AVISO IMPORTANTE: Este relato es un lemon, es decir un relato ERÓTICO explícito. No para menores de 18 años.

No es una secuela de ninguna historia, es una escena suprimida del capítulo 36 de mi novela: Mi vida un show.

Bueno, ya están advertidos, si no les gusta leer relatos "muy subidos de tono", no les aconsejo continuar, pero pueden leer la historia principal de la cual obviamente retiré estas partes.

Ya empezaba a oscurecer cuando Ian se desvió del camino principal y se adentró en el bosque. Fue muy poco lo que pudo avanzar debido a la naturaleza que cubría el suelo y se enredaba en las llantas.

Se bajaron de la motocicleta y Sophie por fin pudo preguntarle de nuevo a dónde la llevaba.

—Te alejo del mundo. Por dos días estarás en un lugar donde nadie pueda encontrarte.

— ¿Estás loco? No puedo desaparecer. En el canal van a matarme, tenemos días de retraso de filmación, además ¿Mis padres te dieron permiso?

—Claro que no —dijo con obviedad empujando la motocicleta hacia el bosque —. Por eso te dije que te estoy secuestrando. No vas a pensar en nada que te preocupe o juro que vas a terminar con una crisis nerviosa.

— ¡Por supuesto que voy a terminar con una crisis! Mi padre va a venir a buscarnos y va a matarte. Y a mí van a matarme en…

—Cállate —Ian le puso un dedo en sus labios, para que dejara de hablar—. Vas a decir al diablo el mundo y vas a aislarte.

— ¿Vas a dejarme aquí sola o te quedarás conmigo? —por un momento sospechó que Ian la dejaría en medio de la nada, encerrada en una jaula o en una cabaña abandonada donde solo estaría ella.

—Por supuesto que voy a quedarme contigo. Dos días, solo los dos, para que te calmes y regreses a la civilización con la cabeza despejada y sin una crisis nerviosa.

Ian no le permitió hablar más, tomó la delantera para guiarla entre árboles y rocas. El bosque de pinos donde estaban era solitario y no se sentía ninguna presencia, solo la de un par de aves cuyo canto se escuchaba en la lejanía. Sophie comenzaba a tener escalofríos así que se apresuró a ponerse junto a él.

Finalmente llegaron a un claro que precedía un barranco. Si miraban hacia abajo el paisaje era impresionante, las montañas de colores rojizos se veían al fondo, dibujando una marcada diferencia entre la tierra y el cielo y los árboles puestos de manera desordenada no permitían ver el suelo. Puesto de vista a éste, había una carpa y una pila de maderos dispuestos para hacer una fogata.

— ¿De dónde conseguiste estas cosas? —Sophie se sorprendió.

—Alan y Daniel me ayudaron. Trajimos esto de tu casa.

Sophie entendió entonces por qué Alan había llegado en ese estado.

— ¿Daniel ayudó? —mostró su incredulidad arqueando una ceja.

—Sí, es tu hermano y te quiere… y el pequeño rata nos cobró. Pero valió la pena, él le dará el mensaje a tu padre.

—Cuando regresemos va amatarnos a los dos —consideró e Ian le tapó la boca de nuevo.

—No importa, ahora no vas a pensar en nada de lo que va a pasar.

La chica sonrió sinceramente, como no había hecho en muchos días. Decidió hacerle caso y olvidarse de todos los problemas pasados, actuales y futuros. Para solo concentrarse en el hermoso paisaje que estaba ante sus ojos y el silencio del lugar que le permitiría poder escuchar sus propios pensamientos.

Antes de que la oscuridad total llegara al lugar. Ian encendió la fogata y puso al fuego una olla con agua.

— ¿Sólo trajiste una carpa? —después de un momento de tranquilidad, Sophie le preguntó.

—Sí, la que ves.

—Qué conveniente.

—Nos costó traer una, no íbamos a traer dos. Además en la noche hará bastante frío, créeme que vas a querer calor humano.

—Sí, sobre todo el tuyo —murmuró con sarcasmo.

Era una situación muy agradable. Ver como el sol se ocultaba detrás de las montañas y respirar aire fresco, mientras ambos se concentraban en el sonido chispeante del fuego consumiendo la madera. Cuando el agua comenzó a hervir, Ian la retiró del fuego y la vertió en un par de envases de fideos instantáneos.

