Revisado y modificado (sólo quite algunas faltas ortográficas y errores de gramática que contenía debido a no ser inspeccionado ni una sola vez).


Lentes

Se sentía increíblemente sofocado.

La intangible sensación de alguien revolcándose en agonía por debajo de él y la oscuridad en la que lo dejaban sus parpados completamente cerrados era simplemente insufrible. Pero no podía permitirse abrir aquellos ojos, pues eso interrumpiría su sueño dejándolo a la deriva en una noche de completo insomnio.

Presionó sus parpados con fuerza y sin darse cuenta comenzó a formar una figura en su mente; era un cuerpo completamente negro, prácticamente incinerado, parecía tener todos los huesos imaginables quebrados y sus ojos ardían en sangre hirviente. Aquel cuerpo se removía con indescriptible estertor mientras abría y cerraba su mandíbula que sólo dejaba ver aún más oscuridad dentro de su garganta.

Intentó que fuera soportable. Aunque casi pudiera oír como aquello se arrastraba por debajo de aquella cama sin siquiera poder articular palabras de auxilio, aunque sentía como se esforzaba por hacer subir y bajar su pecho en un intento vano para obtener algo de aire, pues quizá sus pulmones ya estaban hechos ceniza y sólo quedaba escuchar aquel jadeo exasperante e incesante.

El reñir de los perros ladrándose entre las casas vecinas.

Se removió entre las sabanas sintiendo como se adherían a su piel gracias al sudor e intentó liberarse. Tenía los labios resecos y su garganta pedía a alaridos una gota de agua.

Nuevamente pudo imaginarse aquel cuerpo agonizante por debajo de los elásticos de aquella cama y no pudo evitar abrir sus ojos de par en par para ver aquella habitación iluminada apenas por un rayo de luz corriente que provenía de la sala.

Observó unos segundos el borroso cielorraso; cerró sus ojos y los volvió abrir, esta vez sentándose en aquella cama. No pudo impedirse pensar que su pieza era demasiado amplia para su gusto y se sintió incomodo al escuchar las repeticiones del jadeo de aquel cuerpo en su mente.

Delante de sí pudo percibir como una hoja de la ventana permanecía abierta para renovar el aire y aquello sólo le recordó que se sentía increíblemente sofocado haciendo que tomara el cuello de su camiseta para comenzar a agitarla en busca de un poco de frescura.

Le dio un escalofrío.

Todo está bien, se dijo en un intento por calmar todas aquellas malas sensaciones que le venían al cuerpo: había sido una pesadilla, eso quería decirse, pero aún conservaba aquella sensación, aún podría jurar que ese cuerpo seguía ahí. Y no podía evitarlo, la lúgubre habitación lo dejaba con un gusto reacio en la boca, pues dicha sea la verdad: le tenía miedo a la oscuridad y no habría nunca cosa peor para él que despertarse exactamente a…

Tanteó en la mesa de luz –que en realidad no contaba con aquella luz– en busca de su celular y una vez encontrado lo tomó en sus manos para observar la pantalla: pudo presenciar como los números cambiaban desde el minuto cincuenta y nueve justo a tiempo en aquel reloj digital.

Las tres de la madrugada.

Por alguna razón, se vio obligado a jalar aire profundamente para luego exhalar. Logró observar una borrosa y pequeña silueta por el rabillo de su ojo y volteó casi automáticamente, dirigiendo su mirada al pasillo que lo llevaba directamente a la habitación –completamente vacía– de sus padres, y si doblabas a la izquierda un poco antes de aquella, entrarías al baño; a la derecha quedaba el living.

No había nadie.

Ese corredor permanecía medianamente iluminado, parecía reírse de él; sentía que toda su casa se reía de él. Pues si algo no hubiera querido que le pasara esa noche era despertarse, se había quedado completamente sólo por primera vez desde que se habían mudado y debía admitir que no contaba con nada parecido al coraje o valentía, sólo miedo y cobardía era lo que tenía.

