SINOPSIS COMPLETA


Un día la vida de Nicholas Brendan, Christopher Backer y Jonathan Ray Bay da un giro brusco. Mientras tocaban con su banda de cuarta, Nick cometió el grave error de enamorarse de Lucy Oliversen. La vio allí parada tarareando Strip my mind y se hipnotizó. Pero, ¿quién diría que la entrada de una muchacha tan particular cambiaría no sólo el entorno de Nicholas, sino también el de los demás? Te preguntarás, ¿por qué? De un modo inconsciente, a medida que ella se integra más, los secretos de los otros tres van saliendo a luz. Cosas que Nick, John y Chris quizá no habrían podido descifrar por sí mismos.

Amor, pasión, desamor, engaño, llantos, fama, terror, miedo, secretos, amistad, discusiones, tensiones, el dolor de las pérdidas y la drogadicción, sumados al poder del rock. Estar en esta banda es como estar en una montaña rusa cuando tienes miedo de subirte a ella. Un caso perdido. Porque, dime, ¿qué puede tener de normal una banda en la que podemos encontrar a un drogadicto, una chica que se odia a sí misma y a sus tantas indecisiones, un muchacho que tiene tanta bondad e inocencia dentro suyo que no tardará en estallar, y por último el sujeto que discute tanto con su familia que prefiere no demostrar nada?

Tú lo has dicho. Nada. Pero muchos piensan que las desgracias de una banda son las que los lleva a la fama.


¡HOLA!

¿Cómo están mis muchachos? He estado planeando ésta historia hace mucho tiempo y bueno, éste será el prólogo para darle la bienvenida. Me gustaría que también ustedes den su bienvenida y me dejen sus comentarios. Será una historia de amor y rock and roll.

Una aclaración: la historia se desarrolla en Boston, Massachusetts, pero los nombres de las instalaciones (ya sean bares, escuelas, universidades o derivados) son falsos y creados por mí.

Otra aclaración: el título de la historia, como ven, es 'Love rollercoaster' (O sea: 'Montaña rusa del amor'). Se trata de una canción de los Ohio Players, que luego fue 'covereada' por los Red Hot Chili Peppers, una alucinante banda de la cual veremos muchas canciones por aquí (En mi insignificante opinión, la versión de los Peppers es más bonita que la de los OP. Escúchenla, es algo funky pero agradable y muy adaptable al ambiente de la historia)

Otra alcaración xD: no me voy a poner a dar discursos acerca de los derechos de autor pero, por favor, no copien mi historia (o 'covereen', en términos de rock). Me costó mucho hacerla. Valoren mi trabajo así como yo valoro muchas de las increíbles obras que leo por aquí :3

Ah, y una aclaración antes de empezar: recomiendo escuchar las canciones de los capítulos. Sirven de linda ambientación, también, ya que van también con el estilo del capítulo. Sólo lo sugiero. Si no quieren, de acuerdo. Bien, ya está, lamento tantas interrupciones :B

Y comenzamos así sin más, espero que lo disfruten y estoy abierta a cualquier comentario :D


Capítulo uno

No desnudes mi mente


Nicholas Brendan. No, no Nicholas. Nick. Odiaba que le dijeran Nicholas. Nadie sabía exactamente por qué, ni siquiera él. Si alguien tuviera que describir a Nicholas, tendría muchos perfiles diferentes. Algún rebelde lo describiría como un idiota, demasiado silencioso y de pocas sonrisas. En realidad sonrisas sí, pero risas nunca. Nadie, en la faz de la tierra existente, conocía la risa de Nicholas. Si alguna chica tuviera que definirlo, lo haría usando el término "bombonazo norteamericano", con ese cabello negro azabache y esos ojos azules tan profundos y expresivos. Por otro lado, tenemos la opinión de un abogado o alguien pulcro, algo así como un "Universitario de dieciocho años sucio". Y es que su departamento era una porquería. Ni siquiera tenía cama. Dormía en el sillón. Y tampoco era universitario, nunca había comenzado la universidad. Había tenido una discusión acerca de ello con su familia, y por eso se había mudado a semejante cuchitril, y luego se había reunido la banda, pero eso era tema aparte.