—Cenaremos pasta —le avisó acerándole su vaso y un tenedor de plástico.

—Qué elegante.

—Es mi especialidad culinaria.

—Entonces debe estar deliciosa, porque todo lo que haces lo haces bien. Y eso es muy irritante —rió.

Él le respondió con una sonrisa y el silencio envolvió nuevamente el lugar.

Ian no la miraba, estaba concentrado en comer y en la fogata. Sophie no le desprendía la vista. Realmente quería hablar con él. Tenía demasiado para decirle y ese era el mejor momento, pero no sabía cómo empezar. El aparentemente no pensaba decir nada tampoco. Podría empezar agradeciéndole por lo que estaba haciendo para ella. O podría simplemente acercarse a él, buscando su calor para sutilmente comenzar a besarlo… y cómo quería besarlo. Desde que tenía en claro que no podía amar a nadie más que a él, que solo podía pensar en cómo deseaba eliminar el espacio entre ambos y perderse en sus brazos por siempre.

Solo imaginarlo le causaba un cosquilleo en el estómago que se hacía cada vez más fuerte.

Si se acercaba a él buscando un abrazo estaba segura que no se negaría, pero eso no era lo único que deseaba en ese momento. Sin pensarlo más o dejando a su cuerpo hablar por ella, se levantó del suelo y sacudió su pantalón.

—Está empezando a hacer frío, mejor entramos —le extendió la mano, esperando que él se levantara también y la acompañara a la carpa.

Ian no se hizo esperar. Dejó lo que no había terminado de comer en el suelo y la siguió entrelazando sus dedos.

El interior de la carpa se veía acogedor. Ian y Alan habían puesto un par de colchones de aire, dos mullidas bolsas de dormir y un par de mantas. En el techo también habían tenido la precaución de colocar una lámpara.

Ian prendió la luz y permanecieron sentados ahí dentro mirándose de frente.

—Gracias por esto Ian, de verdad lo necesitaba: olvidarme del mundo —le agradeció tímidamente y de la misma forma se acercó a besarlo, como corroborando su agradecimiento. Quería hacerlo lento, disfrutando de sentirlo a su lado; pero él como siempre, no se lo permitió, intensificando el beso rápidamente y chupándole el labio inferior.

Eso era suficiente para superar su autocontrol, aunque en realidad no tenía intenciones de mantenerlo. Lo rodeó con los brazos para no permitirle separarse y después de un par de minutos comenzó a sentir sus manos acariciándola por debajo de su blusa. Lo dejó continuar y le facilitó el acceso a su cuello retirando su cabello.

Ian notaba que ella no se tensionaba o le ponía trabas como siempre. Esta vez parecía dispuesta a abandonarse a su cuerpo.

En cuanto él la recostó sobre el colchón, ella se apresuró a quitarse su chaqueta y su blusa, exponiendo ante él su abdomen semi denudo.

— ¿Estás segura de esto? Porque no te garantizo que después tenga el auto control o las ganas de detenerme —le advirtió, dándole una oportunidad de retractarse, no quería hacer algo para lo que ella no estuviese completamente dispuesta.

—Sí —respondió en medio de una risa nerviosa, comenzando a temblar.

—Estás temblando —dijo mostrándose poco convencido y pensando que Sophie accedía por complacerlo, pero no estaba lista.

—Es que hace frío —rió.

El soltó otra risa, se quitó también la parte superior de su vestimenta y agarró una manta para cubrirlos y recostarse sobre ella, retomando los besos.

— ¡Espera! —Sophie lo detuvo abruptamente, empujándolo y haciéndose a un lado—. No podemos hacerlo así.

"Estuve tan cerca" pensó Ian, sufriendo, sin creerse que Sophie se arrepintiera en ese momento, dejándolo demasiado excitado.

Sophie caminó de rodillas hacia la chaqueta de Ian y del bolsillo sacó su teléfono.

—Mi primera vez tiene que ser muy romántica y con música de fondo —le explicó buscando en su lista de reproducción.

— ¿Es en serio?

—Sí. ¿Tienes algo que no sea punk de los setenta, rock, o la o música horrible que descargas de internet? —preguntó decepcionada, sin encontrar algo que le gustara.

