Las ventiscas invernales asfixiaron a las pobres e indefensas plantas que anhelaban recibir el calor de un doliente sol. Todo comenzó a marchitarse y a volverse más frio, más estéril, sin vida. El invierno es una parte de nuestra vida que a lo sumo personas rechazan con desprecio y otras muy pocas se resguardan en esta estación anual como cuando surge la incontenible necesidad de permanecer acurrucado en tu propia cama.

Y es precisamente en éste momento donde puede encontrarse uno mismo caminando por las calles sin siquiera ver un auto en la mañana. Esto genera una reconfortante y triste sensación de paz y soledad. El chiste es que una va de la mano con la otra y hasta ahora (yo, quien escribe en éste momento) no logré encontrar paz sin haberme encontrado en algún momento solo. Pero existe.

A Pedro le es muy cómodo el invierno, más cuando no hay actividad escolar ya que (como todos) nos resguardaríamos en nuestra tierna, suave y cómoda cama evitando pasar frío. Como si las temperaturas bajas fueran una clase de desierto que no nos permitiría sobrevivir sin una pizca de calor, nuestro valiente protagonista estira una pierna para alcanzar su pantalón sin salir en ningún momento de su fortaleza repelente del frío (la cama). Obviando el momento de vergüenza invernal que nos hace recordar a todos nosotros cuando éramos más pequeños, Pedro no pierde sus actitudes infantiles que de por sí nos hace realmente únicos y nos recuerda que todavía poseemos un poco de nuestro niño interior.

Como dije anteriormente, Pedro se estaba relacionando con Violeta que a su parecer, sus accidentes sentimentales fueron una veloz respuesta para que ella le diese más importancia amistosa al creer que él no era del todo un hombre hecho y derecho, sino un débil y sensible maricotas con una posición sexual cuestionable.

Una vez frente a la escuela, Pedro siente que debería contarle la verdad a su querida amiga Violeta. Algo que no está seguro de hacer porque no sabe cuál será su reacción ante aquella inquietante verdad oculta dentro del ámbito sexual por un hecho que sucedió el día pasado.

Un día anterior, después de haber festejado inconteniblemente con una maratón de algún que otro juego de internet, Pedro no piensa más en otra cosa que ir a la ciudad que no queda a más de dos kilómetros en sentido opuesto a su querida escuela "Nostradamus". Así que sale corriendo de su casa sin cerrar la puerta de su habitación. Sus padres estaban fuera porque la pequeña y dulce Soledad tenía que dar una lección oral del medioambiente con respecto al punto de vista del ex presidente norteamericano Al Gore en su documental "Una Verdad Incómoda". Jorge se negó rotundamente, pero Graciela y su poder femenino como madre y esposa hicieron del papa Jorge, un niño refunfuñoso.

Lo impresionante de todo esto, es que Pedro optó por salir de su casa aún cuando sus padres estaban ausentes. No optó por llevar a ningún amigo (de todas maneras solo posee uno y tiene novia) o hubiese suplantado la maratón de juegos de internet por algo más… precario.

En fin, tuvo que tomar el autobús a la ciudad de… "Gorgoroth". Sí es un asco lo sé, muchos dirían:

Arruinaste la historia peor que con la escuela "Nostradamus".

Estás loco, ninguna ciudad en la vida se llamaría así.

Eres un pobre diablo sin vida, peor que tu personaje principal.

A todo esto tienen completa y absoluta razón. No hay ciudad con tal denominación ¿Por qué le puse semejante nombre? Yo respondería a esos insultos con:

Gorgoroth, aparte de ser una Banda antigua de Black Metal con tendencia al satanismo anárquico, es el nombre de una meseta irreal en el mágico mundo del universo de Tolkien situada en los territorios de Mordor.

Dejando en claro esto, Pedro se dirigió a la ciudad de Gorgoroth y sus motivos eran desconocidos, al parecer, solo quería estar fuera de su enjaulada casa.