Amaba a su banda. Era la única razón por la que vivía antes de definirse como un cactus indiferente e insignificante en Boston. Soñaba con ser famoso, aunque nadie iba a verlos a los bares. Él tocaba la guitarra y cantaba (también habían tenido problemas con el cantante, y entre los tres que quedaban, Nicholas cantaba de un modo angelical, así que tuvo que ocupar los dos roles en la banda). Por otro lado, el tímido, risueño, sensible y sumiso Jonathan se encargaba del bajo. Sí, podía ser el hermano menor de la banda, pero tocaba ese bajo como si tuviera al mismo demonio dentro. Y luego estaba Christopher. ¿Cómo definir a Christopher? ¿Un lunático? ¿Un aficionado de la batería? ¿El sujeto más divertido y estúpido del universo? O quizá: el único que creía que su corte en cresta combinaba con sus ojos grises y eso le daba onda. En realidad Nick prefería su cabello alborotado anterior. Y a Jonathan no le afectaba su corte de cabello. Él no se quejaba por eso. En realidad, Jonathan no se quejaba nunca por nada. Era como un niño escondido entre sus hombros, al que le preguntabas "Eh, Jonny, ¿has visto el culo de esa mujer?" Y él se encogía de hombros y decía "Nada mal..."

Ese día tocaban en un bar llamado Zepellin, lo que le agradaba a Nicholas porque ya habían tocado muchas veces allí y le gustaba Led Zepellin. Sin embargo, los Red Hot Chili Peppers rondaban en su cabeza las veinticuatro horas del día, con sus melodías funkys y pegajosas. Christopher y Jonathan también los adoraban, y era una cosa que agradecían tener en común como mejores amigos, y quizá una de las únicas.

Nicholas suspiró y miró junto a la mesita de su sillón. Una y media de la tarde. Debían estar en el bar a las dos. Llegaría rápido con suFiat600hecho mierda, tan viejo como la misma declaración de la Independencia, si es que eso era posible. Se sonó el cuello al ponerse de pie. Debía ir a un especialista. Detestaba dormir en el sillón, era demasiado incómodo. Un sólo movimiento y ya estabas en el piso. Y sí...ahí mismo tenía sus encuentros.

But if this ever-changing world...la la la la. — Continuó, sin recordar exactamente la letra. Tantas palabras vagas en su cabeza, que había logrado mezclar una canción de The Beatles con una de Pink Floyd una vez. Le subió el volumen a la radio mientras se ponía desodorante—.SAY LIVE AND LET DIE. PUM. PUM. LIVE AND LET DIE.

Estaba feliz, aunque no lo demostraba mucho. Nunca demostraba sus sentimientos. Odiaba hacerlo. Sólo sonreía cuando algo le daba risa, pero hasta ahí. Debía suceder algo realmente trágico para que llorara, o algo realmente conmovedor para que riera, o algo realmente extremo para que se enojara. Se lavó los dientes y se puso una remera aleatoria, incluso sin percatarse de que estaba al revés. Iba a ir a tomar su guitarra, pero recordó con más alegría que Christopher se había encargado de hacerlo el día anterior. Por lo que tampoco tenía que lidiar con la guitarra en el hombro. ¿Podía la tarde ir mejor? Tomó sus llaves, su celular, sus auriculares y su billetera y descendió a la calle por una estrecha escalerita de ladrillos rojos y paredes blancas y manchadas de humedad. Su departamento era desagradable, pero mejor que nada.

El clima estaba horrible, lo que le sacaba la perfección al día. Nubes oscuras manchaban el cielo gris, y había un viento que parecía sacar los árboles de raíz. Y allí estaba frente a su puerta, su Fiat 600 blanco, oxidado, mugroso y de pintura descascarada, sin mencionar el ruido horripilante que hacía el motor y que no funcionaba la radio, por lo cual siempre utilizaba su celular para pasar música. Abrió la puerta de su auto y se adentró en él, suspirando de satisfacción. Acarició el volante como si fuera un perro.

— Qué lindo es entrar en ti y encontrar calor, Florida. — Sí. Su auto se llama Florida. Colocó la llave y la giro. El motor hizo un ruido ronco y metálico y luego...nada. Nick volvió a intentar. Motor y nada. Y así tres, cuatro, cinco, seis veces más hasta que prácticamente el motor sonó, hizo ruido de mini explosión y no volvió a responder —. Puta madre, ahora tendré que pagar el mecánico.

