Era de noche. En las calles de aquella ciudad podían escucharse los sonidos de alguien corriendo. Era una chica. Parecía estar siendo perseguida por alguien cuya identidad y motivos de persecución desconocía. Sólo podía correr, correr, sin ni siquiera poder divisar a quien seguía sus pasos.

Las farolas iluminaban aquellas calles, dejando ver un área vacía y sin un alma que pasara por allí, tan sólo ella, aquella chica, asustada, desesperada… Su melena de un color parecido al del Sol cuando atardecía, hondeaba debido al viento provocado por la carrera, y sus ojos, de un color rojo intenso, miraban hacia atrás en contadas ocasiones intentando divisar a su acechante. Fue en uno de esos momentos en los que su vista volvió atrás cuando tropezó con un desnivel del suelo, chocándose contra una pared en el transcurso de la caída.

Apoyando su espalda, la chica se maldijo por su mala suerte, apretando los dientes fuertemente y mostrando rabia en su rostro.

Las bombillas encendidas permitieron observar que no se trataba de una persona normal, sus orejas eran diferentes a las de un ser humano, más puntiagudas y acabadas en pico y, rodeando la zona trasera de éstas, sendos cuernos de pequeño tamaño pero que hacían notar su procedencia. Una demonio.

Aquellos pasos que iban tras los suyos se detuvieron. Dejó de escucharse el sonido del roce de ropajes contra los árboles y, finalmente, una figura apareció de entre las sombras, dejando ver a la víctima el aspecto de su acosador.

Un tipo vestido con un traje y con el pelo de color blanco se situó frente a ella. Llevaba dos extraños halos rodeando sus muñecas, parecidos a los que llevaría un ángel encima de su cabeza en aquellas historias que tanto se han ido contando generación tras generación.

Ella levantó la cabeza. ¿Quién era ese hombre? ¿Qué estaba pasando y por qué la perseguían? Ella no había hecho nada malo, no le había hecho daño a nadie, y, sin embargo, ¿iba a morir en aquel lugar? ¿Por qué?

Aquel hombre levantó la mano en su dirección.

-Así es como debe ser…

De repente una luz de color blanco la cegó, no teniendo más remedio que cubrirse los ojos con uno de sus brazos.

Cuando la luz se hubo disipado, los abrió lentamente, intentando acostumbrarse de nuevo a la iluminación de las calles.

En ese momento, aquél que la había perseguido se hallaba en el suelo, muerto, o eso parecía ya que no se detectaba ningún movimiento que delatara vida en él.

Mirando al ser inerte que yacía en el suelo había un joven, o eso creía distinguir pues la escena no estaba demasiado bien enfocada.

Sostenía lo que parecía una espada y con ella apuntaba al hombre de pelo blanco.

No habías rastros de sangre, ni en el suelo ni en la espada. Lo único que hubiese demostrado que allí mismo acababa de pasar algo era el hecho de que aquel chico sostuviera entre sus manos lo que parecía ser el arma del crimen.

La chica estaba confusa y algo desorientada. Fue en ese momento cuando consiguió por fin pronunciar palabra.

-¿Quién eres?

El joven la miró de reojo y posteriormente se giró. Su rostro fue completamente revelado, dejando ver una terrible quemadura que recorría su mejilla izquierda y llegaba hasta su frente, y un caso de heterochromia, presentando uno de sus ojos de color rojo y el otro azul.

-Oh, no te preocupes. Ahora todo irá bien. Era un tipo molesto así que me encargué de él –tras decir esto volvió la vista de nuevo hacia el hombre trajeado-. Nadie debería matar a otros por el hecho de ser diferentes. – parecía muy serio al pronunciar sus palabras.

La chica se quedó igual. Las palabras que acababa de pronunciar no respondían siquiera a su pregunta.

Acto seguido, el joven se dispuso a marcharse de allí.

-Por cierto –giró una vez más la cabeza para encararse a ella-, soy aquel que defiende a los de tu especie – indicó sonriendo de manera casi sarcástica. Tras esto, se marchó, dejando a la pobre demonio sola.

Parecía alguien un tanto extraño, pero tenía la sensación de que no sería la primera vez que lo vería, sólo que por entonces no sabía nada sobre ello. Finalmente, cayó dormida.

