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La pequeña durmiente

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"Al principio, el autorretrato es un aprendizaje,

Y luego se vuelve una representación:

He aquí cómo me veo, he aquí como pienso que me vi" —Pablo Picasso

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Ciudad de México, Mayo de 1954

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Montes estaba parado justo frente a la alta ventana de su minúscula oficina que tan solo era alumbrada por la lámpara cuyo foco tenía 45watts proyectando una débil luz sobre el escritorio revuelto; la luces de la calle eran escasas y la oscuridad solo era dispersada por los faros de los autos que pasaban por ahí con muy poca frecuencia. Fuera de eso la calle estaba totalmente desierta y apenas eran las 7pm.

La puerta se abrió detrás de él, una mujer que usaba un atuendo muy formal con blusa de fina tela, falda larga hasta debajo de las rodillas en color oscuro y tacones altos entró sin mucha prisa con una charola en las manos, llevaba dos tazas con café negro en ellas, el azucarera y dos cucharitas. Lo dejo en el escritorio apartando las hojas revueltas de varios ejemplares atrasados del "México Diario" y se acercó a la ventana junto a Montes.

—Ha sido una tarde muy tranquila —dijo ella— ¿no cree Licenciado?

—Demasiado tranquila, ni un solo cliente ha venido —dijo el totalmente desanimado.

—Quizás alguien haya venido pero como usted ha estado todo el día dormidote ni se ha de haber dado cuenta —replico ella sin cambiar su tono dulce de voz.

—No duermo Martita, solo descanso mis ojos —dijo Montes sin inmutarse por el evidente sarcasmo de su secretaria.

—Si como no —resopló sarcástica—. Venga a tomar una taza de café.

—Gracias Martita. A propósito... ¿alguien vino y no me avisó? —pregunto él con curiosidad.

—No tiene nada que agradecer —dijo ella con sarcasmo— ¡Nadie ha venido, ahora tómeselo antes de que se enfríe! —terminó autoritariamente.

Ella tomo una de las dos tacitas mientras Montes hacía lo mismo pero más despacio, estaba preocupado por tanta paz y quietud en las calles del centro. Sabía que esa paz no iba a ser duradera, los horrores escondidos en las calles jamás descansan. El esperaba secretamente que esa paz terminara pronto. No le gustaba estar solo sentado sin hacer nada.

Un automóvil se detuvo delante del Edificio Gris pocos minutos más tarde, era un taxi, de el descendió un hombre ya mayor trajeado que usaba un sobrero y gabardina oscuros, pago al taxista y se encamino hacía la puerta del edificio. Pocos pasos antes de llegar a ella, el hombre sacó una tarjeta del bolsillo de la gabardina y la leyó:

Ricardo Montes

I.P / Abogado

Justo Sierra 59 depto. 326.

El 59 de Justo Sierra era conocido como el "Edificio Gris", una vieja construcción colonial de cinco pisos ubicada en la esquina de la calle Justo Sierra y del Carmen, con escaso alumbramiento y sin nada de color en la fachada, ni siquiera las cortinas de las altas ventanas daban algo de luz y felicidad. Tras guardar la tarjetilla donde estaba sacó un pañuelo y se limpió el rostro, el haber tenido que ir hasta allá resultaba algo realmente penoso pero la situación era ya un problema muy grande solo un hombre como el podría remediarla. El hombre trajeado se acercó a la puerta y pregunto a portero por el departamento 326.

—Vaya hasta el final del corredor, suba al elevador y vaya al tercer piso, el despacho está al final de ese pasillo.

—Gracias señor —dijo el hombre rápidamente debido a los nervios.

Sin decir más el viejillo camino despacio por el largo, medio oscuro y solitario corredor hasta el elevador, no había una sola puerta en ese pasillo, solo el medidor de luz junto a la entrada principal, y los focos en el techo que alumbraban el camino. El elevador estaba justo al final junto a las escaleras de piedra, al oprimir el botón para el tercer piso las puertas se abrieron de par en par.

El elevador era pequeño y angosto, tan solo cabrían en el cuatro personas y bien apretadas, mientras el elevador subía trabajosamente la escalera, el gerente iba pensando en cómo plantearle al investigador el problema, de repente el elevador se detuvo, cuando las puertas se abrieron el hombre salió y camino por un largo pasillo escasamente iluminado, a su derecha estaba una fila de altas ventanas una al lado de la otra, a la izquierda varias puertas de madera cerradas y al final estaba una que tenía una placa en lo alto.

