Una vida en LOSAS -Capítulo 1-

Mi vida ha sido bastante buena a lo que yo recuerdo. Bueno, gran parte de ella lo fue. Todo lo que me proponía lo lograba, tenía buenos amigos, buen futuro. Pero, como todo lo que existe en este mundo, se esfuma de un momento a otro sin que te des cuenta. A veces la vida es injusta pero hermosa al mismo tiempo.
Ahora empiezo a recordar todo aquello que he vivido y hecho, tanto las cosas malas como las buenas... Es gracioso recordarlas en este momento, pero creo que esta es la última vez que podré hacerlo...

~_°~_°~_°~_°~Flash Back~_°~_°~_°~_°~

Cuando era pequeña yo siempre fui feliz. Siempre estaba sonriendo y sentía que todo salía bien. Vivía con mis padres: Marisa y Zilek, dos seres que estaban llenos de amor y bondad. En especial mi madre. Mi madre era una mujer que cada que sonreía, una puerta nueva se le abría. Recuerdo que era hermosa, muy hermosa; con su cabello lacio de color plateado. Sus ojos verdes y su hermosa sonrisa... Todavía recuerdo todo eso muy bien. Mi padre era un hombre apuesto también, un hombre de cabello rubio muy claro y ojos carmesí; y a pesar de pasar de los 35 años de edad, él se mantenía joven y de vez en cuando recibía cumplidos de vecinas nuestras. Recuerdo que me molestaba un poco y mi madre se ponía un poco celosa por ello.

Vivíamos bastante bien. Teníamos dinero, teníamos recursos suficientes para mantenernos por muchos años a futuro. Mi madre no trabajaba; mi padre era guerrero de clase alta en la Academia Real de LOSAS.

Un día, cuando yo tenía unos siete años de edad, unos hombres llegaron a nuestra casa. Hablaron con mi madre, ella se soltó a llorar y no podía parar. Yo sólo la miraba desde las escaleras, quería acercarme pero tenía miedo de aquellos hombres. Cuando ellos se fueron por fin pude acercarme a mamá, ella sostenía una capa roja que estaba toda maltratada y sucia. No dejaba de llorar, sus ojos se volvieron rojos y sus sollozos me hicieron llorar a mi también a pesar de no saber qué era lo que había pasado.

Mi padre había muerto en batalla contra otra nación que quería apoderarse de los recursos de nuestro planeta. Lo supe cuando mi madre y yo fuimos al funeral. No sólo mi padre había fallecido, otros veintitres guerreros perdieron su vida al defender LOSAS en aquella batalla. Gracias a todos ellos este planeta quedó a salvo. Vi cómo los cremaron. Veinticuatro montículos de madera donde yacían los cuerpos ardían en llamas frente a mis ojos. Recuerdo que no lloré, me quedé ahí como buena guerrera que solía decir mi padre que yo era. Me estuve ahí, a un lado de mi madre sosteniéndole la mano muy fuertemente en toda la ceremonia.

Pasaron casi dos años hasta que mi madre logró recuperarse por completo de la perdida de papá. La casa simplemente no era igual. Faltaba esa chispa que le daba el reír de mis padres cuando estaban juntos, los abrazos grupales que nos dabamos cada que papá llegaba de la academia con regalos para mamá y para mí.

Ya nada era lo mismo sin él...

A los nueve años, a unos dos meses de cumplir los diez, mi madre salió de casa para hacer compras. Yo estaba enferma y en cama y no pude acompañarla. Antes de salir me dijo que no tardaría mucho, que sólo iría por unas cosas para la casa y medicinas. Que no tardaría más de una hora...

Pasaron tres horas y no había señales de ella.

