Sin Cara

Capítulo 1: La llegada.

¡*!

Scarlet Kensington es una estudiante de dieciséis años, solo que posee una extraña particularidad, desde que cumplió los catorce años decidió no volver a enseñar su cara hasta que valga la pena enseñársela a alguien.

Eso se debe al poco interés de las personas en conocerla, ya que solo se interesan por su físico. Puede parecer ridículo, pero ¿A quién no le encantaría conocer a alguien que te quiera por tu forma de ser y no por tu físico?

Ella ha estado buscando a la persona de esa pregunta desde que en su primera cita ella trataba de entablar una conversación, el chico solo la miraba y no le importaba lo que ella decía.

Hasta el momento solo se puede descubrir su cara en casa y la única persona de la escuela que la ve es su mejor amiga, Charlotte Usher.

Se termina de cepillar su grueso y largo cabello, se coloca su sudadera azul oscura con la insignia de la escuela bordada en ella, se puso la gran capucha y con su largo y oscuro cabello cubrió gran mayoría de su cara dejando al descubierto solo su ojo izquierdo.

Va a la cocina, se sirve su desayuno y lo termina. Su mamá cómo si de magia se tratase baja las escaleras preguntándole a su hija si ya terminó de comer, la menor de ambas asiente y van al auto donde comenzará el corto y silencioso trayecto a la escuela.

Baja del auto de su madre, se pone los audífonos. Todos la ven pasar, antes de haberse ocultado todos la veían pasar para no desperdiciar su belleza, y a ella no le importa en lo más mínimo. Camina hasta sus amigas, hablan. Scarlet se alarmó al escuchar una noticia:

–¿Qué?–.

–¿Qué pasa?– pregunta Charlotte de forma inocente, de repente recuerda algo que se explicará futuramente –Si, al parecer vienen, primero dejarán unos extraños muñecos de cera–.

–¿Segura que son ellos? –.

–Completamente segura–.

–¿Cuándo vienen?– cambia su semblante rápidamente para no sonar como una fanática loca –Solo por curiosidad–.

–Los muñecos de cera, hoy. Ellos mañana– dice sabiendo lo que hará su amiga.

Suena el timbre de subida, todos suben, hay clases de matemáticas mezcladas con una ansiosa espera.

¡*!

Los chicos conducían hasta que se acercaron a la entrada de la escuela bromeando acerca de todo lo que se les ocurría. El más bajo de ambos y de ojos celestes era el que manejaba el coche que él y su mejor amigo rentaron para esas semanas que se quedarían en el país, ambos habían llegado a la entrada del colegio. Al estacionarse y bajar del vehículo recorrieron la parte baja del colegio, se encontraron con unos pocos alumnos que se escaparon de clases.

–Are we the first in coming?– "¿Somos los primeros en venir?" preguntó el más alto de ambos.

–I think so– "creo" le respondió el de ojos celestes.

–Where is the classroom?– "¿Dónde está el salón?" preguntó Jason.

–I think is this– "creo que es este" dijo al tiempo que observaba la imagen en su Iphone 5 del salón designado para "los muñecos de cera".

Ambos abrieron la puerta y se encontraron con los pedestales con sus nombres grabados en ellos "Jason Willsom" y "Brian Lombardi". Activaron rápidamente sus programas de subtítulos con el cual si alguien entraba hablando rápidamente español el teléfono transcribía al inglés las palabras.

Tocó el timbre de receso y ambos veinteañeros subieron y se colocaron en poses específicas y fáciles de recordar listos en sus pedestales. La pose de Brian consistía en su mano izquierda en el bolsillo izquierdo de su suéter a rayas y su brazo derecho estaba doblado con la punta del codo en dirección al suelo y la mano en un puño con el pulgar extendido y para terminar una expresión un poco elaborada y alegre. Jason, por el contrario, tenía una pose más sencilla con ambas manos en los bolsillos de sus jeans oscuros, ya que no llevaba ni suéter ni chaqueta, con una expresión serena y un poco tímida reflejada en una sonrisa sencilla de boca cerrada.

Pasaron alrededor de dos minutos para que llegara un par de personas a la sala. La primera era de tez morena, cabello liso con flequillo recto marrón oscuro con ojos combinando con su cabello y cara muy linda e inocente. La segunda era de piel muy pálida blanca, cabello ondulado violento castaño oscuro, ojos cafés casi negros, una hermosa y fina cara que tenía parte de su cabello que solo cubría parte de su frente recorriendo todo el camino hasta llegar abajo y confundirse con el resto de su exuberante melena.

–¡Vamos!– dijo Scarlet alegremente, estaba muy emocionada. Muy raro en ella.

–No puedo creer que te expongas por una foto, ni siquiera son reales– le dijo Charlotte un poco aburrida.

–Estoy emocionada, porque…– caminó hasta estar arriba del pedestal –Quiero que tomes una foto cuando lo haga–.

–¿Hacer qu…?– sus palabras fueron silenciadas cuando su tímida amiga se puso de puntas, después de todo Jason era más alto de lo que creía, y apoyó sus manos en el hombro del hombre de "cera" solo para besar la su mejilla. Charlotte ahora entendió todo y tomó la foto.

Al separarse Scarlet abrió mucho sus ojos, la mejilla que besó no era fría, y rígida cómo la de un muñeco de cera, era cálida y suave cómo la de un hombre de verdad.