326

R. Montes

I.P / Abogado

El hombre toco el timbre que se escuchó del otro lado, la puerta se abrió y una mujer fue quien atendió.

—Buenas noches, vengo a ver al señor Montes.

— ¿Tiene una cita con él? —respondió cortésmente.

—Oh no... No sabía que había que hacer cita —dijo muy apenado.

—Pase —ella abrió la puerta para dejarlo pasar y le indico que podía sentarse en una de las sillas que estaban pegadas a la pared—. Espere aquí, en un momento lo atenderán.

La oficina era muy pequeña, el hombre paso sus ojos por todo el diminuto lugar que, al parecer, solo tenía tres habitaciones y una quizás era el baño, estaba la pequeñísima recepción como de 6x6 metros cuadrados, frente a la puerta principal estaba una mesa con un teléfono y varios papeles sobre ella, detrás de la mesa, en la pared, colgaba un calendario alto con una imagen grande de Acapulco y debajo de esta los días del mes en hojillas de esas desprendibles, al frente de la mesa, a menos de metro y medio, estaba una puerta sin letrero. A la derecha de esa mesa estaba una maceta y justo donde terminaba la mesa estaba otra puerta que tenía pintado "Oficina" junto a dos sillas estaban a un ladito de la puerta principal y la mesa estaba puesta dejando espacio a la puerta principal para abrir y cerrar. Todo estaba muy apretado ahí dentro.

La mujer abrió la puerta que decía "Oficina" y la cerró detrás de ella, pasaron como cinco minutos y luego ella salió seguida de un hombre joven que usaba un traje oscuro sin saco, solo un chalequillo sobre su blanca camisa de manga larga y una corbata oscura que nacía del cuello de la camisa internándose dentro del chalequillo.

El hombre mayor se quito el sombrero y se puso de pie para saludarlo.

—Buenas noches —se presentó el joven—, soy el investigador Ricardo Montes.

—Oh, mucho gusto en conocerlo. Déjeme presentarme soy Álvaro Hernández gerente del Hotel Rule, seguro lo conocerá.

—Claro está sobre el Eje Central, poco antes de llegar a la Alameda. Pero... pase, pase a mi oficina para que hablemos con más calma.

—Sí, creo que es lo mejor —el Señor Hernández trataba de contener el nerviosismo de su voz.

Ambos entraron en la oficina. Martita tomo asiento en su silla en la recepción mientras Montes cerraba la puerta tras él. El señor Hernández observó el diminuto lugar, a penas si había un escritorio, dos sillas, un pequeño archivero en una esquina, una alta ventana y un foco colgado del techo que iluminaba. Montes tomo asiento detrás del escritorio y pidió al hombre que tomara asiento en una de las sillas.

—Y bueno señor Hernández, ¿en qué puedo ayudarlo?

—Este... —Hernández titubeo un poco antes de hablar, Montes supo por este gesto que para el hombre mayor era algo difícil de decir—… Bueno ¿Usted ha escuchado lo que dicen del Rule?

—No, no he oído nada... solo leí una nota en el periódico hace unos días.

—Es por eso que he venido a verlo —dijo aliviado el hombre—, es por esa nota.

—Explíqueme bien —dijo Montes amablemente sin dejar de observar al nervioso gerente que se pasaba el pañuelo por la frente repetidas veces.

—Pues verá... esa nota no es más que un claro ejemplo de las cosas que han venido sucediendo en el Rule desde hace mucho tiempo, pero que se han mantenido muy en secreto.

— ¿Está diciendo que no es la primera muerte que sucede dentro del Hotel?

—Exacto... —respondió el hombre con la voz temblorosa y los ojos muy abiertos.

—Ya veo... déjeme decirle algo señor Hernández, lo que usted necesita para su hotel no es un investigador sino un perito especializado en homicidios y llamar al departamento de policía. Luego de eso podrá venir conmigo sino está convencido de los resultados —Montes dijo esto terminantemente.

