Compre varios artículos de limpieza, no podía quedar rastro de lo que había pasado. Mi esposa y mi hija no llegaban por un par de horas más, así que me puse a limpiar las gotas de sangre que marcaban el camino.

Hacía poco tiempo habíamos comenzado con el negocio. Mis dos mejores amigos eran mis socios. Todo marchaba bien hasta aquel día.

Fue extraño como el cielo se nublo de repente, se llenó de odio y lo envió hacia la tierra. No era más que superstición.

Mande a mi mujer al mercado con una gran lista de cosas que nos hacían falta, pero que en realidad eran una excusa para que no estuviese en casa por varias horas. Inteligentemente le pedí que se llevara a nuestra hija.

La garganta me dolía en abundancia por lo que ese día no tome whisky para actuar. Y debe de haber sido ese el motivo por el cual las cosas no se sentían iguales que siempre desde un principio.

Por lo general los intercambios se hacían de noche, pero este era especial.

La persona encargada de traer el paquete era mi cuñado, que curiosamente había descubierto mi pequeño negocio en una reunión nocturna en un club habitual de la zona.

Nunca había trabajado con él, era la primera vez, de cualquier forma era algo simple, asi que espere a que llegaran mis dos socios y les explique que tan solo debíamos entregar el dinero, y recibiríamos la mercancía. Nada del otro mundo.

Diez minutos más tarde tocaron la puerta.

Mi cuñado era una persona tranquila, muy confiado en sí mismo. Tenía unos 12 años más que yo y llevaba en el negocio bastantes ladrillos como para construir una mansión.

Luego de entrar en la casa, se sentó en el sofá, nos miró y dijo; -Quiero ver el dinero.-

Se lo mostré sin más. Volvió sobre su auto y vino con un sobre en las manos. Cerro la puerta pero no se animó a sentarse.

-Bueno muchachos esto es lo que tengo, el 50 % de la mercancía, lo demás está complicado, pero puedo conseguirlo.

-100 %.- Dije en tono serio y poniéndome un poco nervioso.

Mi cuñado largo una risita burlona cuando tres segundos más tarde uno de mis socios le voló los sesos por toda la sala de estar.

La bala había ingresado por un ojo y atravesado toda la cabeza de mi cuñado sin problema alguno, las paredes de mi living habían quedado arruinadas.

Mi otro compañero le quito el sobre que traía el 50 % de lo que esperábamos mientras yo intentaba reaccionar sobre lo que había pasado.

Una vez calmado pregunte porque rayos había sido tan impaciente con un ser que tenía intención de pagarnos. El asesino nada contesto.

Me quede con la cocaína y los corrí de mi casa rápidamente. Compre varios artículos de limpieza y hice mi mejor trabajo para esconder el crimen. Creo que las cosas resultaron bien, mi familia no lo noto.

Llegada la tardecita decidí ir a despejarme un poco a la orilla del Rio. Mirar el atardecer, observar la tentación y contemplar las imágenes de todo lo que había pasado.

Nunca había visto a alguien asesinando a otra persona frente a mis ojos, supongo que ese era el motivo por el cual no podía dejar de pensar en ello. Era algo demasiado cruel.

Pero tampoco podía mentirme a mí mismo y decirme que no me había apasionado todo lo que había pasado.

Desde el momento del disparo hasta cada segundo que disfrute limpiando y llevando el cuerpo al basurero municipal. Me apasionaban los detalles, el intentar no dejar pistas, no ser descubierto. El saber que si estas cosas volvían a pasar, algún investigador iba a comenzar a investigar la relación entre los crímenes pero no iba a saber nunca y mucho menos imaginarse que tres profesionales eran los autores.

Todo encajaba y salía totalmente de lo que venía viviendo meses atrás. Eran dos vidas que llevaba ahora. Secretos, cuentas bancarias, drogas, boliches. Todo era diferente y me encantaba pensar que esto iba a seguir creciendo aún más.

Llego la noche, como siempre. Fui hasta el bar a tomar un whisky sin hielo, esa noche estaba rebelde. Fueron tres Escoceses los favorecidos. Termine con ellos rápidamente. Me detuve cuando iba por el primero, preguntándome y entristeciéndome por si todo lo que había pasado ese día no volvía a pasar. Pero luego supe que no soy adivino, pero que puedo mover un poco las acciones para que un loco abuse de ellas y me de placer.

Volví a mi casa, con mi dulce esposa y me encantadora hija.

Fue acostarme en la cama y notar con brutalidad el color del cielo, estaba prácticamente de un tono anaranjado casi rojo. Fueron varios minutos después cuando comenzó a llover. Lentamente.

Era pareja, no molestaba, no había viento, solo una tibia lluvia de placer que hacían que mis oídos se conectaran con mis ojos y generaran un contexto perfecto dentro de mi cabeza para mi primer asesinato, que todavía no sabía quién iba a ser mi víctima y que mucho menos tenía un motivo para asesinar pero con todo lo que había pensado en la tarde, tenía muy claro que iba a hacerlo.

Esa noche no pude dormir.