N/A: Este capítulo está narrado por Kazuki XD siento mucho si esto causa alguna confusión pero era necesario!


Capítulo 36: Akemi

Si tuviera que decirlo quizás no me lo creerías, Reika. El amor que tengo por ti es algo especial, algo que ni si quiera todos mis pecados han logrado borrar por completo.

¿Cómo llegué a quererte de esta manera? Eso es algo muy fácil de explicar, y es algo que quizás no lo recuerdes, pero que existe desde hace mucho tiempo ya.

Todos los males que han caído sobre ti, todos han sido mi culpa. Todas han sido mis formas estúpidas para protegerte, para evitar que de nuevo caiga sobre ti toda esa oscuridad.

Te lo contaré desde el comienzo, quizás así tu corazón se suavizará cuando nuestros ojos se vuelvan a encontrar y puedas perdonarme.

Una sonrisa.

No te pido más que una sonrisa de aquellas que solían iluminar tu rostro y mi mundo entero.

¿Recuerdas la forma en la que sonreías?

Yo la recuerdo, la recuerdo perfectamente. Pero además...además recuerdo lo que sucedió en aquel día.

Nuestros padres llevan muchos años siendo buenos amigos, y por eso te conocí desde que apenas tenías unos días de nacimiento. Quizás no te acuerdas de ella, pero Akemi también estaba muy emocionada cada vez que venías, Reika. Las dos crecieron juntas, pero la forma en la que quería cuidar de tí al acercarse con esa felicidad marcada en su rostro, fue la que me hizo darme cuenta de muchas cosas a pesar de lo pequeño que era yo también.

Tus padres tenían un secreto, algo de su pasado que habían compartido con los míos. No fueron pocas las ocasiones en las que me pedían que saliera a jugar con ustedes dos cuando ya tenían ambas la edad suficiente como para andar por el jardín, como siempre, acompañadas por alguno de los sirvientes. A Akemi le gustaba tener toda tu atención, por eso a veces no me incluía en sus juegos y terminaba por quedarme con nuestros padres en esas conversaciones de las que poco comprendía en esos momentos.

La magia es peligrosa, Reika, creo que eso lo sabes muy bien ahora, pero cuando eras niña, tenías unos poderes difíciles de controlar. Supongo que con padres como los tuyos era inevitable que llegaras a tener tanta magia en tu interior, y por esa fue una de las razones por las que tu madre hizo lo que hizo.

Tu madre te ama también Reika, de eso no debes dudar jamás. Al igual que yo, ella también ha tomado decisiones difíciles respecto a tí. Al igual que tu padre, y al igual que todos los que hemos querido protegerte. Y te diré algo, a pesar de lo que piensas, en este lugar, y donde sea que vayas, existen más personas que están dispuestas a protegerte de lo que lo imaginas. Quizás no me lo creas, puede que en la academia las cosas no aparenten ser de esta manera, pero...llegará el momento en el que lo que comprenderás todo, y verás que lo que estoy diciendo no es ninguna mentira.

En todo caso, estaba hablándote de otra cosa, la forma en la que te llegué a amar de esta forma en la que lo hago. Todo fue debido a Akemi.

Sé que no la recuerdas a ella ni nada de lo que sucedió esa tarde de primavera en el jardín de nuestra casa. Sé que no lo recuerdas y que quizás pienses que estoy inventándolo todo, pero créeme que es la verdad. Cada palabra que estoy pronunciando lo es.

Mi hermanita Akemi apenas tenía un año más que tú, sin embargo sufría de una enfermedad grave y silenciosa, una de esas enfermedades que no son posibles diagnosticar hasta que ya es demasiado tarde. En el quinto cumpleaños de Akemi, el doctor les dio la noticia a mis padres de que mi hermanita tan sólo viviría por tres meses más.

Mis padres sabían que no existía la manera de contrarrestar los efectos adversos que la enfermedad tenía sobre ella, por lo cual intentaron darle la mayor felicidad en sus últimos meses de vida, y esa fue la razón por la cual ibas constantemente a visitarnos, Reika.

Yo fui un niño complicado, lo admito. Creo que hasta el momento sigo siendo una persona complicada, pero en esos momentos tal vez podía justificarlo. Cuando mis padres me hablaron acerca de la enfermedad de mi hermanita, para mí fue muy difícil entender la situación, en especial cuando sabía de la existencia de la magia. Yo creía que con la magia no existía nada que fuese imposible. Sin embargo, cuando les pregunté a mis padres si acaso no podían curar a Akemi con magia, y ellos pusieron ese rostro lleno de seriedad y desconcierto que se grabó en mi memoria, fue cuando me comencé a dar cuenta de la verdad de las cosas. No tuvieron la necesidad de contestarme para que yo supiera que aquel era un tema prohibido, algo que jamás debería de mencionar al frente de los dos. De todas formas...yo no lo quería entender, o quizás simplemente no podía.

Fue en ese entonces cuando te comencé a ver a ti como la verdadera magia. Eras la única que le devolvía las sonrisas a Akemi aun cuando con cada día que pasaba le era más difícil despertar de su cama, o mantener sus ojos abiertos.

Reika, tú eras la magia, y lo sigues siendo, de eso no me cabe la menor duda.

Cuando estabas ahí, Reika, Akemi trataba de volverse un poco más fuerte, aunque su cuerpo ya no lo soportara más. Recuerdo que incluso, en sus últimos días, cuando ya requería de una silla de ruedas, Akemi siempre intentaba levantarse para poder jugar contigo como lo hacían antes.

Si alguien te quería más que yo en esos momentos, esa persona, era Akemi, y pienso que tú la querías de la misma manera.

