El Sonido del Silencio.

Capítulo 1.

"Pasajeros del vuelo 450 de Lufthansa, de las 21:15 hrs con destino a Frankfurt, estamos comenzando el abordaje. Iniciamos con los pasajeros del área de primera clase, y posteriormente, daremos el turno a los pasajeros de la clase turista. De favor, solicitamos que tengan su pase de abordar y una identificación oficial a la mano. Gracias".

Había llegado el momento. Bianca Teyer tomó su bolso de viaje, del cual sustrajo su credencial para votar y su pase de vuelo, para ocupar su lugar en la fila reservada a los pasajeros que viajarían en la clase económica. Eran las ocho y cuarenta minutos de la noche, y le esperaba un vuelo de aproximadamente doce horas desde la Ciudad de México, capital del país del mismo nombre, hasta Frankfurt, Alemania, en donde después tomaría una conexión que la llevaría a su destino final, Viena, capital de Austria. Si todo salía bien, ella llegaría al término de su viaje a las siete y media de la noche del día siguiente.

Era ésa la primera vez que Bianca volaba en avión, la primera vez que abandonaba México, y la primera vez que visitaría Europa. Ésas eran cosas que ella había soñado con hacer alguna vez, como muchos soñaban hacer, pero no en las circunstancias en las que se encontraba en esos momentos. Bianca debía abandonar el país cuanto antes, de manera obligada, quisiera o no hacerlo. Su vida dependía de ello.

Mientras el amable personal de tierra daba paso a la fila correspondiente a los pasajeros de primera clase, Bianca pasó una mirada distraída por los pasajeros que abarrotaban la terminal número 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y se detuvo en una mujer que la miraba con tanta intensidad, que ella instintivamente dio un paso hacia atrás. De primera instancia, Bianca creyó que se trataba de una mujer de edad mayor, pero al analizarla detenidamente, se dio cuenta que era más joven de lo que aparentaba ser. De piel muy blanca y cabello negro y espeso, la mujer era dueña de un par de increíblemente raros ojos color violeta. Era, sin duda, una mujer que imponía respeto con su presencia, e incluso, también mucho temor. Bianca, un poco asustada, echó un vistazo detrás suyo con la esperanza de que hubiese alguien más a quien la mujer estuviera mirando, pero no: sin duda alguna, esos ojos violetas estaban fijos en ella. ¿Sería esa mujer alguien de Ese Grupo? No parecía serlo, pero nada era seguro ya.

La persona que iba detrás de Bianca le dio un golpecito en el hombro para señalarle que la fila en la que estaban ya había empezado a moverse. Bianca se disculpó, y avanzó unos cuantos pasos, para después volver a mirar hacia la zona en donde la mujer de cabello negro y ojos violetas la observaba, pero para su gran sorpresa, ella había desaparecido. Bianca la buscó en todas direcciones, pero no volvió a verla, y entonces se dijo que, seguramente, se trataba de otra pasajera más, y no alguien que estuviera buscándola específicamente a ella.

"La paranoia me consume", pensó. "Ya no puedo caminar sin mirar constantemente por encima de mi hombro, ni creer que todos vienen por mí".

Una vez en el avión, Bianca ocupó su asiento y se dispuso a mirar por la ventanilla; el costo del boleto había sido mayor gracias a este detalle, pero su padre recordó cuánto adoraba ella mirar hacia la ventana cuando viajaba, y no le molestó desembolsar algunos devaluados pesos mexicanos más para cumplirle ese capricho. Al recordar a su padre, los ojos de Bianca se llenaron de lágrimas, pues no sabía cuánto tiempo pasaría antes de volverlo a ver. Si es que volvía a verlo.

Apenas seis meses antes, el futuro parecía ser promisorio para Bianca, antes de saber que se había metido en el camino de Ese Político. O por lo menos, ella pensaba que tendría toda una vida por delante para construir su futuro a su antojo, ya que en sí, su vida no tenía nada de particular, hasta antes de ese momento. Siendo la tercera de cuatro hijos del gerente de una tienda de zapatos muy importante a nivel nacional, y de una maestra convertida en ama de casa, Bianca era periodista, y a sus 25 años tenía un trabajo estable en un periódico local. Su verdadero sueño, el auténtico, no era ser reportera sino escritora, pues amaba la literatura, y cuando tenía una pluma en la mano y una libreta en la otra, el mundo desaparecía para dar paso a universos nuevos y emocionantes, en los que ella volcaba sus deseos de conocer el mundo. No era que Bianca fuese una persona soñadora, no, porque era precisamente todo lo contrario, ella era muy centrada, y tenía los pies bien plantados sobre la Tierra, era más bien que, precisamente por estar tan centrada en la realidad, su vida acababa siendo común y normal, tanto, que ella tenía la necesidad de buscar aventuras en otro lado. Donde fuera.

Y fue precisamente esta necesidad de aventuras lo que la llevó al lugar en donde ahora se encontraba: a bordo de un avión que la llevaba a Europa como la desterrada que era. En los últimos años, el número de víctimas inocentes del narcotráfico en México había incrementado de manera sorprendente; gracias a que el Presidente había lanzado una lucha feroz contra los principales cárteles de drogas, se había desatado una guerra sin cuartel a lo largo y ancho del país, entre el Ejército y el comúnmente llamado Narco, que costó las vidas de muchas personas que tuvieron la mala suerte de encontrarse en el lugar equivocado en el momento equivocado. De buenas a primeras, la gente comenzó a desaparecer, sin saberse los motivos. El vecino, el hijo de la dueña de la carnicería, aquél compañero de escuela, el señor que todas las mañanas barría la entrada de su casa, desaparecieron un día sin que se volviera a saber de ellos. Los rumores más fuertes eran que habían sido secuestrados como represalia, o bien, que la policía se los había llevado al encontrarles nexo con el narcotráfico. Sea como fuere, la gente ya temía por su seguridad y la de sus hijos, y cuando alguien desaparecía, la policía rara vez podía encontrar alguna pista útil. De tal manera que fue la misma población quien comenzó a buscar soluciones al problema, al comunicar a través de las redes sociales lo poco o mucho que alcanzaban a enterarse a través de fuentes extraoficiales. Esta red de información se extendió por todo el país, llegando incluso a la ciudad de León, ubicada en el centro de México, lugar en donde Bianca nació y vivió hasta hacía apenas unas cuantas horas.

El centro del país, más comúnmente conocido como el Bajío, es una de las regiones más tranquilas de todo México. El crimen y el narcotráfico no habían sido muy comunes en esa área, tan conocida por la tranquilidad de su estilo de vida, pero la guerra encarnizada que había emprendido el Presidente por todo el país arrastró al crimen organizado a aquella zona. Cuando la gente comenzó a desaparecer, y a morir por los tiroteos, Bianca recibió un mensaje de un amigo, llamado Gustavo, quien vivía al otro extremo del país, en una de las áreas más violentas, diciéndole que se necesitaba a un informador en el Bajío, ya que la gente merecía saber qué había pasado con sus familiares desaparecidos. Ese amigo le dijo a Bianca que pensó en ella para volverla una informante, puesto que conocía sus dotes de periodista, y que por vivir en aquélla zona y trabajar para uno de los periódicos de mayor difusión, le sería mucho más fácil enterarse de algunas cosas y comunicarlas.

- No estoy segura.- había dicho Bianca.- ¿Con qué objetivo estaría haciendo esto?

- Imagínate que desaparece tu hermana, y que nunca más la vuelves a ver.- había respondido Gustavo.- Y que la policía no puede, o no quiere darte ningún dato porque quizás ellos mismos están involucrados en su desaparición. ¿No te gustaría que alguien te dijera qué pudo haberle pasado?

- Mi hermana no está metida en drogas.- replicó Bianca, como respuesta.