Me preocupé y, sin importar lo que me había dicho, salí de la cama y fui a buscarla. En las calles hacía mucho frío y tuve que agarrar un abrigo grueso junto con una manta para poder soportarlo. Caminé y caminé por el único camino que sabía me llevaría al más grande mercado de LOSAS, que era al que mi madre prefería ir. En ningún momento durante el recorrido me topé con ella; no la vi en ninguna parte y al preguntarle a gente si la había visto me respondían que no... Sin duda había algo muy raro ocurriendo.

Regresé a casa esperando que mamá estuviera ahí, pero no lo estaba. Esperé hasta la noche sentada frente a la chimenea a que llegara, pero nunca lo hizo.

Al día siguiente desperté en el piso acurrucada con mi manta. Me levanté, me preparé algo de desayunar y proseguí con mi espera.

Unas siete horas más tarde, algunos de mis vecinos vinieron a mi casa muy apurados, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Empezaron a buscarme y me llevaron lo más rápido que pudieron a la casa de la señora Dana, una mujer anciana muy querida por nuestra zona, y le pidieron que me cuidara mientras los demás intentaban solucionar "el problema". Preguntaba que qué pasaba y por qué me habían llevado ahí, pero todos hacían lo mismo: me daban una mirada triste y sin brillo para luego contestarme que no había pasado nada y que me mantuviera callada por un rato mientras ellos se ocupaban de un asunto muy importante. Yo hice lo que ellos me dijeron. Por casi tres horas estuve encerrada dentro de un cuarto, sin saber nada de lo que pasaba afuera. De vez en cuando escuchaba algunos gritos, pero se ausentaban después de unos minutos.

Cuando por fin llegaron por mí, todos lucían bastante cansados, muchos con ojeras y ojos bastante rojos. La señora Carina, quien era una de las mejores amigas de mi familia, se me acercó y me abrazó bastante fuerte al mismo tiempo que lloraba. Recuerdo muy bien lo que me dijo: "De ahora en adelante pertenecerás a nuestra familia. Yo te cuidaré, Darless, y te daré todo lo que necesites..." Yo la abracé de vuelta, pero no entendía el por qué de sus palabras sino hasta unos días después... En el funeral de mi madre.
Algunos decían que la asaltaron y que el robo salió mal; otros decían que enemigos de nuestra nación la tomaron como reén y que al final, al no saber qué hacer con ella, la asesinaron. Pero no importaba qué cosas me dijeran, nada cambiaría el hecho de que mis dos padres ya no estaban conmigo.

Ese día me quedé desde el amanecer (que fue cuando el funeral inició) hasta el ocaso. La señora Carina me llevó a su casa y me mostró el cuarto donde me quedaría ya que no podía quedarme más en la mía.

Nunca me acostumbré... Yo sabía que ella era una buena mujer, que cuidaba bien de sus hijos y su esposo también era buena gente. Pero una cosa era verlos seguido y otra cosa era vivir con ellos.

Muy seguido, en las noches, yo me escapaba y me quedaba a dormir en mi casa, en la cama de mis padres. Las sábanas tenían ese olor típico de ellos que me hacía relajarme más fácilmente y dormirme sin problemas. Al amanecer, Carina o su esposo Manuel iban a recojerme hasta que llegaron a la conclusión de que, no importaba qué tanto hablaran conmigo de que lo que hacía estaba mal y que era caso perdido, nunca les haría caso y nunca los vería como mis padres. Así que decidieron dejarme en mi casa, sólo que todos los días iban a dejarme comida, agua y ver si estaba bien todo. Claro que estaba bien. Mi casa nunca faltó de comida ya que eramos una familia con algo de dinero y yo sabía dónde había escondido en la casa. Por eso es que, si necesitaba mantas nuevas o veladoras, no iba a pedir a la señora Carina, sino que iba a ese compartimiento escondido, agarraba el dinero que necesitaba e iba a comprar lo que faltara.

Estuve bastante bien cuidando de mí misma por casi tres meses... Hasta que alguien llegó inesperadamente a la puerta de mi hogar una tarde...

