Capítulo 1: La Academia de Magia

Era su primer día de clases. El uniforme: perfecto. Su cabello: perfecto. Los accesorios: perfectos. Estaba lista, y todo estaba perfecto. Estaba sumamente emocionada aquel día, ya que finalmente ingresaría a la Academia de Magia. Desde que era una niña Reika Tsukibara había soñado con eso, con ingresar a la prestigiosa academia de magia de la que eran dueños sus padres. Yukie Nakamura, y Ren Tsukibara habían fundado aquella academia diez años atrás, Reika sabía que todo había iniciado en los años universitarios de ambos, cuando formaban parte de un club de magia donde se habían conocido. Ahora ella, Reika, finalmente había cumplido los 17 años, lo cual significaba alcanzado la edad para ingresar a la academia y se encontraba a escasos momentos de cumplir su más grande anhelo, pero eso no era todo, había una razón más por la que la muchacha de cabello negro y ojos dorados sentía gran excitación en esos momentos, y esa era…

-Kazuki-sempaaaai –decía dentro de una ensoñación, mientras que frotaba contra su mejilla la fotografía del apuesto muchacho –. Muy pronto estaremos juntos, en la misma academia ¡Estoy tan emocionada!

Llamaron a la puerta, e instantes después una chica de apariencia frágil y piel muy pálida entró a su habitación.

-Tomoko-chan, buenos días –la saludó Reika.

-Reika-chan, estás muy emocionada –señaló ella.

-Claro, hoy será el primer día de clases, y muy pronto veré a Kazuki-sempai –le explicó ella –¿Acaso tú no te sientes emocionada?

-Sí, también estoy muy feliz, por eso vine a tu casa desde ayer. Tu madre ha sido muy amable. A pesar de ser una mujer tan ocupada ha tenido el tiempo para atenderme de la mejor manera –dijo Tomoko sonriéndole.

-En todo caso, ¿estás lista? Deberíamos marcharnos pronto –dijo la muchacha de cabello oscuro tomando un par de valijas que estaban al lado de su cama.

-Sí –exclamó Tomoko mostrándole sus propias maletas, las cuales estaban en el pasillo.

Las dos bajaron las escaleras, y después de tomar el desayuno, salieron de la casa y subieron al auto negro que las esperaba en la entrada. Yukie, la madre de Reika había salido desde muy temprano para realizar los preparativos para aquel primer día de clases, por lo cual era uno de sus empleados quien las llevaría a la academia.

Reika miró su hogar por última vez, sabía que pasaría bastante tiempo antes de volver a verlo. La Academia de Magia era un internado, por esa razón tuvo mucho cuidado en empacar las cosas que sabía que probablemente iba a extrañar más.

Muy pronto se alejaron de ahí. La muchacha no se sintió triste al ver alejarse su casa desde el espejo retrovisor del auto, al contrario, se sintió emocionada, sería un nuevo comienzo y lo mejor de todo es que estaría al lado de su mejor amiga.

El recorrido para llegar a la academia era de varias horas, ya que ésta no se encontraba en un lugar vistoso, tampoco estaba cerca de ninguna ciudad, sino que se escondía en un majestuoso bosque que estaba rodeado por muy altas montañas. Esa era una de las cosas que más le agradaba a Reika de aquel sitio, la muchacha sabía que además estaba relativamente cerca de una playa, cosa que la alentaba mucho ya que desde esos momentos tenía planeado que ir ahí algunos fines de semana con sus amigos, y tal vez incluso con el mismísimo Kazuki-sempai.

¿Cuántas cosas nuevas aprendería ahí? ¿A cuántas personas maravillosas conocería? Estaba tan emocionada y tan llena de preguntas que no podía evitar sentirse impaciente por llegar.

Al cabo de unas horas, finalmente estaban ahí.

