Era el mes de junio de 2013. El año primero del sexenio de Enrique Peña Nieto. México se recuperaba de la violencia del narco del sexenio de Calderón, y la armonía y paz progresaban, no obstante, la situación internacional era diferente. La Península de Corea tenía tensiones entre ambos países, y como los surcoreanos eran aliados de Estados Unidos, Corea del Norte también tenía en la mira a estos.

El conflicto llegó a México cuando agentes norcoreanos atacaron unas instalaciones petroleras en Veracruz, y mataron a cinco trabajadores de las plataformas, con el fin de decirle a Estados Unidos "Podemos privarte del petróleo". El ejército mexicano capturó a esos agentes y los retuvo en custodia militar. Dos de ellos murieron, supuestamente por alegadas torturas, y otro no se supo de el. El general Kim Jong-un se enfureció y le declaró la guerra a México. Peña Nieto se preparó con su ejército y para defenderse, mientras la ONU negociaba con el tiránico régimen norcoreano. Desgraciadamente, Kim Jong-un no hizo caso, y el día 9 de octubre desembarcó en la península baja californiana, el puerto de Veracruz, y bombardeó el DF y área metropolitana.