Con cierto parecido a Alicia y a un País de las Maravillas un tanto macabro

Hay algo de lo que quisiera escribir. Retazos de un sueño de hace dos noches que me llamó la atención sobre todos los otros sueños olvidados. Dicho sueño pretendía, en su origen, ser una pesadilla como las demás, con elementos que producirían pavor en cualquier otro momento.

Todos sabemos de una producción de nuestra mente sobre todas las otras y, de la cual, solo podemos recordar breves y borrosas escenas. De una forma u otra, han causado en nosotros la necesidad de no olvidarlas.

Tarde o temprano lo haremos, pero por eso mismo estoy escribiendo esto...

Lo siguiente que recuerdo tras sumirme en mi sueño esa noche, fue mi propia visión ante un edificio a medio edificar, en el rellano. Todo era gris, lógico desde la perspectiva de que dicho edificio era de hormigón. Ante mí, un gran agujero en la pared que daba al exterior, rectangular como los huecos que más adelante esperan ser cubiertos por una ventana.

Estaba inclinada en la barandilla de la escalera en uno de los pisos más altos de ese bloque de apartamentos, mirando hacia abajo junto a más personas que representaban serme conocidas. Sin embargo, solo veía esa gente de reojo, y se me antojaban igual de grises que el entorno que nos rodeaba, al igual que los seres que veíamos en los pisos inferiores y que nos inspiraban temor.

En mi consciencia, sabía que esos seres eran zombis, pero no tales como los había soñado antes y de los cuales no me acordaba. Todo allí para mí era real, y esos seres seguían siendo peligrosos a pesar de no estarnos persiguiendo.

Cambio de plano. Me encontraba frente a una gran carpa de circo. Sentía el enorme deseo de ver el espectáculo, y tratando de encontrar la entrada me dí de bruces con un cartel apoyado con el suelo que rezaba lo siguiente: "Entrada no autorizada a humanos".

Justo después, me vino a la mente algo que en realidad llevaba tiempo sabiendo. Se suponía que vivíamos en una enorme ciudad compuesta por una especie de guettos, en cada cual vivía una especie distinta y la cual no estaba permitida a salir de su terreno. Parece ser que el que escribió ese cartel se basaba en incidentes anteriores que demostraban la testarudez de la raza humana ante las normas.

Me aventuré más adelante y me metí en una cocina –La cual en ese momento no reconocí, a pesar de ser la cocina de mi casa actual–. Poco después me siguió, entrando por la puerta de la casa, un enclenque alienígena que se me quedó mirando con su cíclope ojo, aturdido.

Cruzamos balbuceos, pues al parecer me encontraba en el suburbio al cual pertenecía ese pequeño ciudadano. El dicho cargaba un cazo con lo que parecía ser sopa de zanahoria, la cual también me apetecía mucho probar.

– Disculpe... –Me atreví a murmurar, pero el otro me interrumpió.

– ¿El circo? Sí, está prohibida la entrada a... gente como tú –Anunció algo incómodo, fijándose después cómo miraba la sopa–. Oh, y... tampoco podéis tomar esta sopa. No es para vosotros.

Algo me decía que la razón era que nos haría daño a mi especie, así que no seguí insistiendo.

La escena cambió de nuevo, y me encontré en la calle mirando frente a frente a una zombi que me devolvía la mirada con unos ojos enormes y redondos como los de los personajes de Tim Burton.

Ésta me tendió un sandwich de pan de molde con paté huntado. Yo ya sabía que era de carne humana, y también era consciente de que muy probablemente acabaría infectada si accedía. Por otro lado, también estaba prácticamente segura de que la zombi me devoraría si la ofendía.

Tomé el tentempié, provocándome repulsión la simple idea de darle un mordisco. Miré de nuevo a la chica, que me seguía mirando fijamente, mientras esperaba que desviara la mirada para poder arrancar un pedazo del bocadillo y lanzarlo lejos, para así fingir que me había comido un poco.

Lo último que recuerdo es quitar un poco el borde del sandwich y tirarlo, aunque no recuerdo si ella seguía mirando o no.

Después de eso no creo recordar nada más, pero lo que sí me acuerdo es que, al despertar, mi único pensamiento fue:

– Mh... Creo que con ese mini-alien podría hacer un buen uke...