Capítulo 1 – El Mestizo Prismático

En el extremo más profundo y oscuro del Prisma, la oscuridad precedía mi presencia latente. Vencidas sobre el suelo estéril, las memorias que me conforman se magnifican y superponen dando brote a rosas negras por otro deprimente recuerdo que cayó en mi seno. Los esbirros florecen de mi libro como una historia que cuenta hechos trágicos mediante un final destructivo. Ese tipo de herida los identifica y les da forma, no hay dos hijos iguales y los entiendo a cada uno en sus diferencias. Los observo dormir plácidamente y no puedo evitar pensar que no sufren en sus sueños. Una vez despiertos, sus pesadillas los abruman en la realidad, desgarrando el cerebro que llevan sin poder defenderse de ellos mismos. Suelo acariciarlos hasta que vuelven a dormirse y estar, por un simple momento, en paz.

Caminé taciturno al lado de sus hogares para verlos, recordarlos. Las cicatrices de cada uno los hacían únicos y llegaban a lastimarme. Algunos no aceptan lo que son en realidad porque son fantasmas de un pasado tormentoso y trato de explicarles, pero no comprenden lo que conforman. Los que pasaron más tiempo conmigo me entienden perfectamente porque son niños y la inocencia los imbuye. Lamentablemente, con el tiempo, van durmiéndose. Caen en el cansancio eterno como una enfermedad degenerativa y no se mueven. Se convierten en las mismas sombras que fueron una vez y desaparecen al ser sus recuerdos olvidados por completo.

De esa manera, todo a mí alrededor fue desapareciendo. Los esbirros durmieron eternamente hasta desvanecerse como la brisa que suele haber en la superficie. Me quedé con un recuerdo perdido. Era un niño que jugaba a las escondidas para divertirse. Su rostro lastimado se veía opacado por su sonrisa. No se formaba completamente de un recuerdo y la depresión no le afectaba. Era un mestizo de la creación sentimental. Vivía mucho más tiempo que mis esbirros y nunca supe si realmente provino de mi libro o apareció de la oscuridad que me rodeaba.

Su forma de ser me dejó perplejo. Por momentos creí que era él, ignorando las heridas y las marcas que se acentuaban al tacto de mis manos develando la verdadera imagen de éste. Una criatura autónoma asimilando un pasado perfecto. Razonando su inquietante poder al erradicar mi bruma sin afectarse, no era más que un niño inocente repleto de dudas en un mundo desconocido.

Finalmente traté de llevarlo a la superficie, otorgando el cuidado del ente prismático a uno de mis hermanos del Balance. Felicidad pudo haberlo mantenido tanto como Esperanza o Amor. No pudo salir de las cavernas al quemarse su cara frente a un resplandeciente sol. Un insostenible grito fue desencadenado a la vista diurna. Escabulléndose vuelta a las profundidades, el niño se escondió aterrorizado por la existencia de aquel dolor.

No entendía su función en todo el Plano sentimental, no poseía poder alguno. Sanó rápidamente antes de retornar a su simple juego de escondidas entre las sombrías cuevas laberínticas. Pensé en hablar con la Hermandad sobre el asunto inexplicable, pero no me arriesgaría a que termine en un conflicto de poder como la última vez.

Evité pensar que era una premonición o un mal presagio. Un conflicto latente avecinándose. Pero no era obra imaginaria, sentía dolor y su presencia era autónoma. ¿Podría ser obra de un trauma?

La colisión de recuerdos con sentimientos siempre genera confusión, aunque nunca sucedió algo así. El plano de los recuerdos es incuestionable y los sentimientos son ineludibles. Éste chico posee un pie en ambos mundos, desbocando su lado sentimental en el tiempo del recuerdo. Un trauma depresivo arribó a mis brazos.

El Pyxis de Tristeza no quedaba muy lejos, y sería uno de los pocos que me arreglaría una audiencia, pero el caso no debía ser expuesto antes de entender el motivo.

Las afueras de la Ciudad Negra permanecían nebulosas e inquietantes. Los Bosques Oscuros tomaban gran parte de su entorno, haciéndola casi impenetrable por el mal hablar de los rumores acerca de aquel sitio, ahuyentando al más valiente de los entes Prismáticos. Murallas de granito y árboles muertos terminaban a la entrada de un enorme portón metálico custodiado por personajes encapuchados al servicio del sentimiento reinante.

Los Sombras abrieron el portón. La Ciudad Negra se destaca por su silencio y los fantasmas que conviven junto a los vivos. Llevé conmigo al niño mestizo para mostrárselo a Tristeza y aclarar las dudas que me afligían. Extrañamente la criatura infantil solo le importaba jugaba con los fantasmas.

