Diario Verdadero de Alguien sin amor

Capítulo 2: The other side of the door.

¡*!

He llegado al infierno, corrijo, mi casa. Bajo del carro, abro la puerta y cómo siempre me encuentro a mi perrita ladrando eufóricamente de un lado al otro aturdiéndome –No tienen idea cuanto aturden los ladridos de un schnauzer miniatura–, se para en un escalón para recibir cariño, se lo proporciono y le falta poco para finalmente callarse. Sólo falta que mi mamá le haga cariño para que se tranquilice. Dejo mi mochila en un escalón cómo siempre lo hago, voy a la cocina a ver si el almuerzo está listo y como no lo está subo a darme un merecido baño.

Voy a la ducha y giro la llave del agua caliente para empezar. Camino a mi cuarto, me quito la ropa dejándola caer donde sea, me pongo mi bata de baño, amarro mi cabello en una gran pinza alta para no mojarme el cabello y vuelvo al baño. Ahí cierro la puerta y dejo la bata caer en el mueble del lavabo, me meto en la ducha, después de un rato la presión del agua cesa mi primera pregunta es "¿Quién demonios abre la maldita agua?". Le dejo de tomar importancia hasta que la presión de agua vuelve, pero esta vez es de agua fría, me quito el poco jabón que me queda de la espalda y salgo de allí cuanto antes. Vuelvo a mi cuarto para ponerme una simple playera blanca con cualquier cosa escrita, unos pantalones malva deportivos que llegan hasta un poco después de la rodilla y mis sandalias negras gastadas, suelto mi cabello para peinarlo un poco y luego me pongo una espantosa cola de caballo.

Bajo a comer yendo a la cocina y me encuentro con mi mamá haciendo la comida, ella como antes que todos, mi hermano y mi papá esperan su comida en uno de los lados de la mesa redonda y me siento del otro lado de ellos.

–Austiny, la hamburguesa que te estabas preparando esta lista– dice mi mamá llamando a mi hermano, lo llamó "Austiny" para diferenciarlo de mi hermano ya que ambos tienen el mismo nombre.

Mi hermano se para, coge un plato y se sirve todo lo necesario para su hamburguesa, regresa a la mesa y comienzan los gritos en 3… 2… 1…

–¿Por qué él tiene algo sabroso y yo no? – pregunta mi padre en su típico tono caprichoso, maldito sea, y después pregunta por qué nunca le hablo ni nada.

–Porque él se hizo la comida, ya te saco la tuya– dice mi mamá a medida de toma una pinza de cocina y le sirve el bistec a mi papá en un plato junto con su puré de papa.

–No joda, no quiero esa comida de mierda fría– y empezamos el discurso señoras y señores.

–¿Qué comida de mierda?, esta es la comida que a TÍ te gusta. Y apenas te la acabo de servir, no está fría– mi mamá también comienza a gritar.

En medio de los gritos mi hermano y yo nos miramos, le digo que subiré con señas. Subo al segundo piso, todavía escucho los gritos, voy a mi cuarto y todavía se escuchan; voy al de mi hermano y no hay cambios; voy al cuarto de mis padres, se escucha menos, me meto en el inmenso baño del cuarto de mis padres, ya no se escucha nada. Doblo mis piernas hasta que lleguen a mi pecho y las abrazo, espero un rato y vuelvo a bajar cautelosamente. Todo está callado veo a mi papá comendo muy molesto, a mi hermano terminando de comer y mi mamá sirviendo mi plato de comida, ella es la primera que nota mi llegada:

–Ah, ya bajaste– dice entregándome mi plato de comida, nadie había notado mi llegada de antes de subir.

Dejo el plato donde yo antes estaba sentada, busco mis cubiertos y justo cuando voy a picar el bistec mi papá comienza a toser de manera grotesca, larga, ruidosa y cochina. Para más colmo no puede cubrirse la boca, mueve la cabeza para toser de tal manera que sus gérmenes caen en mi comida, me apoyo en la corrugada e irregular pared esperando la conclusión de la arruinada de mi comida, termina y ni cuenta se da de lo que acaba de hacer. Mi padre se para de su silla y se va, mi mamá le habla a mi hermano:

–Austin, recuerda que tienes que hacer los problemas para el examen de la universidad, cuando termines vamos a comprar unas cosas al centro comercial– dice tranquilamente. Ella también se va y sólo me deja con mi perra.

