Hola, muchas gracias por leer y lamento mucho la demora, estuve muy centrada en mis Fics de Fanfiction estos 11 meses, por ello lamento mucho no haber actualizado. Pero no desesperen, esta historia tendrá su merecido final, así como mis demás proyectos en paro.

Gracias a las que dejaron sus reviews, me agrada leer sus muestras de apoyo, agradezco el detalle, y respecto a lo que algunos han dicho sobre el lenguaje, sólo les recuerdo que el rated: T es para lenguaje de este estilo, no es vulgar, pero si un poco grosero y lo siento si alguien se sintió incomodo con las expresiones.

Sin más, espero sus comentarios.

Digan NO al plagio


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Querido Desconocido

Carta

18

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Celos, malos buenos ¡qué más da! A veces son de ayuda en verdad.

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7 de Abril del 20XX, 1:24pm

Querido desconocido…

ODIO estar enferma, en verdad que lo hago, siento ganas de llorar. Ayer por culpa de mi malestar no pude salir de mi cabaña para ver las estrellas. Miss Ángela casi me obliga a regresar por lo mal que estaba. Creo que cansé a todos los santos del cielo pidiendo que me recuperara.

Amy y Sofía estaban tan histéricas que incluso soltaron estupidez tras estupidez, ya hasta creía que moriría de oírlas decir que irían a mi funeral si no me recuperaba. No sé si ellas estaban más decepcionadas que yo al haber faltado a nuestra cita. ¿Cita? ¿Puedo tomar la libertad de llamarla así? Espero que sí.

Por suerte la cocinera del comedor me mandó un té de no sé qué cochinada, sabia horrible, como no tienes idea, pero extrañamente me ha asentado el estomago de maravilla. ¡Benditas hierbas! Creo que después de tomar un baño estaré recuperada por completo.

Si no me equivoco, te he visto dar un par de vueltas a mi cabaña desde la madrugada. Si no fuera porque quizás estaba delirando como idiota por la fiebre (ya que juro haber visto un panda morado lamiendo mis pies a las cuatro de la mañana) diría seriamente que te vi haciendo zanja por la preocupación. Pero mientras sean peras o manzanas, estoy ansiosa por verte. Realmente lo hago, ¿tú estarás igual que yo? Me moriría de la felicidad su así fuera.

Espero que este sea un mejor día para ambos, querido desconocido.

PD: ¡Le puedes pegar una maldita colleja a Spen cuando lo veas, por favor! el muy… hijo de su mami, no deja de armar alboroto cerca de mi cabaña y ya estoy a nada de salir y darle un jodido puntapié en los bajos.

Dejó el cuaderno sobre la cama y se levantó de esta para estirarse después de haber estado "dormida", porque difícilmente se le puede decir así a estar dormitando durante catorce horas por culpa de la enfermedad y de un grupo de zopencos infantiles que se la pasan gritando marranada y media afuera de su choza.

Liz se golpeó las mejillas tratando de olvidarse de sus deseos de golpear al mejor amigo de Gael. No quería ser acusada de asesinato a los dieciséis años.

Aún se sentía mal, pero poco a poco las medicinas y los tés estaban surtiendo efecto. Claro que eso no significaba que de buenas a primeras podía salir corriendo y dar la vuelta olímpica, pero al menos ya podía darse el lujo de tomar una ducha y salir a caminar para sacarse de encima las nauseas fantasmales y el mareo de estar encerrada. Se preguntó cómo le habría hecho Sofía para hacerse cargo de la actividad que ella tenía encomendada, que no era otra que los paseos en botes. No obstante pensar en subir a un desgraciado pedazo de madera flotante con remos la hacía querer vomitar de nuevo.

Sacudió la cabeza para olvidarse de ello y decidió meterse a bañar.

—Si no me enfermaré por pensar de más—suspiró tomando sus cosas para el baño del peinador de caoba que dividía el dormitorio que compartía con Amy. La cual seguramente andaba por ahí dándose la buena vida con Jimmy. Tan enana y tan pervertida que era su maldita mejor amiga.

Pero así la quería.

Decidió apresurarse, porque de ese modo podía buscar más rápido a Gael y disculparse por lo del día anterior. Y verlo, sobre todo verlo. Ah cómo amaba verlo, se volvía tan boba de hacerlo. Pero a quién diablos le importaba. Se estaba enamorando y eso era un síntoma.

Ni más ni menos.


