Orígenes -Capítulo 5 (parte 2)-

- ¡Nooo! ¡¿Qué carajos le ha hecho?! - David grita desesperadamente. - ¡Regrésela! ¡AHORA!

- Me temo que es imposible. Una vez que la transformación esta hecha no hay vuelta atrás

David mira fijamente a la deidad. - Usted no es una diosa... ¡Usted es un monstruo! Devuélva a Mónica. ¡Devuélva a la verdadera Mónica!

- Lo dije anteriormente y lo volveré a decir, cariño: Es imposible. El cuerpo en el que ellas dos habitaban era a lo que llamamos un cuerpo contenedor. Ese tipo de cuerpo es como un depósito en donde almas pueden estar seguras por muchos años. Por muchas décadas. Cuando la persona fallece, instantaneamente las almas pasan a otro cuerpo o van directamente al otro mundo, si así los Grandes Dioses lo desean... - Zajhara mira al caballero de ojos azules, arrodillado, mirándola fijamente con docenas de lágrimas corriendo por sus mejillas. - El amor es un sentimiento fuerte. Con amor se pueden hacer muchas cosas... Tú amabas a Mónica, ¿cierto? - David abre los ojos en sorpresa. - Yo sé muchas cosas. Tantas que hasta desearía a veces no saberlas. Pero sí sé que ésto es lo mejor para ella. O ellas, dado el caso. Y es lo mejor para ti. Para todos, créeme.

- ¿Por qué...? - Pregunta el castaño.

- Pronto lo verás... - La diosa se agacha y extiende esas extrañas extremidades para, con cada una, tocar los rostros de ambas jóvenes que permanecen inmóviles en el piso. - Ya es hora. Son libres. - Zajhara se retira lentamente. Ambas chicas empiezan a despertarse y a moverse para poder levantarse.

La joven de ropaje verde se arrodilla y mira a su derredor, todo parece ser nuevo para ella. Por fin se pueden apreciar sus ojos los cuales son de un color verde azulado.

La joven de negro es la siguiente. Ella se levanta casi inmediatamente haciendo pequeños tambaleos para poder sostenerse firmemente e intentar no caer. Abre sus ojos y observa el "nuevo mundo" a su alrededor. Las orbes de ésta son de un carmín brillante, un color muy peculiar para la mayoría de los espectadores.

- Se sentirán un tanto débiles, pero es normal. En un par de minutos se sentirán más que bien. - Dice Zajhara sonriéndo. -¿Saben dónde están? ¿Recuerdan sus nombres?

Ambas jóvenes ven a la deidad con cierta extrañeza, intentan sostenerse y sin tambalear para después verse la una a la otra. La chica de negro da un par de pasos hacia la ojos verdes quien reacciona rápidamente hacia ésto y da tres pasos hacia atrás. Las muchachas se quedan mirando por varios segundos, examinandose de pies a cabeza. La chica de verde abre más lo ojos y hace una pequeña sonrisa.

- ¡Adhel! - La rubia se avalanza hacia la castaña casi tirándola al suelo.

- ¡Hey, wow...! Más despacio, tonta... - La castaña intenta apartarla sin éxito.

- ¡Me da tanto gusto volverte a ver!

- Si, Ok, yo... también... pero ¿sabes algo?

- ¿Qué?

- No puedo respirar... Házte a un lado antes de que te aviente.

- Oh, lo siento, Adhel. - La ojos verdes se hace a un lado sin apartar los ojos de la otra chica.

- ... ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara...?

- Noup, es solo que en verdad extrañaba ver tu rostro. - Sonríe.

- Basta, Leyla, me vas a hacer vomitar...

- Oh, vamos no seas... ¿Zajhara...? ¿En verdad es usted? - Ve con gran sorpresa la rubia a la deidad que esta a un par de metros de ellas.

- No quize decir nada porque no quería interrumpir su pequeña reunión...

- Hubiera sido mejor que lo hiciera... - Dice con un tono desanimado la ojos carmín.

- Mm... - La chica de ojos verdes hace pucheros hacia la castaña para luego regresar su vista a la diosa de la vida. - Así que... ¿por fin somos libres...? ¿Completamete libres?

- Sí, es verdad.

- Pensé que nos quedarímos así para siempre... - Dice la castaña. - Llegué a asustarme...

- ¿Así que sí podían ver todo aún estando dentro del cuerpo de aquella niña?

- Solo ciertas cosas. - Responde la rubia.

- Muy pocas veces podíamos ver lo mismo que esa chica. ¿Mónica, correcto? - Dice la ojos carmín.

- ¿No saben mucho acerca de éste mundo, entonces...?

- Tengo vagos recuerdos... Bastante a cambiado por aquí... - Contesta la ojos verdes.

- Si, en tres mil años pueden cambiar muchas cosas.

- ¡¿Qué?! - Ambas chicas se sorprenden ante la información tan inesperada que les ha dado Zajhara.

- ¿Tres mil años? ¡Es imposible! - Dice la castaña. - ¿Cómo pasó eso?

- Es algo difícil de explicar, aparte de que éste no es el lugar indicado para decírselos. - La deidad da media vuelta y extiende su brazo derecho, en un abrir y cerrar de ojos un portal se abre delante de ellas. - Síganme, no tenemos tiempo qué perder.

Ambas jóvenes se miran y caminan hacia Zajhara para acompañarla. Cuando, en un instante, la chica de cabello rubio es jalada del brazo por alguien. La castaña inmediatamente reacciona, voltea para defender a su amiga y ve a aquella persona quien la ha jalado... Es David.

