Quiero aclarar que esta historia es más que nada una parodia a los típicos cuentos de hadas, y debe ser tomada como tal. Cualquier referencia y/o nombre del dominio publico está utilizado para agregar un poco de comedia, y de ninguna forma está usado como malgibersación de la misma.

Desde ya, muchas gracias por leér y espero que lo disfruten.


Título:

Charming?

Hace mucho tiempo, en una tierra maravillosa (que no es Disneylandia), vivía un joven "príncipe", y entiéndase que usamos comillas, pues después de una larga discusión, nuestro "príncipe" dejó en claro que la correcta denominación de "princesa" no le gustaba. El punto es que nuestro alto y delgado "príncipe", de largos cabellos rojos y ojos verde jade, acaba de cumplir dieciséis años. Su nombre es Ángel y en este momento emprende la búsqueda de su futuro "esposa" acompañada de su leal corcel…bueno, no en realidad, si emprende una búsqueda, pero a pie, pues entre la comida, las clases de equitación y demás, los gastos iban más allá de lo que sus padres estaban dispuestos a pagar por un caballo.

Ángel va caminado por el bosque, y por cada paso que da, la dicha crece dentro de su corazón y con alegría se pone a entonar una dulce canción, o al menos lo haría si tuviera algún aprecio por las típicas canciones de este tipo de cuentos…

/-/-/ En otra parte de este mundo encantado /-/-/

-¿Por qué tengo que vestirme de princesa?- quien habla es nuestra "princesa", Alejandro, quien se queja por quinceava vez en la hora con su padre.

-Hijo, sabes que no me gustan tus pretendientes- respondió su padre, el Rey, con alegría. El Rey siempre había sido sobreprotector con su joven heredero, y cuando Alejandro cumplió los dieciséis años y empezó a recibir propuestas de matrimonio desde distintos lugares del reino, su padre decidió encerrarlo por su propia seguridad hasta que encontrara una candidata digna de casarse con su hijo.

-Eso explica la celda- dijo el chico, sujetándose de los barrotes de la misma –Pero… ¿Por qué el vestido?- Alejandro aún no entendía la razón por la que su padre lo obligaba a usar esa pomposa prenda rosa, que se vería mucho mejor en una tacho de basura que en cualquier persona.

-Combina con tus ojos- comentó el mayor, con una sonrisa eufórica, ignorando completamente la mirada incrédula de su hijo, quien era castaño de ojos marrones.

-Bueno, que te diviertas- se despidió el Rey cerrando la puerta de la celda, y trabándola con candados, cadenas y quien-sabe-que-más, dejando a su hijo solo en el último cuarto de la torre más alta del castillo.

-¡Espera!- suplicó con desesperación "la princesa", sacando un brazo por entre las rejas en un intento de detener al mayor -¿Dónde está el baño?-

/-/-/ Devuelta con nuestro "príncipe" valiente /-/-/

Ángel iba caminando calmadamente por el camino de ladrillo dorado, que es una creación completamente original, cuando, tras el viejo abedul, se topó con el duende Andrés.

-¿Por qué tengo que ser un duende?-

-¿Será porque eres chiquito?-

-¡No soy chiquito!...el mundo es muy grande-

Después de haberse presentado formalmente, la pelirroja decide ayudar al pequeño hombrecito de cabello violeta y ojos marrones a encontrar su valor perdido, lo cual también es una idea completamente original y no tiene ninguna relación con ningún libro sobre leones y hombres de lata (no conozco ningún libro así).

El duende y "el príncipe" empezaron a caminar y caminar y caminar y caminar y caminar…y seguir caminando.

-¡No doy más, me cansé!- se quejó la joven, sentándose en el piso, ya harta de ese andar monótono que no la llevaba a ningún lado.

-¿Cuál es el problema? Yo no estoy cansado- dijo animadamente Andy con una sonrisa.

-Claro, te llevo en el hombro- el sarcasmo en sus palabras era palpable desde un metro de distancia.

A punto estaba de surgir una discusión entre los dos amigos, cuando desde lo lejos Ángel distingue el transporte público de las hadas llegar a la esquina, y olvidado su inminente disputa con Andrés, empezó a correr para alcanzarlo, siendo alentada por el duende, quien le daba pataditas en el hombro como a cual caballo; después de todo, si perdían el colectivo, quien sabe cuánto tardaría en llegar otro.

/-/-/ Mientras tanto, en algún lugar de Europa /-/-/

Dos granjeros estaban trabajando en la huerta, cuando uno se detiene, mira al cielo y le dice al otro:

-Siento que en algún lugar, algo interesante está pasando-

Y su compañero le respondió:

-Menos charla y más trabajo-

/-/-/ Devuelta con nuestros héroes /-/-/

-Tienen que doblar a la izquierda en la torre de Rapunzel y seguir derecho hasta la casa de los Siete Enanitos-

Ángel pedía instrucciones para llegar al Reino del Norte.

-Gracias señor Lobo Feroz, le diré a Caperucita que la está buscando- agradeció la ayuda y retomó su marcha.

/-/-/ Ahorrémonos el viaje y veamos que pasa cuando llegan a la casa de los enanos /-/-/

-¿Ya llegamos?-

-¡Por quinta vez! ¡NO!-

Era evidente que la amistad entre el duende y "el príncipe" crecía a medida que caminaban hacia la cabaña de los Siete Enanitos.

-¡Ya cállense!- el grito de una voz enojada detuvo la marcha de la pelirroja -¡Estoy viendo mi novela!-

De la pequeña casita, salió un pequeño hombrecito, y con su pequeño andar, se acercó al "principito"…me gusta rimar ¿algún problema?

-¿Quién te crees para venir a gritar así?- el enano se paró en frente de la chica, mirándola con desdén desde…bueno…abajo.

Ángel trató de dar alguna escusa, pero no encontrando ninguna, se rio nerviosamente, completamente atemorizada, nunca en su vida pensó que alguien tan pequeño podría ser tan intimidante.

-¡La gente de ahora no tiene respeto por los demás! ¡¿Te gustaría que fuera a tu casa a gritarte?!- el pequeño hombrecito no desistía en su tono de voz, escupiéndole con rabia todo lo que le disgustaba del resto del mundo.

-Eh… ¿no?- respondió con duda "el príncipe", no sabiendo que respuesta la sacaría de esa situación y cual generaría más gritos.

-¿Qué te haces? ¿El gracioso? ¡LARGATE!- ordenó el enano, y la joven no titubeó en darse la vuelta y marcharse.

Pero por desgracia, el duende Andrés no era tan listo, y mientras su amiga trataba de escapar del enano, éste soltó un insulto que ni yo me atrevo a escribir, y para su suerte, Andrés estaba perfectamente oculto entre las hebras del cabello de Ángel, quien se quedó estática ante tales palabras.

-Te lo buscaste- el hombrecito agarro su pala y la lanzó con fuerza hacia la pelirroja.