La Torre Negra se elevaba hasta los cielos, creando un ojo omnipotente que observaba a quien se atreviese a merodear en las afueras de la ciudad, y por esto Tristeza nos recibió en la cima de su residencia expectando nuestra llegada.

No tengo entendido el motivo por el cual estás aquí, será mejor que te inventes una excusa porque no son tiempos de confianza. – Tristeza, inquietado por mi presencia, se dirigió hacia mí con un poco de cautela.

Vivo al lado de tu reino y todavía no confías es mi. No me interesan los conflictos sentimentales, estoy aquí por otra razón. – Dije desinteresadamente.

Di tus palabras hermano. – Se cruzó de hombros.

Últimamente el Balance está quebrándose. La distorsión genera fenómenos que no podemos entender, y menos producir. – Le recordé.

Dime algo que no sepa. Si Desesperación no se empeñase en destruirlo todo, puede que esto no pasaría. – En sus palabras, las molestias se hacían notar.

Entiendo el motivo, pero debo mostrarte algo peculiar. – Detrás de mí, el mestizo se hizo presente.

Tristeza no se movió. El niño se acercó a Tristeza creyendo que era yo y lo abrazó. Su confusión lo aturdió al no haber sentido la presencia de aquella criatura oculta en la oscuridad. Le lastimaba aquellas muestras de afecto al igual que a mí, pero ¿Qué podíamos hacer? No había mal en su haber y estaba indefenso ante las tierras conflictivas del Prisma.

¿Qué es esto? – Me miró con asombro.

Es un mestizo. Mi libro apenas recita su existencia, siendo la creación de un recuerdo con un sentimiento. Esta criatura apareció en mi Pyxis y no entiendo el motivo, no concuerda con lo que realmente conformo. Demuestra felicidad aunque no puede exponerse a la luz del día. Expresa amor pero no le afecta en absoluto nuestra presencia. No es un niño, y no puede aprender de la vida en un recuerdo que posee un principio y fin. Entiendo que es algo sumamente poderoso, pero creí que debía mostrártelo para que también lo examines.

Es que… - Tristeza dudó. – Lo único que puedo decirte acerca de él es cual fue el recuerdo, pero necesitaré tiempo. ¿Sabes si puede dormir?

Dormía junto a mis esbirros, sí. – Afirmé.

Entonces será mejor que espere hasta ese momento. – Se hizo cargo del niño. – Debes marcharte, nuestros hermanos no deben vernos juntos.

Una última cosa. ¿Sabes algo de la ausencia de Odio?- Se libró una batalla entre este sentimiento y Amor. La conclusión fue la destrucción de su Pyxis.

Lo raro es que Amor no tomó su casa, debe seguir encerrado en su Portal. Tiene la suerte de ir a otro lugar cuando más lo necesita. – Una pequeña sonrisa se le vio.

Me inquieta su estadía en ese mundo. Temo que debe estar tramando algo y no va a ser beneficioso para muchos. – Me llevé la mano al mentón

El maldito se robó el Collar Prismático, ¿Cómo no iba a ser perseguido por la mitad de la Hermandad? – Con molestia, Tristeza alza la voz.

Algo habrá obtenido o a lo mucho supo algo que nadie sabe. Ese Collar simboliza la armonía del Balance, ¿Por qué robarlo si no posee poder que podamos usar? – No entendí su causa.

Miramos detenidamente al niño. No parecía entender, ni importarle lo que decíamos. Simplemente daba vuelta entre nosotros por la aparente confusión de presencias y volvimos a mirarnos en silencio.

¿Crees que tiene que ver con el Collar?

Es lo que me estaba cuestionando…

Si ese Collar era la clave para detener el ingreso de recuerdos sentimentales al Prisma… Odio deberá estar esperando a su propio Mestizo. – Mi hermano no podía creerlo.

No puede hacerlo, el Collar está en su Mundo de Dolor… no importa. Ahora no se puede evitar esto hasta que se vuelva a hacer presente. – Detuve la discusión

No debe hablarse de esto con otro hermano. – Me hizo prometer.

Sería lo apropiado. Mi cometido aquí ha concluido, volveré en su momento.

Mestizos… No entendí sus poderes y no parecían demostrarlos. ¿Cómo lo supo? Odio tiene sus maneras de resolver incógnitas y es realmente desconcertante. Extraer el poder de los Mestizos… ¿Querrá destruir estas inocentes criaturas por más poder? Entiendo que la necesidad de obtenerlo es casi insostenible, pero… ¿Sacrificar un recuerdo por un sentimiento?