Con una revelación de pies a cabeza como un ciego que milagrosamente puede ver, nuestro protagonista estaba atónito. Inexperto dentro de la sociedad masiva de la ciudad. La industrialización y el avance tecnológico dio como resultante aquella impresionante ciudad llena de edificios altos, plazas, galerías y restaurantes finos que podría hacerse pasar por una persona adinerada si lograse entrar en ellos.

Un vago sentado frente a la parada del autobús demandó humildemente una limosna para que pudiese sostenerse de la careciente economía que poseía mediante este miserable ingreso monetario.

Miseria. Como el nombre de aquel viejo herrero que engañó al demonio y desperdició tres veces una oportunidad de ir al cielo. Este individuo vagó por la tierra como un fantasma sin poseer algo más que su invisible y permanente presencia.

Pedro miró hacia éste vago. Se le acercó y pudo darse cuenta con la vista de que hace más de dos meses que no deberá haberse duchado. Llevaba un morral desgastado, un vaso para pedir limosna, y una manta vieja y destrozada donde yacía sobre el suelo congelado. Su poncho y frazada evitaban que padeciera frío.

¿Tienes algo que puedas darme, joven? – El vago extendió su mano en intención a su pregunta capciosa.

En realidad, sí, podría darte todo lo que poseo y aún así, mis pensamientos me dirían que volverás a estar en este mismo lugar la mañana siguiente. – Pedro buscó en su bolsillo una moneda.

Vaya. No me esperaba eso. No pedí que me dieras el mundo. – Exaltado, el vago hace un gesto de sorpresa.

Pero si te diera el mundo ¿Seguirías siendo lo que eres en el mundo que no posees? – Pedro no parecía que estuviese muy contento con aquel individuo y al parecer quería comprender lo que sucedía, buscaba el motivo, una excusa para que un indigente exista. Se hacía pasar por un maldito filósofo.

Me confundes, chico. – El vago comenzó a desistir con su mano extendida.

Lo siento es que, es la primera vez que hablo con alguien que no posee un hogar. – Respondió dándole la moneda por las molestias.

¿Hogar? Eres un chico muy listo. El hogar es donde tú quieres que sea, no lo que a alguien le parezca que es. Me juzgas, chico. Eres prejuicioso y no te culpo, todos los son, es repulsivo estar con una persona como yo y no culparía a nadie porque yo no me soporto a mí mismo. – El vago se echó a reír.

Fue un gusto. – Pedro siguió su camino en dirección a una plaza que al parecer había una feria de ventas de artículos artesanales.

Puestos ornamentados con tela roja, piedras preciosas, juegos de ingenio, de mesa, comidas y ropa. La pequeña sociedad artesanal se vio expuesta en esta circulada plaza. Risas y música eran escuchadas de manera incesante. Un sentimiento de bienestar que no se marchita hasta el final del día. Diferentes tipos de etnias convivían en esta pequeña porción, expulsando la homogeneidad cultural como a un demonio vil y maléfico.

A Pedro se le ocurrió comprar un anillo. Uno que describa más o menos su manera de ser, lo que pensaba y lo que había logrado a lo largo de su vida. Necesitaba un anillo que lo hiciera ver como él mismo. Luego de recorrerse la plaza de pies a cabeza, encontró lo que buscaba. Era perfecto, no había uno igual, el dinero no importaba por más que saliera una fortuna porque ahí estaba. Era en anillo que lo describía perfectamente. El anillo único, el anillo de poder, así es, era el anillo del "Señor de los Anillos".

Como el personaje Gollum cuando recita la típica frase "Mi precioso", Pedro fue corriendo vuelta a su casa con su nueva posesión más preciada, pero se detiene bruscamente frente a una persona, frente a Violeta.

Debo aclarar que Pedro puso una cara de tonto y no se atrevió a decir una palabra, así que, estuvieron mirándose por un buen rato hasta que ella rompió el silencio.