—¡Hey!—exclamó Liz mientras sentía que alguien le tomaba de la muñeca y tiraba con fuerza de ella, estaba dispuesta a propinarle un buen puñetazo al responsable, independientemente de quien fuera, y se arrepintió enormemente de no haberlo hecho al ver el rostro semi-sonriente del rubio amigo de su querido desconocido.

—¿Se puede saber qué haces afuera de tu cabaña, Liz?—inquirió mirándola fijamente—, dijeron que ibas a descansar todo el día.

—Pues no sé quien lo dijo, pero dudo mucho que alguien pueda descansar si cierta persona— miró acusadoramente al chico mientras arrastraba las palabras—, se la pasa gritando que puede escupir fideos con salsa por la nariz.

Spencer carraspeó.

—Lo siento, es que estoy aburrido de estar de guardián—se rascó la nuca.

—Nada justifica que estés… ¿de guardián?—parpadeó aturdida y el asintió—, ¿de quién?—se mostró conmocionada de ver que la apuntaba con cierto deje de vergüenza en su cara—. ¡¿Yo?! ¿Por qué?

—Porque me lo pidieron—el blondo desvió la mirada.

—¿Quién?—la castaña se manifestó molesta. ¡Ni que fuera una niña pequeña! Por dios, si era Sofía, la crucificaba viva y si era Amy… se podía preparar para una condena de por vida en la prisión estatal.

—Ehmm, ¿por qué estas tan molesta? Si miras así, se te quita lo bonito, ¿sabías?—sudó nervioso.

—Sólo dime quién—se tocó el puente de la nariz pidiendo paciencia para no exasperarse.

—Pues quién más va a ser, fue As quien me dijo que vigilara tu cabaña.

Ah.

—¿En… serio?— remojó sus labios y pasó una mano por su coleta de lado—. Él te pidió eso, ya veo—sus mejillas se colorearon de carmín.

El rubio suspiró con cierta frustración.

—Realmente, si te gusta tanto ¿por qué no se lo dices?—Lizbeth alzó el rostro y la sangre abandonó su semblante. Abrió la boca pero ni un monosílabo salió de ella.

—¿Cómo lo…?

—No creo que haya alguien que no lo notara—rodó los orbes por el suelo—. Sólo díselo. No creo que vayas a arrepentirte—dejó caer su mano sobre la cabeza de ella. Sus ojos azules lo miraron hacia arriba.

—¿Eso crees?—preguntó pestañeando.

—…—sus pupilas se ensancharon ligeramente y no pudo evitar maldecir la suerte de su amigo. La castaña aguardó su respuesta por un par de segundos. Spen bajó la cara hasta su altura y sonrió con cierta sensación de envidia—. Estoy seguro.

Liz sonrió de oreja a oreja

—Eso es genial.

—¿Qué están haciendo?

Liz respingó en su sitio y el rubio apartó su mano con notoria presura. Ambos se giraron para ver al moreno que estaba cruzado de brazos y los miraba receloso a través de sus largas, el tono azul que tintaba su iris se solidifico cual hielo al reparar en la cara de su mejor amigo, casi como si lo quisiera matar.

—Qué bueno que llegas As—rió nervioso—, tu princesa estaba por escaparse de su castillo, sólo le dije que no podía irse—apuntó.

—¿Sólo eso?—sus ojos claramente tenían una potencia merecida de un cuchillo.

—Si—tragó saliva.

—Ya veo—exhaló relajando los músculos del cuello.

—Bueno, ya llegaste, así que te paso el relevo. Tengo que ir a jugar soccer—indicó haciendo amago por retirarse—, nos vemos chicos—y huyó antes de que Gael quisiera matarlo de nuevo por estar tan pegado a su chica.

—H-hola—musitó Liz por lo bajo al tiempo que clavaba la mirada en el suelo.

—Hola—se paró delante de ella.

—Lamento lo de ayer.

—Yo también.

—¿Estás muy enojado?

—No.

—Si lo estás.

—No lo estoy.

—Entonces ¿por qué tienes la cara así?—apuntó enarcando las cejas. Gael dejó escapar el aire por su nariz con profunda pesadez—, pareces enojado, así que dímelo, ¿es por qué me salí? ¿Es por eso? Porque si lo es, yo no soy ninguna niña y…—era la primera vez que se ponía a discutir con él.

—Estaba celoso—murmuró sin pensar realmente en sus palabras.

—¿Qué?