/-/-/ Eso debió dolor /-/-/

-Mira el lado positivo ¡Llegamos al Castillo del Norte!- dijo animadamente Andy, sentado al lado de Ángel en la barra del bar, pero una de esas miradas que podrían matar bastó para callarlo.

Después de la paliza más grande de su vida, y por asares del destino, ambos terminaron en el bar a las afueras del Reino del Norte.

-¿Solteros, verdad?- les preguntó el barman al acercárseles –Supongo que vienen por "la princesa"-

-La verdad, fue por la por…-

-¿Qué "princesa"?- Ángel tapó la boca del duende, interrumpiéndolo para saber más sobre la persona a la que se refería el hombre frente a ella.

-El hijo del Rey. Se dice que por su belleza, su padre lo encerró en el último cuarto de la torre más alta, a la espera de que una pretendiente digna lo libere- contó el señor de gran barba gris, mientras limpiaba los vasos usados por sus anteriores clientes.

Ángel se paró de su asiento, atrayendo la atención de los presentes, la determinación y la firmeza ardían en sus ojos verdes, y con una mano en el corazón, dijo:

-¡Yo seré aquella que lo salve de esa prisión y demuestre ser digna de merecerse su amor! ¡Pero primero!- volvió a sentarse, esta vez dirigiéndose solamente al cantinero, con la misma determinación en sus ojos –Wiski doble-

/-/-/ Después de un plácido sueño y una maldita resaca, nuestro "príncipe" se presenta ante la Corte del Rey del Norte /-/-/

La pelirroja miraba a su derecha, observando con cuidado a todas las otras pretendientes a su lado.

Cada una más fina que la anterior, con sus vestidos largos de hermosos colores bordados en oro y plata, sus cabellos suaves y sedosos bellamente atados y sus dotes exageradamente grandes.

Por otra parte, Ángel no tenía ninguna dote, sus cabellos estaban enmarañados y sucios, y sus ropas parecían harapos; y eso sin mencionar que ya se había olvidado cuando fue la última vez que se bañó. Creo que es seguro decir que la pelirroja se sentía un "poquito" fuera de lugar.

Mientras la pelirroja maldecía su falta de finesa, el Rey inspeccionaba a cada jovencita que había llegado, sin que ninguna le llamase la atención como para considerarla lo suficientemente perfecta para su hijo. Al llegar ante "el príncipe", el hombre la observó de arriba abajo, sorprendiéndose mucho por lo que tenía enfrente.

Era algo que nunca había visto antes…¡Un chaleco azul marino!

En uno de esos ataques de demencia que el Rey suele tener, especialmente cuando no ha tomado su medicina, empezó a tocar esa prenda por todos lados, completamente ignorante de la forma en la que el resto de los presentes lo miraba.

-Eh…es mío…- dijo un tanto incomoda la pelirroja en cuanto el Rey empezó a oler el chaleco, sobre todo porque aún lo llevaba puesto.

-¿Es tu dote?- preguntó el mayor con una sonrisa, emocionadamente frotando la tela contra su mejilla.

-Supongo- dijo con duda la chica, más que extrañada por la actitud del hombre cuya sabiduría e inteligencia eran legendarias en donde ella vivía.

-¡Perfecto! Vas a la segunda lista- ordenó el Rey alegremente, sacándole el chaleco y saliendo del cuarto mientras todavía lo acariciaba.

La reacción del salón entero fue de asombro, sobre todo de parta de las otras jovencitas quienes no entendían como pudieron elegir a esa chica harapienta en vez de a ellas.

-Tienes suerte de que ese rey esté loco- le susurró Andrés, aún oculto en el hombro del "príncipe", quién sonreía ufanamente mientras caminaba junto al hombre mayor y dejando atrás a las pretendientes que aún le lanzaban maldiciones.

/-/-/ Esa misma noche, durante la cena /-/-/

-Ángel, ella es Natasha- el Rey le presentó a una joven de largos cabellos anaranjados, ropas elegantes y el ceño fruncido –Ella también está en la segunda lista-

-Hola- la pelirroja la saludo un poco nerviosa, pues si las miradas mataran, ella ya habría muerto como veinte veces.

Natasha sólo afiló su mirada, lo que provocó que un escalofrío cruzara toda la espina de la otra, antes de caminar con calma hacia la mesa. Esa pelirroja interfería con sus planes de casarse con Alejandro, convertirse en la Reina del Norte y ser entrevistada para la revista "Las diez reinas malvadas más hermosas del Medioevo"; no podía entender como el Rey la había elegido.

Después de todo, esa chica ni siquiera usaba vestidos, no se peinaba y se notaba a mil leguas que no tenía clase. Pero en cuanto se sentaron a la mesa, Ángel demostró que cualquier cosa que se pudiera imaginar de ella, no era ni remotamente cerca de la verdad; puesto que, ni bien se sirvió la comida, "el príncipe" se abalanzó sobre ella, devorando a diestra y siniestra, mientras gruñía como si fuera un animal salvaje para evitar que alguien se acercara.

Pero por más de las caras de asombro y repulsión en los demás presentes, el Rey parecía muy contento con su "posible futura nuera".

/-/-/ Más tarde ese noche /-/-/

-Tengo que idear algo para deshacerme de esa molesta pelirroja-

En el laboratorio secreto del Castillo (es un castillo de cuento de hadas, siempre hay un laboratorio secreto) Natasha miraba pensativamente a los diversos frascos con extrañas sustancias de dudosas procedencias.

Se había decidido, si quería casarse con Alejandro y asegurar su futuro como la mejor reina malvada, tenía que matar a Ángel.

-¡Lo tengo!- tomó entre sus manos un frasco con un líquido verde viscoso, cuya etiqueta decía "Veneno", y lo volcó sobre un cesto de manzanas; y con una risa malvada, se dispuso a llevar a cabo su plan.

/-/-/ En el cuarto de Ángel /-/-/

Tocan a la puerta.

-¡Adelante!-

Natasha entra a la habitación y se encuentra con Ángel de cabeza sentada en un sillón.

-Ho…la- la recién llegada trató de sonreír, pero el hecho de que la pelirroja estuviera desparramada sobre el asiento la enfurecía cada vez más.

-¿Me sostienes esto?- le pidió la otra chica, pasándole con el pie la revista que había estado previamente leyendo –Tengo que rascarme en dos lugares al mismo tiempo-

-"Tranquila Natasha…inhala…exhala…"- la princesa estaba tratando por todos los medios de no vomitar, pero estaba segura que si seguía otro minuto viendo eso, iba a perder la calma y matar a la otra ahí mismo.

-¿Qué querías?- preguntó Ángel, parándose junto a la chica que era considerablemente más baja que ella y tratando de prestarle atención a la misma; pero ese sillón masajeador en el que había estado sentada anteriormente la distraía mucho.

-Sé que empezamos con el pie izquierdo y quería ofrecerte esto- Natasha le extendió la cesta con las manzanas –Como ofrenda de paz- le dijo con una sonrisa forzada.

-¡¿Ofre-qué?!- dijo desconcertada, volteándose a verla, pues no le había prestado nada de atención, muy distraída mirando el sillón a sus espaldas.