—Solo lo que ves, nada romántico para apoyar el momento —respondió impaciente—. ¿Puedes apurarte? También tengo frío y el frío en esta situación no es aliado de los hombres.

—Lo siento, es que no hay nada que me guste y en mi teléfono no tengo nada más que las canciones de mi programa.

Ian le quitó el aparato de las manos y rápidamente escogió una canción, luego lanzó el teléfono al otro lado de la carpa, para que Sophie no lo buscara y la música siguiera sonando.

— ¿Linkin Park? ¿En serio?, ¿para esta ocasión eliges Linkin Park? —reclamó reconociendo la canción

—Sí, la letra es romántica y es nuestras canción ahora, punto —más impaciente la abrazó y la tumbó, besándole el estómago y bajando suavemente hasta el comienzo de sus jeans. Abrió el primer botón y terminó de desvestirla, para continuar haciendo todo lo que sus impulsos le ordenaban mientras "With You" seguía sonando.

La tenía desnuda de la cintura para abajo doblando las piernas tímidamente. Le desabrochó el brasier para tenerla completamente desnuda y la detalló con la mirada unos segundos. Por su cabeza pasaban mil ideas sobre las cosas que quería hacerle en ese momento, pero respiraba pausadamente mentalizándose que tenía que tomar las cosas con calma e intentar ser más romántico que instintivo, al menos por esa vez para complacerla, luego tendría muchas oportunidades para realizar las innumerables fantasías que tenía con ella.

Después de examinar el delgado cuerpo de la chica, poniéndola impaciente y nerviosa, pensó que además de su estrecha cintura lo que más le gustaba de su cuerpo eran sus pequeños y redondos senos; hasta que bajó más y recordó sus largas piernas, las que disfrutaba viendo casi diario en el colegio ya que la falda del uniforme le tapaba poco más de medio muslo y en ocasiones se subía todavía más, en esos momentos la miraba disimuladamente y se aguantaba las ganas de acariciarla; consideró que tal vez no lo haría más y en el futuro tendría la indiscreción de toquetearla por debajo del pupitre.

— ¡Ian! —Sophie le llamó la atención, él parecía haberse colgado con la mirada fija en su entrepierna y eso la ponía un poco incómoda.

—Lo siento—regresó a la realidad y posó las manos sobre sus pechos, masajeándolos suavemente y pellizcándole ligeramente los pezones. Continuó jugando solo con su pecho izquierdo mientras su mano derecha se deslizaba hasta darle encuentro a su entrepierna, donde comenzó a frotarla circularmente sintiendo lo húmeda que estaba.

La chica respiraba entrecortadamente y soltó un primer gemido cuando lo sintió morderle suavemente uno de sus pezones. Ian parecía saber exactamente qué hacer, como si ya conociera su cuerpo de toda la vida y supiera la forma correcta de tocarla. En poco tiempo estuvo a punto de llevarla a tener un orgasmo. Como si se diera cuenta de lo que estaba por suceder y no quisiera darle el gusto aún, se detuvo abruptamente y le levantó una de las piernas para ponerla sobre su hombro y besarla pausadamente desde la rodilla hasta la parte interior de su muslo, ahí se detuvo un momento y con mayor lentitud se acercó hasta su intimidad, para comenzar a recorrerla con la lengua.

Sophie lanzó un grito ahogado y por un momento quiso pedirle que se detuviera. Tal vez era demasiado para ser su primera vez, pero el sentir la punta de la lengua de Ian jugueteando con su clítoris era el disuasivo suficiente para dejarlo continuar. Enredó sus dedos en el cabello castaño del chico mientras él la lamía y besaba con más intensidad. Esta vez parecía que no iba a dejarla al inicio del clímax. Su estómago pareció encogerse y su espalda comenzó a aquerase mientras sentía el primer orgasmo de su vida que no había sido provocado por ella misma.

Estaba mareada, aquello parecía un sueño y su cuerpo temblaba, esta vez no por el frío. Ian ya había dejado de darle placer oral y volvía a besarla en la boca. Ella le correspondía automáticamente porque él no le daba descanso, ni siquiera le había dado oportunidad de levantarse. Haciendo un poco de esfuerzo lo empujó para que la dejara sentarse e interrumpió el beso para morderle sensualmente el cuello y acariciarle la espalda, que era suave y musculosa bajo su tacto.