El músico abrió los ojos como platos al reparar en su propia respuesta y tartamudeó un par de sonidos inentendibles.

—Lo que quiero decir es… yo no estaba ce… lo… ¡Arg! Sólo regresemos a dentro—la cogió fuertemente de la mano y comenzó a remolcarla. Si la castaña hubiese salido de su estupefacción, habría notado el sonrojo del chico que le pintaba hasta el nacimiento del pelo.

—Hey, espera. ¿Celoso? ¿Celoso por qué?

—Sólo olvídalo—pidió con un hilo de voz. Tiró del pomo de la puerta y metió dentro a la muchacha—, deberías descansar más, así que es mejor que te eches a dormir—no despegó su vista del suelo.

—Ya estoy bien Gael—aseguró—, y sobre lo otro…

—Estas toda roja—musitó roncamente atrapando con su palma la mejilla de ella. Liz se quedó sin respiración. El moreno bajó la cabeza hasta quedar a su altura.

Azul contra azul.

—Yo…

Mutismo.

—¿Te volvió la fiebre?—pegó su frente con la de ella en un ademan inconsciente.

Por el amor de todo lo que era santo. ¡Se moriría si seguía sosteniéndola de ese modo!

—"Si no se quita, me le voy a ir encima"—lloró internamente.

—¿Liz?—sus quinqués se trabaron y el sonrosado tono de sus mofletes era equivalente en ambos. Gael se quedó pasmado ¡Por Dios!—. Lo siento—cuchicheó avergonzadísimo tratando de apartarse de la chica. Pero Liz era como un pedazo de magneto que lo atraía hacia ella—, usualmente hago esto cuando Jess se enferma—su lengua trastabillo.

—¿Jess?—su rostro se descolocó. ¿Quién era ella?

—Mi hermana menor.

—Ah, ya veo—se peinó el mechón que valientemente escapaba de su coleta y el alivió inundó su atolondrado corazón.

Un poco más y tendría que perseguirlo por el resto de su vida pues su fiel confidente estaba a nada de escapar por sus costillas. No entendía muy bien porque Gael parecía contrariado. Y al mismo tiempo deseaba saber por qué se había puesto celoso.

¿A caso eso le reafirmaba su esperanza?

—¿Te sientes bien?—cuestionó ligeramente preocupado al sentirla tambalearse.

—Será mejor que me acueste, estoy algo mareada—mintió sacudiendo la cabeza con disimulo—. "¡Enfría tus pensamientos tonta!"— se ordenó mentalmente—, "Oh no me mires así, o te atacaré"—se mordió el labio tratando de contener el impulso de besarlo.

—¿Te duele algo, princesa?

Al demonio.

—Gael—llamó.

—¿Huh?

—Lo siento—pronunció quedamente y él alzó una ceja sin comprender lo dicho.

—¿Por qué te…?

Lo besó.

Liz tenía los pies en puntillas y sus tenaces dedos se aferraban con fuerza a la chaqueta del moreno. Sus mejillas estaban tan rojas que una lata de pintura le había explotado en ellas. El corazón le pitaba a niveles insospechados en las orejas, y padecía de una incontrolable taquicardia. Sus labios rosados se movieron con dubitación sobre los estáticos belfos de su querido desconocido.

Oh por la mierda, ya podía morir en paz.

—Por eso—susurró alejándose con lentitud y agachando la cabeza. Apenada de su temeraria acción. Ahora sí, todo estaba en el caño—, per…

El la mandó a callar.

Le había agarrado el rostro por la barbilla, y la obligó a levantar la cara para interrumpir sus palabras con sus labios. Pues ya no aguantaba ni un segundo más.

¡Quería besarla con un demonio!

La apretó contra él sosteniéndola por detrás de la cabeza y movió su boca con suma precaución sobre la de Liz. Quien se quedó completamente quieta por un segundo. Pero cuando él comenzaba a pensar que la castaña lo rechazaría, ella lo besó con la misma intensidad.

Ah, hacía mucho que estaban esperando eso.

Lizbeth enroscó los brazos entorno al cuello del chico como si se tratase de un salvavidas. Gael guió sus manos a la cintura de la joven y la levantó para quedar a una altura similar.

Definitivamente podía morir en paz ahora.

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Continuara

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Uff, lo terminé, esta vez les traeré más rápido el siguiente, así que no desesperen.

Gracias por leer, esperaré sus comentarios ansiosamente.

Nos leemos.