- Muchos de los desaparecidos tampoco lo están.- su amigo suspiró.- Simplemente, son personas que estuvieron en el momento equivocado, en el lugar equivocado. Imagina entonces que Gaby, tu hermana, salió en alguna ocasión con un tipo que aparenta ser normal, pero que resulta estar ligado al narco. La policía, o un cártel rival, lo descubren y lo fichan, y quizás tu hermana sólo salió con él una vez, pero ante la duda de que sepa algo importante, deciden llevársela también. Dime, ¿cómo te sentirías al respecto? ¿No querrías recuperarla a como diera lugar?

Bianca aceptó, sin dudarlo ya.

Según Gustavo, la red de comunicación no operaba fuera de los límites legales. Simplemente, lo que se hacía era difundir la verdad de lo sucedido en el país, ya que los medios de comunicación televisivos, así como la mayoría de los periódicos, mentían y ocultaban información por órdenes del Gobierno… O por la misma salud mental del pueblo. Así pues, la labor de Bianca sería investigar más y pasar la información a través de Internet, para que estuviera al alcance de todos. Como bien había dicho Gustavo, la gente tenía derecho a saber la verdad de lo que estaba sucediendo. De primera instancia, Bianca decidió abrir otra cuenta de Twitter, bajo un pseudónimo, Silver Words, para pasar información, pero pronto dicha plataforma quedó obsoleta ante la sorprendente cantidad de mensajes y preguntas que comenzó a recibir, así que, a la larga, ella abrió un blog, con el mismo pseudónimo, para poder atender las preguntas que le hacían. A la joven le sorprendió la cantidad de personas que estaban dispuestas a pasar información, ya sea de manera anónima o atreviéndose a dar sus nombres, siempre y cuando todo se hiciera "por debajo del agua", es decir, sin que se enterara la policía.

Gabriela, la hermana menor de Bianca, no vio con buenos ojos lo que la periodista hacía. Diariamente aparecían notas en los noticieros acerca de reporteros que habían sido secuestrados o asesinados, o bien, que se encontraban desaparecidos, y la chica temía que su hermana acabara siendo una víctima más. No por nada se decía que México era uno de los países más peligrosos para los periodistas.

- Por favor, Bianca, para ya.- pidió Gabriela.- Ayer, apareció el cadáver decapitado de otra periodista en Nuevo Laredo, y han desaparecido otros dos reporteros, muertos, en Veracruz.

- Gaby, no puedo detenerme ahora.- respondió Bianca.- La gente depende del blog para mantenerse informada. Además, no se puede silenciar la verdad, alguien debe hablar en nombre de esas personas que han desaparecido. Es sólo un blog, no me estoy metiendo a investigar en donde no debo.

Gabriela no respondió, pero no se podía quitar ese mal presentimiento. Sin embargo, y a pesar de que, efectivamente, Bianca no se metía a investigar lo que no debía, sí era cierto que verificaba todas sus fuentes antes de publicar algo en su blog. Un día, llegó a sus manos una lista de políticos que supuestamente estaban relacionados al narcotráfico; varios de ellos eran personajes "de peso", e incluso había un precandidato presidencial. Bianca sabía que esa nota tendría el efecto de una explosión si la publicaba, pero para hacerlo, tendría que averiguar si la lista era auténtica. Así pues, la joven se enfocó en verificar las fuentes, y se sorprendió de descubrir que muchas de las conexiones eran reales. No fue un trabajo fácil, mucha gente no se animaba a hablar, y hubo dos personas que le aconsejaron que no metiera las narices en donde no le llamaban, pero Bianca se dijo que, si ya se había metido en ese lío, lo mejor era llegar al final. Quien más trabajo le dio fue Ese Político, el precandidato presidencial, puesto que, por lo mismo de estar en campaña, acercarse a alguien de confianza fue una labor casi imposible. Sin embargo, tuvo un "golpe de suerte" (entre comillas, pues ya después ella se daría cuenta que fue lo peor que le pudo ocurrir), pues uno de los cercanos a Ese Político había dimitido un par de semanas antes, y tenía toda clase de información qué dar al respecto, siempre y cuando ella prometiera no decir quién le había pasado el dato, y no hiciera pública más que la famosa lista, condiciones que Bianca aceptó.

- No es noticia para nadie que el narcotráfico patrocina a muchos candidatos a puestos políticos.- había dicho el informante.- Aparte de financiar las campañas, se les da protección física a ellos y a sus familias, y en determinados casos, se quitan a los competidores del camino. Muchos presidentes han llegado a donde llegaron gracias a sus nexos con el Narco, eso no es novedad para nadie.

Bianca, cometiendo un error de principiante, no se cuidó de preguntar hasta que su curiosidad quedó saciada. Quizás, si ella hubiese notado el brillo maligno en los ojos de su informante, no se habría sentido tan tranquila, pero ella se dejó deslumbrar por la riqueza de datos que le había ofrecido el otro, y no pensó que podría estar levantando sospechas. Sin embargo, una vez que la entrevista concluyó, cuando Bianca ya tenía suficiente información para verificar que sí, que también Ese Político tenía nexos con el tráfico de drogas, y que, de hecho, el dinero de su campaña venía de ahí, el sujeto le dio una recomendación sincera.

- Si yo fuera tú, me lo pensaría dos veces antes de publicar algo así.- le dijo.- Esto va a estallar, y puede que tú quedes lesionada en el proceso.

- No puedo echarme para atrás, ya he llegado muy lejos.- respondió Bianca, muy tranquila.

- Como quieras.- respondió el otro.- Pero yo te digo que no seas tonta y que lo pienses bien. Y si haces pública esa lista, vete consiguiendo un pasaporte y traza algún plan de escape, sólo por si las moscas.

- Gracias.- la sonrisa de Bianca fue más de sarcasmo que de agradecimiento.

La recomendación del tipo era sincera; ojalá ella hubiera hecho caso.

La noticia de que Ese Político tenía nexos con el Narco causaría más impacto que el resto de la lista junta, puesto que podría costarle la presidencia al precandidato, por no hablar de su libertad y futuro político. Ese Político, de tendencias izquierdistas, se había proclamado como un mesías, alguien que cambiaría para siempre el destino de México, alguien que juraba ser limpio y no tener conexiones sospechosas, y cuya campaña se promocionaba como una de las mejores en la historia del país. Bianca supo entonces el por qué nadie había querido publicar la lista, puesto que el periodista que lo hiciera, se echaría la soga al cuello. En ese momento, ella tuvo la elección de dejar pasar el asunto, o publicarlo en su blog, en una decisión que habría de cambiar su vida. Gabriela, al saber que Bianca se traía algo entre manos (no sabía exactamente qué, pero presentía que se trataba de algo importante), intentó convencer a su hermana de que dejara pasar, por esa ocasión, la noticia tan impactante que tenía en sus manos, pero Bianca era muy terca cuando de su trabajo se trataba. No era que ella no hubiese pensado en las consecuencias (o quizás no las pensó como debía), si no que, más bien, se sentía intocable, ya que, por alguna razón, había logrado mantenerse al margen de amenazas y ataques.

Hasta ese momento.

Como era de esperarse, la lista fue dinamita pura. El rumor de que el precandidato presidencial de izquierda, el que se jactaba de llevar una "campaña limpia y honrada", estaba ligado al narcotráfico, fue demasiado poderoso e impactante, y como Bianca lo pensó, el resto de la lista no tuvo tanto interés para el público. Los rumores se hicieron tan fuertes, que los telenoticieros comenzaron a hablar de la lista, y mencionaron que todo había surgido de un conocido blog de Internet, escrito por alguien que se hacía llamar "Silver Words". Bianca experimentó un momento de pánico al creer que también habían averiguado su nombre, pero por fortuna, si los noticieros sabían algo, optaron por no revelarlo. No tuvo tanta suerte con sus fuentes de información, por supuesto. Ella nunca sabría de dónde le vino el golpe, pero demasiado tarde se dio cuenta que Gabriela había tenido razón al pedirle que dejara las cosas por la paz, antes de que el asunto se le fuera de las manos.