La academia era enorme. Estaba compuesta por varios edificios, todos hechos de ladrillos naranja con detalles en color blanco, que los hacían verse como mansiones. No, más que eso, los hacían verse como palacios. En medio de ellos había una hermosa y gran fuente que estaba rodeada por arbustos y algunos asientos en los que pudo ver a varios estudiantes. Además de esto, había hermosos y frondosos árboles por doquier y lindos jardines al lado de cada una de las entradas de los edificios.

No era la primera vez que Reika estaba ahí. Ya había visitado la academia varias veces con sus padres, sin embargo, la emoción y la excitación en su interior se sentían como la primera vez que visitó el lugar. Además, sabía que había muchas cosas que aún tenía por descubrir: el interior de los dormitorios, los salones de clases, los laboratorios para preparar pociones, el invernadero, los observatorios astronómicos, las bibliotecas y todos los otros lugares que esperaba ver con tantas ansias.

-¡Es maravilloso! –exclamó ella con fuerza, haciendo que varias personas se volvieran a mirarla.

-R-Reika-chan –dijo Tomoko avergonzada.

-Vamos, Tomoko. No seas tan tímida –le replicó Reika sonriendo y luego gritando sin ningúna reserva – ¡Voy a dar lo mejor de mí!

Tomoko no pudo evitar reír esta vez. Así era la Reika que conocía: nunca tenía miedo de lo que las demás personas pensaran sobre ella, y tampoco se avergonzaba de mostrarse ante los demás tal y como era. En el pasado, e incluso en esos momentos, le había traído distintos problemas, pero Reika tenía ese tipo de personalidad fuerte que la hacía siempre seguir hacia delante.

-¿Ahora hacia dónde debemos ir? –peguntó Tomoko con curiosidad.

-Debemos ir al edificio principal a dejar nuestro equipaje –le explicó Reika –. En ese lugar hay personas que se encargarán de dejar nuestras cosas en los dormitorios.

-¿Tú crees que estemos en el mismo dormitorio, Reika?

-Probablemente mi madre se encargó que así fuera –replicó la muchacha comenzando a avanzar. Había más estudiantes de lo que imaginaba, y por la expresión en el rostro de muchos, Reika pudo notar que también eran alumnos nuevos.

-Por favor, dejen sus pertenencias por aquí –les pedía un amable anciano en el vestíbulo del edificio principal. La mayoría de los alumnos obedecía, mientras otros se quedaban al lado de sus maletas algo inseguros –. Quienes hayan ingresado, por favor sigan por este pasillo y entren al auditorio principal.

Reika no tardó en avanzar, mientras Tomoko trataba de seguirla muy de cerca. No podía esperar para ver qué tipo de maravillosa bienvenida tendrían ahí para todos los estudiantes.

Antes de ingresar al salón, Reika pudo notar una figura a la distancia. No importaba desde donde estuviera, ella podía distinguir ese perfil de manera infalible, como si tuviera un radar integrado en su cuerpo sólo para verlo a él.

-Kazuki-sempai –murmuró, para luego gritar con todo lo que tenía - ¡Kazuki-sempai!

El mencionado era un muchacho alto, delgado y de piel sumamente blanca. Su cabello color paja y sus ojos color verde decoraban aquel rostro de una armonía inigualable. Kazuki Oshimoto era el muchacho más apuesto y popular de la academia, pero además de eso sobresalía por su inteligencia superior y su gran habilidad con la magia. Reika había conocido a Kazuki cuando eran niños, el padre del muchacho, Satsuki, también había sido el sempai de su madre, y por lo que sabía y pudo comprobar, en algún momento también fue una persona que ella admiró, y de la cual quizás estuvo enamorada antes de casarse con su padre.

Kazuki miró a Reika de reojo, pero no se molestó en darle más que esa mirada de soslayo por unas fracciones de segundo, para luego continuar con su camino, como si aquello no hubiese ocurrido.

-Ja ja ja –se burlaron un grupo de chicas que pasaban por ahí. Reika supo por el color de sus uniformes que eran un año mayores. Una de ellas agregó –Que ingenua, pensó que Kazuki-sama le prestaría atención ¡Que ilusa!