Kasaiga Eri despertó en su habitación. La luz del Sol entraba por la ventana de ésta, la cual se encontraba abierta. Se preguntaba si todo aquello había sido un sueño. Un extraño ataque de tipos igualmente extraños. Un salvador del cual ni siquiera sabía el nombre. Realmente se encontraba en un terrible estado de confusión.

Todavía acostada en la cama, observaba sus manos como si no terminara de creerse el hecho de que estuviesen allí. Suspiró. En cualquier caso, hubiese sido real o no la experiencia que había tenido, ahora daba igual.

Tras levantarse comenzó con la misma rutina que siempre.

Preparó el desayuno, recogió la ropa del tendedero, barrió la casa y posteriormente se dirigió al baño con intención de darse una ducha.

Tras desnudarse se metió en la bañera y dejó que el agua mojara todo su cuerpo. De alguna manera se sentía aliviada, quizás más despierta teniendo en cuenta que no hacía mucho que se había levantado.

De repente se dio cuenta de algo. Si de verdad todo aquello había ocurrido, ¿cómo era posible que hubiese despertado en su habitación?

Comenzó a sentirse más y más confusa con respecto a ese tema a la vez que intranquila, ya que había perdido la consciencia después de la desaparición de aquel chico y no sabía nada de lo ocurrido posteriormente. Sin embargo, intentó no darle demasiadas vueltas ya que sólo conseguiría más preguntas. Lo más probable es que todo fuera una mala jugada de su cabeza.

Después de salir de la ducha se miró al espejo. Su cabello, mojado, dejaba ver perfectamente los cuernos que salían de sus sienes, rodeando sus puntiagudas orejas. Suspiró de nuevo. Ella pertenecía a una de las especies más repudiadas según las leyendas que le contaban sus padres. Hace mucho tiempo se dice que los demonios comenzaron a atacar a la especie humana bajo el mando de su líder. Fue entonces cuando surgió una organización dispuesta a defender a los seres humanos y dar caza a sus agresores. Una organización que posteriormente pasaría a llamarse Inquisición. Durante muchísimos años, los demonios fueron perseguidos, masacrados, destruidos, descuartizados, asesinados y un sinfín de sinónimos que equivalen a su muerte. Los de su especie se defendieron ante tal ataque, pero la fuerza de la Inquisición era más grande de lo que jamás hubiesen esperado.

Entonces, un día apareció un hombre llamado "Darkblade", quien detuvo aquella lucha y consiguió que se diese lugar a un pacto de paz entre la Inquisición y los demonios. El pacto era que los primeros dejarían vivir a los demonios, permitiendo su existencia pero ésta jamás debería ser mostrada al mundo bajo ningún concepto. Y estableciéndose estas condiciones, se hizo la paz...

Como todas las mañanas debía de arreglarse el pelo para que cubriera sus cuernos y orejas. Aquello era un fastidio. La mayoría de las veces se le enredaba el pelo y tenía que gastar gran parte de su tiempo intentando devolverlo a la normalidad, por no hablar de lo difícil que era el que quedara perfectamente cubierto.

No había más remedio. Intentando ser paciente, cogió uno de los peines que se situaban en los cajones del mueble bajo el lavabo y comenzó su trabajo.

Eri terminó el resto de tareas que le quedaban por hacer en la casa y se preparó la mochila. Acto seguido se marchó.

Todos los días iba andando al instituto. Éste no quedaba demasiado lejos de su casa, por lo que no suponía un problema el desplazarse a pie.

-¡Eriiiiiiiiiiii! – una chica saltó encima de ella, consiguiendo que estuviese apunto de chocar de cabeza contra el suelo.

-¡Uaaaah! –gritó Eri intentando mantener el equilibrio - ¿Acaso quieres matarme, Luka?

-No entiendo como iba a poder querer yo eso de ti, Eri.

-Pues entonces no te me lances de esa forma. Casi termina la acera con mi cara estampada en ella – se quejó la chica de pelo rojo.

-No te pongas así. Sólo ha sido una broma.

-Lo sé, lo sé. Es que me has asustado.

-¿Asustado? Que extraño. Normalmente no te asustas por algo así.

-Lo siento, últimamente no me siento muy segura. Por otro lado, normalmente no estoy apunto de darme de bruces contra el suelo.