Ian la aprisionó también con sus brazos, deleitándose con los besos y mordidas que le brindaba. Su pantalón ya estaba demasiado apretado y lastimaba su miembro, así que con delicadeza separó a la chica y se bajó el cierre del pantalón. Ella lo ayudó con dedos torpes a abrirse el botón y quitarse el pantalón junto a los boxers. Por un momento ella también permaneció mirándolo fijamente. Aunque ya lo había visto desnudo por accidente en otra ocasión, ahora lo veía por primera vez a detalle. Su abdomen y brazos estaban bien formados y le llamaba un poco la atención que tuviera tan poco vello corporal, aunque eso le agradaba. Al igual que su rostro, Ian tenía el cuerpo de un hombre y no el de un adolecente, haciéndolo parecer unos años mayor que ella, aunque tuvieran exactamente la misma edad. Más abajo su miembro viril ya muy erecto le causaba algo de temor. No tenía con qué comprar, nunca había visto un miembro masculino fuera de una fotografía, pero siempre se los había imaginado más pequeños. Ingenuamente comenzó a considerar que algo tan grande no entraría en su estrecha cavidad vaginal, al menos no sin hacerle mucho daño. Regresando a la realidad, se dijo a sí misma que era estúpido pensar en eso e intentó desechar la idea rápidamente.

A Ian no le importaba que ella lo observara fijamente, lo único que quería en ese momento era ponerla de rodillas y que le diese placer con la boca, pero seguramente Sophie no estaba lista para eso, o no querría hacerlo, así que no iba a insistir; sin embargo, como si en esta ocasión ella le hubiera leído los pensamientos, bajó hasta situar su rosto a la altura de su miembro y tímidamente comenzó a recorrerlo con la lengua, mirándolo a los ojos, como si buscara su aprobación.

—Sigue —le ordenó con la voz entrecortada, casi sin poder creerse que Sophie lo estuviera haciendo. La tomó suavemente del cabello y la incentivó a continuar y a introducirlo en su boca. Poco a poco ella fue chupando más que solo la punta, intentando no lastimarlo y preguntándose si lo estaba haciendo bien. Los gemidos del muchacho fueron su respuesta, lo estaba disfrutando y por momentos le daba alguna instrucción que ella no dudaba en obedecer.

Sin darse cuenta la tenía agarrada del cabello marcándole el ritmo con suaves tirones, que parecían no molestarle a la chica, pero los aminoró de todas maneras. El momento del clímax llegaba para él y ahí sí la jaló fuertemente del cabello para alejarla y no terminar dentro su boca.

—Perdón —le pidió preocupado, se había dejado llevar por el momento y pensaba que la había lastimado.

—No te preocupes —intentó convencerlo de que todo estaba bien.

Ian se movió hacia su mochila y sacó un par de pañuelos desechables, se los ofreció y ella tímidamente se limpió el rostro y el inicio de sus pechos. En esa pequeña pausa se dieron cuenta que "With you" ya había dejado de sonar posiblemente hacía rato y seguían con la lista de reproducción de Linkin Park.

—Te apuesto a que ahora no vas a poder escuchar a esta banda sin excitarte —dijo Ian.

—Tonto —le respondió entrecerrando los ojos y ocultando los pañuelos debajo del colchón. Alcanzó la manta y cubrió parte de su cuerpo, esperando qué más venía. ¿Ahí acaba todo por esa noche? No había sido decepcionante en absoluto, pero esperaba literalmente perder su virginidad esa noche.

—Esto todavía no acaba —Ian le retiró la manta y la obligó a recostarse de nuevo— ¿Te masturbas? —le preguntó mientras le daba cortos besos en el cuello.

— ¿Por qué me preguntas eso? —ahora sí estaba incómoda y le daba demasiada vergüenza responderle.

— ¿Y por qué no preguntar?

—No sé, es raro.

— ¿Te parece raro que te pregunte eso en un momento como éste?

—Bien, no sé. Supongo que sí, me da vergüenza que me preguntes esas cosas —suspiró debido al agradable cosquilleo que un beso cerca del lóbulo de sus oreja le había provocado.