Reika permaneció ahí pasmada, sin saber qué hacer.

No es que fueran íntimos amigos, ni nada por el estilo, pero tampoco sentía que merecía ser ignorada de esa manera. El tiempo que había pasado con Kazuki siempre fue el más importante y donde se encontraban sus recuerdos más valiosos. De todas maneras, su sempai había sido su primer amor.

-¿Te encuentras bien, Reika? –le preguntó su mejor amiga con preocupación.

-No sé qué ocurrió –dijo ella con una sonrisa nerviosa, realmente no lograba comprenderlo –. Estoy segura que ese era Kazuki-sempai, sin embargo actuó de una manera que no va acorde con su personalidad.

-Quizás… -empezó a hablar Tomoki –Tal vez Kazuki-sempai ha cambiado.

-N-no –Reika negaba con su cabeza mientras su cuerpo temblaba un poco –Kazuki-sempai era el chico más amable y sonriente que yo conocía, no puede ser así. De seguro no me reconoció –la muchacha del cabello negro sonrió. Era doloroso verla, ya que podía notarse con facilidad que estaba fingiendo –. Probablemente sea eso, más tarde me aseguraré de ir a buscarlo para saludarlo como es debido. Es mejor que entremos en el auditorio. Vamos, Tomoko.

Tomoko asintió, y las dos ingresaron en un salón que se encontraba en completa oscuridad. Se podían escuchar los murmullos nerviosos de los estudiantes que se aglutinaban en el interior de la enorme sala.

-Seguramente será algo asombroso –susurró Tomoko, al igual que el resto de los estudiantes sentía que no debía hablar en voz alta en ese sitio.

Reika asintió, y en ese instante empezaron aparecer en el cielo las siluetas de animales similares a los gatos, pero con sus orejas mucho más largas. Todos ellos tenían colgando un collar en su cuello. Aquellas siluetas estaban hechas por delgadas líneas que aparentaban ser humo y tenían distintos colores. Los más observadores pudieron notar que cada uno de los animales era diferente a los demás por algún detalle en las insignias que tenían los collares que llevaban, o por sus características físicas.

-Buenos días –habló una voz, mientras que al lado opuesto de donde se encontraban las chicas se encendía un foco sobre el escenario que había.

-Es tu madre –le susurró Tomoko a Reika.

Efectivamente, en medio de aquel escenario se encontraba Yukie Nakamura, la madre de Reika. Yukie era una mujer que no llegaba todavía a los 40 años, y que aparentaba aún menos años de los que tenía. Su cabello castaño caía como una cascada hasta su cintura, y sus ojos color esmeralda tenían una mirada amable y dulce; su figura era delgada y tenía la tez blanca. En realidad, no se asemejaba demasiado a Reika; todos sabían que el parecido lo había heredado de su padre, pero muchos aseguraban que cuando sonreía era la viva imagen de Yukie. De todas maneras, Reika nunca estaba dispuesta a aceptarlo, la muchacha se había esforzado por ser lo contrario a ella en todo lo posible.

Reika simplemente asintió, mirando a la mujer que estaba en el escenario, pensando que hubiese preferido que su padre se encontrara ahí y no ella, aun cuando sabía que su padre no se encargaba de esas cosas, y que además de todo él se encontraba viajando constantemente y no lo vería con frecuencia.

