia, y el impacto llenó mi cara de sangre. Tristeza cayó al suelo a lo lejos por querer apartarlo.

Durante el momento de colisión, Odio puso su mano en mi pecho tal cuál Desesperación había hecho con Felicidad en un principio, y recibí el empuje masivo que me arrojó a una gran distancia.

Ya he visto anteriormente ese truco, deberás hacer algo mucho mejor que eso para poder derrotarme. – Dije con una sonrisa, poniéndome de pie al igual que Tristeza a lo lejos.

No necesito vencerte, insecto. – Con una mano hizo aparecer de la nada un ejército de Metamorfos de Carne, los cuales ocultaron su presencia posibilitándolo escapar de la situación.

¡Maldita sea! – Aún en su ausencia, la furia no cesaba.

En el suelo se pudo sentir que algo vivo, que se aproximaba poco a poco bajo la tierra de muertos. Por tal motivo, Tristeza se percató de los gusanos de Sangre.

¡Cuidado! – Gritó Tristeza, alertando que teníamos que alejarnos de la superficie.

Pero antes de que haya podido tomar vuelo, una enorme masa que emergió del piso me golpeó abismalmente, dejándome vencido sobre el suelo viviente.

Tristeza quiso asistir a mi presencia, pero esta le era imposibilitada por una cantidad de abominaciones y otros engendros.

Estaba en un estado de parálisis. Apenas podía mover los dedos. Un Gólem de Carne que estaba detrás de mí, formó un enorme puño que estaba hecho de una docena de cadáveres que goteaban sangre sobre mi rostro. En el momento que parecía inminente la caída de esa masa sobre mí una vez alzada completamente, creí que había llegado tan lejos para simplemente morir. No moriría tratando de escalar una montaña inalcanzable, en los laberínticos mares de un viaje que no tuviese rumbo, o después de haber publicado el mejor libro antes de haberme quitado la vida, no. Moriría dentro de mis pensamientos. Un lugar donde nadie puede entrar y nadie puede comprender. Morir y ser recordado dentro de uno mismo, parece un destino muy solitario. Antes de que ese momento pudiese concretarse, el entorno comienza a oscurecerse una vez más.

Una bruma negra arrasa la superficie del lugar, descubriendo frente a mí a quien yo creía que se presentaría.

Siempre te metes en problemas. – Depresión apareció frente a mí, debajo del gran puño del Gólem que parecía haberse relentizado al igual que el tiempo y no pareció demostrar mueca alguna.

Creo que es la primera vez que me alegro de verte. – Emití una pequeña carcajada desde del suelo.

Sin más, Depresión tomó de mi mano y mientras nos alejábamos del lugar lleno de Metamorfos de Carne, una multitud de Necrófagos por parte de Depresión se hicieron presentes para luchar. Lo más irónico es que era una lucha de muertos, y que estos mismos pertenecían al mismo mundo. Y si cualquiera de estos dos sucumbiera, no dejarían de estar muertos.

Una vez que me pareció que nos alejamos lo suficiente del lugar, comencé mi cuestionario hacia Depresión quien iba caminando por delante.

¿Qué es lo que estás haciendo aquí? – Rompí el silencio y los constantes gritos que provenían del suelo.

No sé por qué lo preguntas, si vas a por el mismo objetivo. – Refiriéndose a Odio, no dejó de mirar hacia adelante.

Pero Odio era aliado tuyo, yo mismo escuché una conversación entre Miedo y él mismo que te involucraba. – Reiteré con los anteriores hechos.

Todo Maléficar es aliado de otro Maléficar hasta que este lo traiciona. – Poniendo en ejemplo a su lógica mirando hacia Tristeza, y estaba en lo correcto.

Me puse delante de él.

¿Por qué atacaste la Fortaleza de Hierro? – Pregunté seriamente

Depresión me hizo a un lado y siguió caminando.

Nunca ataqué la Fortaleza. – Respondió con indiferencia.

¡Estabas allí! ¡Todos te vimos! – Grité con molestia.

Estaba buscando a Odio, pero solo encontré la Lanza del Ímpetu de Euforia, y no fue muy amistoso de su parte. Mis esbirros no acatan mis órdenes. Solo siguieron la Sangre de Odio, lo que me llevó hasta la Fortaleza y luego aquí. – Explicando lo anteriormente sucedido.

Medité durante un minuto silenciosamente, hasta disipar el sentimiento impregnado antes de seguir preguntando.