—Yo sé eso pero... —Montes notó que aquel hombre no estaba nada convencido de lo que acababa de decirle— Verá... algunos murmuran sobre usted en los bares y las cantinas, uno de ellos me dio esta tarjeta y como ya le he dicho muchas cosas que suceden en el Rule quedan en secreto si me entiende... por eso vine a verlo. No es un asesino común y corriente el que mata a los hijos de los clientes en el Rule pero me temo que no puedo decirle más... solo tengo estas fotos para que lo vea por usted mismo.

Montes quedo intrigado por las palabras de Hernández, el hombre mayor sacó un pequeño sobre de su gabardina, lo abrió y sacó dos fotografías, luego las puso en el escritorio boca abajo.

—Esto le mostrará los horrores que se esconden en el Rule y la razón por la cual acudí a usted.

El investigador tomo las fotos en blanco y negro sin titubear y las observo detenidamente bajo la luz de la lámpara del escritorio, su mirada se ensombreció, era un horror sin duda; la primera de ellas fue tomada en una de las habitaciones del Rule, una muy económica quizás supuso Montes por los muebles que eran escasos y tenía una sola ventana abierta. Había cuatro personas en la escena, la víctima que yacía en la cama sin vida, el gerente del hotel el señor Hernández, un policía muy delgado y alto y por su puesto el fotógrafo. Montes puso su mirada en el cadáver, se trataba de una niña, de uno años que yacía sobre la cama, no se veían manchas en la sábana así como muestras de violencia para con la niña, solo se veía como si durmiera apaciblemente.

—Yo no veo más que a una niña muerta… sin violencia alguna, quizá murió por causas muy diferentes a las que encontraron —dijo Montes tranquilamente devolviéndolas fotos.

—Es más que eso señor Montes, se trata de un homicidio —comentaba el agitado gerente viendo fijamente al investigador, Montes noto como los ojos del señor Hernández estaban a punto de brincarle de la cara— Lo que la mato no fue solo un asesino...

— ¿Lo que la mato? —Montes puso especial énfasis en esa última frase— ¿Algo no humano la mato? —El investigador lo observo detenidamente tenía la mirada fija en las fotos y el sudor le corría por todo el rostro, parecía que decía la verdad pese a lo ridículo de la historia.

— ¡Claro que no fue humano... ¿no ha escuchado nada extraño acerca del Rule señor Montes?! —insistió Hernández.

—Si hubiera escuchado algo extraño acerca del hotel le habría ofrecido mi ayuda de inmediato sin ni siquiera mirar esas fotografías, ahora dígame que pasa en el Hotel.

—Un horror se esconde en el hotel, vaga por las noches asesinando a los niños, a los hijos de los clientes. Nadie nos quiere creer, los niños amanecen muertos por causas desconocidas, la policía no quiso investigar si había un asesino en el hotel por falta de pruebas en la escena… solo algunos empleados sabemos acerca del horror y por lo mismo nos mantuvimos el silencio durante el interrogatorio nadie cree en esas cosas... —la voz del hombre temblaba como si estuviera a punto de ponerse a llorar.

— ¿Qué cosas señor Hernández?

—Brujas señor Montes.

— ¿Brujas?... ¿hay una bruja escondida en su hotel? —Montes rio a carcajadas por dentro pero trato de disimularlo.

—Así es señor Montes. Esa información no la dimos a la policía. Nos habrían creído locos. En medio de mi desesperación por no saber cómo lidiar con el problema me vi en una cantina donde me hablaron de usted. Yo sé bien que no investiga este tipo de cosas pero dígame si… ¿podría investigar a la bruja que se esconde en el Hotel Rule?

Montes lo observó por el rabillo del ojo por un momento, a juzgar por las palabras de aquel hombre ya se imaginaba que clase de reputación tenía entre los ciudadanos. De un completo demente seguro. Lo mejor era seguirle el juego al señor, de todas formas pagaría por el servicio y el dinero le hacía mucha falta.

—Brujas, muy bien...veamos. Antes de empezar a investigar y hacer acusaciones, hay varios procedimientos que necesito hacer y preguntas que formular. La policía no investigó a fondo la escena del crimen…

—Ellos dijeron que no había evidencia suficiente como para declarar que la niña había muerto por homicidio.- dijo el gerente en voz baja y temblorosa.

—Mmm- pensó Montes — ¿A dónde se llevaron el cuerpo?

—Al forense supongo… —respondió el gerente perplejo.

— ¿Hablaron con los padres de la niña?