Una tarde, Bianca se dirigía a su hogar tras terminar sus labores en el periódico en el que seguía trabajando; habían pasado ya tres semanas desde la publicación de la lista, y si bien seguía siendo noticia nacional, los rumores eran cada vez menos frecuentes. Al esperar al semáforo en rojo, para poder cruzar la calle, a tan sólo un par de cuadras de su casa (aún no contaba con vehículo propio), un automóvil se pasó la luz roja y frenó violentamente frente a ella; todo sucedió tan rápido que no supo bien qué estaba sucediendo, hasta que todo había concluido. Un par de hombres la sujetaron y la metieron a la fuerza al asiento trasero del coche, en donde le vendaron los ojos y la boca, y la ataron de manos y pies. Bianca sintió entonces que un objeto duro y frío le presionaba con fuerza la sien, y demasiado tarde se dio cuenta que había cometido un error muy grande.

- Te quedas quietecita y te dejo en paz.- dijo una voz masculina, a su oído.- Te mueves, y te relleno la cabeza con plomo.

Bianca se paralizó, pero sacó valor de quién sabe dónde; lentamente, asintió con la cabeza y trató de controlar su respiración. A pesar de eso, alguien la golpeó con fuerza en la mandíbula en varias ocasiones, y ella estuvo muy cerca de desmayarse.

- Has estado metiéndote en donde no te llaman, muchachita.- dijo el hombre que le habló.- Te habíamos dado oportunidad, pero te metiste con un pez de los gordos, y está muy enojado contigo, y quiere que te callemos el hocico a trancazos, si es preciso.

Ella sintió que la sangre la estaba ahogando y trató de escupir, a pesar de la mordaza, pero apenas lo hizo y el objeto duro se le incrustó aún más en la piel de las sienes, al tiempo que recibía otro golpe, ésta vez en la nariz.

- Quieta, dije.- gruñó el hombre.- No me hagas darte un tiro antes de llegar.

La joven trató de tranquilizarse, aunque, cuando uno de los hombres le acarició la pierna y el muslo, y le metió la mano bajo la falda, ella no pudo evitar hacer un movimiento brusco. Aunque el objeto metálico de su cabeza no se movió, cuando el hombre intentó tocarla otra vez, rozando sus pantaletas, y Bianca lo rechazó, ella recibió una bofetada.

- Todas son iguales de arrastradas, pero cuando uno quiere divertirse, actúan como santas.- farfulló el hombre, continuando con el acoso.

- Ya estamos por llegar, no hagas pendejadas.- replicó el hombre que había hablado primero.- Después de que el Jefe la vea, podremos hacerle lo que se nos venga en gana.

- La divertida que nos vamos a dar contigo.- el acosador lamió el lóbulo de la oreja izquierda de Bianca, aunque ya no volvió a acariciarla.- Muero de ansias, preciosa.

Ella estaba paralizada de terror; no sólo iban a matarla, sin duda, también la violarían. Después de un viaje no tan largo como podría esperarse, el automóvil se detuvo, y alguien le arrancó la venda de los ojos y le liberó los pies. Bianca pudo darse cuenta de que se encontraban a las afueras de León, muy cerca de la presa de "El Palote", que en esos momentos estaba casi llena en su totalidad, gracias a las recientes lluvias. Frente a ellos había una camioneta Lincoln negra, de vidrios polarizados, y manejada por un sujeto fornido. Fue en ese entonces cuando Bianca se dio cuenta que el objeto metálico era un arma (algo que ya había sospechado), y que había sido secuestrada por tres hombres de aspecto común y corriente, quienes no se molestaron en cubrir sus rostros, lo cual era una muy mala señal. Una vez que ellos bajaron del automóvil, las puertas de la camioneta se abrieron y descendieron tres hombres armados, precediendo a un hombre de baja estatura y cabello canoso, a pesar de su mediana edad, a quien Bianca identificó de inmediato.

- ¿Y es ésta mocosa la que me anda jodiendo la existencia?.- exclamó el individuo, al verla.- No es más que una escuincla malcriada, hasta acá me llega el olor de pañales. ¿Sabes el lío que has causado, estúpida mocosa? Debería darte un tiro para que te calles la boca, mira que casi arruinas una campaña presidencial de varios millones de pesos, estúpida.

Bianca no respondió; no habría sabido qué decir, de cualquier manera. El hombre se acercó a ella y le tomó el rostro con una mano, para arrancarle la mordaza con la otra.

- No te servirá de nada gritar, porque si lo haces, mis hombres te llenarán de balas y te arrojarán a la presa con una piedrota amarrada a los pies. ¿Entendiste?.- dijo el hombre.

Bianca no respondió.

- ¡Te estoy preguntando que si entendiste, con un carajo!.- gritó el sujeto.

- ¡S-sí!.- ella respondió con un tartamudeo.

- Muy bien, ya nos estamos entendiendo. Le has fregado la existencia a muchos amigos míos con tu paginita.- continuó el tipo.- Maldito invento ese del Internet, cómo nos pasó a jorobar. Antes, podíamos callar a un periódico amenazando o sobornando a los editores, ahora, con esas estupideces del Internet, es difícil rastrear a todos y a cada uno de los que se sienten reporteros. Tú, en lo particular, nos costaste trabajo, pero no hay nada que no se pueda conseguir con un buen "jáker".

El sujeto se refería, obviamente, a los "hackers" informáticos; Bianca se sentía como la persona más idiota del planeta, y lo peor de todo, sabía que no saldría de ahí con vida, la actitud de los hombres se lo decía. Miró de reojo su reflejo en el vidrio de la portezuela del auto, y vio a una chica de despeinado cabello castaño oscuro, pálida hasta la muerte y ojos oscuros que reflejaban su terror. ¿Así terminaría todo? ¿Acabaría en el fondo de la presa, o su cuerpo sería botado por las aguas, en pleno proceso de descomposición? Ella sólo esperaba que no la violaran antes de morir, y que le metieran un disparo en la cabeza para acabar lo más rápido posible, y sin dolor. Era el menor de los males, según le pintaba el panorama.

Sin embargo, y para su enorme sorpresa, el balazo nunca llegó; el sujeto canoso la miró una sola vez, con una mirada que tenía una extraña dosis de ternura, y soltó un bufido exagerado.

- Debería matarte, por habladora y bocona.- dijo.- Pero para tu recochina suerte, mi hija me llamó antes de venir aquí. Ha de tener más o menos tu edad, y se va a casar. Ella es todo para mí en el mundo, y tu cara me la recordó. Te pareces a ella, y no me sentiría bien mandar a matar a alguien que se parece a mi hija, a pocos días de su boda. Para empezar, ni siquiera debí haber venido, estos trabajos los hacen ellos sin avisarme, pero quería ver la cara del idiota que casi arruina mis planes. Nunca pensé que se trataría de una estúpida mocosa.

Bianca sintió que las piernas le temblaban. ¿Estaría el tipo hablando en serio?

- Voy a decirles que te suelten.- continuó el hombre, señalando a los secuestradores.- Pero a condición de dos cosas: tienes 15 días para largarte del país. ¿A dónde? Me importa un carajo, tú sabrás a donde. Y antes de largarte, debes retractarte de lo que has dicho. Escríbelo en tu paginita, haz una declaración, hazlo como se te pegue la gana, pero tienes que dejar bien en claro que lo que dijiste es mentira. Y no se te ocurra ir con "los azules". De lo contrario, bueno, ya no lo pagarás tú, si no tu familia. A nadie le gustaría que se vengaran con la familia de uno, ¿verdad?