¿Es algo que se te da de forma natural?

A mi parecer así lo es, y es algo que me da muchísima envidia, especialmente en el estado en el que me encuentro ahora. Es otra situación complicada, pero no te la puedo explicar todavía.

La forma en la que abres tu corazón es asombrosa. Aún si te hacen daño, como lo hecho yo incontables veces, siempre regresas, siempre has regresado a mí, siempre has intentado salvarme, y a ciencia cierta sé que no soy la excepción, ya que con Akemi hiciste lo mismo.

Esa tarde en que murió Akemi estaba comenzando a penas la primavera. Los brotes de las flores eran débiles todavía, por lo cual había muchos pétalos en aquel laberinto de rosas blancas que tenemos. A veces pienso que mi hermanita lo presentía, que esa tarde iba a morir, porque ese día fue distinto a los demás. Esa mañana incluso sonrió para nosotros e intentó comer junto con todos, en la mesa. Por unos momentos pensé que quizás se había cumplido un milagro, que ella se repondría y que podríamos estar juntos en adelante, que la podría ver crecer y sonreír. La esperanza puede ser muy triste a veces, Reika, especialmente la de un niño que hace toda clase de promesas con tal de que las cosas mejoren.

Esa tarde por poco no llegas. No entiendo qué fue lo que ocurrió, pero llegaste casi con la puesta del sol.

Recuerdo esos momentos, porque fue cuando Akemi murió.

Los tres nos encontrábamos en el jardín de rosas, yo estaba empujando la silla de ruedas de Akemi mientras tú le contabas a ella un sueño que habías tenido. Akemi estaba un poco molesta contigo por haberte retrasado, por eso no sonreía de la forma en la que lo hacía normalmente. Por eso...y porque en su corazón ella sabía que iba a morir, de eso estoy casi seguro.

Nos detuvimos en uno de los pasadizos que había. Tú intentabas actuar con naturalidad. Tú siempre intentabas sonreír para ella a pesar de que tus inocentes ojos a veces se notaban asustadizos al ver cómo la enfermedad había deteriorado tanto el cuerpo de Akemi como su estado de ánimo, pero hubo un momento en el que ninguna de las dos sonrió.

Cuando llegamos al final del pasadizo, un silencio profundo nos invadió. Yo no podía decir nada, tampoco sabía qué hacer para cambiar las cosas. Una fuerte brisa pasó entre los rosales y muchos pétalos salieron desprendidos. Al frente de Akemi, una rosa perdió todos sus pétalos.

-¿Por qué no se pueden aferrar con más fuerza? -preguntó, estallando a llorar.

Aquellos pétalos que se llevaba el viento eran como los segundos de vida que se le escapaban. A veces creo que era de esa forma en la que ella lo vio.

-No llores, Akemi-chan -le dijiste, rompiendo a llorar tú también.

Quizás tú también lo sabías Reika.

Quizás en tu corazón también lo presentías, y por eso hiciste lo que hiciste.

Es peligroso jugar con la magia cuando la muerte está tan cerca, Reika.

De verdad entiendo y sé muy bien porqué lo hiciste. Sé que nunca quisiste hacerle daño a ella ni a tí misma, pero...cuando la muerte está rondando, la magia se vuelve más peligrosa.

Recuerdo cómo tu cuerpo comenzó a brillar con una luz ambarina, tenía el mismo color del cielo ahora que el sol estaba descendiendo, y además, tenía el mismo color de tus hermosos ojos dorados.

Tus párpados estaban cerrados, y con una fuerza de voluntad extraordinaria, dejaste de llorar para ella...e hiciste el jardín de rosas más hermoso de todos.

Tu magia es asombrosa, realmente lo es, y quizás puedas darte cuenta de ello un día, cuando todo esto termine, si es que ese momento alguna vez llega. Tengo la esperanza de que así será.

Los pétalos de rosa volvieron con el mismo resplandor que tu cuerpo tenía. Era como si el tiempo estuviera regresando, como si quisieras devolverle la vida a mi hermanita menor. Todas las rosas brillaban como el cielo con ludes cálidas y hermosas.

No quiero culparte de su muerte, no creo que hayas hecho algo malo, porque ella sonrió hasta el final.

-Muchas gracias -fueron sus últimas palabras, mientras te veía, antes de que su cuerpo finalmente se extinguiera.

Sé que no lo recuerdas. Lo que tus padres hicieron fue para protegerte, para que pudieras seguir sonriendo, para que pudieras seguir adelante, para que esa alegría que emanabas no se apagara como la vida de mi hermanita. Yo no los culpo, en especial después de ver la forma en la que te afectó los días consecuentes a ello. Te diré algo, Reika, si ellos no lo hubiesen hecho, seguramente yo hubiese intentado algo similar.

Yo no los culpo, y por eso...por eso todo este tiempo he estado ayudando a tu madre de formas que jamás sospecharías para así protegerte también. Lo siento mucho, Reika, pero creo que eso es algo que la asombrosa señora Nakamura tendrá que explicarte cuando las cosas estén mejor.

Desde ese momento, o quizás antes que eso, yo ya te quería de una manera especial, Reika, aunque siento mucho decírtelo de esta forma, pero el amor que tengo por tí es algo injusto. La forma en la que te quiero no es una romántica. No te amo de la misma manera en la que lo haces o lo hiciste tú...y sé que nunca te llegaré a hacerlo. Yo lo único que quiero es protegerte, lo único que quiero es que llegue el día en el que puedas volver a sonreír. Siempre, incluso en los momentos en los que te he hecho daño, he estado intentando protegerte, Reika. Por eso...por eso te pido que por favor no me odies. Por eso te pido que sonrías una vez más.