Nunca otra vez

El día transcurrió con normalidad. Las nubes estaban en el cielo, las tareas me esperaban para realizarse y la frustración se dibujaba en mi rostro. La vida seguía su curso, sin detenerse a siquiera mirarme y mucho menos a recordarme tu nombre. Hasta que decidiste escribir nuevamente. Hasta que decidiste volver.

Sé que lo mejor habría sido ignorarte. Sé que tal vez no debí responder, pero no lo pude evitar. Fuiste tantas cosas para mí y, al mismo tiempo... no fuiste nada.

Llegaste en una época de tempestad. Cuando mi vida se caía a pedazos y me había resignado a la soledad. Cuando mi devastación era tal que llegaba a apreciar los momentos que pasaba al lado de un montón de hipócritas. Cuando un año de "luto", por así decirlo, se había cumplido.

La luz de tu sonrisa, el dulce sonido de tu voz y tu hermoso acento me cautivaron y lo primero que pensé fue alejarme, pero no lo pude hacer. ¿Me seguías? No sé y probablemente nunca lo haré. Sólo sé que me topaba contigo sin importar lo que haga. Sólo sé que comencé a aceptar tu compañía, a pesar de que todavía estaba en agonía. Sólo sé que te tomé afecto y que, en poco tiempo, la melancolía y el "luto" se habían esfumado. A tu lado no necesitaba las letras para ser feliz. Sólo me hacía falta verte y el mundo se iluminaba cuando escuchaba el sonido de tu voz. Eras mi felicidad, los cimientos que me mantenían en pie. Eras la luz de mi vida... y un callejón sin salida.

Necesitabas tanto afecto, tantas horas de mi tiempo. No podía dártelas. Existía (y aún existe, debo decir) algo más importante que nuestra amistad, mi familia y mi libertad.

"Lo siento" era la única disculpa que podía darte. Nunca dijiste nada. Nunca te quejaste, sólo insistías y yo me limitaba a consolarte con falsas promesas. Claramente, eso no era suficiente. No, porque buscaste compañía. No, porque cuando alguien te pidió algo más, tú aceptaste sin pensar.

¡Idiota! Lo siento, pero después de tanto tiempo, continúo pensando que fue una idea estúpida. Reemplazar el afecto, que no recibías de tus progenitores, con nuestra amistad era una idea tonta, pero aún más tonto fue llenar ese vacío de afecto con el falso amor de una persona horrible.

Siempre intenté que vieras la verdad. Siempre quise que terminaras con eso y dejaras de sufrir, pero nunca me escuchaste. Simplemente asentías, decías que sí a todo y seguías a su lado. ¡Idiota! Lo lamento, pero te hizo tanto daño y aun así, perdonaste todo y continuaste con lo mismo.

No sé si, en aquellos momentos, sentía envidia. No sé si eran celos o si sólo me importaba tu bienestar. No sé si te amaba o si mis sentimientos eran de naturaleza fraternal. No sé si quería tu corazón o si deseaba acunarte en brazos y consolarte, como una madre o un padre lo haría. No sé nada. Nunca supe la verdad de mis sentimientos, de mis emociones o la fuente de mi rabia cuando te veía a su lado. Lo único que sé es que tenía razón. Al final, sólo te hizo daño. Al final, esa persona no merecía tu amor.

Tu luz fue apagándose de a poco. Tu sonrisa perdió naturalidad y la poca felicidad que tenías se fue por el caño. Estuve ahí. Permanecí allí para ti, a pesar de que prefería alejarme, pero lo único que obtuve fue un montón de mentiras. No confiaste en mí. No me dijiste la verdad. Esperaste hasta que toda tu vida se arruinara y, al final, en el momento que ya no quedaba ningún secreto, en el momento en que tu hermana te presionó para decir la verdad, me lo confesaste, esperando que no me moleste por eso.

Te odié, debo admitirlo. Por un momento quise matarte, pero en cambio, contuve la furia que amenazaba con estallar, guardé mis reproches y mis palabras groseras. Lo único que hice fue sonreír con tristeza y preguntar el porqué de tu desconfianza.

—Temí que te enfadaras conmigo —fue lo único que dijiste. Tu respuesta fue tonta, debo decir. Una pobre escusa que siempre recordaré y que siempre matará todo lo que sentí por ti. Los dogmas que regían mi vida eran tradicionales, lo sé. Mi pensamiento era cerrado, lo sé, pero merecía una oportunidad.