- No, señor.- musitó Bianca, cuyas piernas apenas pudieron sostenerla.

- Bien, buena niña.- el tipo le palmeó la cara, tal y como lo hubiera hecho con un perro.

Ese Hombre se dio por satisfecho, y bramó a los secuestradores que dejaran a la chica por ahí, en cualquier lado, y que ella se las arreglara para volver sola a su casa. Bianca se salvaría de morir, pero sin duda no se libraría de una violación, lo cual le aterraba más que la muerte misma. Sus secuestradores ya se lo habían prometido, que se divertirían con ella antes de matarla, y aunque Ese Hombre ya había perdonado su vida, no había dicho nada con respecto a no ponerle la mano encima. Una vez que ella volvió a encontrarse en el automóvil, el hombre que la había manoseado volvió a acariciarla por debajo de la ropa, y apenas pudo esperar a que el vehículo se pusiera en movimiento para tratar de liberar el sostén de la chica. Sin duda, no iban a aguardar por mucho tiempo para cometer su fechoría, pero Bianca se dijo que no lloraría ni suplicaría, no les daría ese placer. Sin embargo, a la joven aún le quedaba algo de buena suerte, pues a plena carretera, uno de los neumáticos del automóvil estalló con un gran estruendo, haciendo que el conductor perdiera el control y fuera a estamparse contra la barrera de contención. El accidente no fue tan severo, no para malherir a alguno de los involucrados, pero sí lo suficiente para llamar la atención y para que el conductor se lesionara la muñeca; era evidente que necesitarían irse de ahí inmediatamente, antes de que llegara la policía.

- No puedo manejar esta porquería así, y creo que me fracturé la muñeca.- dijo el conductor.

- Hay que pirarse a la de ya, antes de que vengan "los azules" y nos encuentren con esta tipa.- el hombre que traía el arma señaló a Bianca.- Dejémosla botada y larguémonos cuanto antes.

- Maldita sea, yo quería "tirármela".- el acosador bramó.

- Anda, hazlo, nada te lo impide, pero no me vengas a joder cuando te caigan "los azules" encima.- replicó el otro sujeto.

Así pues, los hombres se marcharon a todo correr, dejando a Bianca hecha un ovillo en el vehículo, paralizada por el dolor y el terror. Por fortuna, los criminales no habían vuelto a atarle los pies, y de alguna manera ella consiguió zafarse la atadura de las manos, pudiendo salir del coche por su propio pie. Algún automovilista se apiadó de ella y se detuvo a ayudarla, llevándola a un hospital para que fuera atendida de sus heridas, antes de que la policía llegara al lugar, cosa que Bianca agradeció ya que Ese Hombre lo había dejado bien en claro: nada de ir con policías.

Eso había sucedido apenas seis días antes; el padre de Bianca, Luis Teyer, al saber lo que le había ocurrido a su hija, quiso ir a poner una denuncia ante la PGR (el órgano policial mexicano), pero Bianca y su esposa se lo impidieron. Amaranta Galicia, mujer sumamente católica y mexicana criada en la desconfianza y la pobreza, dijo que había sido un milagro el que su hija escapara con heridas leves de ese secuestro exprés, y que si Dios le había dado otra oportunidad, no debía perderla ante leyes terrenales que no habían servido para ayudar a nadie. Tras una noche de llantos, desvelos y gritos, Bianca y sus padres habían tomado una decisión: era necesario que ella se marchara del país cuanto antes. Era la solución más promisoria, ya que todas las demás involucraban, por fuerza, a la policía, y ni Bianca ni Amaranta sentían confianza en que ella pudiera protegerlos a todos. En los meses que pasó con el blog, Bianca había descubierto que la policía era ineficaz en casi todos los casos de amenazas provenientes del narcotráfico.

- No sé si algún día podré volver.- musitó Bianca, mirando a sus padres.- Pero es lo mejor que puedo hacer. No por mí, sino por ustedes.

- "Mi'hija".- contestó Amaranta.- Por nosotros no te preocupes. Haríamos lo que fuera por ayudar a uno de nuestros hijos, aunque eso signifique tener que dejarlos ir. Quisiera con toda el alma poder ir contigo, mi niña, y poder hacer más por ti… Mi pobre hija…

- Sabes bien que no es posible, mamá.- Bianca intentó sonreír.- Tienes que cuidar a Gaby por mí, que se va a descarriar si no está bajo constante vigilancia. Ella te necesita más que yo, y a resumidas cuentas, yo ya soy una mujer adulta y casi independiente. Debo hacer esto sola, mamá, fui yo la que se metió sola en este lío, y debo ser yo quien salga de él.

- Lo sé.- fue todo cuanto contestó Amaranta, pero abrazó con fuerza a su hija, mientras lágrimas de madre escapaban por sus ojos.

- Buscaré la manera de ayudarte, desde aquí.- añadió don Luis.- Tengo algunos amigos que podrían echarme una mano… Algo se debe poder hacer. De alguna manera nos tenemos que quitar a esos tipos de encima, aunque sea a base de sobornos o amenazas.

- No bases tus esperanzas en eso.- contestó Bianca, tratando de no sonar pesimista.- El país está desangrado por esta guerra al narcotráfico, y si las autoridades no han sido capaces de frenar tanta violencia, menos podrán ayudar a una sola chica.

- Un padre es capaz de hacer lo imposible por sus hijos.- Luis besó la frente de su hija.- Yo no seré la excepción a esta regla.

- Gracias, a los dos.- Bianca trató de sonreír, aunque en el fondo sentía que se estaba haciendo pedazos.

La única noticia buena dentro de todo lo malo, era que Bianca tenía un lugar a dónde ir: su prima, Renée, llevaba unos cuantos años viviendo en Europa, y Bianca había planeado ir a visitarla el próximo verano, motivo por el cual ya había conseguido su pasaporte para poder viajar; de esta manera, fue como si la joven sólo hubiese tenido que adelantar sus vacaciones unos cuantos meses. Fue cuestión de hacer una llamada telefónica y acudir a una agencia de viajes para que Renée aceptara de inmediato la visita de su prima y ésta consiguiera el más próximo vuelo de avión a Europa. Dado que Renée, quien de ordinario vivía en Alemania, estaba haciendo una maestría en Viena, Austria, Bianca llegaría a ese país de primera intención, pero Renée afirmó que, ya estando su prima allá, ella se encargaría de lo demás. Así pues, Bianca sólo necesitó llevar su ropa y sus utensilios personales, aunque meter en unas cuantas maletas toda una vida no fue una labor sencilla.

Bianca tendría que viajar a la capital de México para abordar el vuelo, ya que desde su ciudad no partían aviones para el viejo continente. Ella no dejó, sin embargo, que ni sus padres ni sus hermanos la acompañaran a la ciudad de México, pues pensó que la despedida sería mucho más dolorosa. Suficientemente desgarrador fue que Gabriela la abrazara, llorando a mares, sin resignarse a dejarla partir. Gaby, la princesa que nunca lloraba por nada, la vanidosa y engreída, estaba deshecha por la partida de su querida hermana mayor. Fue para Bianca más doloroso decirle adiós a su hermanita que despedirse de cualquier otra persona, pues ella siempre había sido su consentida.