-En nombre de esta prestigiosa academia, les damos la bienvenida a todos ustedes: los futuros estudiantes –empezó a hablar de nuevo ella –. Como saben, la academia fue creada para la formación y el uso correcto de los poderes mágicos dentro de cada uno de ustedes, y que para ingresar aquí debieron realizar un examen de admisión en el que demostraron la existencia de sus poderes mágicos. Sin embargo, aún es necesario que cumplan con un requisito más para completar su ingreso a la Academia de Magia. Como pueden ver, en el techo del auditorio hay unos animales de distintas clases y colores, al abrir las puertas ellos escaparán y correrán por todos los sitios de la academia. Su misión será atrapar a uno de ellos. Ésta es una prueba que puede resultar sencilla o complicada dependiendo de su afinidad y el tipo de magia que esté más desarrollada dentro de ustedes, ya que cada uno de estos animales va a verse atraído o va a repelerlos según el tipo de poder y fuerza que hay en su interior. Al atrapar al animal que les corresponde, deben mirar la insignia en su collar para descubrir el tipo de poder que poseen y a partir de esto asignaremos un profesor titular que les dirá cuáles serán sus clases y asignaciones especiales. Cuando hayan atrapado a uno de ellos, asegúrense de reunirse con el profesor encargado de su habilidad. Sin más preámbulo ¡Vamos a empezar!

Las puertas se abrieron de par en par, dejando que los pequeños animales escaparan de inmediato de ahí. Todos se apresuraron en salir del auditorio, amontonándose de inmediato ante las enormes puertas de roble del auditorio. Aunque ninguno estuviera seguro del rumbo que debía seguir, o el animal que iba más acorde a sus poderes, ya muchos habían puesto su atención en alguno en especial. La única persona que no se movió de su lugar fue Reika. Tomoko había avanzado con los demás, pero al ver que su amiga no avanzó con los demás, volvió a su lado.

La muchacha de los ojos dorados miraba directamente a su madre, de una forma profunda y sin sentimientos afectivos hacia ella. Yukie la miró y le sonrió desde el escenario.

-Mucha suerte, Reika –le dijo con dulzura.

-Hmph –la muchacha se volvió enojada, y corrió por donde todos los estudiantes ya habían pasado. Tomoko no tardó en seguirla, tras dedicarle una sonrisa, y saludar con la mano a Yukie.

Tomoko sabía bien que Reika no se llevaba bien con su madre. No comprendía las razones, pero era algo de lo que estaba consciente. Yukie era una mujer sumamente amable e irradiaba una atmósfera de bondad y dulzura, pero de todas maneras Reika siempre actuaba como si le tuviera un profundo odio. A pesar de la curiosidad que sentía, Tomoko no se atrevía a preguntarle las razones a su mejor amiga, pero esperaba que ahora que Reika había ingresado a la academia la relación entre ellas mejorara.

Reika estaba corriendo a una gran velocidad, iba al frente de Tomoko, sin si quiera mirar atrás.

-Reika-chan –la llamó ella al ver que se quedaba atrás.

La muchacha de cabello oscuro se detuvo, y miró de reojo a su frágil amiga que jadeaba.

-Tomoko –le habló con un tono inexpresivo –, esta no es una prueba que podamos hacer juntas. Lo más probable es que nuestros poderes sean distintos, así que lo mejor será que cada una tome su camino –Reika se volvió y le sonrió esta vez a su amiga –. Nos veremos en los dormitorios, ¿de acuerdo?

-S-sí –afirmó Tomoko. No hacía falta decir que aquello le había hecho sentirse mal, fue como si sus palabras fueran una flecha que la atravesaba. La muchacha se sonrojó, no habían sido sus intenciones ser una molestia para Reika, pero de pronto sintió que así fue.

Dicho esto, Reika finalmente la dejó atrás, sola. En esos momentos se sintió un poco perdida. En realidad la mayoría del tiempo hacía lo que su amiga decidía, siempre seguía sus pasos, incluso estar ahí era algo que había hecho por estar a su lado. Sin ella…sin Reika, no era nada.

OoOoOoOoO

Reika corría a una gran velocidad. Tenía una excelente condición física. Aunque no sabía muy bien su rumbo, no se preocupaba por ello. Sus piernas la estaban guiando hacia donde quisieran, y eso estaba bien, en parte sentía que estaba alejándose de su madre, y eso también estaba bien.

No tuvo que esperar mucho tiempo para encontrar finalmente uno de esos animales, el cual estaba en las afueras del bosque. El animal tenía un color azul pálido, y saltaba de un lado a otro entre los troncos de los árboles, flotando por aquí y por allá. A pesar de que éste no era de un color muy fuerte, creía que el azul era un buen color, probablemente significaba algo bueno.