¡Pedro! – Exclamó con felicidad Violeta mientras le otorgaba un fuerte abrazo como a cualquier otro amigo que parecía conocer. O mejor dicho, como cualquier otra "amiga".

¡Violeta! – Respondió de la misma manera ¿Qué podía hacer? No se le ocurría decir otra cosa.

¿Qué te trae a la ciudad? Es la primera vez que te veo fuera de la escuela. – Violeta rió con carcajadas.

Es que no tenía nada que hacer, así que tomé el primer autobús y hallé esta plaza. Pensaba volver a mi casa ahora mismo. – Para evitar tartamudear, emitió sus palabras con suma lentitud e inseguridad.

Yo vivo por aquí, mi padre pensó comprar algo para mi madre en la feria y me detuve a mirar y pasear ¿Te irás tan pronto? – Puso una cara de suplica y tristeza, típica de mujer que utiliza sus encantos para su propio beneficio. Luego de que Violeta terminase de hablar, Pedro comenzó a ver hacia todos lados en busca del padre, como si fuese un francotirador que lo estuviese vigilando a lo lejos.

Entonces… - Después de buscar al padre sin éxito, su vista se detuvo frente a sus ojos - ¿Qué planeas hacer? De todas maneras no creo que mis padres se preocupen de mi presencia en casa. – Estaba mintiendo completamente, nunca antes salió de su casa.

¡Qué bien! Entonces estamos en nuestra primera cita. – Exclamó con diversión y ridiculez.

¿Primera cita? Vaya, nunca pensé en tener una primera cita, ¿Qué haremos entonces? No conozco bien este lugar.

No necesitas conocerlo, es instintivo saber que la primera cita, siempre es necesaria una cosa esencial para que la cita sea una cita. – Comenzó a jugar con las palabras.

Ohh… ¿Cuál sería entonces esa cosa? – Despreocupado, Pedro sigue su juego.

Es una pregunta, para que una cita pueda llamarse así. – Violeta, juguetona e inquieta, juega a las adivinanzas.

Me rindo ¿Cuál es la pregunta? – Pedro no tenía la menor idea a lo que se refería.

¿Quieres cenar conmigo? – Violeta le propuso.

¿Qué, Yo cenar contigo? Emm… no sabría que decir… - Pedro quedó perplejo con la proposición que le hizo Violeta.

Vamos, ¿no somos amigos? – Puso de vuelta la "carita".

Si… está bien, no hay problema. – Finalmente Pedro aceptó.

¡Perfecto! Ven, sígueme. – Ambos se alejaron de la plaza.

Lo que Pedro no sabía y lo que estaba por suceder era que ese "¿Quieres cenar conmigo?" se transformaría en un horrible "¿Quieres cenar en mi casa con mis padres?". Así que caminaron un par de cuadras hasta llegar a una casa muy moderna y es cuando Pedro pensó "¿Que he hecho?". Fue directamente atraído por una inocente princesa a las fauces de un castillo donde se encontraban dos dragones durmientes sin escapatoria.

Frente al portón exterior, Violeta empuja detrás de la espalda de Pedro para que ingrese, tomando en broma el intento de resistencia. Pasando por un pequeño jardín que poseía algunas flores marchitadas por el castigante frio invernal, ambos individuos se detienen frente a la puerta de entrada.

Bueno he aquí mi casa. – Violeta rió.

Es muy bonita, ¿estás segura que debo entrar? – Incontables veces preguntó lo mismo en el camino.

Por última vez, sí Pedro, es más, ¡después te quiero enseñar mi habitación! – Dijo con entusiasmo.

Pedro no podía evitar pensar en cosas muy pervertidas por las palabras mencionadas, y se daba cuenta que el punto de vista homosexual establecido por su nueva "amiga" le permitía obtener ciertas comodidades en la vida personal de esta pobre chica que anhelaba tener un amigo intimo gay como para decir que "no todos los hombres son iguales y aquí tengo la prueba absoluta e incorruptible… Pedro".

