Ninja X

Capítulo Extra:

El Ganador de la Apuesta

Había firmado su condena en el momento que aceptó la apuesta. Pensó que sus amigos ganarían su torneo de videojuegos a cualquier costo y, aunque no se arrepentía de apoyarlos, ese fue su error. Toshiro había predicho correctamente el resultado del torneo y ahora Hye tenía que hacer lo que él quisiera por un día.

Conociendo al muchacho japonés, no le pediría nada difícil o malévolo, ella sabía que él era una persona buena, pero no imaginó que él la sometería a tal tipo de tortura cuando invocara su premio.

–¡Nooo! ¡No quiero ir al hospital! ¡No!– chilló Hye cuando se bajaron del taxi frente al edificio médico.

–Tienes que ir a tu primera terapia, sino no vas a recuperar movilidad en tu brazo.– reprendió el joven casi arrastrándola.

–¡Pero no me gustan los hospitales! ¡Ya estuve ahí una semana! ¡No quiero volver!–

–Hye ¿vas a romper tu promesa de hacerme caso este día?– demandó él en un tono serio que hizo a la muchacha tragar saliva.

–Malo, te aprovechas de mi nobleza.– se resignó y caminó con él.

–Hacer todo lo que yo quiera por un día, ese fue el trato.–

–Sí, pero pensé que me pondrías a lavar tu ropa o algo así, no que me traerías al hospital.–

–Bueno, yo quiero venir al hospital para tu terapia.– le sonrió gentilmente y ella no pudo evitar sonrojarse un poco.

Una vez dentro los pasaron a un consultorio donde una doctora examinó el yeso de Hye y los dedos de su mano que seguían descubiertos.

–Parece que no habrá mucho problema con tus huesos, se recuperarán. Pero tus nervios del brazo nos preocupan. Existe la posibilidad que pierdas el sentido del tacto gradualmente.– les comentó la mujer –Quisiera evaluar eso ¿podrías por favor tomar este pedazo de lija y decir lo que sientes?– pidió la doctora pasándole a Hye una pequeña hoja de lija gris. La rubia lo dudó unos segundos pero luego pasó el objeto de su mano izquierda a la derecha, que era la enyesada.

Toshiro la miró expectante, preocupado por las posibilidades del experimento y el efecto que pudiesen tener en su novia.

–Nada… no siento nada…– dijo Hye en un hilo de voz, notando su preocupación la doctora se puso de pie.

–Quizás aún tengas mucha anestesia en el brazo, iré a buscar otro objeto más rugoso.–

En cuanto la doctora hubo salido, Toshiro acarició la mejilla de Hye para hacerla voltear hacia él.

–Tranquila, seguro que es la anestesia.–

–¿Y si no lo es? ¿Y si en verdad no puedo sentir nada con esta mano otra vez?– cuestionó ella con su voz temblorosa y sus ojos conteniendo las lágrimas. Toshiro no pudo resistirse a acercarla a sí mismo y abrazarla.

–Seguirás teniendo el resto del cuerpo para sentir todo lo que quieras.–

Esta frase, junto con el calor del abrazo de Toshiro, hicieron a Hye sonreír con sus mejillas sonrosadas. Era la cosa más dulce y a la vez intencionalmente seductora que hubiera escuchado en su vida. Tanto así que le dieron ganas de ser directa y elocuente por una vez siquiera.

–Entonces… quédate conmigo para sentirte todo el tiempo.–

Ahora el sonrojado era Toshiro, y temió que el corazón se le saliera por lo rápido que lo sentía latir, pero aún así no soltó a Hye y mantuvo su cabeza en su pecho para que ella no notara lo apenado que estaba. Soltarla en ese momento sería no solo ofensivo sino hasta algo cobarde de su parte, y tenía que pensar en una respuesta astuta para esa clase de comentario.

–S-se supone que es mi día de pedirte cosas ¿qué no?– fue lo que atinó a decir, aunque balbuceando un poco.

–Ah, es verdad. Entonces tienes que pedirme que me quede contigo ¿verdad?– sonrió ella separándose de él.

Notando que Hye se lo estaba tomando a juego, él decidió tomar las riendas del asunto otra vez y darle la contraria solo para divertirse un poco. Después de todo, había ganado su apuesta limpiamente.

–Nah, voy a pedirte otra cosa.– anunció sonriendo traviesamente –Quiero que me beses.–

–¿Eh?– soltó ella incrédula y confundida.

–Siempre soy yo el que inicia, esta vez quiero que me beses tú a mí.– aclaró el muchacho –Y no se vale en la mejilla, tiene que ser en los labios.–

–E-está bien, puedo hacerlo.– decidió ella con inusual timidez y acercó el rostro del muchacho con su mano izquierda para asegurarse que no se moviera. Cerró los ojos y lentamente juntó sus labios con los de él en un suave contacto, apenas un roce.

No satisfecho con ello y seguro de que ella se apartaría pronto, Toshiro hizo lo propio y se acercó más para profundizar el beso. Hye pareció disfrutarlo por que no se movió y esto le dio más confianza al muchacho.

Sin embargo el sonido de unos pasos acercándose y la perilla moviéndose los hizo reaccionar a separarse y voltear a otro lado, de modo que la doctora no se dio cuenta de lo ocurrido segundos atrás.

–Encontré un pedazo de yeso. Intenta a ver si puedes sentirlo.–

–S-sí.– aceptó Hye y tomó el material para pasarlo por sus dedos –¡Puedo sentirlo!– afirmó –¡Siento lo rasposito! ¡Toshiro mi mano puede sentir!–

–¿Lo ves? ¡Sabía que estarías bien!– celebró el muchacho revolviéndole el cabello.

Una vez terminadas la consulta y la primera sesión de terapia, la pareja salió del hospital con ánimos renovados.

–¡Voy a poder escribir de nuevo algún día! ¡Estoy tan contenta!– exclamó Hye alegremente dando brinquitos.

–Siempre y cuando vengas a terapia los días que te toca.– le aclaró Toshiro como recordatorio de su berrinche de antes.

–Si tú me acompañas, yo vendría diario.– rió ella entusiastamente y su buen humor se le contagió al japonés.

–Yo te acompañaría hasta el fin del mundo.– declaró él con una sincera sonrisa que conmovió a la rubia.

–Eres tan bueno… siempre estás pensando en mí, hasta usaste tu día de la apuesta para traerme aquí. Siento que no soy justa contigo.–

–Al contrario, te debo mucho. Esto es solo una forma de pagarte.–

–Tú no me tienes que pagar nada.– afirmó Hye sinceramente poniéndose en frente de Toshiro –Este es tu día y te quiero consentir… no, es más ¡yo quisiera consentirte todo el tiempo!– declaró entusiastamente y Toshiro no pudo contener una carcajada.

–Y es por eso que te quiero tanto.–

Hye sonrió encantada y aprovechó el lugar donde estaba parada para aproximarse más a Toshiro y besarlo nuevamente, esta vez tomándolo por sorpresa.

–Déjate consentir entonces.– pidió ella acomodándose en su pecho para que Toshiro la abrazara –Pídeme lo que quieras, cuando quieras y donde quieras. Yo te lo daré.–

–Ya te tengo aquí. No quiero nada más.– confesó él estrechándola en sus brazos pero con cuidado por su yeso. Ella se acurrucó en sus brazos, sintiendo una calidez que no había sentido nunca. Fue entonces cuando se dio cuenta que se moría de ganas de recuperar su mano derecha para poder algún día tomar las dos manos de ese hombre entre las suyas y entregarse a él completamente.