-¡Solo cómetelas!- gritó la princesa tirándole encima la canasta, esa chica sí que era desesperante.

"El príncipe" observó con curiosidad esa fruta roja, mirándola de arriba a abajo, dudando que hacer; al final resolvió por comerla y la acercó lentamente a su boca.

La ansiedad de Natasha crecía a cada minuto, su corazón latía más rápidamente por cada centímetro que se acercaba la fruta a la boca de la otra, hasta que, en un parpadeo, Ángel se comió toda la cesta y siguió en pie.

La princesa se quedó con la boca abierta, sorprendida de ver que su plan fallara. Al reaccionar, se dio vuelta para ver el frasco de veneno que llevaba escondido en sus ropas, notando una etiqueta que no había visto antes, la cual decía:

"Úsese preferentemente antes del 300 a.c."

-"Maldición"-

Su plan había fallado, Ángel seguía viva y ahora tenía que apegarse a la decisión del rey. Tenía que aceptar haber sido rechazada, superada por la pelirroja y pasaría el resto de su vida vagando por el mundo en el deshonor y la vergüenza de no haber podido matar a la otra y…

-¡Con un demonio!- con furia tomó un jarrón que estaba en una mesita al lado de la puerta y se lo partió a la bermeja por la cabeza.

Cuando Natasha vio como la chica caía al suelo, desmayada por el tremendo golpe de la dura cerámica en la parte superior de su cráneo, con sorpresa dijo:

-Que fácil- se apresuró a sujetar a la otra de los pies y arrastrarla fuera del cuarto.

/-/-/ En algún lugar oscuro /-/-/

-¡Despierta!- ese era el grito de Andy, que al lado del oído de la taheña, logró despertarla.

-¿Por qué me despiertas? ¡Tenía un sueño maravilloso!- se quejó "el príncipe" ya despabilada –Solo que estabas en él-

-¿Tienes alguna idea de donde estamos?- el duende ignoró el insulto indirecto, lo que le preocupaba ahora era salir de ese lugar en el que el guion lo había puesto.

-¿Un agujero oscuro?- la chica dijo sonriendo.

-¿En serio? No me digas, no me di cuenta- obvio sarcasmo ante tal idiotez.

En ese momento, desde el fondo de la caverna, comenzó a salir una luz cálida que se acercaba cada vez más.

-¿Es eso…fuego?- ni bien "el príncipe" terminó esa frase, una llamarada de fuego pasó chamuscando a ambos, y un rugido se escuchó retumbar desde lo más profundo de la cueva.

Ángel escupió un poco de las cenizas que había tragado, pues tenía la boca abierta cuando pasó la llama, y dijo:

-Si…era fuego- el duende y "el príncipe" se miraron a los ojos por un rato, y después de un grito despavorido, se echaron a correr en la dirección contraria a la que provenía el sonido.

Detrás de ellos se apareció un dragón dorado, que entre rugidos y llamas, perseguía a las dos personas que se había atrevido a entrar en su guarida.

Pero nuestros héroes no tenían de que preocuparse, pues Ángel desenvainaría su espada y con gran valor y heroísmo, mataría a un dragón. De acuerdo, eso fue una mentira, Ángel no era esgrimista ni tenía una espada; la depresión realmente había arruinado a sus padres.

Pero para su suerte, una compuerta en el piso se abrió y ambos cayeron en el pozo, salvándose así de la amenaza del Dragón Ermitaño.

-Dolió- la pelirroja se levantó del piso, quejándose de la imprevista caída que la dejó de cabeza al suelo, masajeándose la parte afectada por el golpe.

-Wow…- Andrés expresó su asombro al descubrir el contenido de ese supuesto hueco oscuro en la tierra: una gran cámara repleta de tesoros que se expandía más allá de la vista.

-Creo que morí y estoy en el cielo- "el príncipe" no podía explicar su alegría, cualquier dolor o sufrimiento que pudiera haber tenido desapareció de su mente ante lo que veían sus ojos.

El duende y la pelirroja no tardaron mucho en tirarse encima de esas montañas de sueños hechos realidad, festejando con lágrimas en los ojos por este giro de la suerte.

Entre esas pilas de felicidad, Ángel encontró una lámpara de mesa dorada, y como estaba opacada por el polvo, la frotó para darle brillo. Pero de la lámpara empezó a salir un extraño humo violeta, entre el cual apareció una pequeña señorita de cabellos azules y ropas de estilo arábico.

-Hola, soy la genio Zoe, gracias por limpiar mi lámpara- saludó el extraño ser con cortesía a las dos personas que aún la miraban sorprendidas.

-¿Gané algo por hacerlo?- preguntó la pelirroja al reaccionar.

-Bueno, puedo ofrecerte tres deseos, pero eso no es lo mismo que la satisfacción de haber hecho algo desinteresado por alguien necesitado- comentó Zoe, ante lo cual la pelirroja se rio sarcásticamente.

¿Quién hacía caridad en estos días?

-¿Puedo pedir lo que yo quiera?- La pelirroja estaba un poco intrigada por esa posibilidad que se le presentaba de realizar todos sus sueños, sin tener que esforzarse en lo más mínimo.

-Sí, dinero, fama, poder, lo que tú digas- Zoe esperó con paciencia, dispuesta a conceder lo que la mayoría de la gente pedía.

Pero lo que Ángel en verdad deseaba era volver al palacio y poder así entregarle todo su amor a "la princesa" Alejandro.

Está bien, eso también fue una mentira, en este momento Ángel prefería dinero, fama y poder sobre una persona a la que ni conocía, y que tenía un padre que pedía mucho esfuerzo de parte de sus pretendientes; pero este sería un cuento muy corto si en realidad obtuviera lo que quisiera, así que después de hacer un berrinche y cruzándose de brazos en una expresión empacada, la pelirroja deseó volver al castillo.

Tras un chasquido de los dedos del genio, los tres desaparecieron del lugar.

/-/-/ En el palacio /-/-/

-¿Pero dónde podrá estar Ángel?- el Rey seguía sin poder creer que la pretendiente que tanto lo había impresionado, faltase a las pruebas.

-Seguro que se acobardó- por su parte, Natasha no sentía culpa alguna por haber abandonado a la chica en la cueva del Dragón Ermitaño, de hecho estaba bastante contenta, con una gran sonrisa en sus labios y las manos en la espalda mientras tarareaba una canción.

El hombre mayor suspiró derrotado, cansado de esperar, y estaba por nombrar a la chica de cabellos naranjas como la futura esposa de su hijo, cuando las puertas fueron abiertas de golpe, dejando entrar a una pelirroja toda cubierta de mugre con el duende y el genio a su lado.

-¡Tendrán que pasar sobre mi cadáver antes de nombrarla como prometida!- gritó Ángel señalando a la otra, sin la más mínima intención de tener una relación amistosa con ella; no después de que la dejó a merced de un dragón que escupía fuego.

-¡Eso puedo arreglarlo!- respondió Natasha después de que el asombro de ver a la bermeja viva pasara.