Una amable azafata la ayudó a acomodar su equipaje de mano en el compartimiento superior, trayéndola de vuelta al presente, y Bianca se acomodó al fin en su asiento, ajustándose el cinturón de seguridad. Unas gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer en la pista, pero eso no detendría el vuelo, pues sólo se trataba de una tormenta pasajera. A las 20:45 hrs, el personal de tierra selló las puertas, el túnel de paso fue recogido, y el avión enfiló rumbo a la pista de despegue. Bianca se entretuvo mirando despegar a los aviones que había antes de su vuelo, y cerró los ojos cuando al fin tocó su turno. Como ya se había dicho antes, era la primera vez que la joven viajaba en avión, y no pudo evitar sentir un poco de miedo. Nada ocurrió, por supuesto, y ella se relajó al comprobar que el despegue no era la cosa espantosa que le había contado su hermano Óscar que era. Al menos, su largo viaje no empezaba mal.

Desde una zona de observación aislada, bien protegida de la lluvia, la mujer de cabello negro y ojos violetas miró despegar el avión, con un suspiro de alivio.

- Buena suerte, Bianca.- murmuró.- Espero no tener que volverte a ver en muchos, muchos años.

La mujer desapareció en un parpadeo, mientras la lluvia azotaba la Ciudad de México, y el vuelo 450 de Lufthansa, con destino a Frankfurt, esquivaba las nubes de tormenta en busca de un cielo despejado.

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Renée Klein miró su reloj, y se sorprendió al darse cuenta de lo tarde que era. Pasaban doce minutos después de las seis de la tarde, y ella tendría que salir corriendo al aeropuerto si deseaba llegar a tiempo. Había sido muy repentina la llegada de su prima a Viena, y Renée ansiaba verla, darle la bienvenida y preguntarle a qué venía ese viaje sorpresivo a Europa, y si todo marchaba bien, pues cuando habló con ella por teléfono, Bianca se escuchaba muy angustiada. ¿Habría pasado algo malo? Renée tenía el presentimiento de que así era, con todo y que Bianca aseguró que tanto ella como su familia estaban bien. Bueno, que ya tendrían tiempo de averiguarlo, la joven no había definido cuánto tiempo estaría en Europa, por lo que Renée suponía que sería por un largo tiempo.

No estaba del todo equivocada, por supuesto, pero de eso ya habría de enterarse después.

Renée llevaba siete años viviendo en Europa, y aunque extrañaba México, se había acostumbrado a vivir en el viejo continente. La joven, artista de profesión, mexicana de nacimiento, hija de un exitoso abogado dueño de su propio buffet, se había marchado de su país cuando se dio cuenta que un artista no tiene futuro en un país tercermundista. Desde niña, Renée demostró tener pasión y talento para la pintura, y en su adolescencia desarrolló habilidades para la escultura. Aunque su padre siempre deseó que su hija estudiara una carrera más estable, algo así como leyes o medicina, no tuvo corazón para decirle que no cuando ella declaró que deseaba ser artista.

La vida de Renée, igual que la de Bianca, era tan normal como cualquier otra; sus madres eran hermanas, de manera que ambas chicas eran muy unidas desde pequeñas, ya que se visitaban constantemente y pasaban juntas sus vacaciones, y como sólo se llevaban un año entre ellas, no existían las diferencias ocasionadas por la edad. Contraria a Bianca, Renée creció en la capital del país, una ciudad con mucho movimiento, mucho ruido y cierto glamour, de manera que ella desarrolló un espíritu más libre y aventurero que el de su prima provinciana. Alegre y soñadora, gustaba de imaginar fantasías que luego plasmaba en sus pinturas o en esculturas, y para muchos era evidente que la chica sería una exitosa artista, algún día, si conseguía superar todas las barreras que presentan los talentosos en un país como lo es México. Su hermano Axel, mayor que ella y flamante estudiante de medicina, siempre la malcrió un poco y la consintió todavía más, pero a pesar de eso, Renée siempre supo mantener su humildad.

Su vida habría podido transcurrir de lo más normal; quizás, a la larga, Renée se habría conformado con seguir una mediana carrera de artista, viajando por todo el país para pintar paisajes, logrando con muchos esfuerzos alguna exposición en una galería de arte, dándose de crítica con los artistas nuevos, para acabar casándose con algún buen joven de brillante futuro que ganara lo suficiente para mantener sus "caprichos de artista"; sin embargo, al igual que como sucedió con Bianca, Renée tuvo un evento traumático que habría cambiar su futuro.

Estando en sus últimos años de educación preparatoria, la joven se enamoró de un muchacho de buena familia, alguien que parecía amarla y adorarla hasta la idolatría, amigo de su hermano, y estudiante de medicina, como él. Renée se había enamorado también, y aunque aún eran jóvenes, algunos amigos pensaban que ellos no tardarían en hacer planes de boda, pues sería mucho mejor para Renée que se casara estando en la universidad, para asegurar su futuro y no tuviera qué preocuparse por el dinero que gana un artista. Renée, cuyo padre ganaba lo suficiente como para no tener qué molestarse por estas nimiedades, no estaba de acuerdo en que se decidiera su futuro de esa forma. Ella era un alma libre y auténtica, y no se veía siendo la rígida esposa de algún profesionista. Jaime, sin embargo, era diferente, pues, aunque también estaba estudiando medicina, no era tan estricto ni tan rígido, y parecía amarla lo suficiente como para no someterla a la tortura de ser una ama de casa frustrada. No podía ser tan malo el tener una vida planeada a los 16 años, ¿o sí? ¿Qué más daba si ella se casaba en la universidad? Mucha gente lo hacía, de hecho, su madre y su tía lo habían hecho, y les había ido bastante bien, ¿cierto?

Un fin de semana, la escuela de Renée organizó un evento nocturno en uno de los mejores antros de la Ciudad de México. Como era de esperarse, la joven y su novio acudieron a la fiesta, acompañados de Axel y su novia, y también por otros amigos, en donde consumieron algunas bebidas alcohólicas y pasaron un buen rato; a la salida del antro, Renée se sentía un poco invulnerable, olvidándose que hay que tener cuidado en una ciudad como lo es la de México, en donde pueden encontrarse a todo tipo de personas. La chica se separó de su grupo de amigos y caminó sola una cuadra más adelante, pensando en que hacía una noche hermosa, y que el smog de la ciudad se había esfumado por un rato, permitiendo ver algunas estrellas. Tan ensimismada estaba en contemplar el cielo que no notó que alguien la seguía. Al principio, ella creyó que se trataba de su hermano, que intentaba hacerle alguna broma, pero pronto se dio cuenta que estaba en un error. Un hombre desconocido sonrió desde la penumbra, acercándose a ella con paso decidido.

- ¿A dónde tan sola, mi reina?.- preguntó.

Renée, demasiado tarde, se dio cuenta que se había alejado demasiado de su novio y de sus amigos, a quienes no veía por ningún lado. Ella comenzó a llamar a Jaime y a Axel a voces, pero ninguno respondió.

- Tranquila, que sólo quiero pasármela bien contigo un rato.- dijo el sujeto, tomando a Renée por un brazo y comenzando a acariciarla.

- ¡Auxilio!.- gritó Renée, presa del pánico.- ¡Ayúdenme, por favor!

La joven hacía todo lo que estaba en sus manos para quitarse al violador de encima, pero éste era mucho más fuerte y pronto la tumbó en el suelo y la sujetó con fuerza con una de sus manos, mientras trataba de desnudarla con la otra. Renée gritaba y se defendía como podía, tratando de impedir que el pánico la dominara. Cuando ya la joven había comenzado a cansarse, y su mente estaba a punto de sucumbir al terror, una mano agarró al violador por la sucia chamarra y se lo quitó de encima.

- Déjala en paz, infeliz.- gritó Jaime, quien había llegado a tiempo para evitar una catástrofe.

Renée, con los ojos llenos de lágrimas, se apresuró a ponerse en pie; Jaime le dijo que se mantuviera detrás de él, y esperaba que el violador se viese obligado a alejarse al verse descubierto, pero sucedió todo lo contrario: el sujeto sacó un cuchillo y se lanzó contra la pareja. Jaime, intentando proteger a su novia, recibió de lleno varias cuchilladas en el abdomen, ante los gritos de horror de Renée, que acabaron alertando a sus amigos. Al ver que las personas que se acercaban pronto lo rebasarían en número, el agresor salió huyendo, sin que se volviesen a tener noticias sobre él.

