Aventura primera: la niña en el bosque

Sin origen o destino conocidos, un encapuchado caminaba tranquilamente por el sendero cruzando una vasta pradera, sus pasos resonaban cada vez que pisaba uno de los innumerables charcos que ahí se podían encontrar. Aquella lluviosa mañana denotaba un ambiente gris y oscuro, razón por la que el viajero se sintió aliviado al ver un bosque al pie de una montaña a lo lejos
-Al fin un refugio- se dijo.
Después de unas horas caminando en la tormenta, Kalgrim se sentó bajo un árbol dentro del bosque para comer el poco pan que le quedaba. La lluvia torrencial se veía apaciguada hasta ser un leve rocío de pequeñas gotas esporádicas debido a los enormes árboles que se alzaban ante él. Pero al cabo de unos segundos percibió que alguien o algo le observaba.

Alzó la vista lentamente justo antes de morder su comida. Para su sorpresa, una niña lo miraba fijamente, no hacía falta demasiada habilidad para ver que esa niña tenía hambre, el vagabundo le hizo señas para que se sentara a su lado y luego le dió el trozo de pan.

-¿cómo te llamas?- le preguntó Kalgrim.
La niña tragó y le dijo.
-Seelie...y...gracias por el pan.
El viajero esbozó una sonrisa y a continuación se presentó. Después de un rato hablando con Seelie, éste se enteró de que había sido secuestrada por una tribu que había aparecido de la nada, y que de algún modo que no quiere contar logró huir de su cautiverio. Dado que no tenía nada que hacer, el hombre se levantó y le dijo.
-vamos, te llevaré a casa- la niña sonrió y se encaminaron a rodear la montaña por la cara opuesta a la localización de aquella misteriosa tribu.

La lluvia cesó dejando que los rayos solares se filtraran por las hojas de los árboles, y el viajero estaba de buen humor ya que había conseguido a alguien con quien hablar. Sin embargo, la niña tenía algo raro, quizás era por sus modales refinados o por el extraño colgante de oro en su cuello, pero Kalgrim presentía que algo grande se le venía encima. Al cabo de unos días, la pareja había rodeado la montaña, incluso habían salido del bosque que rodeaba a la misma, Seelie le preguntó al vagabundo una vez que este regresaba de caza.
-¿usted tiene un hermano?-
Esta pregunta sorprendió al hombre, que pensó.
-espero que no esté hablando de Sektis- para luego contestar negativamente a la pregunta.
La niña con cara de confusión le dijo.
- es que... un señor muy parecido a usted me rescató de la tribu y luego desapareció.
Este comentario hizo que Kalgrim sufriera de un típico ataque de recuerdos desagradables, y eso se notaba en su cara de preocupado -bueno- dijo mientras se preparaba para asar la pierna de un jabalí descuidado que se había cruzado en su camino.
-en este mundo todos nacemos con un opuesto, que tiene cosas en común con nosotros, pero es todo lo que tú no eres, algunos lo confunden con alma gemela, pero es algo completamente diferente, y por tanto cada uno tiene parte de la personalidad del otro, estos seres opuestos están destinados a ser enemigos, y una vez que se encuentran, la vida de ambos se convierte en una lucha en la que uno de ellos ha de morir, pero me sorprende que vuestro tutor no le haya hablado de este tema, princesa- dijo este al darle su parte de carne.

-¿Como lo ha sabido?- le pregunto ella.
Él le respondió riéndose.
-Una plebeya no habría prestado tanta atención, ni tampoco llevaría un colgante de oro- soltó una risotada y dijo con una sonrisa casi psicótica -me has metido en un lío muy grande Seelie, al fin un poco de diversión.