Ambas chicas se vieron con odio en los ojos, se podría decir que sus ojos verdes lanzaban chispas que podrían matar a cualquiera, si esto no fuera un cuento para niños.

La tensión en el ambiente creada por el obvio odio entre ambas fue cortada por los aplausos animados del Rey.

-¡Muy bien!- dijo el hombre mayor con alegría, sujetando a cada una por un hombre –Empezamos- antes sus palabras, un escalofrío les recorrió la espalda a cada una, pues la sonrisa del monarca no le inspiraba confianza.

/-/-/ Y así empieza esta competencia…Ahora, es ilegal transmitir un evento real, así que no hagan ruido /-/-/

En el patio del castillo, toda la corte estaba reunida para ver los eventos raros que se le ocurriesen al rey y cuál de las pretendientes podría superarlos. Principalmente, pues varios de ellos estaban haciendo apuestas.

-Bien, para su primera prueba, deben ir al Monte del Terror, robar uno de los huevos de las Arpías de la Luna, llevarlo a la medianoche, si la luna esta en cuarto menguante, a la esquina de la case del Ogro de Tarebithien donde las ramas de los árboles miran al este, y ofrecerle un sacrificio al Dios de la Inmortalidad para que les abra el paso hacia la ciudad perdida de Husarak, donde le comprarán a un vendedor ciego una bolsa de color verde, hecha de ramas de arce, y me la traerán devuelta- el gobernante dijo la misión tan rápidamente, que casi no tuvo tiempo de respirar y nadie pudo entenderlo.

-¡¿Qué?!- la expresión de las dos participantes era de total desconcierto ante todo lo que dijo el Rey.

-Eh…señor- uno de los tantos mayordomos que se encontraba cerca del Rey, y pudo más o menos entender lo que este había dicho, se acercó a hablarle en un susurro –Las Arpías de la Luna ya nos han puesto una demanda por robar sus huevos-

-¿A sí?- dijo el hombre de corona y poca estabilidad mental –Cierto…- recordó afirmando varias veces con su mano en el mentó.

-En ese caso…- dijo uniendo sus manos y mirando con alegría a las jóvenes –Tendrán que ir a la esquina y traerme un pedazo del pastel de la señora Gómez- terminó con una sonrisa.

/-/-/ En la casa de la señora Gómez /-/-/

-Aquí tienen chicas- la ancianita de mirada amable les entregó un pedazo de torta a cada una de las lindas y buenas jovencitas que habían ido a visitarla –Y díganle al Rey que le deseo un buen día- se despidió, volviendo a entrar a su casa.

/-/-/ Devuelta en el patio del castillo /-/-/

El Rey degustaba con mucho placer ese pastel de vainilla, relleno con pedacitos de almendras, cubierto con una capa de chocolate muy gruesa y adornada con mouse, que las chicas le habían traído.

-¡Excelente! Me encantó- expresó con alegría después de terminar de lamer la cuchara con la que comió ese manjar tan exquisito.

-¿Ahora qué, mi Rey?- Natasha, como el resto de los presentes, se sentía un poco molesta con el Rey, pues este no solo no convidó nada de la torta, sino que se la comió enfrente de todos; pero trató de concentrarse en ganar la competencia.

-Síganme- dijo el Rey empezando a caminar, relamiéndose los dedos y no logrando que el disgusto que sus súbditos le tenían en ese momento disminuyera.

/-/-/ Al lado de un lago, en alguna parte del inmenso patio del Castillo /-/-/

-Muy bien chicas, han pasado su primera prueba con éxito- decía el Rey, mientras ambas jóvenes miraban entre extrañadas y asqueadas el agua verde burbujeante de ese lago, que parecía más pantano que otra cosa.

-¿Qué es este lugar?- preguntó Ángel interrumpiéndolo, sintiendo ganas de vomitar debido al olor nauseabundo que surgía de ese lago, y temiendo que lo que ella pensaba iba a ser la segunda prueba, fuese verdad.

-Era el baño público- respondió el hombre sonriendo –Y quiero que me traigan el anillo que perdió mi tatarabuela- dijo tomándose un momento para recordar a la mujer que había sido toda una inspiración para él.

Ese momento también fue suficiente para que las otras dos se recuperaran del shock causado por la impresión y le rezaran a todo dios habido y por haber que las ayudara en esa tarea.

La pelirroja le susurró a su genio, prácticamente suplicando que le consiguiera con magia una forma de no entrar en contacto con el agua cuando se metiese a ese lago; pero Zoe se negó rotundamente, diciendo que hacer eso sería hacer trampa y eso iba en contra de las reglas sobre el manejo de la magia, pero la verdad era que quería ver a su amo tirarse al agua podrida.

"El príncipe" suspiró hondamente, tratando de recordar alguno de los contados buenos momentos que tuvo, antes de decir:

-Hora de ensuciarse- se arremangó las mangas y saltó dentro de ese pestilente charco.

En coro, todos los presentes expresaron el asco que les producía ver eso, y aquellos que habían apostado que Ángel sí iba a tirarse, recibieron su dinero.

Natasha, después de darse el lujo de reírse por lo bajo de la bermeja y pensando un poco más las cosas, se fue caminado en dirección al castillo.

/-/-/ Las horas pasan y al fin una de las dos llega con el anillo /-/-/

-¿Dónde lo encontraste?- preguntó el Rey con los ojos casi llorosos por la alegría, recibiendo la sortija de bodas de su tatarabuela de manos de la princesa.

-Debajo de la cama- dijo la chica con felicidad por haber sacado ventaja sobre la pelirroja; quien ahora estaba siendo obligada a bañarse, por el bien de todos.

Bueno, expliquemos un poco las cosas: la tatarabuela del Rey había sido una mujer revolucionaria que se había ganado el aprecio de todos por sus ideas, pero tenía el mal hábito de dormir con sus joyas puestas, que se terminaban cayendo y perdiéndose por años; y tan sólo digamos que el Rey fue a ese pestilente lago, porque se le había olvidado el camino de vuelta hacia el castillo, y nunca dijo que el anillo estuviese en el fondo de ese lugar.

-Muy bien, un punto para Natasha- proclamó el Rey y un hombre anotó lo dicho en una pizarra con lo siguiente escrito:

"Bruja" 2 – 1 "Rarito"

Las exclamaciones indignadas de las participantes ante tales sobrenombres fueron pasadas por alto, después de todo a nadie le importaba lo que ellas pensaran.

-Su siguiente tareas será…- empezó a decir el regente, guardando en su bolsillo ese anillo que les había costado tanto conseguir a las chicas.

/-/-/ Ahora, si querían ver todas las tareas, hubieran pagado el decodificado /-/-/

-Chicas, han hecho hazañas increíbles, han enfrentado peligros innombrables y han vencido obstáculos que van más allá de la imaginación mortal, y aun así están empatadas con nueve puntos cada una- el regente miraba a cada una de las pretendientes seriamente –Así que su siguiente tarea determinará cuál de las dos es en verdad digna de casarse con mi hijo- decía el Rey, mientras las otras dos observaban con determinación el castillo frente a ellas.