Pudo observar un montón de pequeñas siluetas esta vez dentro de la habitación e intentó centrar su mirada en aquellas, estaba casi completamente seguro de que todas eran peluches de su hermana…, eran eso, ¿verdad?

Tanteó nuevamente en la pequeña mesita a su lado en busca de sus lentes: no estaban. Tanteó con la desesperación que había tratado de ocultar desde un principio –o quizá con más–, pero no los hallaba y no quiso girarse a mirar para asegurarse de que realmente no se encontraban allí, eso ya era un hecho e intentó restarle importancia.

Sus músculos se habían tensado y el pecho comenzado a dolerle por culpa de su agitado corazón; podía sentir que algo no iba bien allí, pero no quería saberlo realmente.

Todo está bien, volvió a repetirse.

Pasó su lengua por sus resecos labios y sintió que ahora necesitaba aún más agua que antes, no quedaba otra que levantarse de aquella cama, y de todas formas, quería prender la luz de su habitación que se encontraba a un lado de la puerta, si había algo que odiaba tanto como la oscuridad eran las habitaciones a medio iluminar.

Tomó el vaso que se encontraba en su mesa sin siquiera intentar ubicarlo, de alguna forma había sentido como si alguien se lo alcanzara directamente a sus manos, pero quiso deshacerse de la sensación inmediatamente.

Se arrastró por las sabanas y observó el suelo poco dispuesto a poner sus pies en el. No podía dejar ir la impresión de que unas horrorosas manos saldrían de por debajo de su cama y lo arrastrarían al mismo infierno.

Comenzó a caminar a una distancia de un metro de su cama, asegurándose de que aquellos brazos no podrían alcanzarlo o tomarle por sorpresa; sí, había saltado desde arriba del colchón.

Las siluetas a su alrededor estaban demasiado borrosas, ¿cómo era que podía tener tan mala vista? Se maldijo a sí mismo mientras en su mente le pareció escuchar unas pequeñas risas infantiles junto con cuchicheadas que le dieron no más que escalofríos.

Sus pies descalzos hacían un espantoso eco en la habitación que sólo le hacía pensar que cualquier cosa que estuviera cerca de ahí se daría cuenta que había salido de su segura cama para aventurarse hacia el baño.

No podía dejar la mirada tranquila, no podía mantener una vista despreocupada, pero sí podía sentir como un montón de entes se estaban burlando de él a su alrededor, casi siguiéndole los pasos y moviendo de la misma forma sus temblorosos brazos a sus espaldas, escondiéndose al momento en que él volteaba.

Finalmente. Había llegado hasta al lado de su puerta y suspiró tranquilizándose mientras relajaba sus músculos.

Presintió como algo se acercaba por detrás de sí y sólo entonces extendió sus parpados como platos al darse cuenta que no había prendido la luz de la habitación de tan aliviado que se había sentido; fue un roce que estaba seguro había podido sentir; unos finos dedos queriendo tomarlo de su remera que simplemente se desvanecieron al momento de escuchar el click de la perilla.

La gota de sudor frío que corría por su ardiente frente era simplemente palpable.

Miró hacia el frente contemplando como se desataba todo un camino de casi fría oscuridad hasta la puerta abierta de la habitación de sus padres que sólo daba pie a más tenebrosidad.

Por alguna razón –gracias a Dios– desconocida por él, por su cabeza sencillamente pasó una imagen de una niña en blanco y negro con un globo rojo.

Sus pasos se adentraron en aquel estrecho camino y podía sentir como una helada brisa hacía que su short y camiseta bailaran horriblemente, sólo se preguntó cómo el viento podía llegar a él desde el lado contrario a su habitación, la única ventana de su casa que estaba abierta era la que había visto al despertar.

Sus piernas temblaron un poco al momento de abrir aquella puerta, pero lo hizo y nuevamente se dio lugar a un click al mismo tiempo en el que la habitación se iluminaba.