Sin tener que decir que esto va a terminar en un completo y catastrófico desastre, pondré un punto intermedio para explicar un par de cosas.

Primero… Pedro no es gay. Lo dije antes y lo diré de vuelta. Es un estúpido, pero no es gay. Y Violeta está demasiado adentrada "en su mundo de fantasía" para darse cuenta de esto (aunque debo admitir que el comportamiento anteriormente expresado por Pedro no fue muy favorable). Podría haber hecho que nuestro famoso protagonista hubiese tomado el valor para decirle la verdad frente a la casa con ella, y capaz se hubiese ganado un beso, pero ese no es mi estilo, amigos. Estoy aquí para complicar las cosas, ridiculizar al protagonista y darle una lección que aprender frente a la vida misma. Sí, me encanta hacer sufrir a otros, pero tengo todavía los suficientes principios morales y éticos para seguir esta historia con una pizca de realidad imaginativa. Este capítulo de "Frustraciones Pasadas" tomará más texto ya que es el último de esta pequeña historia y pensé estirarla un poco. No creí escribir demasiado para una historia tan corta.

Volviendo al tema, el ruido de la puerta pudo escucharse cerrar detrás de Pedro. Estaba dentro. Imploraba que los dragones no se hayan despertado, o que no hubiesen llegado sus padres a casa. En otras palabras, estaba… completamente perdido, desnudo en la intemperie, esperando que se presente un milagro o una bestia que mediante sus fauces, pueda deleitarse con el sabor de su deprimente carne.

¡Violeta! ¿Eres tú en la puerta? – Pudo escucharse una voz femenina muy madura que parecía acercarse con cada palabra.

¿Viole… Ohh… trajiste visitas. ¿Quién es tu amigo? – Preguntó perpleja.

Es mi nuevo amigo, se llama Pedro. – Se dirige hacia él – Vamos, no seas tímido. – le empujó con su codo.

Hola… señora, mi nombre es Pedro. – Bajó su vista por un segundo.

Encantado Pedro, mi nombre es Rosa y soy la madre de Violeta. – Se presentó y le otorgó un beso en la mejilla, como si fuese una especie de mujer con poderes curativos al tacto.

Llevaba un vestido rojo con un chal negro, sin parecer haber expectado la inesperada visita del chico aunque estaba bien arreglada para una ocasión como esta. Poseía rulos que se aproximaban al pelirrojo pero sin notarlo, solo presentirlo. Sus ojos marrones presagiaban inteligencia cultural como todos los libros que alguna vez llegó a leer en su vida. Su aire impregnado de sutileza demostraba sus dotes artísticos en cualquier materia relacionada en la cultura general, estaba frente a una maestra en el arte filosófico.

Solo vamos a mi habitación. – Violeta afirmó tranquilamente como si nada pasara.

Ohh… Emm… ¿Se quedarán a cenar? – Rosa comenzó a fijar su mira laser a Pedro con malos pensamientos (una expresión de que no tuvo la mejor primera impresión).

No…- Antes de poder terminar de hablar, nuestro querido Pedro es interrumpido.

Si, se queda, obvio mama. – Emitió una risa que comenzaba a asustar al pobre chico.

Bueno… después vengan a comer cuando la cena esté lista. – Sin chistar, dio media vuelta y caminó en dirección a lo que parecía un living enorme.

¡Vamos! ¡Te enseño mi habitación! – Tomándolo del brazo, suben las escaleras con prisa.

Bueno, si… soy un maldito. Lo admito. Es algo que no suelo hacer pero tengo ganas de que cosas así sucedan. Es algo improbable que una chica te lleve a todos lados por solo pensar que eres diferente a los demás chicos por tu sexualidad indefinida (o al menos eso creo, y si no es cierto, entonces dejen de leer que este texto está escrito erróneamente). Sé que no me escribirán un review por lástima, no lo merezco.

En fin, ¿Adivinen de qué color eran las paredes de la pieza de Violeta?... Un poco previsible ¿no? Mil disculpas a mis lectores.