—No debería darte vergüenza ninguna de estas cosas conmigo. Apenas estamos empezando, no sabes la cantidad de cosas que quiero hacerte, y voy a hacerte en el futuro.

Esa declaración la asustó un poco, pero conociendo a Ian no le sorprendía, además le gustaba que le hablara de esa manera, que la hiciera sentir que la deseaba y la necesitaba; hasta le gustaba que tomara control de la situación y le indicara qué hacer, cosa que jamás hubiera imaginado posible.

—Está bien. Sí, a veces lo hago —confesó, esperando que no siguiera interrogándola.

— ¿Y en qué piensas cuando lo haces?

—En ti, incluso cuando creí que estabas muerto. Otro motivo para odiarte, era demasiado extraño y me parecía que estaba mal de la cabeza por tener fantasías sexuales con mi novio muerto.

Ian rió y se levantó de encima de ella.

—No es gracioso —se quejó la chica cruzando los brazos y cubriéndose lo senos a posta.

—Eres adorable hasta cuando hablas de esas cosas —su risa cambió por una ligera curvatura en sus labios, algo muy característico en él, un gesto al que Sophie siempre le había tenido debilidad—. Quiero que lo hagas ahora —le pidió bajándole los brazos para poder observar nuevamente su desnudez.

— ¿Para qué? —se sorprendió son su petición.

—Quiero verte hacerlo, hazlo —su petición sonó autoritaria.

Tragándose la vergüenza, la chica abrió las piernas ligeramente y bajó la mano hasta su entrepierna. Ian la miraba fijamente, casi relamiéndose, impaciente por que empezara. Aunque ella se sentía extraña intentó imaginar que estaba sola y comenzó a masajear su clítoris con la yema de sus dedos. Continuó haciéndolo, comenzando a sentir más y más placer. A diferencia de otras veces en que lo había hecho, esta vez no necesitaba imaginarse alguna situación con Ian porque él la estaba viviendo y eso volvía al momento más excitante.

A él le encantaba verla jugar consigo misma y después de unos segundos su erección regresó y sin quitarle los ojos de encima a la chica comenzó también a masturbarse, viendo en directo una escena con la que había fantaseado en varias ocasiones. Un par de minutos más tarde sintió que ya no era suficiente, los juegos preliminares se habían extendido demasiado y no podía esperar a penetrar a la chica.

—Sigue haciéndolo —le ordenó mientras iba nuevamente por su mochila y apresuradamente sacaba una caja de preservativos.

Sophie perdió la concentración en lo que hacía mientras veía a Ian volver a guardar tres cajas de preservativo y se quedaba con un empaque individual. Sintió un alivio inmenso al verlo ya que recién caía en cuenta que ni se había preocupado por ese aspecto y habría sido capaz de continuar sin protección.

— ¿Quieres ponérmelo? —le preguntó con burla.

—No tengo idea de cómo se ponen —respondió un poco ofendida.

—Voy a tener que enseñarte —Ian abrió rápidamente el paquete y mientras se colocaba el condón mostrándole como se hacía, Sophie tembló de los nervios y la emoción sabiendo qué pasaría a continuación.

El joven se colocó frente a ella y la tomó por las muñecas, agarrándolas por encima de su cabeza, le dio otro beso en los labios y la soltó para acomodarse entre sus piernas. Era la primera vez que penetraría a una chica virgen y eso también lo ponía a él nervioso. No quería lastimarla, pero estaba consciente que sería muy difícil que ella lo disfrutara a plenitud la primera vez. De haber sido otra persona tal vez no le habría importado tanto, pero era la persona que más amaba en el mundo quien estaba entre sus brazos, enteramente a su disposición.

Tomó su miembro y lo frotó contra la entrada de la vagina de la chica, comprobando lo resbalosa que estaba y abriéndose paso con cuidado. Apenas introdujo la punta se dio cuenta que no sería una labor tan sencilla. Sophie de golpe se había convertido en un manojo de nervios y estaba muy tensa. Empujó con más fuerza y ella lanzó un grito de dolor.

—Tranquilízate —le pidió recostándose sobre ella y acariciándole el cabello — ¿Me quieres dentro de ti?

—Más que cualquier otra cosa.

