Una Vida de Dos

Homicidio

¿Quién de las dos es más débil? ¿Cuál cederá primero? Ojalá nunca lleguemos a ese acuerdo, y sin embargo saberlo posibilidad, me asegura un buen entierro.


Tras haberla pasado a buscar, fuimos a un abarrotado bar. Increíble, simplemente por tratarse de mí, cuando era yo quien odiaba los lugares concurridos. Pero ella quería tomarse su tiempo aún, café de por medio y entre risas y cuchicheos se nos pasó el tiempo.

Detuve el auto frente a la casa, majestuosa y familiar para nosotras, era como un segundo hogar allí. Un lugar que guardaba tanto recuerdos, momentos que ambas vivimos y que sin embargo parecían no estar allí. Porque nuestra simple presencia, espantaba los fantasmas del pasado, cuando tu mirada y la mía, por varios minutos se sostenían, sin necesidad de palabras, para hablar de remembranzas, que de nuestras bocas no pensaban salir.

Y alcé la vista, melancólica, deseando que los gloriosos minutos decidieran detenerse tan sólo un momento. Pero muy en el fondo, sabía que no sería así, y que aquel viaje debía acabar tarde o temprano. Más temprano que tarde para mí, aunque para ella fuera ya muy tarde, y en su interior se moviera el sentimiento incesante de querer salir de allí.

Besé tu frente con alivio

Al saber que tu alma me ha querido,

Tanto como yo a ti

Y hundí el cuchillo con ahínco,

Sabiendo que tú me ibas a perdonar,

Porque fue tú pedido…

Tú lo querías así.

Y ante esa mirada,

No pude más que desistir.


Detuve el auto frente a la casa, majestuosa y familiar para nosotras, era como un segundo hogar allí.

Hoy sonrío indiferente

Porque aún no se ha cumplido.

Pues estoy a un solo paso

De acatar mi cometido.

Dime alma injusta tu pedido,

Con un sí habré cumplido:

Cerraré tus ojos para siempre.


Una historia vieja que saqué de los mohosos archivos de mi computadora.