En este momento me tomaré un momento para pensar en ti. Para pensar en mi. Y para pensar en nosotros.

Lo que tú me importas a mí, me importa tanto o más de lo que te importo yo a ti. Precisamente porque me importas tanto, me importa mucho importarte lo más posible.

Si no me hubieses importado tanto, me habría dado igual cuanto te importaba yo, pero de ninguna manera me da igual, eso significa que tú me importas tanto que no puede darme igual cuanto te importo yo.

Si supieras lo mucho que me importas, podrías entender porque no quiero dejar de tener la importancia que tengo para ti.

Ciertamente no eres lo que esperaba que fueras; y no eres quien ansiaba que fueras. No llenas ninguna de mis expectativas. No te acercas ni un poco al modelo y/o prototipo.

¿Pero qué más da? Porque me he dado cuenta de que las expectativas, prototipos, modelos y esperanzas, se rompen constantemente. Se destruyen, se desvanecen. Y al final no valen nada.

¿Qué somos? Nunca me lo he preguntado... Por miedo a no querer responder. A no saber la respuesta. O más bien a no querer decirla.

Soy yo y eres tú. Somos los dos. Eso es lo que debería responder. Somos personas que se conocieron bajo circunstancias... Comunes y triviales. Pero que poco a poco sin darse cuenta se volvieron dependientes el uno del otro. O al menos así fue por mi parte.

Así es, me volví dependiente de ti. Quería saber lo que pensabas, lo que sentías, quería saber de ti, estar junto a ti y no alejarme. Pero aun así, sabía que no podía, no podía porque no debía. Y no lo hice. En ese aspecto fui muy obediente. Preferí mentirte, mentirles a todos, con tal de evitar a toda costa que no pasara, con tal de evitar que nuestra relación se estrechara. Te extrañe. Me hiciste falta.

Te conocí. Y luego de 6 meses creí que me estaba volviendo loca por ti. Mentí y pasé el trimestre entero mirándote. Observándote de cerca. Aun en ese entonces no te extrañaba. Porque aun no lo aceptabas.

Luego vino la separación. Y poco a poco se hizo más evidente. Menos evasiva. Y por supuesto más dolorosa. Que algo termine antes de empezar es a veces más difícil que terminar algo que tuvo historia, que tuvo una causa y una consecuencia. Pero entre tú y yo nada es perceptible. Nosotros comenzamos a leer entre líneas para entender lo que decíamos o mejor dicho para percibir lo que queríamos creer que el otro sentía.

Así es, yo solo veía lo que quería.

Y tu comenzaste a hacer lo mismo que yo. Lo cual no me afecto de inmediato. Porque aun no lo había aceptado. Luego lo comprendí y me di cuenta de que eso solo era una clara consecuencia de mis actos… Y de los tuyos, pero luego vamos con eso.

Eso solo significaba que estaba teniendo éxito en mi plan. En el plan que yo había trazado para separarnos. Aunque en realidad yo no lo quería. Y aunque en realidad yo esperaba que fracasara. Yo esperaba que tu lo derrumbaras y que lo hicieras fracasar.

He ahí el primer punto. Tu eres inseguro y solo actúas según los actos de los demás, en este contexto, de los míos. Y mis actos eran un claro y predecible «No». Y eso fue lo que hiciste, cuando lo aceptaste, cuando aceptaste mi «No» eso es lo que hiciste. Y eso era lo que yo esperaba lograr ¿no? Aunque en lo profundo de mi ser, no lo deseaba.

Sin embargo allí no terminó todo. Porque ya no lo soportaba. Lentamente me carcomía y luego acabé por aceptarlo. Terminé por darme cuenta. Y unas cuantas personas lo saben. Lo saben porque lo he aceptado en voz alta. Lo hice en voz alta antes de hacerlo en el interior porque así es como soy yo. Así es como comenzó todo.