Sabían que en ese castillo, en el último cuarto de la torre más alta, se encontraba Alejandro, y que sin importar nada iban a llegar hasta él para justificar todos sus esfuerzos.

-Sabes…- susurró Andy al oído de Ángel –Ya llegaste hasta aquí, nadie dirá nada si te retiras ahora- el duende se preocupaba más por su salud física al ver el inmenso pozo lleno de cocodrilos que rodeaba la estructura e imaginándose, a su pesar, todas las otras trampas que estaban en el interior de la misma, esperando a que un pobre infeliz cayera en ellas.

Pero "el príncipe" no prestaba atención, su mirada estaba determinadamente fija al frente y los latidos de su corazón acelerándose con cada segundo que pasaba.

En ese estado de completa concentración, recordó las palabras que su maestro le había dicho el día que cumplió dieciséis años y salió en busca de su destino.

+-+-+ Unos once meses atrás +-+-+

-Ángel, eres horrible y nadie te quiere- el hombre de cabello canoso le hablaba a su alumna, de la que después de tantos años al fin se libraba –Pero debes seguir a tu corazón y recordar lo que te enseñe- le dijo con sinceridad, deseando que el carruaje que lo alejaría de esa pequeña molestia pelirroja llegara de una bendita vez –Espero no haber desperdiciado diez años de mi vida en vano y que llegues a ser alguien- en ese momento llega el carruaje, y lanzando con desesperación su equipaje dentro del mismo, entra y le dice al conductor -¡Rápido, al aeropuerto!-

Después de un tiempo, cuando el carruaje estaba bien alejado de la chica, el hombre se asomó por la ventana para decirle unas últimas palabras a su alumna:

-¡Encuentra a tu verdadero amor y no vuelvas a llamarme!-

+-+-+ Actualmente +-+-+

Ese era el momento decisivo de su vida, no podía echarse para atrás y arruinar todo lo que su maestro se había esforzado en enseñarle.

-Lo que tendrán que hacer…- dijo el Rey generando suspenso; mientras los tambores redoblaban, y la expectación de ambas jóvenes iba en aumento –Es ir y rescatar a mi hijo- los tambores se detuvieron y las dos salieron corriendo en dirección al castillo.

Durante la carrera no le prestaron atención a su contrincante más que para tratar de derribarla y sacar alguna ventaja sobre ella.

Sus pasos se acercaban cada vez más al estanque y los cocodrilos en este esperaban con ansias poder tener en sus fauces a cualquiera de las dos jóvenes.

Natasha se detuvo al verlos y decidió rodear el lugar para buscar un pasaje más seguro, pero Ángel saltó ni bien llegó al borde, usando como plataformas las duras y escamosas espaldas de los reptiles.

-¿Estás segura de esto?- le preguntó Andy, rezando por su vida mientras la pelirroja saltaba entre los dientes de los animales; pero su única respuesta fue una risa, de esas risas que uno da cuando sabe que está al borde de la muerte.

En cuanto "el príncipe" pisó tierra firme, empezó a correr alrededor de la construcción buscando la entrada de la misma.

Por su parte, la princesa al fin había encontrado el puente que la llevaría directamente y a salvo hacia la entrada del castillo; y con ayuda de las artes oscuras, se las arregló para romper las cadenas que lo sostenían a la pared, para bajarlo y poder cruzar por él.

El estruendo que hiso el puente al caer atrajo la atención de la otra chica, quien se apresuró a llegar hasta el mismo, y así ambas entraron al castillo al mismo tiempo.

Después de un rato dejaron de correr, el silencio adentro del lugar les daba escalofríos, como si entre las sombras esperara algo para atraparlas…

-Cuanto silencio- susurro la genio, escondida entre los cabellos que caía sobre el hombro de la pelirroja.

Luego de unos pasos, ambas chicas notaron como el piso a sus pies se hundía y tras echar una mirada dudosa al suelo y escuchando el extraño ruido de maquinaria oxidada andando, su atención se centró en el camino a sus espaldas, donde el techo caía formando una rampa para dejar rodar una roca gigante.

Tanto el duende como la genio expresaron muy bocalmente la emoción que esta situación un poco trillada les provocaba, mientras se aferraban con fuerza de las ropas de la más alta para no caerse a causa de la velocidad de la carrera que las dos jóvenes empezaron.

Ambas chicas corrían tan rápido como daban sus piernas, y más si es posible, desesperadas al ver que ninguno de los pilares que sostenían el techo podía detener a esa piedra; de hecho, la destrucción que ocasionaba la roca hacía que el techo de mármol, al perder su soporte, se empezara a derrumbar.

Las chicas lograron salvarse de todas formas, pues el pasillo por el cual corrían se dividió en dos, y la roca se estrelló a las puertas de los mismos, dejando a cada chica encerrada en uno.

Ángel respiró con calma, casi riéndose de la suerte que la mantenía viva dentro de ese pasillo que había quedado casi a oscuras, puesto que la roca que casi la mata había tapado la principal entrada de luz.

-¿No hay mucho viento?- preguntó Zoe, sujetando sus cabellos para evitar que estos se revolvieran.

La pelirroja no pudo ver nada más que la antorcha en la pared, que utilizó para encender el aceite que corría por las almenas de las paredes para iluminar el lugar. Pero hubiera deseado nunca haber visto lo que vio, pues frente a ella se extendían kilómetros y kilómetros de cuchillas de diversos tamaños y formas que se movían como si fueran un péndulo de un lado a otro, o salían por entre los huecos de las paredes; y estas eran las que provocaban la gran circulación de aire.

Convencida de que en alguna vida pasada había hecho algo para enfurecer alguna deidad y ahora estaba pagando por ello, Ángel respiró hondo y suspiró pesadamente, y serrando los ojos, lo cual no es recomendable, se echó a correr con un grito desesperado hacia esas armas blancas.

-¡Pará!- le gritó el duende a punto de un paro cardíaco, obligando a la chica, que protegía su rostro con sus brazos cruzados al frente, a detenerse.

-¡Sigue!- gritó de inmediato la genio, ordenándole al "príncipe" que continuara adelante con su andar a siegas.

No puedo decir específicamente como es que se escaparon, porque hasta a mí se me hace imposible, pero después de una secuencia de "adelante, salta, detente, agáchate" pudieron salir de ese pasillo casi ilesos; pues varias de las ropas de la pelirroja, así como varios mechones de su cabello, fueron cortejados y perdieron pedazos.

Ángel respiraba con fuerza, sus ojos estaban abiertos de par en par y sus brazos se mantenían entrecruzados en frente de su rostro; todo su cuerpo temblaba todavía sin poder reaccionar.

Pero fue el grito aterrado que provenía desde el fondo del otro pasillo y la posterior aparición de la otra chica saliendo de ahí, perseguida por una gran cantidad de flechas, lo que hizo que olvidara lo que era respirar, y terminara corriendo junto a la otra.