Con un resoplido, sacó su llave y la guardó en el bolsillo. Salió del auto y se quedó mirándolo un rato largo. ¿Por qué tenía que descomponerse quince minutos antes de su compromiso?

— Ay, Florida, no puedes hacerme ésto — se pasó la mano por la cara, agobiado. Miró la puerta de su hogar, por la que acababa de salir antes de que todo aquello pasara. Tenía que usar, por más que le doliera y costara...

Tenía que usar la bicicleta.

Eso era equivalente a sólo una cosa.

Mierda.


Christopher entró al baño del bar y miró su celular. Ni una llamada de Nick, lo que se le hacía extraño. Ambos habían estado juntos desde la primaria y se conocían más que a nada, y Chris sabía que Nicholas era bien prevenido y siempre llamaba antes de hacer algo para avisar. Alzó los hombros, guardó al teléfono y se miró al espejo.

— Hola — sonrió, haciendo una pose sexy —. ¿Te han dicho alguna vez...que tu rostro parece tallado por ángeles?

— ¡Christopher! — gritó una voz del otro lado de la puerta, interrumpiendo su coqueteo a sí mismo. Era John. Conocía su vocecita inhibida y su acento inglés. Christophah—. ¡Oye, Nickie ha llegado! Pero en bicicleta.

Chris largó una carcajada. Iría a burlarse de su amigo en ese preciso instante. Y no le costó hacerlo. Cuando salió del baño, él estaba caminando hacia allí. Cuando Nicholas se acercó a saludarlo, atacó.

— ¿Qué le paso a Washington?

— Se llama Florida — espetó Nicholas —. Y...no sé que le pasó...se averió.

— Como de costumbre — sonrió Chris. Su mejor amigo le lanzó una cara de pocos amigos —. Está bien, está bien...lo siento. Movámonos.

Christopher avanzó por a través de las mesas y sus amigos lo siguieron. Nick fue el único en notar que el lugar no estaba tan vacío como las otras veces, salvo por muchachos que charlaban animadamente tomando cerveza, el viejo Joe, que siempre estaba allí de todos modos, las sexys camareras, el cantinero Kevin, que los había invitado a tocar como tantas veces, y una muchacha a la que Nicholas no pudo sacarle los ojos de encima. No porque fuera linda, aunque tampoco era fea, con su piel morena, ojos negros y cabello lacio, castaño y largo. Lo que sorprendió a Nick era su presencia. No tenía pinta de deber estar en ese bar de cuarta, sino en un restaurante más fino. Quizá ni siquiera sabía canciones de los Peppers, o era familiar de alguien...Nicholas procuró olvidarlo. Llegaron a una escalerita que conducía directamente al escenario.

— Bien, hay que subir y dar todo como siempre. Hay que dar buenas impresiones, darles a entender que nuestros covers son buenos, que somos la mejor banda de covers de los Red Hot Chili Peppers de todo Boston — animó Chris, con una sonrisa. Nick enarcó una ceja.

— Debe ser...porque somos los únicos —dijo. Christopher lo fulminó con los ojos.

— ¿Nunca ves el vaso medio lleno?

Nick sonrió de medio lado. Adoraba a sus amigos más que a otra cosa en el mundo. Su guitarra estaba en el escenario. Sin poder soportarlo más, subió y la tomó entre sus manos mientras sus amigos se acomodaban con sus respectivos instrumentos. Nicholas se acercó suavemente al micrófono, que hizo un pitido antes de que hablara.

— Bienvenidos — saludó, sintiendo sus miradas clavadas en él. Nunca se ponía nervioso, pero esa vez lo estuvo. Abrió la boca y la cerró rápidamente. Se sintió muy estúpido. Volteó y Christopher dio las marcas con las baquetas y comenzó a golpear. Siempre abrían con la misma canción, y es que la adoraban porque se les hacía graciosa y divertida. Sabían que la línea de John se acercaba, una frase de la canción medio atrevida, lo que era gracioso para ellos porque no encajaba en lo absoluto con Johnny. Rojo de la vergüenza, Jonathan se acercó al micrófono, pero sonrió y fingió ser sexy moviendo las caderas.