Si, el cuarto de Violeta era de color… violeta. Cama, ropa, por poco el armario pero decidí dejarlo en su color barniz original por la originalidad de la historia.

Quiero decir antes de seguir, que (ya sé que soy demasiado insistente y molesto, lo entiendo) me es muy difícil escribir este tipo de historia, como a Oscar Wilde le fue muy difícil escribir "La tragedia de mi vida". Es la vergüenza que desprende cada palabra y tengo un poco de envidia por la vida que lleva mi personaje, al menos, tiene una amiga maniática.

Son los momentos en que Pedro piensa por un lado, la perversión sexual que podría sacar ventaja y provecho con esta inentendible chica (al menos yo lo haría, y una cantidad considerable de hombres), la realidad de que él realmente sentía algo por ella y decírselo en ese mismo momento (lo que toda chica desea, es broma, no todas creen eso) y finalmente, seguir la corriente homosexual, acaparando las consecuencias, escuchar todas las cosas que esta chica tenga que decir, y capaz depilarse o pintarse los labios en una fiesta de pijamadas. También tenemos el lado de usar el anillo de poder recién adquirido para desaparecer de ese lugar y volver a su casa (algo que es físicamente imposible e imaginario… por ahora) y por último, salir corriendo de ese lugar gritando como loco.

Lo interesante, es que permaneció completamente callado. Sin decir una palabra, conteniendo su desesperación sexual, sentimental, sus miedos, la corriente homosexual, y la irrealidad de desaparecer con su anillo de poder.

Siguió aparentando ser un hombre (raro) y tomó una postura tímida y muy pocas veces divertida.

Era una habitación muy particular. Muchos objetos estaban pintados del mismo color que el nombre de Violeta. Aunque Pedro, por lo único que se interesó (descartando zapatos y vestimentas femeninas) fue la computadora, que se encontraba en una esquina, encendida y solitaria. Y ahí, mis queridos lectores, utilizó su perspicaz cerebro y tuvo intenciones de "leer" a Violeta mediante el contenido de su propia computadora.

Tienes muchas cosas, es muy impresionante. – Pedro en un intento de alagar, se centró en lo que más le parecía interesante. – ¡Ohh! Tienes una computadora en tu cuarto, al igual que yo. – Ríe disimuladamente.

¡Sí! Suelo hablar mucho con mis amigas en Skype, principalmente cuando no tengo clases de matemáticas.- Emitió una risa igual de preocupante como cuando presentó a Pedro, no hace mucho.

¡Wow! ¿Puedo usarla? – Preguntó como si fuese un niño chiquito.

Claro, ¿Pero por qué prefieres usarla? – De manera triste, como si ella no fuese suficiente entretenimiento y diversión para Pedro.

Es que… - Formulando mentiras y engaños de calidad – es para saber cuál es tu usuario en Skype, así charlábamos con videollamadas ya que no estoy más en tu clase de matemáticas. – Le explico, en parte decía la verdad, y por otra… indagaba secretos personales como la contraseña de su perfil.

¡Ah, cierto que no estamos en el mismo año! Lo olvide completamente. – Llevando una mano a su cabeza.

Violeta, a comer. – La madre irrumpió descortés sin haber tocado la puerta. Vigilando los movimientos de Pedro como si fuese una víbora venenosa y entrecerrando los ojos con desconfianza.

Una vez en la mesa, el padre, que se llamaba… Ernesto Zulmara, no se distanciaba mucho de un filósofo con gran experiencia. No podía diferenciarse de un profesor, un filósofo o un escritor. Llevaba el pelo corto, bien arreglado y una camisa de color bordó con las mangas arremangadas. No parecía tener más de cuarenta años.

Me alegra que mi hija trajera compañía en este momento, ¿Cómo dijiste que te llamabas? (Nunca preguntó su nombre). – Se dirigió al nuevo invitado en la mesa.