No tenían ninguna forma de ocultarse, pues el pasillo en el que habían terminado después de salir de la segunda trampa estaba completamente vacío; afortunadamente, más adelante en su camino, las chicas se tropezaron con un pequeño agujero en el piso, que era lo suficientemente grande como para salvarlas a ambas.

-Estuvo cerca- respiró con alivio Natasha, sentándose y sacudiendo sus ropas.

-¿Quieres quitárteme de encima?- Ángel estaba aplastada debajo de la otra chica, quien no parecía tener apuro alguno en moverse de lugar.

Ante la renuencia de la de pelo naranja a bajarse de su espalda, la pelirroja se levantó echándola para atrás, arreglando sus ropajes.

-¿Ahora a dónde vamos?- preguntó Andrés, atrayendo la atención de las dos que estaban a punto de ponerse a pelear.

Mirando hacia adelante, donde el pasillo daba a un patio que se veía perfectamente normal e indefenso, pudieron ver la torre más alta.

-Tu primero- dijo Natasha después de meditarlo por un momento, pues si alguien ha de morir, mejor que sea su poco femenina rival.

"El príncipe" no notó los motivos ocultos de la otra, y con calma comenzó a internarse en el patio; y después de unos minutos en los que no pasó nada, dijo:

-Todo parece estar…- pero antes de poder terminar con esa frase, el piso empezó a temblar y de la grieta que se formó por el terremoto, salió un demonio con cuernos y llamas, que al ver a las jóvenes, gruño con fiereza -…bien- terminó de decir la pelirroja.

El demonio, que tenía la figura de un hombre lobo parado en dos patas de cabra, y todo hecho de cenizas y fuego, empezó a atacar a las que habían osado molestarlo en su sueño.

Ángel esquivó el golpe del puño de ese monstruo, que terminó por estrellarse en la pared, mientras que en su mente trazaba el plan para salvarse de esa situación. Aunque su plan inicial de llorar llamando a su mami no dio resultados, en un flash de inteligencia, se le ocurrió pedirle su segundo deseo al genio.

-¡Deseo una espada y una armadura!...¡Y saber usarlas!- y ustedes que pensaban que "el príncipe" era idiota.

Zoe escuchó la petición de su amo y haciendo uso de sus poderes mágicos, cubrió al "príncipe" con una luz blanca.

Cuando la luz desapareció y la pelirroja pudo ser vista, estaba vestida con una armadura de metal nuevo y brillante, con hermosos adornos en dorado. Sus cabellos estaban atados en una coleta alta, que despejaba todos los mechones rojos de su rostro, que ahora se encontraba limpio y pulcro, como el resto de su cuerpo; y en su mano derecha sostenía una gran espada de dos manos, en cuya hoja se encontraba un grabado que decía:

"Hecho en Taiwán"

Además de otro que decía:

"La sangre fluye en las venas"

Los ojos verdes miraron esas palabras, esa era la frase del escudo de su familia, hecha por sus ancestros hace siglos; y pronto reconoció esa misma espada como la que había permanecido rota en su casa durante años.

Ahora sí estaba lista para enfrentarse a ese demonio de las profundidades del averno.

Su grito de batalla la animó en su carrera contra el monstruo, pero aun así, en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, éste simplemente la golpeó con su gigantesca mano, lanzándola por los aire hasta que se chocó contra la pared.

-Auch…- susurró por lo bajo mientras se resbalaba por la pared hasta quedar sentada en el piso, todo le dolía tanto que ni siquiera podía expresar fonéticamente cuanto le dolía.

Natasha, que lo único que había hecho hasta el momento fue esquivar los ataques del demonio, se burló de la idiotez de la otra.

Miró al monstruo con desafío, ella podía derrotarlo con su magia negra y utilizarlo para llegar primero a Alejandro.

De su manga sacó su varita, aún recordaba cual era el hechizo que necesitaba para controlar al demonio, y así poder ordenarle que la llevara a la cima de la torre. Pronunció las palabras del conjuro y una luz verde que salió de su varita se estrelló directamente contra el pecho del demonio, causándole un tremendo dolor y agonía.

Tiempo después, el monstruo se quedó quieto, con la cabeza gacha como si estuviera esperando órdenes.

-Ahora- Natasha no tenía más de que preocuparse, esa competencia ya había terminado y ella resultaba victoriosa, era imposible que algo a estas alturas cambiara la forma en que iban a terminar las cosas -¡Lleva a aquella persona digna del corazón de Alejandro hasta el último piso de la torre!-

Como esta historia tiene que enseñar que el bien siempre triunfa contra el mal, cuando el demonio extendió su enorme mano hacia la chica, en vez de sujetarla a esta, se desvió y agarró a la pelirroja, quien aún seguía quejándose de dolor, y la lanzó con fuerza hacia la pequeña ventana que estaba en la cima de la torre.

La chica gritó con pavor, entrando por el estrecho rectángulo y rodando varias veces en el piso antes de golpearse la cabeza contra la pared y detenerse.

Minutos después, recuperando un poco la conciencia, la pelirroja se dirigió a la ventana, por la cual vio como el demonio volvía a su abismo y la chica de cabellos naranjas miraba sorprendida el que ella estuviera arriba.

-¿Vos…me ayudaste?- le dijo con lágrimas en los ojos, sintiéndose conmovida de las acciones de quien una vez fuese su peor enemiga.

-¡NO! ¡Esto no debería haber pasado!- gritaba con infelicidad la chica que estaba abajo, llorando de la frustración y arrancándose los pelos.

-Y yo que creí que me odiabas…- decía la pelirroja, pues su contusión le impedía escuchar claramente, o siquiera escuchar, lo que la otra le decía.

-¡SI! ¡Te odio!- Natasha gritaba desesperada, estaba a punto de suicidarse.

-¡Gracias!- gritó con alegría.

-¡NOOO!- gritó con angustia.

-Eh, Ángel…-

-No va a entender-

La genio trató de entrar en razón de lo sucedido a su amo, pero el duende sabía que "razón" no se juntaba con "el príncipe" en una misma oración, a menos de llevar "no tiene" en medio.

Ángel se apartó de la ventana y volteó a ver atrás, frente a sus ojos se encontraba una puerta de ébano oscura y tras ella reposaba su "princesa", su verdadero amor…

Respiró hondo, llenando sus pulmones de valor para caminar y abrir el último obstáculo que la separaba de su destino.

-¡¿Qué?!- exclamó incrédula al abrir la puerta y descubrir que la cama donde "la princesa" dormía plácidamente, estaba rodeada de una celda cerrada fuertemente con un candado del tamaño de una vaca.

"El príncipe" se encogió de hombros, restándole importancia a los seguros que cercaban las rejas; de donde ella provenía, abrir candados era cosa de niños. Sacó un pequeño clip de su bolsillo, lo giró varias veces hasta romperlo en dos y doblándolo en la forma correcta, lo utilizó para abrir ese seguro y entrar, acercándose al chico castaño.