—Sí, pero estaban tan destrozados que no dijeron algo que pudiera servir como prueba en contra de ellos. Solo la madre dijo en voz baja "se la chupo una bruja"… eso fue lo que alcancé a escuchar y créame que no es la primera mujer que dice eso dentro del hotel.

—Ya veo… escuche…

—Escuche Sr. Montes. ¡Es un horror lo que mato a esa niña, la bruja del Hotel Rule es quien la mato! —se exalto el gerente.

—Señor Hernández, antes de declarar que efectivamente fue la bruja que usted dice, necesito desmentir todas las demás teorías. Créame que investigaré a su bruja pero para eso tengo que empezar por el cadáver de la niña. Las cosas no son así de simples.

— ¡Investíguelo si eso lo hace feliz pero créame… no encontrará lo que busca en el forense, todos los horrores se esconden en el Rule! Aquí le dejo mi tarjeta para cuando quiera investigar el Hotel.

El Sr. Hernández le tendió la mano y le dio su tarjeta que tenía escrito su nombre, su cargo en el Hotel, la dirección del hotel y un número de teléfono.

—Iré a revisar el lugar antes de lo que cree.

El Sr. Hernández, gerente del Rule, salió de la oficina visiblemente molesto. Martita lo noto puesto que el hombre salió rápidamente y ni adiós les dijo.

— ¿Qué fue lo que le dijo Licenciado? —pregunto ella en tono sarcástico.

—Dígame algo Martita, ¿ha escuchado usted algo inusual sobre el hotel Rule?

— ¿El hotel Rule?, ¿el que está sobre el eje Central?

—Sí, ese mismo.

—Mmm... Alguna vez oí a una vecina decir que ese hotel estaba embrujado o algo así.

— ¿Embrujado?

—Algo por el estilo, no estoy segura, según le oí había algo escondido en el último piso del hotel y espantaba a los niños lo que no recuerdo es si menciono que era lo que se escondía en ese piso.

—Entonces eso demuestra que soy el único que no había escuchado nada acerca del hotel —dijo sorprendido Montes.

—Oh no se apure Montes, esto que le digo lo oí hace ya muchos años, cinco quizás.

—Lo que se esconde en el hotel es una bruja, según el buen señor Hernández.

— ¿Una bruja? —Preguntó ella sin presentar ningún tipo de reacción— Eso es ridículo. No le lavó usted la cabeza a ese pobre hombre con cuentos, ¿verdad?

—Por supuesto que no —respondió con toda tranquilidad—. Por lo que me dijo se trata de una de esas criaturas de la noche que Watson Koster menciona en su famoso libro.

— ¿Usted cree eso? —preguntó ella cansada porque sabía bien que Montes era fanático de los libros del tal Koster, solo eran libros de ciencia ficción sobre vampiros, hombres lobo y esas cosas pero para Montes eran una especie de guía espiritual.

—No al 100 por ciento —dijo él un poco convencido—pero una niña murió en ese hotel y lo primero que quiero hacer es ir al servicio forense para ver el resultado de la autopsia.

—No lo dejarán ver esa autopsia así de fácil —dijo ella.

—Yo sé que no pero… por fortuna tengo un buen amigo en el Servicio Médico Forense, le pediré de favor que me diga solamente que encontró en el cuerpo de la niña. Por lo poco que pude ver en esas fotografías es que no fue asesinada con violencia, solamente se veía dormida y en paz.

—A lo mejor la envenenaron —comentó Martita pensativa.

—Es lo que yo también creo… es más déjeme llamarle a mi amigo.

Montes cogió el teléfono y se comunico a la casa de su amigo, el Doctor Rene Trueba del Servicio Médico Forense aunque la llamada duró menos de lo esperado a pesar que Montes tuvo que preguntarle por la niña que había muerto en el Rule y si esta había sido llevaba al SEMEFO.

—Oí bastante sobre eso entre ayer y hoy —dijo el Doctor Trueba— pero el cuerpo de la niña no llego hasta acá.

— ¿No? —se asombro Montes.

—Uno de los doctores acompaño a los policías a la escena del crimen, según nos conto no encontró ninguna agresión física en el cuerpo.

—Ni golpes, rasguños, ni nada —insistió Montes pensativo.