Yo estaba lavando los platos después de haber comido, cuando escucho tocar la puerta. Al principio pensé que se trataba de algún vecino para ver si todo estaba en orden, pero al abrir la puerta me di cuenta que no era así... Una mujer de cabello corto color verde y ojos esmeralda, quien llevaba una armadura con una capa roja, estaba parada frente a mí. Ella se me quedó mirando un momento, sonrió y se puso de cuclillas.

- Tú debes ser Darless Lucéy, hija del gran Zilek y de Marisa. ¿O me equivoco? - Dijo con una voz dulce y calma. Yo dudé por un instante, pero después asentí. - Sabía que eras tú. Tu cabello es tan peculiar... A sólo tres personas he visto con el cabello completamenete blanco. Y una de esas personas eres tú. Y tus ojos...

- ¿Qué tienen? - Pregunté algo molesta.

- Wow, tranquila. No quize ofenderte. Es sólo que tus ojos... No son como los una niña normal. Un ojo verde y otro rojo. Es algo bastante peculiar.

- Mi mamá y papá decían que era porque era especial. Diferente a los otros niños. - Estaba bastante irritada. Sólo quería que esa extraña se fuera de mi vista.

- Claro que eres especial, tu padre era el gran Zilek después de todo. ¿Sabes las grandes cosas que él llegó a hacer antes de morir? Mató dragones, venció ejercitos enteros que amenazaban a nuestro planeta. Era, sin duda, un hombre de respeto. - Yo me mantuve callada. Ni una palabra salió de mi boca. - Sé que tal vez te sientas amenazada, pero me enteré por los vecinos que haz estado viviendo sola... ¿Por qué?

- Porque quiero estar sola. Y haré lo que decía mi madre: "Hasta el día que muera viviré aquí". - Nos quedamos viendo por unos segundos y de la nada, aquella señora comenzó a reír.

- ¡Me gusta mucho tu actitud! Para ser una niña de diez años eres alguien admirable. Tal como lo eran tus padres. Se ve que te enseñaron bien. - La mujer acercó su mano derecha y revolvió un poco mi cabello mientras sonreía. - Mi nombre es Dahla Saabur, y soy la comandante mayor en la Academia Real de LOSAS. - Dijo al mismo tiempo que se levantó. - ¿Te gustaría unirte? En este momento estamos reclutando a la nueva generación de guerreros. Estamos reclutando a niños de ocho a trece años, así que te sentirás más cómoda ya que estarás con chicos de tu edad. Ahí tendrás cama, alimento, atención médica y te enseñaremos a pelear y defenderte de los malos. ¿Qué dices? - Yo no quería saber más de esa mujer. No sabía qué era, pero me daba escalofríos cada que la miraba directo a los ojos.

- No dejaré mi casa... Cuidaré de mi casa tal como mis papás lo harían si estuvieran conmigo ahorita. - Lo dije sin balbusear. Estaba muy segura de lo que decía ese día.

- Veo que tienes tus pies bien puestos en la tierra con esa idea. veamos... Qué tal si hacemos esto: cuando cumplas seis años dentro de la academia, podrás regresar a vivir aquí si gustas. Te daré un pase especial para que puedas entrar y salir de la academia cuando quieras. Eso si haces todo bien. Los exámenes los tienes que pasar, tienes que portarte bien y respetar a tus autoridades. Si logras hacer todo eso y logras convertirte oficialmente en una guerrera de LOSAS en ese plazo, te dejaré vivir aquí. ¿Huh, qué dices?

Sus palabras eran bastante comprometedoras, no sabía si hablaba con la verdad. Pero estaba consciente de que en cualquier momento se me acabarían los recursos y que yo era muy pequeña para mantener mi casa por mi cuenta. ¿Qué haría si un pedazo de techo se cae? ¿Qué haría si un día mi casa se quema por un accidente? ... Simplemente no tuve más opción que aceptar la propuesta de Dahla e ir con ella a la academia. En ese mismo rato, ella entró a mi casa y empacó casi toda mi ropa en varias bolsas y maletas. Después salimos y me metió dentro de una carreta en donde habían otros dos hombres, a quienes les pidió que sacaran los alimentos de mi hogar y se los dieran a los vecinos para, después, clausurar la casa e impedir que nadie más la habitara mientras yo estaba ausente.