Ángel se sentó en la cama, mirando al otro dormir, se veía mucho más hermoso en persona de lo que se hubiera podido imaginar…

La boca de "la princesa" se abría levemente para dejar entrar el aire, y un leve tono rosado en sus mejillas le daban un aspecto divino, mucho más tierno que cualquier cosa que haya visto antes.

Con calma, la pelirroja se acercó despacio hacia los labios del castaño, sellándolos con los suyos en un dulce beso.

Al sentir el contacto, Alejandro se despertó y su primera reacción fue la de golpear al que acababa de besarlo.

-¡Maldito pervertido!- dijo rompiéndole la nariz a esa persona, dejándola adolorida y quejándose en el piso del cuarto.

Después de un tiempo, decidió mirar a los pies de la cama, encontrando que era una chica de su edad la que lo había besado.

-Ah, perdón…creí que era uno de esos viejos pervertidos- se disculpó con la chica, sintiéndose culpable de que ella estuviese masajeando su nariz para tratar de apaciguar el dolor.

-Supongo…- empezó a comentar el chico, atrayendo la atención de la pelirroja quien ya había dejado de quejarse -…que eres la prometida que eligió mi padre- las mejillas del castaño se sonrojaron violentamente, y su corazón empezó a latir nervioso.

Ángel se quedó sentada en el piso, sonrojándose igualmente al pensar que eso era verdad, después de todo, había logrado llegar al último cuarto de la torre más alta, y rescatado al chico.

-Si…creo- aunque eso no le aseguraba que al Rey no se le ocurriera negarlo o cambiar de parecer.

Un pequeño silencio se entabló entre los dos, durante el cual simplemente se miraron a los ojos, y "el príncipe" decidió pararse de una buena vez para poder darle a su "princesa" un segundo beso, pero ahora con el permiso de este.

Alejandro no tardó en corresponder el beso, sintiendo la dulzura y el calor de la boca de la otra fundiéndose con la suya, acrecentando su sonrojo y provocando que una extraña, pero agradable, sensación le recorriera el cuerpo.

Ángel avanzaba lentamente en el beso, empujando su cuerpo contra el del castaño, apoyándolo con suavidad sobre la cama y colocándose sobre él.

En cuanto la necesidad de aire se hizo inminente, ambos se separaron, más se quedaron quietos mirándose a los ojos, sintiendo como la respiración del otro se mesclaba con la propia.

-Por cierto…- la chica susurró después de un tiempo en silencio –me llamo Ángel- terminó con una sonrisa, volviéndolo a besar mientras el chico se reía.

-Vámonos- ni bien terminaron de besarse, la pelirroja le dijo con calma –Salgamos de este lugar- comentó mientras se levantaba de la cama.

-No puedo- se excusó el castaño sentándose de golpe, mirando fijamente a la otra.

-¿Por qué no?- se quejó ella, con un tono de voz que era cercano al llanto, deteniendo su marcha y volteando a verlo. Ella quería irse de ese lugar que casi la mata de una vendita vez.

-Porque…- dijo juntando sus manos, avergonzado por lo que tenía que decir –Tengo que ir al baño-

/-/-/ En las puertas del baño /-/-/

Ángel estaba apoyada contra la pared de afuera del baño, esperando a que su "princesa" terminara y saliera para poder irse de ese maldito castillo, al que esperaba nunca entrar otra vez.

-Ah…listo- suspiró con alivio el castaño, acomodándose las ropas y mirando a la chica con felicidad.

La pelirroja se separó de la pared, parándose en frente del chico. Lo sujetó de las manos, sus ojos verdes detallaban con un brillo inexplicable, su corazón estaba latiendo rápidamente y su rostro estaba levemente sonrojado.

-¿Quieres casarte conmigo?- su mirada estaba clavada en los ojos marrones del otro, esperando expectante una respuesta.

-Espera… ¿No estas yendo muy rápido?- dijo alejándose un poco de la chica –Acabamos de conocernos- está bien que se suponía que iban a casarse, pero él aún tenía que hacer cosas por sí solo.

-Ya cásense de una vez- comentó el duende después de un rato, harto de ver como esos dos idiotas enamorados realizaban un monologo cursi sobre las ventajas y desventajas de casarse.

/-/-/ Siguiendo el buen consejo de Andrés, "el príncipe" y "la princesa" se casaron pocos meses después /-/-/

Todo el mundo estaba reunido para ver la boda entre "la Princesa" del Norte y "el Príncipe" de las Tierras Llanas.

-¿Ángel, aceptas a Alejandro en el sagrado matrimonio, para marlo, cuidarlo y respetarlo, en salud y enfermedad, hasta que la muerte los separe?- preguntó el sacerdote a ambos jóvenes a los pies del altar.

-Acepto- respondió sin dudarlo, mirando con todo su amor al chico en frente suyo mientras le sujetaba las manos con dulzura.

-¿Y tú Alejandro, aceptas a Ángel en el sagrado matrimonio, para amarla y honrarla, en salud y enfermedad, hasta que la muerte los separe?- preguntó el hombre, feliz de ver que el castaño se estaba casando.

El chico dudó por un momento, logrando que el salón entero mantuviera su respiración y que la sonrisa de la chica se transformara en una mueca de infelicidad e intriga.

-Acepto- dijo después de un rato, riéndose de la expresión que puso su prometida.

-Ahora, hago paso a la entrega de los anillos- indicó el sacerdote y todos los presentes esperaron impacientes.

Ángel soltó las manos de Alejandro, su expresión mostraba sus nervios, como si se acabara de dar cuenta que le faltaba algo; y se dio vuelta para rebuscar entre sus ropas por las sortijas con las que debía desposar al chico.

-No me digas que te las olvidaste- le reprochó Andrés, vestido con un elegante traje de gala y siempre parado sobre el hombro de la pelirroja.

-Si quieres, no te lo digo- le susurró, riéndose en lugar de ponerse a llorar de infelicidad, se sentía terriblemente patética en ese momento.

-Descuida, di "deseo" y te las traeré- el genio le sugirió desde su otro hombro, dispuesta a concederle su último deseo y hacerla feliz.

Los ojos verdes de Ángel miraron a la pequeña mujer de cabello azul; si pedía el tercer deseo, ella ya no estaría atada a su persona y se tendría que ir para siempre, y entonces perdería a una amiga. Por otra parte, si no conseguía esos anillos nunca podría casarse con Alejandro, el verdadero amor de su vida, y no volvería a sentirse contenta nunca más.

Esa era una decisión difícil: ¿Debería escoger casarse con el castaño y terminar amargándose la vida en un matrimonio por el cual suplicaría que se aprobaran los divorcios, o quedarse con Zoe, su amiga, a quien en algún momento dejaría de ver hasta que un día se le apareciera de la nada en la puerta de su casa, después de años sin comunicación, para pedirle dinero?

Qué situación más difícil…

-No te preocupes por mí y cásate de una maldita vez- ordenó la genio chasqueando los dedos para cumplir el deseo que ni siquiera esperó a que su amo formulase; pues entre más rápido terminase la ceremonia, más rápido tendría la posibilidad de conseguir el ramo.