- ¿Adónde van...? - Pregunta el muchacho con voz quebradiza. - ¿Nos van a abandonar? Por qué... ¿Por qué no supimos de ésto antes...? ¡¿Por qué nos hacen ésto?! - El chico comienza a llorar nuevamente. - No se vayan... No pueden irse sin explicar qué está pasando aquí...

La muchacha de ropaje negro mira con detenimiento al joven quien no puede dejar de llorar. - Ey, niño... Err... David, ¿verdad? - El castaño la voltea a ver al escuchar decir su nombre. - Si yo supiera qué es lo que está pasando te lo diría, pero créeme que yo estoy igual de confundida que tú. Como puedes ver, nosotras ya no somos esa niña por la cual sentías gran aprecio. Nosotras ya no somos Mónica...

David las mira con una gran tristeza en sus ojos. - Entonces... ¿quiénes son...?

- Mi nombre es Leyla Borkhar y ella es Adhelayda Serhatik. - La rubia se presenta ante el joven quien las observa con cierta confusión. - Adhelayda tiene razón, si supieramos qué es todo esto te lo explicaríamos, pero tengo tantos borrosos recuerdos de qué ha pasado y ahora, con eso de que han pasado tres mil años desde que... - La chica se queda callada y mira hacia abajo. - La guerra... Adhel, la guerra. - Voltea a ver a la ojos carmín para después ver a la deidad. - Zajhara, ¿usted sabe qué ha pasado con la guerra? ¿La ganamos?

- En verdad, nadie la ganó. - La diosa responde en voz baja mirando un punto indefinido en el suelo.

- ¿A qué se refiere con que nadie la ganó? - Pregunta Adhelayda.

- Las tropas de Zuxiltaroo eran más de las que habíamos esperado. El mundo no tendría salvación al menos de que los dioses interfirieran. Ustedes saben que los dioses no deben interferir en absolutamente nada de lo que ocurra en los planetas, ellos dejan que todo siga su curso... Pero Zuxiltaroo no solo tenía planeado apoderarse del planeta Tierra, sino de todo el universo. Es por eso que los dioses decidieron entrar para acabar con él. Pero no lo harían solos, necesitaban ayuda. ¿Cuál es el último recuerdo que tienen de ese entonces?

- Yo recuerdo... - Leyla coloca su mano derecha sobre su cabeza. - que estaba con mi hermano y con alguien más, que no recuerdo en éste momento... Estabamos viendo cómo la guerra se llevaba a cabo, cómo nuestros hombres iban muriendo uno a uno. Decidimos ir nosotros mismos a luchar para tener más posibilidades de ganar pero, antes de ir, fui con mi madre y... - La rubia se queda callada de nueva cuenta. - Ella se acercó a mí con una perla espiritual... - Los ojos de la chica comienzan a humedecerse. - No... Dígame que no es cierto. Zajhara, es mentira... ¿verdad? Ella no... - Voltea hacia la deidad, ella solo la mira fíjamente haciéndole saber que sus dudas no son erroneas.

- Mi madre hizo lo mismo conmigo. - Dice la castaña. - ¿Acaso nuestros padres se...? - La diosa la mira con ojos semiabiertos y tristes.

- Lo siento... En verdad lo siento. - Contesta Zajhara. - Era la única alternativa que quedaba. A ustedes los salvaron ya que son los guerreros de los dioses. Ustedes debían vivir.

- Nuestros hermanos, ¿ellos estan vivos? - Pregunta Leyla.

- Quisiera explicarles eso en otro lugar. - Responde la diosa. - Hay quienes ya se han enterado de que ustedes han sido traídas a la vida y querrán encontrarlas en cuanto antes. Por favor, vengan conmigo.

Ambas jóvenes se quedan mirando por un instante y asienten. David las ve caminar hacia Zajhara y toma a las dos chicas de los brazos para impedir que vayan más adelante.

- No pueden irse... - El joven derrama varias lágrimas al hablar. - ¡¿Nos dejarán... así?! ¿Qué pasa con nosotros? ¿Qué pasa conmigo y con Claudia...? ¿Qué pasa con su... con Estela? Sé que ustedes ya no son Mónica, ¿pero cómo carajos le diremos de ésto?

Adhelayda frunce ligeramente el seño al muchacho quien la mira fijamente. La castaña se acerca a él y lo sostiene de los hombros.

- Déjanos ir. - Dice la chica muy seriamente. - Hay cosas que es mejor dejar ir, no importa qué tan doloroso sea. Si te quedas con eso será más horrible para tí de sobrellevar y caerás poco a poco en un profundo hoyo de desilusión y desgracia. Así que déjanos ir.

- Ella tiene razón. - Dice Leyla. - Además, sé que no nos pasará nada, solo nos iremos por un momento. Cuando tengamos oportunidad vendremos a verlos nuevamente. Ya no seremos Mónica, pero nosotros les tenemos un gran afecto. Hasta Adhel, y eso que a ella es muy difícil que alguien le agrade. - Voltea a ver a la castaña mientras ésta la mira con cierto desagrado.

- ... Prometan que regresarán. Por favor... prómetanlo. - Claudia se acerca. - Y háganlo con sinceridad. No queremos que la rompan.

- Lo prometemos. - Dicen ambas chicas con una pequeña sonrisa dibujada en sus rostros.

Leyla y Adhelayda se encaminan hacia aquél portal, subiendo en las nubes doradas que aún flotan bajo los pies de la deidad. La multitud ve tal acontecimiento completamente atónitos, incluyendo David y Claudia quienes no pueden evitar sentir que su corazón se parte en mil pedazos mientras ven a aquellas dos extrañas que, alguna vez, fueron alguien muy importante... Ese alguien aún vive en sus corazones y está presente en alma, lo pueden sentir al observarlas partir, sin saber si en verdad algún día las volverán a ver...