En el camino hacia la academia yo miraba por la ventada del carruaje a todos los vecinos que nos miraban partir. Muchos de ellos se despedían de mí moviendo los brazos y otros intentaban ponerse al par con la carreta para desearme buena suerte. Sentí cálido dentro al ver a tanta gente que se procupaba por mí... Pero no podía quitar esa sensación que la mujer de cabello verde me daba...

Después de una hora y media aproximadamente, llegamos a la academia. Era un lugar inmenso, con muchas casas de habitaciones múltiples y pequeños edificios de dos y tres pisos hechos de piedra. Pero había un edificio el cual me llamó mucho la atención: era un castillo grande. Le estimaba que era tan grande como un dragón escupe-fuego de los cuales mi padre solía contarme. Y ahí fue a donde nos dirigíamos.

Al entrar al castillo, subimos a la planta más alta y entramos a la oficina de Dahla. Ella me sentó en una silla y después se sentó detrás de su escritorio y comenzó a llenar varios papeles con mi información. Al final me pidió que escribiera una firma. Yo no sabía qué era eso, así que Dahla tomó mi mano izquierda, me dijo que no dolería y pinchó mi dedo índice para que una pequeña gota de sangre saliera y cayera sobre la línea donde debía estar mi firma.

Luego de eso, me subió sobre una bestia enorme con mucho pelo de color café y dientes grandes a los cuales llamaban Yaferys y me dio un recorrido por toda la academia para mostrarme dónde estaba cada instalación. Tengo que admitir que el paseo fue bastante divertido, en especial porque esa era la primera vez que me subía a un Yafery. Más tarde, después de haber comido junto a Dahla para explicarme algunas cosas extras, me llevó a una de las casas de habitaciones múltiples que se encontraban en la parte trasera del castillo y me mostró mi cuarto. Me estuve ahí todo el resto de la tarde y toda la noche acomodando mis cosas y tendiendo mi cama para irme por fin a dormir.

Era de madrugada cuando me desperté. A un lado de la cama habían dejado, encima de un mueble, un jarrón lleno de agua con dos vasos; así que agarré uno, lo llené y di un par de sorbos para volverme a dormir.

Estaba de nuevo en mi cama ya a punto de caer dormida, cuando escucho a alguien llorar. No pude mantenerme tranquila después de escuchar eso. Me levanté, me puse una manta alrededor y salí de mi cuarto para investigar de dónde venía el llanto. Habían momentos en que no se escuchaban, pero a veces eran lo sufientemente fuertes para ser escuchados. Estuve checando habitación tras habitación y en ningúna se veía a alguien llorar. Algúnas habitaciones estaban vacías y en las demás habían otros niños dormidos. Había sólo una habitación al final del pasillo que me faltaba por revisar, agarré aire y abrí la puerta muy lentamente para ver si en verdad había alguien o si sólo era mi imaginación. Resultó ser que sí había alguien llorando: una niña de cabello largo de color azul que se encontraba sentada en una esquina cubriéndose los ojos, secándose las lágrimas. Enfrente de ella estaba de rodillas un niño de cabello corto color café quien la consolaba. Al ir abriendo más la puerta, ésta fue haciendo ruido y los niños se dieron cuenta rápidamente de mi presencia.

- ¿Qui-quién está allí? - Preguntó muy nerviosamente la niña.

- Perdón... Es que te escuché llorar desde mi cuarto y quize ver si era una persona o un fantasma.

- ¡¿FANTASMA?! - La niña gritó horrorizada.