Dejó el vaso bajo la canilla abierta del lavatorio y al observar el agua correr sintió como su vejiga se oprimió. Cerró la puerta para darse paso al inodoro y le dio la espalda a su vaso, la pequeña alacena y el espejo.

Podía llegar a oír como el vaso había comenzado a rebalsarse, pero no importó, ahora lo único que tenía en mente era que se sentía increíblemente tenso mientras observaba el liquido amarillento caer al escusado.

Sentía como si…, estuvieran a punto de apuñalarlo por la espalda.

Sacudió un poco su miembro y volvió a meterlo entre sus ropas. Dio media vuelta y observó el vaso rebosante de agua. Cerró la canilla y mantuvo la mano derecha sobre esta; se dispuso a tomar el agua y luego volver a llenar aquel recipiente para no tener que volver a recorrer aquel tenebroso camino por segunda vez en la misma noche.

Bajó sus parpados unos segundos para saborear lo que pensó sería frescura, pero rápidamente volvió a despegar aquellos parpados, ¡estaba tibia!, ¿cómo era posible siquiera eso?, era cierto, estaban en verano, pero aparte de que la luz del sol se había ido hacía más de cinco horas, había dejado el agua corriendo por un buen rato. Suspiró mientras tiraba el agua nuevamente al lavatorio y volvía a abrir la canilla, esta vez pasando sus dedos por el agua: salía fría.

Llenó el vaso nuevamente y lo llevó a sus labios con el ceño medianamente fruncido, pero otra vez, al tomar un sorbo se había dado cuenta de que aquella estaba tibia. No tenía ningún sentido. Resignado, terminó de tomar el liquido y volvió a llenar el vaso de este, pero dejándolo a un lado del lavatorio; quizá debía lavarse el rostro.

Por primera vez mientras había estado en aquel cuarto, decidió mirar al frente hacia el espejo que se encontraba en aquella pared.

Un flequillo de hebras blancas y maltratadas que pasaba sus ojos; la piel no era sólo pálida, era gris azulado; había podido ver un espantoso destello detrás de sus cabellos, unos ojos horriblemente sangrientos; y una sonrisa que ocupaba más de la mitad de su rostro con dientes tan acuchillados como nunca antes se los habría podido imaginar.

Eso era lo que había visto allí. Y ahora mismo se encontraba devolviendo la cena de huevos con patatas de la noche anterior en aquel lavatorio, repasando aquel rostro mientras sentía fluir a rienda suelta un montón de líquidos y hasta pequeños trozos de comida por su garganta en sentido contrario, desembocando en su boca y escurriendo por sus labios.

¿Qué diablos había sido eso? Sintió sus piernas flaquear y sus brazos no querer soportar el peso sobre aquel fregadero.

Abrió la canilla a todo lo que daba con su mano temblorosa e intentó que los restos de su vomito lleno de terror se escurrieran por el desagü ó sus manos y sintiendo la parálisis en sus dedos intentó lavarse el rostro.

Se mantuvo unos minutos así, cabizbajo, sintiendo como las heladas gotas de agua se escurrían por su piel: no quería volver a mirar.

Observó débilmente como entre las canillas se encontraba un pequeño marco negro con unos finos cristales y no pudo evitar sonreír débilmente. Su mano temblorosa se levantó comenzando a dirigirse hacia ellos y finalmente los tomó entre sus dedos; cerró sus ojos e irguiéndose nuevamente, los colocó sobre el puente de su nariz.

Al abrir sus ojos, lo único que pudo observar en aquel espejo, fue un chico con cabello castaño, piel nívea, ojos cafés y una mueca aterrada. Nada más.

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FIN


Bueno, esto llegó luego de una pesadilla y no pude evitar escribirlo, la verdad, no es muy común verme en este genero, pero a decir verdad, lo amo y odio (xD)

Espero les haya gustado~