Lazarte, Pedro Lazarte, señor. – Es la primera vez que le pongo apellido a Pedro, y eso después de 10.000 palabras (Bueno no fue el único, en realidad su apellido no era Sánchez porque no quería hacerlo mexicano). No puedo ser tan estúpido…

Un verdadero gusto, Pedro. – Comienza a comer.

Luego de un momento de tensión, en la que era preferible permanecer en silencio mientras una madre recubierta de instinto maternal y un filósofo despistado opacaban su presencia, la cena terminó.

Pedro volvió a la habitación de Violeta. Y antes de juntar fuerzas para decirle que necesitaba irse, Violeta le dio un beso en la boca.

Que mal que no te gusten las mujeres, serías el hombre perfecto. – Comentó con un suspiro que era muy similar a la tristeza o a las ganas que tenía de hacerlo.

Imaginen que no hayan tenido pareja nunca, y aparece esta persona que realmente parece atractiva a nivel sentimental y te otorgue un beso desprevenido. ¿Cómo se habrá sentido nuestro simple e inocentemente hereje Pedro?

No puedo describirlo, sinceramente…. Mentira, es demasiado cursi para este momento.

Solo puedo decir que los ojos de Pedro no estaban perfectamente centrados en algo real.

Lo siento… necesito… irme. – No pudo verla, pero todos sus demás sentidos estaban cien por ciento alertas.

Habiéndose ido y despertado con el frío de la noche, enfiló hacia la parada de autobuses. Cruzó las últimas tiendas que permanecían en la feria de la plaza y el vago que una vez estuvo sentado en un principio sobre la vereda, desapareció.

Permaneció una hora… frente a la puerta de su casa. ¿Cuántas veces habrá revivido ese recuerdo en su mente? No quiero saberlo, y seguramente las suficientes como para exagerarlo a niveles míticos. Como aquellos relatos que suele hacer un bardo acerca de una hazaña imposible que fue completamente irreal. Los hechos remarcan que Pedro recibió un beso, y precisamente de una chica.

Abrió la puerta y al parecer, todo estaba apagado. En la mesa había una pequeña nota, con el respectivo beso que pone su madre.

"Nos fuimos al acto en la escuela de tu hermanita, si llegas antes, en el refrigerador está tu cena. PD: acuérdate de sacar al perro. "

Obviamente no sacó al perro, aunque eso no era lo que importaba, sus padres no notaron su ausencia postergada y esto lo tranquilizó. Seguramente pensó que el perro… ya dije muchas veces la palabra "perro" así que me arriesgo a ponerle nombre, lo voy a llamar… Minos como aquel personaje en las historias griegas.

Bueno, una vez terminado (solo me falta ponerle nombre a la vecina de al lado), como dije antes, Pedro seguramente pensó que estaría echado en alguna parte de la casa, así que sin importarle, subió a su habitación. Y ¿Adivinen quien dejó la puerta abierta? Exacto, la puerta estaba abierta y Minos, no tuvo más remedio que echarse en su cama.

No… Minos, vamos levántate estoy realmente agotado. – Pedro se dirigió a Minos, como si este realmente entendiera lo que está diciéndole.

Pero este le responde con una mirada de indiferencia y sueño para luego volver girar y cerrar los ojos. El perro era un cachorro muy inteligente… y vago.

Sin más que hacer, Pedro hace espacio a lado de su fiel can para acompañarlo en aquella noche de invierno lleno de recuerdos felices como lo que sucedió durante aquel "mágico" día. Y así terminó éste capítulo…

Quiero aclarar… dije que iban a ser 5 capítulos, pero en el entretiempo, surgió mi "escritor" interior y creí que podría llegar a terminarlos, pero ahora se extiende con un 6to capítulo. Mil disculpas a cualquiera que osase leer esta historia con detenimiento esperando una respuesta menos tonta y más ilustrativa, me temo que los decepcioné. Pensándolo bien, no parece tan malo después de todo…