¡Buenos días a todos, estimados lectores!

Ok, el presente relato surgió anoche mientras investigaba sobre una novela epistolar llamada "Clarissa ó Historia de una joven dama", del siglo XVIII. Fue una novela muy popular en ese entonces y hace un par de décadas se hizo una adaptación para televisión. Me sentí tan fascinada por esa historia que, no sé, anoche que volví a investigar sobre eso, decidí intentar plasmar en papel el "qué pasaría sí"... Y el resultado es esta pequeña historia que, espero yo, la disfruten.

Hasta luego.

EuRiv (VicPin en Fanfiction)


El hijo vengador.

El joven de la levita azul y de sombrero tricornio observa fríamente el cadáver de la mujer muerta que estaba ante sus ojos vacíos de sentimiento alguno, ni siquiera de piedad. Con la daga llena de sangre en su mano, el hombre empieza a reflexionar sobre el camino hacia dónde iba su… ¿Venganza?, ¿justicia?, ¿limpieza de nombre?

Quién sabe…

Muchos lo considerarían la venganza más sangrienta que se haya conocido hasta el momento en la memoria colectiva de una clase social encerrada en una burbuja y desconectada del otro mundo cuya existencia ha sido negada hasta antes de la llegada de él, el niño que nació en una prisión, el niño que fue criado por un aristócrata que lo educó por el camino de la espada… El niño que era el hijo ilegítimo de una pareja igual de ilegítima ante los ojos de la sociedad, pero que para él aquella pareja era su padre y su madre, su familia, la familia con la que pudo haber crecido si la muerte no hubiera insistido en llevársela lejos de él, del vivo retrato de un libertino y de una mujer virtuosa.

No obstante, ese mismo retrato no considera las muertes de las cuatro prostitutas de aquella casa como una simple venganza.

No, era algo más que una venganza lo que él pretendía hacer.

Era justicia, su justicia. La limpieza de un nombre que ya había sido maldecido desde el momento en que falleciera su bisabuelo y le dejara esa fortuna fruto de la discordia entre tres hermanos, la limpieza de un nombre que había sido condenado a sufrir los peores ultrajes en las manos de su propio progenitor, quien, si viviera, encabezaría la lista de individuos por quiénes ir en su busca y destruirlos.

Limpiando la sangre con la orilla de los vestidos semi abiertos de la prostituta, el muchacho se incorporó y se infiltró un poco más en la casa de citas para poder salir por atrás sin que nadie lo vea.

- S-señor…M-Morangias… - murmuró una voz queda desde algún rincón de la casa.

El muchacho se detuvo al escuchar aquella palabra y, volviéndose en dirección hacia el lugar de dónde provenía aquella voz, susurró con sarcasmo:

- Dorcas.

La persona aludida, quien fuera la sirvienta de las otras tres mujeres muertas, se incorporó con trabajo en el rincón y, con los labios llenos de sangre, habló:

- S-s-sabía… Sabía que había visto ese rostro en algún lugar… U-u… Usted se parece mucho a… A… A Clarissa Harlowe.

La mujer tosió mientras que el señor Morangias, mirándola con desdén, le replicó con calma:

- ¿En serio me parezco a ella, Dorcas?

Acercándose a la moribunda, añadió:

- ¿Qué me parezco más a mi madre que a mi padre?

Dorcas abrió los ojos como platos; sus piernas empezaron a temblar, sus manos intentaban sostenerse de la alacena que le servía de sostén y sus labios empezaron a balbucear un "¡no puede ser!". El muchacho, inmune ante aquél acto de asombro, continuó:

- Sí… Clarissa Harlowe era mi madre y Robert Lovelace era mi padre…

- O-o-oh, por Dios… ¡Oh, Dios mío! – estalló en lágrimas la sirvienta.

- Hace 22 años, mi madre fue violada aquí mismo, en esta casa, por mi propio padre… Y no una, sino varias veces…

- D-D-Dios…

- En una de esas mi madre salió embarazada… Pero ella nunca lo supo hasta que el médico de la prisión la atendió. Claro… Je… La familia de mi madre ya la había excluido para ese entonces de su mundo al igual que sus amigos… La única persona que estuvo con ella hasta el fin fue John Belford, mi mentor y el hombre que me crío al nacer...

Dorcas se cayó de un solo sentón al escuchar semejante confesión; el asombro era tal que su conciencia había empezado a recordarle su entera participación en el crimen del cual el joven, con justa razón, decidió vengarse.

Sí, sabía quién era Clarissa Harlowe. Había conocido a la hermosa mujer de cabellos rubios hace 22 años, cuando Robert Lovelace, el sobrino de uno de los políticos más poderosos de Inglaterra y uno de los solteros más codiciados de Londres cuya reputación de libertino le precedía, la había llevado a esa casa con la falsa promesa de que ahí estaría a salvo de la persecución que sufría a manos de los Harlowe, su familia.

Lovelace quería seducirla por todos los medios, pero al no tener éxito en la empresa, se avino a violarla varias veces. No obstante, la influencia de aquella mujer era igual de poderosa que la sed de Lovelace en intrigas, un poder que condujo a Lovelace a una batalla entre la pasión carnal y el surgimiento de un amor que pudo haber sanado y callado aquél hambre de triunfo desmedido y enfermo.

El resultado de aquella intriga que incluía engaños por parte de las prostitutas y de los ladrones más hábiles de la ciudad y el consecuente alejamiento de los amigos y familiares de la infortunada mujer fue la muerte de ésta y del propio libertino, quien se batió en un duelo con el coronel James Morden, el primo de la familia.

Pero no contaba… O más bien, nadie contaba con que de esa triste unión naciera un hijo, el cual estaba justamente de pie frente a ella, con la daga que goteaba la sangre de su ama, la señora Sinclair, de Sally Martin y de Polly Horton, todas ellas cómplices de aquella violación.

Morangias, quien había guardado silencio durante el tiempo en que Dorcas reflexionaba acerca de Clarissa Harlowe, su madre, le dio la espalda y se dispuso a seguir su camino; sin embargo, Dorcas le detuvo con estas palabras:

- Es… E-e-es apasionado al igual que su padre… Señor Morangias… L-la venganza… H-ha sido uno de sus defectos…

- Mmm… Cierto. Mi padre no fue un hombre de… Buenas cualidades que digamos – argumentó Morangias con sarcasmo -… Pero sí fue alguien que gustaba disfrutar de las mujeres. Digo, ningún hombre es culpable de caer bajo los encantos de una mujer, por muy virtuosa o muy puta que sea, pero… Creo que si hay algo que aprendí de mi padre es… Que nunca ha sido bueno jugar con una mujer bajo ninguna circunstancia, ni siquiera con sus sentimientos.

- …

- Que tengas un buen descanso, Dorcas…

Dicho eso, tocó la orilla de su sombrero en señal de reverencia y, dándole la espalda, se dirigió hacia el pequeño jardín de la casa, abandonando a Dorcas en medio de una triste y dolorosa agonía… Y con el recuerdo de Clarissa Harlowe atormentando nuevamente su alma.