Jaime cayó al suelo, y Renée se apresuró a socorrerlo, mientras Axel llegaba a su lado, y sus amigos se apuraban a llamar a una patrulla y a una ambulancia. Sin embargo, Jaime sabía que la ayuda no llegaría a tiempo, pues sentía que la vida se le fugaba por los agujeros de su vientre que habían sido hechos por el frío metal. Demasiado tarde se dio cuenta que ya no alcanzaría a tener una vida con Renée, ni con nadie más, y que jamás vería cumplidos sus sueños de ser médico.

- Lo siento mucho.- murmuraba Renée, con los ojos llenos de lágrimas.- No debí haberme separado tanto…

- No desperdicies el tiempo llorando.- Jaime alcanzó aún a secarle el llanto.- La vida es demasiado corta… Vívela lo mejor que puedas…

De la boca del joven surgió un borboteo sanguinolento que le cortaron la respiración y las palabras. Jaime comenzó a exhalar ruidosamente, y su pecho roncó de una forma muy aparatosa.

- No te mueras, ya casi llega la ambulancia.- mintió Renée, mientras Axel intentaba contener la hemorragia de las heridas.- Resiste un poco más, por favor…

Axel se dio cuenta, con espanto, que querer detener la hemorragia con sus manos era como tratar de detener la fuga de una presa con un parche. Pronto, la ropa de él quedó tan empapada como sus manos, y el rostro de Jaime adquirió una palidez mortal. A lo lejos, se escuchaba el sonido de una sirena, pero aún tardaría la ayuda en llegar.

- Vamos, amigo, no te rindas.- insistía Axel, tratando de mantener el control.- Vamos, Jaime, que no queremos perderte.

- Creo que ya es demasiado tarde… .- musitó su novia.- Su pecho ya no se mueve….

Los dos muchachos se hicieron hacia atrás, mientras Renée acunaba la cabeza de su novio, sin dejar de llorar y de pedirle que resistiera. Axel intentó tomarle el pulso en el cuello, y no encontró nada.

- Renée.- la novia de Axel tomó a la chica por los hombros y la separó del ya cadáver.- Creo que no podemos hacer ya nada más por él.

La chica no conservó muchos recuerdos de esa noche; no recuerda qué sucedió después, ni tampoco sabe que la policía intentó interrogarla, sin éxito, y que los paramédicos querían llevársela al hospital para tratar el evidente estado de choque en el que ella se encontraba. Lo que sí recuerda, es que la camioneta del Servicio Médico Forense recogió el cuerpo de Jaime, metido en una bolsa negra, para llevarlo a la morgue. Tampoco se le habría de olvidar la imagen de una mujer de cabello negro y ojos color violeta que los miraba con intensidad desde el otro lado de la calle; Renée podría jurar que Jaime la acompañaba, pero cuando parpadeó y se secó las lágrimas para ver mejor, ambos habían desaparecido.

Después de eso, la vida de Renée no volvió a ser la misma; de ser alegre y extrovertida se volvió callada, melancólica y sumisa. Las horas que no pasaba en la escuela, las pasaba en casa, encerrada en su cuarto, sin hacer nada más que escuchar los discos favoritos de Jaime. Dejó de pintar y de esculpir, y rara vez aceptaba la visita de alguien ajeno a su familia, y la única vez que salió de su habitación para comer con todos fue cuando Bianca fue a visitarla para darle su apoyo. Después de un tiempo, Renée dejó de tener pesadillas, pero adquirió el temor de salir a la calle. Ella sabía que la policía no había encontrado al asesino, y sabía también que no lo encontrarían jamás, así que veía su rostro en cada esquina, en cada rincón, en cada callejuela, esperando y acechando, siempre dispuesto a atacarla. Era tal su miedo que Renée consiguió que su padre la llevara a la escuela todas las mañanas y que una de sus amigas la trasladara de regreso a casa al acabar las clases. Axel, quien también resintió mucho la muerte de Jaime, pudo superar el suceso más fácilmente debido a que su atención y su tiempo fueron consumidos por las clases de medicina.

Tras algunas sesiones de terapia, Renée pudo volver a pintar, y encontró en su pasión la catarsis que necesitaba para superar su trauma; la psicóloga que atendió su caso, además de proclamar que la joven tenía un talento muy evidente, llegó a la conclusión de que sería sano para Renée enfocarse en las actividades que la relajaban, por lo que sería altamente conveniente que ella se dedicara de lleno al arte, con todo y que Renée declaró que dejaría pasar un año antes de decidirse a estudiar en alguna academia o universidad. Sin embargo, poco después de la graduación de Renée de la escuela preparatoria, su madre, Mercedes Galicia, quien trabajaba en la oficina de Relaciones Exteriores, vio una convocatoria para intercambio a una academia de arte alemana, la Escuela Superior de Arte Berlín-Weissensee, y tomando nota de los requisitos, los envió junto con el portafolios de Renée, esperando que ella aceptara la propuesta de marcharse.

- ¿Para qué quiero irme a Alemania, mamá?.- preguntó Renée, indecisa.- ¿Quieres que me vaya?

- No quiero que te vayas, hija, pero… Es evidente que has dejado de ser feliz aquí.- suspiró Mercedes.- Me parte el corazón verte tan triste y tan temerosa. Temo que, si te quedas así mucho tiempo, tu alma tan alegre termine hundiéndose en la miseria. Ya había pensado en mandarte por algún tiempo con tus tíos al Bajío, para que cambiaras de aires y te relajaras un poco, pero ya que se ha presentado esta oportunidad, creo que no deberías dejarla pasar.

- Irme a provincia es una cosa, mamá.- Renée, a pesar de todo, estaba sorprendida.- Irme a otro país, a otro continente, es otra muy distinta. ¿Qué pensará papá de todo esto?

- Ya lo he hablado con él.- respondió Mercedes.- Aunque al principio le sorprendió tanto como a ti, pronto se dio cuenta de que no es una mala idea. Tienes mucho talento, hija, y tú muchas veces has dicho que es difícil que en México progrese un artista. No perdemos nada con haber pedido tu ingreso, y si te aceptan, márchate a Europa aunque sea por un semestre. Si te arrepientes, siempre podrás volver, y seis meses allá te van a hacer mucho mejor que cien horas de terapia con la psicóloga aquí.

Parecía una idea loca, muy loca. ¿Sería una buena opción que Renée se marchara, sola, a otro país, a otro continente, como ella misma lo había dicho? Como no tenía nada qué perder, además de estar segura de que no sería admitida, Renée esperó la respuesta de la academia, puesto que su madre ya había enviado sus mejores trabajos, mientras platicaba con su familia sobre qué sería lo mejor que podría hacer. Edgar Klein declaró que él podría costear la educación de su hija en el extranjero, pero que le preocupaba la posibilidad de dejarla marchar sola; Axel, por estar empezando el segundo año de la carrera de medicina, no era candidato adecuado para viajar con su hermana, pero Mercedes dio la solución al asunto: ella pediría seis meses de descanso para estudiar algún diplomado e irse con su hija a Alemania, para que Renée no estuviera sola durante el proceso de adaptación. Si al final del semestre, Renée tenía deseos de marcharse, regresaría con Mercedes; si por el contrario, la joven se adaptaba a la academia de Arte y deseaba continuar con la carrera, su madre regresaría sola a México, pero con la seguridad y confianza de que Renée se había recuperado.

- Parece una buena idea, mamá.- admitió Axel, quien era el más renuente a aceptar el imprevisto plan.- ¿Qué estudiarás en Berlín?