- Hey, cálmate. ¡Aquí no hay fantasmas! - El chico se acercó más a ella y le daba pequeñas palmadas en el hombro. - Vas a despertar a los demás y nos van a regañar.

- ¿Tienen mucho tiempo aquí? - Pregunté.

- ¿En la academia? - Preguntó el niño.

- Si.

- Yo llevo tres días y ella a penas dos. Pero desde que llegó no ha dejado de llorar.

- ¡Es que quiero ir a casa! - No importaba cuánto intentaba hacer el niño para consolarla, ella simplemente no dejaba de llorar.

- Celeste, en serio, los guardias van a venir como ayer y nos van a regañar. No quieres eso ¿o si? - Ella negó con la cabeza. - Entonces relájate.

- ¿Celeste? - Entré al cuarto y cerré la puerta.

- Si, ese es su nombre. - Me respondió el niño. - Mi nombre es Louis, mucho gusto.

- Soy Darless. - Contesté. - ¿Ustedes se conocen?

- Sip, - Dijo el chico. - nuestras casas quedaban casi juntas y nos veíamos como tres o cuatro veces a la semana. ¿Tú de dónde vienes?

- Del norte, de la zona nueve. ¿Y ustedes?

- De la zona doce... Tienes bonito cabello. - Sonríe. - Y tus ojos son raros, pero bonitos también. - En ese instante sentí como si mi rostro ardiera en llamas.

- Si... Son muy bonitos... - Dijo la niña cuando levantó su rostro para secarse las lágrimas.

- Muchas gracias. - Sentí una gran calidéz dentro de mi corazón al escuchar tales palabras, las cuales nunca había escuchado hablar a nadie más, excepto mis padres. Siempre todo mundo decía "Qué raro color de ojos" o "Qué peculiar, nunca había visto a alguien con ojos bi-color". Así que esas palabras las guardé en lo más profundo de mí.

El resto de la noche nos quedamos platicando de las cosas que solíamos hacer en nuestros hogares antes de llegar aquí, de nuestros padres y de cómo fue que aceptamos unirnos a la academia. Ese día fue la primera vez que hice amigos por mi cuenta... Esa noche me olvidé de todo y sólo me concentraba en esos dos niños que a penas unos minutos atrás eran completos extraños para mi.

Se sentía bien hablar con alguien; encontrar a quienes puedes llamar amigos y hablar con ellos como si no hubiera mañana...

Al día siguiente, Dahla llegó a nuestras habitaciones. Yo me había quedado a dormir en el cuarto de Louis, al igual que Celeste, porque toda la noche estuvimos hablando sin parar y nos ganó el sueño en las primeras horas de la mañana.

Cuando todos tomamos un baño, nos cambiamos y desayunamos, empezamos con las primeras clases en una escuela, la cual se encontraba casi al final de los territorios, al norte de la academia. Nos enseñaban las cosas básicas como matemáticas, historia, anatomía, ciencias naturales y un poco de ortografía.

Al final de la primera mitad de las clases-que duraban aproximadamente unas cinco horas-nos ibamos todos a comer y a jugar un poco al patio cercado que estaba atrás de la escuela. Había una gran cerca ya que el resto del campo de la academia era algo peligroso: habían muchos soldados, armas, animales enormes a los cuales usaban como carga o para llevarlos a combatir.
Cada que salíamos de la escuela, unos soldados nos acompañaban para estar seguros que nada nos pasara.

Cuando llegabamos de nuevo a nuestros dormitorios, nos daban una hora para tomar una siesta y, después de eso, nos ibamos de nuevo a otra escuela. Esta escuela no era como la otra, era de combate y armada. La primera vez que fuimos nos enseñaron los nombres de algunas armas y cómo se utilizaban; pero decían que no podíamos utilizarlas en ese entonces ya que eramos muy pequeños y nos podíamos hacer daño.

