Pasó el tiempo, y el 4 de mayo de 1982, Michael tuvo una hermanita, a la que sus padres pusieron por nombre, Jennifer.

Jennifer, o Jenna, como le decían, tenía la tez blanca, y era rubia, como su hermano y su madre. Sus ojos eran café claro.

Michael adoraba a su nueva hermana, siempre la quería tener en brazos, y abrazarla, los dos hermanitos se querían mucho. Pasaba el tiempo y conforme crecían, jugaban juntos, y rara vez peleaban, lo que tenía muy contentos a sus padres, si uno se caía, otro llegaba a levantarlo.

Un día, Michael, de cuatro años le dijo a su hermana -¿Jenna, no se te hace aburrido solamente nosotros dos? Me gustaría tener a alguien que jugara con nosotros-, y Jenna le asintió, y Michael le dijo -Ven, vamos a pedirle a mamá y papá un bebé-. Fueron los dos caminando y les preguntó su madre -¿Qué quieren pequeños?- y Jenna le respondió -Un bebé-. Julia sonrió y dijo -Pues recen a María y a Dios para que se los traiga-. Esa noche al irse a dormir ambos dijeron de oración -Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, dile a Dios, que nos traiga un hermanito, o si quiere, una hermanita-.