Érase una vez un niño que se llamaba Pedro.

Pedro odiaba su nombre, pero no podía cambiarselo por que sólo tenía diez años, y es bien sabido que los niños de diez años dependen de lo que sus padres decidan. Eso le molestaba a nuestro protagonista, pues había muchas cosas que quería hacer y que no podía por que a sus padres no les gustaban. Por ejemplo, no podía picarse la naríz. O desfajarse la camisa. Ni comer chocolate en el desayuno. Ni qué decir acerca de jugar al lanzamiento del gato.

Por eso y muchas cosas más, Pedro salió de su casa una noche con la mochila llena de ropa, comida, su gameboy con los juegos, unos paquetes de pilas y la billetera de su padre. Estaba decidido a iniciar una nueva vida como vagabundo; haría fortuna pidiendo limosna a los adultos y vendiendo latas de refresco por kilo. Y se cambiaría el nombre; se llamaría Superbatman, como siempre había soñado. Quizás le costaría un poco de esfuerzo para encontrar un lugar en el cual dormir cada noche, pero valdría la pena. No iba a ser un simple durmiente de bancas o de pórticos, no. Pedro sería un vagabundo con clase. Sus lechos siempre serían lo mejor de lo mejor, la envidia del resto de los vagabundos.

Ya le brillaban los ojos cuando reparó en el pequeño detalle de que alguien le gritaba a lo lejos. Volteó y pudo ver un par de luces acercándose a su lado de la acera. El coche se detuvo y de él bajó su enfurecido padre. Lo tomo de la mano y prácticamente lo arrojó al asiento trasero, mientras le gritaba que estaría castigado de por vida por darle un susto semejante. Por un momento, Pedro se arrepintió de sus planes, conmovido por el conocimiento de que era muy querido por su progenitor... hasta que escuchó el verdadero motivo del regaño.

- ¡Cómo se te ocurre, chamaco del demonio! ¿Qué, crees que el dinero crece en los arboles? ¡Cuando yo tenía tu edad...

Claro, la cartera. El niño la sacó de la mochila y la dejó en el asiento al lado suyo. Y mientras miraba por la ventana, se propuso no volver a hacer lo mismo... sacaría los billetes de la cartera para que su padre no se diera cuenta hasta el día siguiente. Pero eso sería la próxima vez.

*NOTA DE LA AUTORA: Este cuento ya ha sido publicado en "Antesala: Laredo Morning Times", en "Hojalata Líder" y recientemente fue leido en el programa-taller: Cría cuentos, del estado de México. Si lo ves en cualquier otro lado con una firma diferente a Evangelina Lima o Renzoki, por favor avísame.