¿Podrías explicarme por qué tú tienes la Piedra del Sufrimiento y Odio posee tu Libro del Dolor?

Podría… - Desinterés por contar poseía en su escucha.

¿Por-fa-vor? – Dije sarcásticamente, harto de su negatividad y evasión.

Depresión se detuvo y giró su vista a mis ojos. Sentí un poco de temor por el cambio de actitud que tuvo, como el poder que poseía. Y de a poco, fueron saliendo palabras de su boca.

Odio y Miedo se hicieron presentes después de que tomaras el Puñal de Temeria que seguramente ahora llevas contigo. Cambiaron sus planes. Odio bajó a las Cavernas de mis Esbirros y con su bruma de Sangre sació el hambre de mis creaciones. Tuve una batalla con él. Detrás de mí, se encontraba Miedo y había tomado mi libro con algún estilete viejo que usó para cortarlo de mi morral. Logré herirlo pero no logré salvar mi Aura y dejó caer la de Odio. Miedo te habrá dicho lo que necesitas saber acerca de su Aura y su relación conmigo. No me interesa. – Marchó al frente nuevamente.

Permanecí callado un buen tiempo. Estaba atando cabos sueltos, pero no eran lógicas las respuestas que tenía por parte de todos. No podía concordar algo sin relacionarlo con un sentimiento del lado comprensible del Balance, pero en la búsqueda del saber, las confesiones no me daban una respuesta correcta. Un hoyo se hallaba dentro de mis pensamientos. ¿Dónde se encontraba Amor dentro de toda ésta corrupción sentimental?

El suelo comenzó a temblar. Los muertos gritaban más fuerte, tanto los callados como los que permanecían agonizantes. Habíamos llegado frente a las costas de un mar de Sangre. No se podía ver nada más al horizonte excepto oscuridad. La hemorragia de la Herida sentimental que se encontraba a lo lejos detrás de nosotros, cesó.

Volvimos al frente una vez más y el Mar de Sangre comenzó desaparecer como si fuese succionado por una boca de proporciones incalculables. Era evidente que la Sangre estaba desapareciendo.

¿¡Que es lo que sucede!? – Grité a Tristeza por los incontrolables gritos que había en el lugar.

¡Debe ser lo que mencionó Odio! ¡La Sangre de la Gran Herida! ¡Hizo una especie de ritual con el Libro de Depresión! ¡Nosotros lo vimos, dijo que era demasiado tarde! – Tristeza miró hacia Depresión.

Vuelvan al Prisma, ya no hay nada que puedan hacer aquí… - Depresión afirmó sin que entendiéramos el por qué.

Marchamos los tres en dirección hacia el Portal de Odio con prisa. No nos podíamos adelantar, ya que Depresión poseía La Piedra del Sufrimiento y por tal razón lo seguimos.

Llegamos hasta la Herida Sentimental una vez más y comencé a sentirme extraño. Aligeré el paso y ambos sentimientos se percataron de mi malestar. Yo miraba hacia el suelo, tratando de entender lo que me sucedía y me detuve frente a la Gran Herida que una vez estuvo emanando Sangre.

¿Qué te sucede? – Tristeza me preguntó con preocupación.

No lo sé… - No podía dejar de mirar al piso, tratado de buscar comprensión.

Tenemos que irnos, ¡YA! – Depresión gritó como nunca le oí anteriormente.

Mi cuerpo desistió al piso y me sostuve por mis rodillas. Me faltaba el aire y un nudo se formó en mi garganta. Lo que me sucedía, asemejaba a todas las presencias Oscuras del Balance. Sentía a todos y a cada uno como si estuviera desprendido de Felicidad y los cinco Hermanos Maléficar estuviesen alrededor mío, golpeándome sentimentalmente con sus miradas fijas que desprendían lo que conformaban. Me hundía en tinieblas.

Tristeza me sostuvo antes de caer. No comprendía lo que estaba pasando al lugar, ni a mi presencia. Felicidad tampoco lo presentía. Solo yo me percataba, era algo que no era un sentimiento, era algo más puro. Algo completamente objetivo y no algo que pudiese erradicar con el simple hecho de resistir sentimentalmente con mis pensamientos.

¿Qué pasa? – Preguntó otra vez Tristeza con su respectiva cara.

Elevé mi cabeza hacia el Hoyo de la Herida Sentimental sin desprender la vista, y con las pocas palabras que me quedaban, le dije:

Hay alguien aquí…