Oportunidad que me fue negada, la oscura soledad que dejó tu ausencia, dolor que me fue impuesto, mentalidad cambiada y todo a causa de ti. A veces ya no me reconozco y me pregunto qué fue de mí. Mis dogmas se han ido, mi pensamiento es abierto y todo a causa de ti... y de las letras. Las letras me ayudaron a soportar la profunda tristeza, que se impuso a causa de ti y de otros acontecimientos que se impusieron en mi vida. Me mantuvieron cuerda, eliminaron mis dogmas y me adentré a ellas, a tal punto que ya no concibo el mundo sin ellas.

No me culpes. Sólo busqué una manera de permanecer cuerda y la encontré en las letras, en la poesía y en la ficción, aunque eso no reemplaza tu presencia, ni opaca la profunda frustración que siento al pensar que te di todo lo que pude y sólo conseguí dolor. Te di un poco de mi tiempo. Te demostré afecto con hechos. No con palabras dulces que no podía pronunciar, sólo escribir, pero claro, preferiste un "te amo" a mi sacrificio. Preferiste besos a una mano amiga, que siempre estaba ahí para ti.

Permanecí a tu lado, apoyándote, a pesar de que la mayoría me sugería abandonarte. Te confié mis secretos y esperé a que hicieras lo mismo. Idiota de mí. Jamás me gané tu confianza. Te di tanto y lo único que guardé para mí fue mi corazón, aunque, al final, quizás era lo único que querías o al menos fue la razón que te llevó a estar a su lado, a pesar de que te hizo tanto mal.

¡Lo siento! Sé que lo dije muchas veces, pero mi alma en pena nunca se cansará de repetirlo. ¡Lo lamento! No podía darte mi corazón. Prefería mi libertad y aún la prefiero. Perdóname, pero lo único que siempre he deseado es ser libre.

No puedo expresar lo que sentí cuando me enteré que estabas en otra ciudad. No sé si, a causa de eso, estuve muriendo internamente durante más de medio año, aunque, debo admitir que alguien más me devolvió la dicha y, al igual que tú, me sacó de ese "luto" que guardaba por ti. Aunque ahora ese alguien también se ha ido y la frustración y el dolor retornaron.

Y ahora... ahora que vuelves a escribir, ahora que retornaste a esta ciudad, ahora que, sutilmente, sugieres un reencuentro no sé qué decir. Sólo puedo cambiar de tema y no prometer nada. No deseo volver a consolarte con falsas promesas, ni deseo volver a verte. Sólo quiero encontrar paz.

Pero, a pesar de todo, lo cierto es... que todavía te extraño, te quiero y te necesito. Es tan fácil escribirlo, pero es imposible decirlo. No sé si te amo, no sé si alguna vez te amé o quizás sólo se trata (y se trató) de un sentimiento profundo de lástima. No sé nada, al igual que hace años, y probablemente nunca lo sabré, pero en realidad no importa. Ya es demasiado tarde para comenzar. Demasiado tarde para arrepentirme y entregarte mi tiempo.

Guardaré tu recuerdo en mi mente y siempre conservaré el collar que me regalaste, el que tiene una sola letra grabada. Letra que, curiosamente, representa tu nombre y el mío. Es un lazo metafórico que siempre me unirá a ti y que nunca perderé, pero que será el recuerdo constante de tu silencio, de tus mentiras y del dolor.

Añoraré tu presencia, pero con el tiempo te olvidaré. No me culpes. Sólo hablo con sinceridad. Porque sé que el pasar del tiempo aliviará el dolor, borrará los recuerdos y olvidaré tu voz. Te convertirás en un sueño, una sombra de mi pasado, una lágrima resbalando por mi mejilla y un recuerdo melancólico.

Nunca dejaré de responderte, pero no quiero volver a verte. Lo siento, aunque no sé por qué debería disculparme. Es decir, no soy la persona que te hizo daño, sino que sonreíste a mi lado. No soy quien te mintió al decir "te amo", en cambio, fui quien te quiso de verdad, quien habló con sinceridad y, definitivamente, no soy quien estará a tu lado. No. Ya no. Nunca otra vez.