Conforme fueron pasando los días fui haciendo amigos. Ya tenía a Celeste y a Louis, pero también conocí a varios más, como a Alexander, un chico de cabello un poquito largo y de color morado, con un par de ojos azules; Yaamir, un niño muy simpático de cabello gris oscuro y ojos cafés; Dámian, un muchacho de cabello azul y ojos naranjas; Tania, pelirroja con un par de lindos ojos verdes; y Zouga, un niño de cabello café y ojos negros que casi siempre se la pasaba jugando. Siempre que teníamos tiempo libre, nosotros ocho nos juntabamos y jugabamos.

El tiempo transcurría rápido. A veces hasta un poco más de lo que todos imaginabamos.

Ya habían pasado cuatro años desde que todos habíamos entrado a la Academia Real de LOSAS y nos habíamos hecho más fuertes, más valientes, más audaces. Y al igual que cosas ibamos aprendiendo, cosas ibamos perdiendo...

Un día, todos nosotros estabamos comiendo fuera de la escuela de armada en nuestro descanso, cuando escuchamos sonar una alarma. Era la alarma de ataque. Pensabamos que sólo era un simulacro, pero nos dimos cuenta que no lo era cuando vimos a varios guerreros correr, dirigiéndose a la entrada de la academia. Resultaba que la nación de SAYRE nos había declarado guerra. Era algo bastante imprevisto y no sabíamos cómo actuar.

Al final, el ejercito de SAYRE nos dejó en paz, pero después de haber saqueado inumerables hogares y mercados; después de haber robado mujeres y matado a varios hombres... Uno de ellos fue Yaamir...

Cuando escuchamos la alarma y vimos que nos atacaban, Dahla corrió hacia nosotros y nos dio la orden de refugiarnos dentro del castillo mientras ellos se encargaban de ese asunto. Todos corrimos lo más rápido posible, cuando de la nada, una flecha cae del cielo y se incrusta en la espalda de Yaamir. Louis y Alexander se regresaron por él y lo ayudaron a caminar. Cuando logramos entrar al castillo, hicimos todo lo que pudimos para salvarlo. Pero ninguno de nostros se dio cuenta que la flecha estaba envenenada...

Al anochecer el saqueo había terminado y el ejercito de SAYRE se retiró. Dahla llegó a donde nosotros, estaba cubierta de sangre y tierra. Nadie dijo ni una palabra de lo que había ocurrido, estabamos debastados. Mientras Dahla caminaba hacia nosotros, nos informaba que uno de sus mejores soldados había muerto y varios más estaban gravemente heridos. Cuando se acercó lo suficiente a nostros, se topó con el cuerpo sin vida de Yaamir...

Eran casi las doce de la noche cuando la ceremonia de cremación se realizaba frente a nuestros ojos. Ese día recordé de inmediato la primera vez que asistía a una ceremonia de esas... A la de mi padre. No pude evitar llorar un poco mientras veíamos a nuestro amigo arder en llamas por horas hasta que sólo quedaran cenizas. Sus familiares lloraban sin parar y eso me hacía sentir peor...

Las cenizas de él, tanto como las de aquél soldado que había muerto en combate, fueron entregadas a sus familiares junto con sus pertenecias personales.

Ninguno de nostros pensó que algo así ocurriría. Ninguno de nosotros estaba preparado. Pero aprendimos la lección: tenemos que practicar más, tenemos que prepararnos más. Estar listos todos los días para cualquier imprevisto.

Cualquier error podría costarnos la vida...


Nota de autor:

Desde hace tiempo que quería publicar esta historia, ya que la protagonista es uno de los personajes con los que más me he encariñado desde la primera vez que la creé Pero no encontraba el momento preciso ya que estaba ocupada con "Orígenes" y "TFaTK.

Me siento bien ahora ' w' No sé cada cuánto actualizaré esta, ¡pero trabajaré duro!

Por ahora me despido.

Gracias por leer y que tengan lindo día :3