Este relato participa en el Reto "Relato Histórico" del Foro de la Noble y Ancestral Casa de los Originales.

FAT BOY

The Pentagon. Washington D. C. 15 de Agosto de 1985

"La fuerza aérea de los Estados Unidos deniega hacer comentarios sobre la participación del señor Paul Bregman en el bombardeo de Nagasaki".

El general Kablowsky dobló cuidadosamente el periódico, un ejemplar del New York Times, última edición, y lo depositó sobre el tablero de la mesa sin decir ni una palabra. Había leído el artículo con toda su atención. De hecho, desde el pasado 7 de agosto, cuando se conoció la noticia, una buena parte de su atención y de su tiempo habían estado centrados en aquel asunto.

- Ahora mismo.- La voz del asesor enviado directamente desde la Casa Blanca para ayudarles a lidiar con aquel asunto sonaba lejana, aunque solo los separara metro y medio.-… no conviene negar rotundamente. Otros asuntos le echarán tierra por encima y…- Kablowsky dejó de atender. Hablaba y hablaba de que los tiempos estaban cambiando, de las relaciones con Japón, de la corriente anti armas nucleares y de nosecuántas cosas mas que no tenían ni la mas mínima importancia.

Porque él, Charles Kablowsky, descendiente de inmigrantes polacos como proclamaba tanto su apellido como su físico, tenía detrás toda una vida en el Ejército. Estaba a punto de retirarse y aquel acontecimiento, acaecido cuarenta años antes, tenía que venir a fastidiarle. ¡Qué mala suerte! Ganas tuvo de arrear un puñetazo sobre el tablero de la mesa, pero se contuvo. Muchos años de disciplina militar a las espaldas avalaban su capacidad para guardar las formas en presencia de otros. Incluso si se trataba de un civil, mequetrefe de treinta y pocos, que se las daba de sabihondo por ser el último mono del equipo de asesores del Presidente.

¿Qué sabría él de lo que supone una guerra? Nada de nada….

6 de agosto de 1945…

El sargento Kablowsky arrojó su cigarrillo al suelo de tierra y lo pisó con la bota mientras observaba, como todos, al coronel Tibbets saludar desde una ventanilla abierta en la carlinga. El Enola-Gay, el enorme B-29, acababa de aterrizar en la base y todos aguardaban tensos y en silencio a que se detuviera completamente y los tripulantes comenzaran a salir de su enorme panza plateada para vitorearles.

Durante el vuelo había corrido la noticia por toda la base: Cuando despegó de la base de Tinian, en las Marianas, el Enola-Gay portaba en su interior a Little Boy, un engendro de unos cuatro mil cuatrocientos kilos con una carga letal de uranio.

La había dejado caer sobre la ciudad japonesa de Iroshima. Los cálculos apriorísticos apuntaban a mas de cien mil defunciones.

Kablowsky era de la opinión de Tibbets: un militar U.S.A. obedece las órdenes de su comandante supremo. Y ese comandante supremo es el Presidente. Truman había tomado la decisión y, en opinión de ambos, había decidido correctamente. ¡Cuántas vidas americanas podrían perderse de no terminar de una vez con la guerra! Ahora solo era necesario que los japos se dieran cuenta y pidieran el armisticio.

La mayoría de los soldados, muchachos imberbes, no cuestionaban las órdenes. Servían a su país sin pensar mucho en mañana o en pasado. Podría no haber mañana ni pasado. Pero aquel novato, Bregman, había fruncido el ceño cuando subieron a la panza de acero del coloso construido por la Boeing aquella bomba que habían denominado "Little Boy". Y después de la partida de la pequeña flotilla, había realizado comentarios poco patrióticos con algunos compañeros. Comentarios que cuestionaban, soterradamente, la legitimidad de las órdenes de Tibbets. Al menos en su opinión.

Aquello no podía ser. Bregman había llegado dos meses antes como segundo tripulante de los bombarderos, precedido de cierta aura de genio de los radares. Pero quedaba a un lado. Vulneraba los códigos no escritos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. El, el sargento Charles Kablowsky enseñaría al novato.

La ocasión se le presentó cuando llamaron a formar a la tripulación del Great Artist, otro B-29 que sin embargo permanecería en tierra, porque el encargado de soltar la macabra carga sería el Bockscar, y el segundo navegante se sintió indispuesto y repentinamente comenzó a vomitar. Cuando el comandante le ordenó que buscara un suplente, no lo dudó. Así aprendería Bregman, con un bautismo de fuego en condiciones. Tendría que cumplir con su deber y guiar al pájaro metálico hasta el blanco seleccionado para dejar caer a Fat Boy, como llamaban a la bomba que portaba.

Aquella mirada triste, aquel "nos exigirán cuentas, aunque sea en el mas allá. Fat Boy siempre estará sobre nuestras conciencias" que le dedicó a la vuelta fue la gota que colmó el vaso, y Bregman se pasó en el calabozo el resto de la guerra, que total ya quedaba poca.

Y ahora, cuarenta años después, venía aquel cabrón a fastidiarle. Su último servicio a las Fuerzas Aéreas, antes de jubilarse, sería precisamente evitar que el suicidio de aquel loco tuviera demasiada repercusión en un mundo en manos de los poderes mediáticos.

Como si los ejércitos no valieran nada ante una panda de periodistas de tres al cuarto.

FIN


Notas de autor:

Se me ocurrió que podría ser interesante escribir sobre cómo pudieron ser las vivencias de los tripulantes de alguno de los dos B-29 que arrojaron las bombas nucleares sobre las ciudades japonesas de Iroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, cuyas devastadoras explosiones precipitaron la rendición del Japón.

Buscando por Internet encontré noticias sobre un tripulante del Bocscar, el bombardero que lanzó su mortal carga sobre la segunda ciudad japonesa. Se había suicidado en el cuarenta aniversario de la masacre. Me puse a buscar información sobre la biografía del militar y, para mi propio pasmo, me encontré que no figuraba en las relaciones que se publican en Internet de los miembros de dicha tripulación.

Aquello era muy extraño, así que seguí rebuscando. Al final, lo único que encontré fue una reseña en la prensa americana en la que el ejército norteamericano manifestaba que no podía confirmar que esta persona hubiera sido tripulante de dicho B-29.

Me llamó la atención lo escueto de la noticia y la nula repercusión de la misma. Al parecer, no podían negar que hubiera volado en esa misión, como él siempre afirmó desde que regresó a su hogar, ya por entonces con enorme cargo de conciencia. Pero ni siquiera negaban o confirmaban que hubiera sido soldado destinado en Tinian. Así que… bueno, había muchas posibilidades para especular.

Paul Bregman es el nombre del presunto tripulante del bombardero B-29 "Bocscar" que arrojó la bomba nuclear sobre Nagasaki. Kablowsky es un personaje totalmente imaginario. La trama que involucra a ambos es totalmente cosa mía.