–Sólo somos tú y yo, Chiki– le digo a mi perrita en voz muy baja, en respuesta pasa su lengua por su hocico, se para y se va caminando con brinquitos. –Y solo soy yo–.

Veo mi plato de comida, pienso si comerlo o no. Al lado de la lacena hay un frasco de desinfectante en espray, lo veo un momento, no sé si echárselo a mi comida para quitarle las bacterias, ya que, hay dos posibilidades: la primera es que solo me enferme, no vaya al instituto y posiblemente mi familia no me moleste; la segunda es que me muere y al fin pueda estar en paz. El desinfectante está muy lejos, maldita flojera.

Como sin importarme nada. Termino de comer justo cuando creo estar libre mi madre me interrumpe:

–Scarlet, ¿tienes tarea que hacer?– me pregunta sin apartar su vista del televisor, justo cuando abro mi boca para contestar –Hazla– sólo doy cómo respuesta un sencillo y casi inaudible "aja".

Busco mi cuaderno de matemáticas en el cuarto junto con un lápiz y bajo a la oficina que mi padre ni usa. Comienzo a hacer los tediosos ejercicios de matemática, en eso me pasó gran parte de la tarde hasta que llega la noche.

Finalmente termino, subo las escaleras, voy a mi desordenado cuarto y prendo mi computadora, empiezo a ver videos en youtube. Entre mis cuentas favoritas empiezo a ver la mejor de todas, Smosh. Veo alguno de sus videos, pero la molestia sigue.

–Scarlet– escucho que mi madre me llama, voy y a su cuarto y digo mi conocido "¿qué?" –Sube lo que está en la secadora y pasa lo de la lavadora a la secadora, por favor– bajo al cuarto de lavado sin chistar y hago lo que me pide.

Vuelvo a subir, sentarme en mi cama y ponerme la laptop en mi regazo. Apenas pasaron catorce segundos cuando…

–Scarlet– escucho de parte de mi hermano, voy a su cuarto.

–¿Qué quieres?– le pregunto directamente.

–Búscame el Iphone allá abajo– dice echado en su cama.

–No, tú sabes que yo ODIO bajar– todos en la casa lo saben.

–Por favor– rodo mis ojos bajo –Gracias– le escucho decir a mi hermano ya lejos de su puerta.

Pongo alguna canción de mi teléfono a todo volumen, después de pasar el descanso de la escalera. Busco el teléfono, lo más probable, es que está en el cuarto de juegos. Puedo sentir cómo me miran.

–Hola– lo más probable es que el fantasma me mira. Puede parecer ridículo, pero ya mucha gente ya lo ha visto, yo le apodé el "dude".

Finalmente lo encuentro al borde de un ataque de nervios. Subo, paro la música y se lo doy a mi hermano. Ahora, voy a terminar el maldito episodio…

–Scarlet– escucho de mi madre. Voy a su cuarto –Hazte un sándwich– me dice tranquila, asiento y bajo las escaleras.

En la cocina me hago mi cena estando sola. La termino, subo las escaleras y voy a subir las escaleras. Vuelvo a usar la computadora por mi ahora adolorida espalda.

–Scarlet– escucho a mi madre.

Voy a su habitación.

–¿Qué?– pregunto tratando de no sonar molesta.

–Yo no te he llamado– dice un poco confundida.

Sin tomarle importancia vuelvo a mi habitación, ya eso me ha pasado desde que tengo memoria. Finalmente, cuando voy a tener un miserable momento de libertad…

–Scarlet, ven que ya tienes que venir a dormir–.

Resignada cierro la computadora sin apagarla. Me pongo mi pijama y voy al colchón en el suelo del cuarto de mis padres. Para que entiendan, en mi cuarto empezaron a ir ratas, se montaban en mi cama y la dejaban horrible, como odio dormir en la misma cama que mis padres me dejaron buscar un colchón individual de hace dos años y dejarlo en el suelo del cuarto de mis padres. Desde hace dos años duermo allí, voy al cuarto de ellos y simplemente apagan el televisor.

Así termina el día todos los días.