Lo más seguro era que lo atraparía con facilidad, estaba casi completamente segura de ello.

Dio unos pasos con cautela, no estaba entre sus planes asustarlo.

-Vamos, gatito, no tengas miedo –susurró extendiendo su brazo a él cuando se encontraba a una distancia menor.

Repentinamente un ruido se escuchó a su lado, era el sonido de una rama al romperse. Reika inmediatamente llevó su mirada al sitio donde había provenido y se encontró con que se trataba de un muchacho de cabello castaño y ojos verdes.

Se miraron por unos instantes, pero él no detuvo su camino: aquella también era su presa.

-Espera, él es mío –le advirtió la chica, lo cual hizo que el pequeño animal se asustara y corriera del sitio. Reika siguió sin esperar a nada.

-¿De qué estás hablando? ¡Mira lo que has hecho! Ahora tendré que seguirlo de nuevo –se quejó el muchacho sin detenerse.

Tanto ella como él corrían codo a codo, tratando de alcanzar al animal que se escabullía algunos metros por delante de los dos. En el fondo aquel chico estaba sorprendido que ella pudiera igualar su velocidad y no diera signos de cansancio o debilidad.

-Si piensas que te me vas a vencer te equivocas –dijo Reika sin bajar el paso.

-Pues tú tampoco creas que por ser una chica voy a permitir que me ganes –replicó él tratando de ganar algo más de velocidad.

Cada vez lograban acortar más la distancia con aquel ser mágico. Reika no sabía si era por lo veloz que estaban corriendo, o si acaso era porque la criatura finalmente estaba aceptando su poder mágico, pero al extender su mano pudo notar que casi podía tocarlo…pero 'casi' no era suficiente.

El muchacho contra el que competía extendió su brazo, y la pequeña bestia pareció ceder ante él, dejándose atrapar. Los dos, Reika y él, se detuvieron de inmediato, provocando que ambos tropezaran y cayeran. El muchacho tenía entre sus brazos al animal, protegiéndolo de cualquier daño que le pudiera ocasionar. Sentirlo entre sus brazos le provocaba algo extraño, era la primera vez en su vida que sostenía algo como eso.

-Te gané –le dijo él con una enorme sonrisa en la boca, la cual provocó la profunda irritación de Reika.

-¡Cállate! –le gritó ella molesta, alejándose de ahí sin decir nada más.

«Maldición» pensaba la pelinegro avanzando con paso firme entre los árboles. Estaba molesta, no, más que eso, ni si quiera sabía qué nombre ponerle a lo que sentía, pero era algo muy fuerte y oscuro «Estaba segura que era para mí. Estaba segura que era ese el elegido.»

Era un fracaso. Haber perdido contra aquel muchacho no podía verse como otra cosa distinta a un fracaso, y eso ya quería decir que aquel no era un buen comienzo. No, incluso desde antes de eso, desde lo que había ocurrido con Kazuki ya era un signo de mala suerte. Aquel probablemente no era su día. Lo más seguro era que para esos instantes ya el resto de los estudiantes hubiesen cumplido con aquella prueba, incluso la misma Tomoko…

-No puedo rendirme –pensó, tratando de recobrar el ánimo – ¡Aquí voy!

Reika corrió de regreso a los edificios de la academia. Pudo notar como algunos de sus futuros compañeros aún se encontraban en el proceso de completar aquella primera prueba, no eran muchos pero al menos eso significaba que no sería la última.

A lo lejos, cerca de los pies de una pequeña colina que se alzaba detrás de uno de los edificios de dormitorios, vio algo que brillaba. Era como si la estuviera llamando, como una estrella en el cielo que era su guía.

Sin perder más el tiempo y concentrándose únicamente en eso, se dirigió hacia aquel sitio. Corría, a toda velocidad, sin que aparecieran los signos de cansancio todavía. Podía escuchar su propia respiración acompasada, pero además de eso no había otro sonido más….y finalmente lo vio.