- Algo encontraré buscando en Internet.- respondió la mujer.- No deben faltar cursos para personas con licenciatura como la mía.

- Esperemos primero a que respondan de la Academia de Arte.- terció Edgar.- Y ya veremos qué hacer a partir de eso.

Para sorpresa de Renée, la contestación de la Berlín-Weissensee llegó dos semanas después, en donde informaban que estaban gustosos de invitarla a un curso propedéutico para competir por una plaza de estudio. Si, estando allá, demostraba que su talento era tal y como lo mostraba en los trabajos que había enviado, podría matricularse sin problemas para el primer semestre. La noticia fue recibida con júbilo por Mercedes, quien nunca dudó que su hija sería aceptada.

Ya con una posibilidad real en las manos, Renée se tambaleó. ¿Era en serio? ¿De verdad ella se iría a estudiar a Alemania y dejaría todo atrás? Parecía algo irreal, al igual que todo lo ocurrido durante las últimas semanas (de hecho, ella aún esperaba ver aparecer a Jaime, acompañando a Axel, invitándola a salir al cine o a tomar un café), pero daba la casualidad que la oportunidad era tan cierta como el hecho de que ella necesitaba cambiar de aires. ¿Qué hacer, qué decisión tomar? Era un cambio muy drástico el que estaba a punto de ocurrir, y Renée no sabía qué camino elegir. Sin embargo, bien se lo había dicho Jaime en sus últimas palabras: la vida es demasiado corta, vívela lo mejor que puedas. Al final, esto último la hizo decidirse, pues no sería correcto que Renée pasara las horas lamentándose cuando su novio había dado su vida para que ella pudiera tener una vida plena. Los Klein, entonces, apenas y tuvieron tiempo de arreglar todos los detalles, entre que Mercedes solicitó su permiso, buscó información en Internet sobre algún diplomado en Alemania que le sirviera, puso en orden los pasaportes, y tomó algunas clases exprés de alemán básico junto con su hija. En menos de un mes, Renée y Mercedes abandonaron México para aterrizar en tierras germanas.

Contra todos los pronósticos, el plan tan imprevisto había dado buenos resultados; Renée quedó maravillada con la Academia de Arte Belín-Weissensee, y desde que puso el pie en ella, se dijo que tendría que conseguir entrar, a como diera lugar. La cantidad de solicitantes para una plaza de estudio era tal, que sus esperanzas estuvieron a punto de ser reducidas a nada; sin embargo, el tener que esforzarse para conseguir lo que deseaba, hizo que Renée se olvidara de cualquier cosa que no fuera el arte: tenía que comer, dormir, respirar, soñar y vivir por y para el Arte, si deseaba alcanzar su objetivo, y poco a poco, los traumas sufridos en México fueron quedándose guardados en su memoria. Además, ella contaba con el incondicional apoyo de su madre, a quien agradecía sobremanera todo lo que estaba haciendo por ella. Al concluir los seis meses del curso propedéutico, Renée recibió la noticia de que sería aceptada en la Academia, y con su confianza en el futuro restaurada y el corazón tranquilo, le informó a su madre que deseaba permanecer en Alemania. Así pues, Mercedes regresó sola a México, un poco triste por haber tenido qué separarse de su hija, pero mucho más feliz por el hecho de saber que la había ayudado a superar un trago tan amargo.

De todo eso, hacía siete años. Aunque era cierto que Edgar Klein ganaba lo suficiente para pagar la manutención de su hija (y la de su esposa), en Alemania, Renée quiso empezar a disminuir los costos, ya que los materiales que ocupaba en sus clases eran en verdad caros. Así pues, para ganar algo de dinero, Renée empezó a trabajar en sus ratos libres como niñera de algunos de sus profesores, para continuar después como mesera de medio turno en una cafetería cercana a la academia, un lugar en donde trabajaban varios de sus compañeros. Esto último resultó ser un empleo muy útil, pues ayudó a que Renée aprendiera bien el idioma, además de hacer muchos nuevos amigos.

Nueve meses después de su llegada a Alemania, Renée vio un anuncio nuevo pegado en los tablones de notas de la cafetería en donde trabajaba. Alguien solicitaba una estudiante que fungiera de niñera de tiempo completo, durante varios meses, ofreciendo un buen sueldo estable y algunas prestaciones que llamaron la atención de Renée: además de tener gastos médicos pagados, la persona tendría la oportunidad de seguir estudiando, el único requisito que se pedía era que viviera en la casa de los niños a los que tendría qué cuidar, pero eso otorgaba una ventaja adicional, pues la alimentación estaba incluida en el contrato. La joven arrancó uno de los papelitos en donde venía anotado el número telefónico al cual debía llamar para pedir informes, sin saber que ese papelito la habría de poner en el destino de Johann Lorenz.

Fueron muchas la sorpresa que tuvo Renée cuando se entrevistó con la persona que la iba a contratar. La primera de ellas fue que la recibió un joven de veintitantos años, de cabello y ojos oscuros, en un penthouse ubicado en un barrio elegante, quien se presentó como el hijo del presidente de la WaldKrupp, la industria siderúrgica más importante de Alemania; temiendo que se tratara de algún truco para engañarla, Renée desconfió cuando se topó con el joven, temiendo que se tratara de alguna red de prostitución, pero éste de inmediato le mostró su identificación y una tarjeta de presentación de su padre.

- Si tienes alguna duda, llama al número que viene en la tarjeta y te confirmarán mis datos.- había dicho el muchacho.- Además, si fuera un traficante de blancas, no te habría citado en mi departamento, y créeme, te hubiera ofrecido enjuague bucal en vez de una taza de café.

Renée guardó la tarjeta y se dijo, mentalmente, que así lo haría, un tanto ofuscada por la manera tan burlona en cómo le había respondido ese joven. La segunda sorpresa fue que los niños a los que cuidaría no eran familiares del muchacho que buscaba contratarla, ni tampoco vivían en la casa de éste.

- Se trata de cuatro hermanos.- había dicho su futuro jefe.- El mayor de ellos tiene 19 años, pero está lastimado, y se necesita que cuides a sus hermanos menores. No es tu responsabilidad, pero si pudieras verificar que el mayor haga sus ejercicios de rehabilitación, mucho mejor.

La tercera novedad era que ella recibiría su sueldo directamente del joven que tenía enfrente, y que no debía, bajo ninguna circunstancia, aceptar dinero de las personas que vivieran con ella en la casa, ni siquiera del hermano mayor. La cuarta, jamás debía mencionar que el contrato incluía el pago de gastos médicos y de alimentación; su jefe le daría dinero semanalmente para que ella hiciera las compras, sin decir que el dinero no era suyo ni dejar que alguien más pagara por los alimentos, y cuando necesitara ayuda médica, Renée sólo tendría que llamar al número telefónico de su jefe y él correría con los gastos. Y por último, cualquier cosa relacionada a su contrato sólo podría ser aclarada por su jefe y por nadie más; nadie tenía derecho a despedirla, más que ese joven, por más que rabiaran o protestaran otras personas. A Renée todo esto le pareció demasiado extraño, pero dado que el contrato era muy bueno, no dudó en aceptarlo.

"Espero no estar cometiendo un error de los grandes", pensó Renée, un tanto temerosa. Sin embargo, el joven parecía sincero y bien educado, a pesar del comentario del enjuague bucal. Como él mismo dijo, si ese empleo fuese una trampa, no la habría citado en ese lugar.

- Sólo tengo una pregunta, si es posible que me la contestara.- dijo Renée, una vez que el muchacho acabó de hablar.

- Adelante.- respondió el joven.

- Estos hermanos… Es decir… Deberían de tener padres, ¿cierto?.- preguntó ella.- ¿En dónde están, y por qué usted se está haciendo cargo de ellos? Usted no parece ser tan viejo como para ser su tutor, si dice que el mayor tiene 19 años.