Ya con las sortijas en la mano, la pelirroja se volteó a mirar al chico, quien le sonrió extendiéndole su mano y, correspondiendo la sonrisa, deslizó con delicadeza el pequeño aro de oro en el dedo índice de la mano derecha.

-Por el poder que se me ha otorgado, los declaro… ¿marido y mujer?- expresó dudoso el sacerdote, sin saber cuál de los dos chicos tenía que posición en esa relación no quién tenía que ser qué –Puede besar a la novia- aunque al fin y al cabo no importaba, era un hermoso momento de felicidad como para arruinarlo con trivialidades; y además, la liberta de decisión sobre esos temas fue declarada legal hace años.

En cuanto esas palabras fueron pronunciadas, Alejandro se lanzó sobre Ángel, atrayéndola por el cuello a un desesperado y apasionado beso que venía queriendo darle desde hace rato, más o menos desde que empezó la ceremonia.

La pelirroja se sorprendió con qué rapidez el chico más bajo la besó, pero puso su mente en blanco y serrando sus ojos verdes, lo sujetó con delicadeza de la cintura, acercando más ambos cuerpos para profundizar el contacto entre sus bocas.

Todo el salón se levantó en aplausos, felices de ver a los nuevos reyes concluyendo su matrimonio.

Después de un rato los chicos se separaron, principalmente porque les faltaba el aire y querían seguir con eso en privado, y el castaño fue alzado en brazos por su "esposo" para salir del salón.

Salieron de la iglesia, caminando con algo de dificultad entre las personas, no tan solo por la cantidad de gente que había ido a presenciar su matrimonio, ni tampoco por el arroz que empezaron a tirarles (por más de saber la cantidad de personas que mueren de hambre hoy en día), sino porque a la pelirroja le resultaba un poco difícil cargar con todo el peso del castaño, aunque al insinuar esto, su respuesta fue una fuerte patada en las costillas, lo que tampoco la ayudaba a caminar.

-Espera- su "mujer" la detuvo, y sin darse la vuelta ni mirar atrás, el de ojos cafés lanzó el hermoso ramo de flores que tenía en sus manos hacia los presentes.

Todas las mujeres del lugar, y uno que otro hombre, empezaron a empujarse, arañarse, tirarse de los pelos y demás agresiones contra la salud física, para conseguir el tan preciado objeto.

-¡Ja! ¡Es mío, perdedoras!- la multitud que se había conglomerado se apartó para dejar ver a un enano que se vanagloriaba y mofaba de las patéticas mujeres que no habían podido vencerlo y realizaba gestos que demostraban todo su egocentrismo y como nadie era mejor que él y demás.

-¿Por qué lo invitaste?- preguntó con duda el chico, mientras se sujetaba del cuello de la otra para no caerse al mirar atrás.

-Me amenazó- respondió casi llorando del miedo, desde que conoció a ese hombrecito se había ganado un trauma de por vida; uno más de hecho…

/-/-/ En la recepción de la boda /-/-/

Ya en el castillo y coronados, los recién casados reyes disfrutaban del banquete en su honor, esperando con muchas ganas el poder retirarse para ir a su Luna de Miel y consumar su matrimonio en la noche de bodas.

Ya esa virginidad los estaba hartando…

-¿No se suponía que tenías que irte?- la pelirroja preguntó con sorpresa, pero alegre, al ver a la genio sentada junto al duende en un pequeña mesita sobre la mesa en la que ella estaba sentada.

-Ella no va a ningún lado- respondió Andrés en lugar de Zoe, sonriendo mientras la abrazaba, y cuando fue correspondido en el gesto, besándola delicadamente.

La expresión de la taheña fue más de asco que de sorpresa o alegría, ni siquiera ternura, al venírsele a la cabeza las imágenes de esos dos intimando; lo que provocó que un escalofrío cruzara toda su espalda. Maldita sea su imaginación…

Aun así la fiesta continuó sin muchos más percances, más que algún comentario o anécdota embarazosa de parte de las personas que conocían a los reyes desde chiquitos, mismos que les ameritaban pasar la noche en los calabozos del castillo.

Pero al momento de servir el postre, las paredes del castillo empezaron a temblar y todos los presentes miraron intrigados hacia la dirección de la entrada.

-¡TU!- las puertas se abrieron de golpe, dejando ver a una Natasha envuelta en llamas (no literalmente, por supuesto), que señalaba amenazadoramente al nuevo Rey mientras se le acercaba con una expresión de odio e ira puros.

-¡Recibiste mi carta!- pronunció el regente con una sonrisa, levantándose del asiento, al parecer sin compartir las mismas emociones de los demás.

-¡Arruinaste mi vida!- gritó con furia la chica de cabellos naranjas, rabiosa de ver esa sonrisa de idiota en la cara de la chica -¡Te odio!- pero el hecho de que esa expresión estúpida no se borrara ente sus palabras y acciones, la desesperaba.

-Yo también te extrañe- pero parecía que ni siquiera si le dibujaban todas las maldiciones e injurias que le escupía Natasha, Ángel simplemente no entendía.

-Disculpe señorita- antes de que la chica fuera a estrangularla, dos hombres vestidos de negro y con gruesos lentes de sol la sujetaron de los brazos -¿Tiene invitación?- preguntó uno mientras la miraba seriamente.

-Eh…no- un escalofrío cruzó la espalda de la princesa, eso se estaba tornando raro y confuso, pero más que nada aterrador.

-Lo que pensaba- murmuró el hombre viendo a su compañero, quien asintió con la cabeza como dándole el permiso de hacer algo que a la chica no le gustaría ver, siempre con las facciones neutras –Temo que me va a tener que acompañar- dijo y ambos empezaron a arrastrarla fuera de salón.

-¡Nos vemos!- la saludó la pelirroja con un ademán de la mano, sonriéndole a una de las personas que consideraba de las mejores que había conocido.

-¡TE ODIO!- gemía con frustración Natasha, mientras pataleaba y trataba de liberarse de esos sujetos que la arrastraban lejos del lugar, dejando atrás la sonrisa de idiota del nuevo Rey.

Para el pueblo, esto ya era común, ya estaban muy acostumbrados a tener a un loco con corona, así que simplemente suspiraron resignados y siguieron con la recepción como si nada hubiera pasado.

Cuando el alboroto terminó, Alejandro miró a su esposa, sonriendo, y la acercó con mucho cuidado y disimilo para susurrarle al oído.

En cuanto Ángel, que se había vuelto a sentar gracias al agarre de su esposo en su brazo, terminó de entender lo que el castaño le dijo, volteó a verlo con la sonrisa más lasciva y pervertida de toda su vida (y eso es mucho decir).

Desgraciadamente, esto no es Playboy, así que este es el fin.

Fin.

By Amed.


P.D.: El titulo "Charming" significa "encantador", y está utilizado para parodiár al tipico "Principe Azul/Encantador". Esta historia también cuenta con una sequela, que será publicada una vez que la termine de escribir (pues es considerablemente más larga, y un poco más seria, que esta primera parte)

Muchisimas gracias por leér.