Era hermoso.

Más que cualquier otro animal de esos, el que vio en la cima de la colina era hermoso. La criatura irradiaba un resplandor blanco, más brillante que los demás, y se sentaba majestuosos sobre la hierba, como si fuera el dueño de un reino.

Esta vez, Reika no tuvo miedo de acercarse, extendió su mano y con facilidad llegó a él.

No podía explicarlo.

Las sensaciones que habían despertado en su interior con el simple contacto era algo que no podía explicar, pero que de alguna forma era reconfortante.

Reika no lo sujetó, ni lo aprisionó con fuerza, simplemente lo acariciaba con gentileza: detrás de sus largas orejas, sobre su lomo, a un lado de su rostro, sobre su pecho…y él….parecía agradecido, estaba feliz.

-Mi nombre es Reika, es un placer conocerte –le dijo ella con una sonrisa –. Ahora veamos hacia dónde me llevarás.

OoOoOoOoO

El collar del pequeño animal la llevó con un grupo que rodeaba a un profesor de aspecto severo y, ciertamente, infeliz. El grupo no era muy grande, de hecho era el más pequeño de todos los que había en el vestíbulo del edificio principal. Reika trató de buscar con la vista a Tomoko, pero fue incapaz de verla. Quizás ella aún no había conseguido atrapar a uno de los animales.

-Quince –dijo el profesor, quien vestía completamente de negro. De hecho, lo único que no era negro en él era su piel, por todo lo demás, lo único que había en él era oscuridad: su cabello era negro, sus ojos eran negros y de pies a cabeza estaba vestido de negro, incluso llevaba una sortija que era de ese mismo color –. No hay nadie más que esperar –la voz del profesor era grave, y la mayoría del tiempo parecía estar susurrando lleno de odio. Reika se preguntaba de dónde su madre pudo haber encontrado a una persona como aquella para la academia –. Mi nombre es Kurono Izuki, y soy el encargado de este desafortunado grupo.

«Incluso su nombre irradia oscuridad» pensó Reika, sonriendo nerviosa «Y ¿a qué se refiere con desafortunado?»

-Me refiero a que son el grupo con las habilidades más bajas de todas –habló el profesor Kurono mirando a Reika a los ojos.

-Aghk –la muchacha retrocedió, sintiendo que sus ojos eran como dagas que la atravesaban. Algunas gotas de sudor bajaban rápidamente por su cabeza. Aquella era en definitiva una persona temible.

-Significa –exclamó el profesor, levantando la voz notablemente, cosa que lo hizo aún más temible –, que todos ustedes deberán esforzarse el doble: sus clases serán el doble, sus recesos serán la mitad, sus asignaciones serán el doble, sus raciones de comida la mitad, sus entrenamientos serán el doble, y sus habitaciones serán la mitad. Y yo me encargaré que así sea, de otra manera, si es que deciden no obedecer habrá consecuencias. Jajaja.

«Terrorífica, su risa es terrorífica» pensó Reika, sintiendo un escalofrío recorrerla de pies a cabeza.

-Ahora presten atención, por aquella puerta aparecerán los alumnos con un nivel más alto. Ellos son superiores a ustedes, por lo cual deberán tratarlos como tales, ya que además de todo, ellos les ayudarán con sus entrenamientos: serán sus mentores –habló el profesor, volviéndose hacia el otro lado de la sala.

Reika y el resto de los alumnos (que estaban tan asustados como ella), se volvieron también, y miraron una hermosa puerta blanca con detalles dorados que se abría de par en par. De ella, no sólo salía Yukie, la madre de Reika, sino también Tomoko y el muchacho de ojos verdes que había robado antes su animal.

-No puedo creerlo… -dijo la pelinegro, sintiendo deseos que todo a su alrededor la hundiera, o que la tierra se la tragara de inmediato –¡Esto debe ser una pesadilla!