—Exacto. El médico supuso que quizá había muerto de un ataque al corazón o la habían envenenado pero descartó la segunda teoría, la niña no tenía marcas de envenenamiento en sus labios, ni marcas en sus dedos. Luego la reviso un poco más y al parecer tampoco murió por paro cardiaco o infarto, sus ojos estaban bien.

— ¿No murió convencionalmente? —preguntó Montes asombrado.

—Más bien… no pudo determinar una causa válida.

—Entonces ni siquiera hay sospechosos.

—Al menos que haya sido envenenada de otra manera pero el forense afirma que no murió por envenenamiento.

—Qué extraño —susurró Montes- Podrías darme el nombre de la niña.

— ¿Vas a investigar a la familia?

—Es lo más probable que haga. De pura casualidad tienes en nombre de la niña.

—A ver… según nos comentó el doctor su nombre era Melisa… Melisa Ramírez y tenía 8 años.

—Dime ¿algún otro niño ha llegado al forense procedente del Rule?

—Ninguno, sabemos que han muerto varios niños en ese hotel a lo largo de los años pero… ningún cuerpo ha sido revisado en el SEMEFO, los doctores que han estado presentes en esos eventos han elaborado informes muy escuetos y las causas de las muertes jamás han sido exactas.

—¿Nunca han sido exactas? —ahora si Montes estaba extrañado.

—No, nadie sabe de que han muerto. Pero créeme que no han sido por envenenamiento o infartos, incluso se han planteado aquello de "apnea del sueño"

—¿Apnea del sueño?

—Sí, es una teoría que los sicólogos han planteado como que simplemente el niño deja de respirar mientras duerme —decía tranquilamente el doctor Trueba, sin embargo Montes no lo oía muy convencido al respecto.

—En ese caso sería muerte por asfixia.

—Pudiera ser, lamentablemente no te puedo decir más ya que como te comenté los cuerpos no llegan aquí.

—Gracias René, te prometo que nadie se enterará de donde obtuve la información.

—De nada y ten cuidado Montes, nos dijo el doctor que hay algo ahí. De hecho todos los policías que fueron estaban muy nerviosos, decían que se sentía el ambiente muy extraño en ese hotel.

—Gracias Trueba, lo tendré en mente.

Montes colgó el teléfono y se quedo pensativo por un momento. Debía ir al Rule a revisar la habitación donde se hospedó esa familia, quería hacer preguntas a los padres antes de sacar cualquier conclusión apresurada. Volvió a leer la tarjeta del gerente del hotel, necesitaba comunicarse con él para concretar otra cita y preguntarle con más detalle. Por lo que llamo sin más demoras al hotel tras pedir comunicarse con el gerente empezó a formularse las preguntas en la cabeza. ¿Cuántos niños habían muerto ya en ese hotel?, ¿en qué partes?, ¿todos murieron igual?, ¿había algún tipo de relación entre los niños?, ¿hay alguna conexión con el asesino de Melisa Ramírez?, ¿por qué los cuerpos no son revisados en el forense?... eran demasiadas preguntas como para contestarlas todas por el mismo.

—Señor Hernández —dijo Montes cuando el hombre le contesto— iré al Rule mañana por la mañana para revisarlo con calma… ¿Qué dice? Prefiere venir primero a verme… como usted guste… bien, en ese caso lo espero aquí mañana temprano.

—¿Por qué prefiere venir hasta acá en vez que lo vaya a ver usted? —preguntó Martita sorprendida mientras usaba la ruidosa máquina de escribir que había sacado del cajón más grande del escritorio.

—Parece ser que lo que está sucediendo en el hotel lo tiene muy angustiado al pobre hombre. Realmente cree que hay una bruja en el hotel. Quiero revisarlo y encontrar al asesino real.

—Muy bien, irá mañana entonces vendrá el gerente y usted irá a revisar el lugar más tarde.

—Así es. Ah y Martita…

—Dígame —dijo sin prestarle atención.

—Ya es muy, muy tarde. Creo que ya debe retirarse a descansar.

—Ah sí… me iré en un momento.

Montes la observó sin decir nada más. Sabía que Martita prefería mil veces estar trabajando que en su casa. Donde era, como ella lo decía, una esclava doméstica.

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Continuará…

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*Notas: Hace muchos años metí este relato a un concurso de novela pero lamentablemente ni siquiera calificó para tal propósito sin embargo he decidido retomarlo y ponerlo en este servidor para que no quede en el olvido. Gracias por leer.