- Los padres de estos chicos están muertos, y yo soy una especie de "protector".- contestó el joven, muy serio, dándole cierto sarcasmo a la entonación de la palabra "protector".- Y se me olvidaba, éste es otro requisito indispensable: jamás debes hablar sobre el tema de sus padres, ni mencionarlo con nadie, a menos que alguno de ellos lo saque a colación, en cuyo caso no debes dar a entender que ya lo sabías. ¿Alguna otra pregunta?

- Ninguna.- respondió Renée.- Gracias por contestar.

- Bien, vamos entonces. Todavía falta ver que te acoples a ellos.- puntualizó su fututo jefe.- Si te aceptan, estás contratada.

"¿Si me aceptan?", pensó Renée, más ofuscada aún, pero siguiendo al muchacho al estacionamiento del edificio. El joven le abrió la puerta del copiloto de un lujoso BMW negro, y Renée se preguntó, una vez más, quién sería ese hombre, y por qué andaba buscando una niñera para cuatro niños que no estaban emparentados con él. Más sorpresa se llevó la chica cuando el joven la llevó a un modesto barrio de la ciudad, deteniéndose en un edificio de departamentos en donde vivían varias familias de clase media. Una vez más, una alarma sonó en su cabeza, y ella temió que, en cualquier momento, apareciera alguien para secuestrarla, pero nada de eso ocurrió. Se había olvidado, una vez más, de que ya no se encontraba en México, sino en Alemania. El joven tocó a la puerta de un departamento, ubicado en el piso más alto del edificio, y abrió una niña de cabello oscuro y ojos azules, quien saludó muy sonriente al hijo del dueño de la WaldKrupp. Antes de que Renée pudiera abrir la boca, una chiquilla rubia de ojos verdes corrió alegremente a brazos del joven, gritando "Vater!" ("papá", en alemán). Asombrada por el hecho de que el joven había puntualizado que los niños no eran sus familiares, Renée no atinó a decir palabra, hasta que apareció otro muchacho, más grande que las dos chicas, de cabello oscuro y ojos azules, quien informó que alguien llamado Johann estaba insoportable.

- Insiste en lavarse él solo el cabello, y ahora está cubierto de espuma.- se quejó el chico de ojos azules.- No me deja que lo ayude a enjuagarse.

- Déjalo, le gusta fingir que es un helado con crema batida.- respondió el joven de ojos oscuros.- Traje a una nueva niñera, espero que la trate mejor de cómo ha tratado a las otras.

Renée supo que estaban hablando de ella, así que saludó a los niños; sin embargo, antes de que éstos pudieran responder, desde el fondo de la vivienda llegaron algunas quejas de dolor, hechas por alguien que, seguramente, debía ser Johann. Renée, sin detenerse a preguntar nada, siguió el sonido de los lastimeros gritos y entró en el cuarto de baño, en donde se topó con un atractivo joven semidesnudo, cubierto sólo por una toalla en la cintura, cuyo hombro izquierdo estaba firmemente sujeto por una escayola. Sus ojos verdes analizaron a la desconocida muchacha de cabello castaño y ojos color miel que entró en la pieza como si llevara años de vivir ahí; Renée hubiera podido dar la media vuelta y salir del baño, lo cual habría sido lo más prudente, pero no pudo evitar sonreír al ver que el cabello rubio dorado del joven, cuyos rizos rozaban sus hombros, estaba lleno de espuma y champú a medio enjuagar. Efectivamente, él parecía un helado con crema batida.

- Déjame ayudarte.- pidió Renée, tomando la regadera manual para enjuagar el cabello del muchacho, mientras éste sólo atinaba a mirarla fijamente.- No creo que puedas hacer mucho con un hombro lastimado.

Y fue así como Johann Lorenz entró en la vida de Renée, o mejor dicho, como Renée entró en la vida de los Lorenz. De eso, habían pasado ya, como mínimo, unos seis años, y actualmente, Johann y Renée estaban profundamente enamorados; sin embargo, para llegar a este punto tuvieron que pasar muchas cosas…

El anuncio de que el avión de Lufthansa, proveniente de Frankfurt, había tocado tierra, sacó a Renée de sus recuerdos, y se apresuró a buscar a su prima entre los pasajeros que desembarcaron del avión, unos minutos después. Casi hasta el final, apareció Bianca, con su pasaporte en la mano, lista para entregar la documentación necesaria. Mientras esperaba a que Bianca concluyera con el ritual que debe cumplir cada extranjero que llega a Viena, Renée analizó el estado anímico de su prima; desde el momento en el que la vio, Renée se dio cuenta que algo grave le había pasado a la chica, pues ésta se veía pálida, ojerosa, cansada y muy triste. Independientemente de las horas de vuelo, debía de haberle ocurrido algo a Bianca para que ella estuviera en ese estado de decaimiento. ¿Sería que ella también había pasado por algo que la había obligado a dejar México?

- ¡Nené!.- a pesar de todo, Bianca abrazó muy efusivamente a su prima, usando el apodo cariñoso con el que la llamaba desde niña.- Al fin llegué.

- ¡Qué gusto me da verte, Ratona!.- respondió Renée, usando a su vez el apodo de Bianca.- ¿Qué tal el vuelo? Debes estar cansadísima, y con ganas de comida y un buen baño, ¿no es así? ¿Ya recogiste tu equipaje y acabaste con inmigración? Bien, vamos, tengo qué pagar el boleto del estacionamiento… Espérame aquí un momento.

Mientras Bianca aguardaba por Renée, su cansada vista paseó por el aeropuerto de ese país extraño, en donde se sentía demasiado fuera de lugar. Sus ojos se posaron entonces en un atractivo joven de cabello negro, vestido muy elegantemente, quien tomaba una taza de café, esperando seguramente la salida de algún vuelo; el hombre, imponente y sofisticado, levantó la mirada, y Bianca se sobresaltó al darse cuenta de que los ojos de él, además de ser atemorizantes, eran de un intenso color rojo. Lejos de sentirse incómodo o intimidado al ver que ella lo observaba, el joven levantó su taza y le dedicó una sonrisa, gesto al que Bianca no pudo responder al sentir terror por el aura de poder y fuerza que emanaba de esos ojos.

- ¿Qué sucede, Bianca, qué viste?.- preguntó Renée, a sus espaldas.

- ¡Ah! Es que… ¡Ese joven de ahí tiene los ojos rojos!.- contestó la chica, señalando disimuladamente hacia el sitio en donde estaba sentado el muchacho.- El de cabello negro y gabardina de piel.

- ¿Cuál?.- Renée miró atentamente a todas partes, sin encontrar a nadie que se ajustara a esa descripción.- No veo a nadie.

Bianca miró nuevamente en la dirección en donde se encontraba el joven, pero para su sorpresa, éste había desaparecido.

- Juraría que estaba ahí… Y que sus ojos eran rojos… .- musitó la chica, confundida.

- El cansancio ya te hace alucinar.- replicó Renée.- Vamos, que hay muchas cosas que debes contarme.

Más en lo cierto no podía estar Renée. Mientras las chicas abordaban el automóvil de la artista, el joven de cabello negro y ojos rojos las miraba partir.

- Aprovechen la oportunidad que se les dio.- dijo.- Porque no voy a ser tan generoso si me vuelvo a topar con ustedes.

Las luces rojas traseras del coche se confundieron con otras tantas luces rojas, mientras la Luna se alzaba, majestuosa, sobre el horizonte.

Notas:

Todos los datos contenidos en esta historia son totalmente ficticios.

"Los azules" es una expresión popular, muy utilizada en México, para referirse a la policía, cuyos integrantes visten de color azul.