-Jeje, lo siento por eso –respondió Luka juntando las manos en señal de disculpa-. En cualquier caso, ¿ha ocurrido algo?

-No, no es nada. Sólo fue una pesadilla que tuve anoche.

-¡Oooh! ¡Odio las pesadillas! ¡Anoche tuve una en la que nos ponían un examen sorpresa y yo no había estudiado nada! ¡Me he levantado pensando que hoy teníamos examen!

-…Luka…

-¿Sí?

-Hoy tenemos examen…

-¿D-de verdad?

Eri asintió. La expresión de su amiga estaba completamente congelada.

-C-creo que me adelantaré un segundo… ¡Aaaaaaaaaah!

Negando con la cabeza, la demonio observó cómo su amiga se alejaba.

Poco tiempo después, Eri ya se encontraba en la puerta del instituto. Allí encontró a su tutora, quien parecía estar hablando con otra persona a la que no llegaba a distinguir bien pero, por lo que veía, diría que era un chico joven de estatura media.

Cuando la profesora terminó de hablar con él, éste se marcho al interior del edificio de la escuela. Por su parte, Eri se acercó a la profesora.

-Buenos días, sensei.

-Eri, buenos días.

-¿Algún alumno nuevo? –preguntó refiriéndose a quien acababa de irse.

-¿Eh? ¡Ah! No, no. En realidad se trata de vuestro nuevo profesor.

-¿Nuevo profesor?

-Sí, será vuestro profesor de historia en sustitución de Kawashima quien estará de baja una temporada.

-Ya veo.

-Se puede decir que es bastante joven, pero eso no quiere decir que no debáis tratarlo con respeto. De todas maneras, seguro que os caerá bien.

-Eso espero –rió Eri.

Dicho esto, la joven continuó su camino hacia clase.

Ya en el aula, se sentó en una de las mesas dispuestas a lo largo de la sala. A su lado se encontraba Luka, quien, con las manos en la cabeza y los codos sobre la mesa, leía los apuntes de la primera asignatura que iban a tener.

-¿Qu-qué tal lo llevas, Luka? – preguntó Eri con preocupación.

-Algo me dice que esto no va a acabar nada bien... – contestó su amiga hundiendo la cabeza en el texto.

-Desde luego, nunca aprenderás – apuntó una voz procedente del otro lateral de Eri.

-Ah, Shiina.

Ante ellas apareció una chica de pelo negro y largo, ojos pardos, un poco más alta que Eri y Luka y cuya expresión parecía indicar descontento hacia la aludida.

-Deberías organizarte mejor, seguro que no te pasarían estas cosas si por ejemplo te apuntaras los días de exámenes en alguna agenda.

-No es como si la necesitara...

-¡¿Qué no es como si la necesitaras?! Con esta ya van cuatro veces que te has olvidado de algún trabajo o fecha de examen.

-Cuatro no es tanto... –indicó la chica con la cabeza todavía hundida en los apuntes.

Shiina resopló.

-En serio, la próxima vez te traeré algo para que puedas apuntarte las cosas. Así no tendremos que estar Eri y yo recordándote siempre lo que tienes que hacer...

-Qué pereza...

-¡Cállate, y levanta la cabeza, apenas se te entiende!

Eri sonrió irónicamente.

-¿Habéis escuchado lo del nuevo profesor? –preguntó la demonio mientras comenzaba a sacar libros y material escolar.

-¿Un nuevo profesor? –Shiina pareció mostrarse curiosa al respecto.

-Sí, Asari-sensei me lo ha dicho. Un chico joven va a ser nuestro nuevo profesor de historia.

-Un chico joven... ¿sabes algo de su aspecto?

Eri negó con la cabeza.

-No he llegado a verlo bien así que poco puedo decir sobre él salvo lo que me ha dicho sensei.

-Mm...

-Ella me ha dicho que nos caerá bien, así que supongo que por lo menos será alguien simpático.

-Igual quiere que nos confiemos... –saltó Luka de repente.

-¿Por qué iba a querer eso?

-Algún tipo de confabulación para que todo el alumnado suspenda...

-¿Eres idiota? Si eso pasara daría mala imagen al instituto, ¿no crees?

-¡Entonces quiere que el director sea despedido para así hacerse con su puesto!

Shiina golpeó en la cabeza a Luka.

-¡Uh!