Lo acepté y me di cuenta de que no podía soportarlo, pero lo seguí soportando un poco más, y un poco cada día más. Poco a poco me iba desenlazando de aquella mentira que había causado tus actos. Poco a poco trataba de llegar a ti de nuevo. Hasta que toqué el punto de quiebre. Hasta que ya no pude. Ya no quise. Y terminé. Pero no terminé con lo nuestro, lo nuestro que no había empezado. No. Terminé con la mentira... A medias. Pero lo hice.

No esperaba nada. Sinceramente, no esperaba una respuesta de tu parte, ¿del resto?, puede que sí. Efectivamente tú no diste ninguna respuesta diferente a la que yo esperaba, ninguna, puesto que no estaba esperando alguna.

De tu parte todo seguía igual o mejor dicho de mal en peor. O mejor dicho, como debería estar. Como se suponía que debía estar. Tu y yo no éramos nada, ni siquiera lo que éramos antes. Nuestra separación, distanció las cosas, las volvió más frías, pero eso solo fue porque tú tomaste acciones debido a ese presunto «No». Ese conjetural e hipotético «No» que fue creado a causa mía.

Y justamente estamos llegando a nuestro final. A este final incompleto o mejor dicho, inconcluso. Y te echaba de menos. Cuanto te echaba de menos.

Al poco tiempo de tu «No respuesta» o «no reacción» ante mi final; yo reaccioné. Y me decidí, tal y como lo expliqué a las personas que lo sabían. Y claro, ellas me apoyaron, me animaron, y otras no opinaron. De todas maneras, solo de algunos necesitaba una aprobación o necesitaba una opinión mejor dicho. Son ellos los que me han llevado a la iluminación en el sentido de que me hacían ver mejor las cosas. Y vaya que cosas eran las que veía. Un enredo total creado por ambos.

Perdimos nuestro tren. Los dos renunciamos a nuestro tren, fue un profesional trabajo en equipo tras largos meses de duro entrenamiento desaprovechando estaciones.

Y bien así comenzó nuestro final, todo porque nunca fuimos sinceros, francos, espontáneos, llanos y claros el uno con el otro.

Al poco tiempo de decidirme, tu viniste, y lograste que tirara todo mi esfuerzo por la ventana. Lograste que me desvaneciera o mejor dicho que mi mascara de hielo se desvaneciera y me viste. Lo notaste. Te diste cuenta.

Pero solo porque tú actúas dependiendo de las reacciones de las otras personas, en su defecto. Yo.

Y me lograste confundir más aun, cuando al pensar que por fin podríamos aclararlo todo. Huiste. Te reusaste. Decidiste que era mejor no hacerlo. No. Me diste tu «No» rotundo. Y me sentí tan estúpida.

Y sentí que lo merecía. Y me sentí enojada. Y frustrada. Y desilusionada. Y de nuevo lo decidí. Y esta vez fui firme y es por eso que decidí ponerle fin a este drama. Es por eso que me alejé de ti. No fue por un respiro de ti, NO. Fue porque sentí que si seguía dependiendo de ti. De ti y de tus no, iba a terminar mal. Volviéndome loca. Más de lo que ya estoy. Me di cuenta de que las expectativas solo me había hecho caer. Derrumbarme.

Por eso ya no espero nada de ti. Por eso ya no quiero nada de ti. Traté de entregar lo mejor que pude. Mi amistad, mi amor, mi cariño, mi preocupación y sobre todo mi comprensión. Y tú no supiste aceptar ninguna de ellas. No pudiste. No se dio. Y por eso esto que nunca empezó, ha llegado a su fin.

Ahora tú me miras con expectativas, diciendo que he cambiado, y que no sabes que hacer, cuando efectivamente te digo, cambié; cuando efectivamente de mi parte se terminó todo. Así que espero que tu también lo concluyas, lo rescindas, por tu parte.

Porque tú actúas en base a los hechos de las personas. Es decir, yo.

Caterin Echizen