—Entonces solo piensa en eso y relaja tu abdomen. Respira hondo —le indicó y ella le hizo caso—. Bien ahora suelta el aire—. Mientras lo hacía aprovechó de hundirse más en ella.

—Me duele mucho—se quejó, imaginado que el miembro de Ian era mucho más grande de lo que había visto y ella mucho más estrecha de lo que imaginaba. Un par de lágrimas de dolor resbalaron por su rostro e Ian las borró con su lengua.

Dándose cuenta que hacerlo lentamente no iba a funcionar la besó apasionadamente, la tomó por los glúteos y terminó de entrar en un solo movimiento.

Ella no podía gritar por el beso, más lagrimas bajaron por sus mejillas y le clavó las uñas en la espalda, desquitándose por el dolor. Siguieron así unos segundos mientras el dolor aminoraba. Ian se contenía de moverse, prefería esperar a que ella estuviera más relajada. Cuando sintió las uñas desprendiéndose de su piel, se movió pausadamente, sintiendo un hilo de sangre resbalar por sus testículos. Por fin lo había hecho, oficialmente había desvirgado a Sophie y eso lo llenaba de gozo.

Con tal el chico se movía ella se sentía menos adolorida. Era una sensación muy diferente a lo que había imaginado; por un lado le encantaba que fuese Ian quien la penetrara, por otro el dolor aunque era menor, seguía presente y pasaba de su entre pierna a su cadera y aun así no quería que se detuviera. Él entraba y salía cada vez más rápido, gimiendo muy suavemente mientras que ella gemía y se quejaba en voz más alta. A causa del movimiento, el colchón de aire sobre el que estaban se deslizó debajo de ellos hasta moverse completamente y dejarlos sobre el suelo de la carpa.

A Ian no le importaba, pero Sophie tuvo que detenerlo.

—Espera —dijo en un quejido.

— ¿Te sigue doliendo?

—No —mintió, el dolor al que él se refería era soportable, pero no se había ido— Es que estoy sobre una piedra —dijo con una sonrisa divertida.

Ian se vio forzado a parar y salir de ella. Ambos se levantaron y acomodaron el colchón de nuevo. Sophie estuvo por echarse, pero él aprovechó de cambiar de posición. En cierta forma agradecía la interrupción, la chica era mucho más estrecha de lo que había pensado y penetrarla era tan placentero que iba a acabar por segunda vez muy rápido.

Se sentó con las piernas cruzadas y la alentó a sentarse introduciendo nuevamente el miembro en ella y a rodearlo con las piernas. De esa forma era ella quien controlaba el ritmo, moviendo la cadera de adelante hacia atrás. El dolor cedió por completo y empezó a disfrutarlo en serio. No solo el roce en sus paredes vaginales era placentero, también su clítoris se friccionaba y esta vez era ella quien sentía que no aguantaría mucho tiempo.

—Te amo Ian —le dijo a tiempo que se movía acompasadamente con él y tenía su segundo orgasmo de la noche, más intenso que el anterior.

Aflojó su cuerpo, ya no podía moverse, la sensación de mareo la sobrecogía de nuevo y estaba agotada. Cerrando los ojos por el cansancio distinguió apenas que Ian la echaba bajo su cuerpo y continuaba embistiéndola, más rápido y con más fuerza hasta terminar dentro de ella. Permaneció quieto mientras se recuperaba y después se alejó lentamente para quitarse el preservativo y guardarlo en una bolsa que botaría luego.

Se tiró al colchón junto a Sophie y la abrazó, ella parecía con ganas de dormir.

—Te amo también, lo sabes —le habló en voz baja y fue el único sonido que se escuchó. La batería del móvil se había acabado hacía rato y ninguno se había percatado.

—Sí lo sé. Gracias por compartir esto conmigo —le respondió jalando las frazadas hacia ellos y acurrucándose sobre su pecho.

Ambos cansados, continuaron besándose y acariciándose tiernamente hasta quedar dormidos.

Hace años que no escribía estas cosas, y la verdad escribir erótico no es lo mio, peor avces nme da el capricho XP

La historia estará en categoría PG-13 un par de días, para que la puedan encontrar quienes querían leerla, luego la moveré a categoría R y ya no estará en los buscadores, pero sí en mi cuenta.