Segunda aventura: Mijuuna

A Kalgrim le parecía curioso que pocas millas después de la montaña, el y Seelie se encontraran en las orillas de un pantano, pero oscurecía así que el vagabundo prefirió sentarse y pensar en cómo cruzarlo.
-¿estás segura de que tu reino está después del pantano?- le preguntó, la niña asintió con la cabeza.

De repente, el encapuchado se levantó de un salto, su acompañante le iba a preguntar que pasaba pero el se colocó un dedo en los labios diciéndole que no hiciera ningún ruido, luego le señaló unos arbustos para que se escondiera allí. Unos segundos más tarde, un hombre tatuado con signos tribales rojos y vestido con un taparrabos apareció justo delante del vagabundo, que permaneció inmutable ante el extraño.
-¿que haces merodeando por aquí?- le preguntó el hombre mientras se mantenía en guardia empuñando una lanza con la hoja al rojo vivo.

-Me he perdido, ¿cómo es que hablas mi idioma?-
-Nuestro chamán es muy hábil, pero tú no pareces perdido-
-Lo estoy, ¿es que me estás llamando mentiroso?-
-Ese arbusto se mueve, ¿a quien escondes?

Justo cuando el hombre fue a dar una estocada al arbusto donde estaba escondida Seelie, Kalgrim lo golpeó lanzándolo contra un árbol, pero se levantó sin esfuerzo y con una cara llena de furia. Kalgrim le preguntó.
-¿Quien eres?
Este le respondió mientras una llama comenzaba a cubrir la punta de la lanza.
-Dairou, de la tribu Mijuuna, ¿y tu?
El vagabundo se quitó la capucha y mientras se colocaba unos guanteletes de color azul respondió.
-Soy Kalgrim-

Las estocadas de Dairou eran rápidas, pero eran fácilmente esquivadas por el vagabundo, que al ver una apertura, golpeó a su oponente en un riñón, esta vez, una ráfaga de aire hizo que el mijuun no sólo chocara de nuevo contra un árbol, sino que también lo rompiera. Dicho árbol se precipitó hacia Kalgrim, que lo desvió con un golpe de manera que no aplastara a Seelie. En medio de una nube de polvo, el vagabundo pudo distinguir como surgía una llama en la otra punta de la lanza después de que una silueta se alzara, la pelea no había terminado. Ahora los movimientos de Dairou eran más rápidos, sin mencionar que ahora tenía otra llama.
En un descuido, Kalgrim fue golpeado por una de las puntas de la lanza, por suerte, la que no tenia filo, aún así, se retorció en el suelo por la quemadura.
-No eres tan fuerte- dijo el mijuun.

El vagabundo se puso de pie con esfuerzo y esquivó una estocada que pudo ser mortal, acto seguido dio una patada a su oponente, luego con rapidez, sus manos comenzaron a dibujar arcos, como si intentara cortar el aire con ellas en muchas direcciones, luego lanzó sus palmas con fuerza, empujando el aire que estaba en frente de él. Dairou mantuvo su guardia mientras podía ver como una ráfaga de aire que transportaba polvo y piedras pequeñas se acercaba a una velocidad inaudita.

Kalgrim cogió a Seelie de la mano ayudándola a levantarse y comenzaron a andar de nuevo por un sendero casi invisible en medio del humeante pantano, este se podía ver a la luz de la luna.
-eres muy fuerte- le dijo ella.
Él le respondió:
-gracias, el problema es que a juzgar por su aspecto, ese mijuun era sólo un explorador, probablemente era un debilucho entre los suyos.
Y luego de una mirada preocupada de la niña, comenzaron a hablar de como era su reino, mientras Dairou yacía en la orilla del pantano, con cortes por todo su cuerpo, ido en sangre y con la mirada perdida en el cielo.