La chica se cubrió la zona afectada con las manos, dejando salir pequeñas lágrimas por sus ojos.

-Como sea, historia es la primera asignatura que tenemos así que podremos comprobar de primera mano de que clase de profesor estamos hablando –dijo Eri intentando calmar a sus dos amigas.

De repente la puerta del aula se abrió. Los alumnos guardaron silencio mientras Asari-sensei se situaba frente a la mesa del profesor. Se escuchó el murmullo de los alumnos pero no tardó en cesar cuando la tutora comenzó a hablar.

-Buenos días a todos. Como ya sabéis muchos de vosotros, el profesor Kawashima se encuentra de baja debido a una fractura que sufrió en la pierna derecha por una caída. Puesto que estará varios meses fuera, voy a presentaros al que será vuestro profesor durante ese tiempo. Hioni-kun, entra, por favor.

Un chico joven de pelo negro y algo alborotado hizo su entrada en el aula. Presentaba una apariencia alegre y despreocupada, llevando únicamente consigo un maletín.

Asari-sensei se hizo a un lado para dejar que él se situase frente a la clase.

-Puedes presentarte.

El chico asintió.

-Mi nombre es Hioni Reima y seré vuestro profesor de historia durante el tiempo en el que el profesor Kawashima esté ausente. Espero poder llevarme bien con todos y que ésta sea una clase fructífera.

Tras esto, el profesor se quedó observando a la clase hasta que terminó posando su mirada en Eri. La chica se quedó algo sorprendida al ver que los ojos del joven se mantenían fijos sobre ella. Es entonces cuando se dio cuenta de cierto detalle en él: heterochromia.

Durante unos instantes le vino a la mente la imagen del chico que la salvó la noche anterior. Aquel profesor se le parecía mucho...

-Bien, hechas las presentaciones, ¿hay alguna pregunta que queráis hacer?

La clase no parecía tener nada que decir al respecto por lo que la tutora decidió continuar.

-Así pues os dejo con él para que comience la primera clase, más os vale comportaros.

Despidiéndose de los alumnos, la profesora se marchó, cerrando la puerta tras de sí.

Eri le echó otro vistazo al rostro del profesor.

"No, no puede ser él. Aunque se parezca, no tiene la quemadura en su cara como la de aquel chico...", mientras pensaba esto movió la cabeza hacia los lados, "...debo dejar de darle vueltas, lo que ocurrió anoche fue un sueño...bueno, más bien una pesadilla...pero no es posible que él sea..."

-¿Te encuentras bien, Eri? –preguntó Luka.

-¿Eh? S-sí, sí, es sólo que estoy un poco nerviosa por el examen.

-Como ya os ha dicho la profesora Asari voy a dar comienzo a la clase. Según la programación que me dio el profesor Kawashima, hoy teníais un examen...

Luka comenzó a hacer ademán de introducirse debajo de la mesa.

-...sin embargo, puesto que es el primer día en el que doy clase pospondré el examen para otro día y continuaré por el tema siguiente.

-¡Sí! – exclamó Luka llamando la atención de los demás.

-Veo que algunos los necesitaban –señaló Reima dirigiéndose a la chica.

La clase comenzó a reírse.

-Así pues quiero que abráis vuestros libros por la página... ¡Aaaaah!

Mientras decía esto, el chico resbaló y se golpeó fuertemente contra el suelo.

La clase enmudeció ante el incidente.

-¿S-s-se encuentra bien, sensei? –preguntó Shiina mientras se levantaba de su sitio para comprobar su estado. Al parece había sido un golpe directo en el cual la frente de Reima había tomado un fuerte contacto contra la madera de la sala.

Levantándose con algo de dificultad, el profesor se encaró hacia la alumna.

-¡Hyaa! – gritó ella al ver caer sangre de una brecha abierta en la frente.

-Estoy bien, no te preocupes.

-¡P-p-pero, ¿cómo puede decir eso?! ¡Está sangrando! ¡Hay que llevarlo a la enfermería!

-¿Ah sí? ¿Estoy sangrando?

Los demás alumnos se quedaron algo pasmados ante la actitud de Reima.

-Jaja...es verdad...que cosas...

-¡¿Cómo que qué cosas?! –exclamó de nuevo, esta vez, toda la clase.

"Definitivamente, él no puede ser el chico de anoche..."