Music for Prague 1968

Jacques descendió del avión por la rampa que conectaba con la planta superior del aeropuerto, tomando el asa de su maleta y caminando hasta la rampa mecánica que llevaba al piso inferior.

Cuando levantó los ojos se sorprendió en ver un chico joven y bien vestido al lado de la puerta, y no le hubiera dado importancia de no ser porqué lo miraba con una extraña fijación.

Sus suspicacias se vieron pronto confirmadas cuando llegó al pie de la rampa. El chico le sonrió, y Jacques contempló sorprendido que el joven no debía sobrepasar los diecinueve años.

– ¿Podría acompañarme, por favor? –Preguntó el desconocido, acercándose.

– ¿Por qué? –Jacques no tenía la intención de responderle tan agresivamente, pero en el fondo se sentía asustado.

El otro borró su falsa sonrisa y murmuró en su oído:

-Sé lo que te propones, Mitchell.

Jacques no tuvo la oportunidad de decir nada. En milésimas de segundo el cañón de una pistola presionaba su estómago, y lo agujereaba dolorosamente con un proyectil de plomo.

La sangre comenzó a brotar, y en pocos minutos Jacques cayó al suelo viendo el techo desde sus ojos ciegos. Su asesino se apresuró a abrir la maleta y a rebuscar entre la ropa, poniéndose muy nervioso ante l inminente llegada de los guardas de seguridad.

Se levantó de nuevo, encarcelando entre sus manos la carátula de un cd:

– "Music for Prague 1968"... –Rabioso lanzó la caja al suelo, destrozándola de una pisada–. ¡Me he equivocado!

Después empezó a correr, empujando a los horrorizados viajeros que se arremolinaban alrededor del cadáver.

Días después, la policía aceptó definitivamente que tenían que cerrar el caso: El asesino no se encontraba fichado y probablemente ya hubiera salido del país. Ni el testimonio de las cámaras de seguridad servía ya.

La familia siempre creyó que el hombre murió justamente, nunca hubiera sospechado que en realidad eso fuera producto de una confusión en un conflicto entre mafias.