3 de Mayo

Creo que me encuentro en la montaña de Príncipe Pío, aunque no estoy muy seguro, no puedo pensar con claridad, el brazo derecho me arde y mi cabeza está a punto de estallar.

Todavía oigo los gritos de la gente ("¡Traición!, ¡Muerte a los franceses!") dentro de mí. Por mis ojos corren imágenes de gente corriendo, caballos desbocados, revueltas y franceses muchos franceses… Aunque cada vez me siento más cansado hay algo que tengo claro, no podemos dejar que esos traidores se hagan con España.

Siento como alguien me empuja contra una colina, a mi lado la gente grita y suplica, pero a mí me duele demasiado la cabeza… ¿Por qué no acaban con todo este sufrimiento?

Levanto la cara con parsimonia, el brazo me quema, tengo la vista nublada, pero eso no me impide ver como una hilera de franceses, fusiles en mano, se alza ante nosotros. El miedo me paraliza, y como acto instintivo levanto las manos, quiero gritar pero no puedo.

Escucho un estruendo, y el dolor se apaga. Poco a poco todo se va quedando en silencio. Es raro que todo acabe un 3 de mayo, precisamente el día que llegue a este mundo.

Crislu.