You give me that funny feeling in my tummy — dijo. Básicamente, quería decir 'Tú provocas mis erecciones'. Nick pudo oír a Chris detrás suyo riendo. Él quería reír, pero nadie podía descubrir lo espantosa que era su risa.

En tres segundos, Nicholas comenzó a rasgar la guitarra naturalmente con ese tono tan divertido. Y, en ese momento, Nick se olvidó de sus problemas. De la espantosa Florida, de las peleas con su familia, de su hermano gritándole que era un imbécil, de la rotura con su novia hacía un mes...de todo. Sus penas se fueron volando junto con las notas. Carraspeó. Sabía que era difícil llegar a los agudos de Love rollercoaster, pero a Nicholas siempre le salían bien por más que costara. Se acercó al micrófono y comenzó a cantar. La gente murmuró entre sí, y se preguntó si lo había hecho bien o lo había hecho mal. Al segundo, la gente estaba marcando el pulso con el pie. Nicholas adoraba eso. El concierto pasó con total naturalidad y sin fallos, los tres moviéndose de aquí para allá y saltando como locos desquiciados. Johnattan casi tropieza con un cable, pero gracias el cielo no lo hizo. Hubiera sido muy humillante. También introducían covers de Jimi Hendrix, de Pink Floyd y de Steve Wonder, que la gente sabía y tarareaba.

Sin embargo, hubo algo que distrajo a Nicholas completamente. Mientras cantaban Strip my mind, un tema de los Chili Peppers no tan funky, más melancólico y también algo remoto, por lo cual la gente no lo conocía demasiado, miró a la muchacha que lo había atrapado antes de subir. Estaba cantando. Se sabía la letra. Nicholas se quedó sin habla. Parpadeó dos veces mientras terminaba con la canción

Please, don't strip my mind — cantó, sin poder despegarse de ella, como si estuviera dedicándosela. Ella le lanzó una mirada asesina de superioridad y le sonrió. Nick apenas tuvo fuerzas para acabar la frase —. Leave something behind...

Mientras el poco público aplaudía y terminaba el concierto. Nicholas se dio tiempo para respirar. Logró salir de su trance cuando Chris le puso una mano en el hombro.

— Bien hecho, viejo, lo hiciste espectacular — lo felicitó, y descendió del escenario. Se había quedado solo allí arriba, aunque tenía un buen panorama para encontrar a su chica. Estiró el cuello. Distinguió su brillante y larga cabellera encaminándose a la salida.

— No — susurró, y alzó la voz —. ¡No, espera!

Se bajó de un salto y comenzó a correr por entre las mesas. Johnathan le extendió una mano con el dinero de la puesta en escena, que él apartó de un manotazo y continuó corriendo detrás de esa dama.

— ¡No te vayas! — volvió a gritar. Ella ya había salido. Ni siquiera lo había oído, o lo ignoraba. Después de muchos empujones, Nicholas logró salir y respirar para llenar a sus pulmones de lo que tanto le faltaba. Dios santo, ¿a dónde había ido? Miró a su alrededor. No estaba. Se había esfumado como un fantasma. Se sintió muy estúpido. Nunca volvería a verla en su vida, ni siquiera sabía su nombre o su paradero.

— ¡Viejo! — Una vocecita logró activarlo. Volteó. Allí estaba Jonathan, aún con el dinero en la mano. Lucía espantado —. ¿Estás bien?

— Sí — mintió, sacudiendo la cabeza de arriba a abajo como esos adornos de auto.

— ¿A quién buscabas? — insistió el muchacho. Obviamente, doce años de amistad no habían sido en vano. Lo conocía de pies a cabeza. Nicholas frunció el ceño y palmeó a su amigo en la espalda para entrar de nuevo al bar.

— A nadie, tranquilo.

Y entraron, aún abrazados sobre los hombros. En la esquina más cercana, una muchacha que acababa de salir de aquel recital se pegó contra la pared. Aquel muchacho, hermoso, guitarrista, claro fanático de los Peppers y perfecto cantante, la había seguido. Nunca nadie le había hecho eso a Lucy. Nadie creía que ella fuera bonita o interesante. Sonrió y regresó a paso veloz a su hogar.


Y bueeeeeeeeeeno, eso ha sido lo primero :D ¡Recibo cualquier comentario! Espero que les guste y que me den sus opiniones.

¡Nos veremos la próxima!

Saludirijillos :3