Escribo porque…

Escribo porque estoy cansada de llorar. Porque las lágrimas ya no pueden brotar. Lo han hecho tantas veces en el pasado que ahora ya no quedan más. Lo único pendiente es el sentimiento, la agonía infinita que pide parar, que ruega por una solución.

Escribo porque los caminos están cerrados y no existe salida. Escribo porque me siento aprisionada en un mar de confusión. Escribo porque las palabras reflejan mi emoción, muestran sueños, crean mundos y me alejan del dolor.

Escribo porque la fantasía es la suave caricia que alivia a este corazón. Porque me transporta a otros mundos, donde el destino es mi decisión y el pesar de los personajes es más grande que mi dolor, donde las lágrimas no son más que gotas saladas sin ninguna función, donde el llanto es cosa de todos los días y equivale a la perdición, donde miras al cielo y no hallas respuesta a tu petición, a pesar de que alguna vez te lo prometió.

Escribo porque mi vida es monótona. Porque existe una prisión a mí alrededor, una jaula inmensa cuyo nombre es: realidad. Una celda que me impide volar, pero al mismo tiempo, me hace sonreír. Sonrió porque estoy a salvo y sonrío porque mis seres queridos están bien. Sonrío porque veo otro amanecer, a pesar de que preferiría tener unas horas de sueño a padecer de insomnio.

Escribo por es lo único que me mantiene cuerda. Porque es lo único que hago bien. Escribo porque la lluvia cae y llora por mí, mientras mis dedos bailan en el teclado y expresan lo que mi mente fantaseó durante toda la jornada.

Escribo por la simpleza de escribir. Escribo porque, lo cierto es, que esa es mi vocación.