Las Joyas del Diablo.

Estábamos en un lugar muy sombrío y lucubre, solo nosotros dos, mirándonos fijamente a los ojos ¿Qué estábamos haciendo? ¿Por qué peleábamos en un lugar así? ¿Cómo llegamos a esto? No recuerdo, solo sé que uno de los dos saldría vivo… Pero ninguno de los dos quería morir, es más, yo no quería que muriera y él tampoco me mataría. Aun así estábamos luchando en contra de nuestros ideales, sentimientos y, ¿por qué no decirlo?, de nuestro amor ¿Por qué querían separarnos? "Un ángel que protege a su demonio y un demonio que lucha por su ángel" Así nos definíamos ¿Por qué llagamos a romper lo que creíamos que éramos? ¿Acaso ya no podíamos escapar de nuestro destino? Si este era nuestro destino ¿Quién debía morir?

Estábamos abrazados, arrodillados y agotados. Ambos estamos a un golpe de morir ¿Quién iba a dar el último golpe? No tenía idea alguna. Él me empezó a susurrar algo mientras seguíamos con nuestros cuerpos unidos en ese abrazo.

-Y-Ya no puedo más mi ángel…-Hundió su rostro en mi hombro –Mátame-

¿Qué había dicho? Apenas pude escuchar ese murmullo ¿Estaba alucinando?... Si debía estarlo, no puedo creer que quiera morir así no más. ¿Acaso no le importaba todo lo que pasamos? Pensar eso me hacía sufrir. Ojala todo lo que estaba pensando fuera un error mío.

-¿Q-Que acabas de decir?- Pude vocalizar después de analizar lo que había dicho.

-Mátame… Dije que me mates-

-¿Cómo puedes decir algo como eso?- Me exalte y lo aleje de mí para mirarlo fijamente a los ojos. Se veía la profunda tristeza al decir aquellas palabras ¿En verdad quería hacerlo? Sus ojos decían lo contrario, me transmitían que no lo matará, que siguiéramos huyendo… Pero ¿Por qué tan repentina propuesta?

-Sé que estás confundido...- Agacha la cabeza para evitar mostrarme su tristeza –Pero la única forma de salir de esto es que uno de nosotros muera… ¿Por qué no ser yo? Yo soy el demonio, el ser que debe ser castigado ¿No es así? Los ángeles iban tras mí…

-¡Eso es mentira!- Lo agite para que reaccionara. Puede que lo que dijo tenga algo de razón pero… -Yo también fui perseguido por los ángeles, también merezco un castigo… ¡Y quiero que sea contigo!- ¿Qué era lo que estaba sintiendo en mi rostro? ¿Lagrimas? ¿Desde cuándo un ángel puede llorar? –N-No quiero estar sin ti. En mi vida como humano nunca me enamoré y cuando me convertí en un ángel pensé que ya sería imposible…-Él alzo su rostro para mirarme, paso su pulgar por mi rostro limpiando una de mis lágrimas que caían -Pero… Te encontré cuando menos te esperaba… Te amo… Te amo como a nadie más… No quiero que te vayas.- Mostró una ligera sonrisa en su rostro cuando termine de hablar.

-¿Sabes? Yo también te amo y mucho… Pero es algo que no podemos evitar… Sin embargo yo soy el que debe morir… Así es el destino- Se alejó de mí y salió volando muy alto –Esto es un adiós… Mi amado ángel- ¿Eso era una lagrima lo que recorrió su rostro?

-¡¿Y tú hijo?!- Le grité mientras estaba en los aires.

-Queras decir "Nuestro" hijo- Enfatizó la palabra nuestro. Ese gesto hizo que tuviera un sonrojo, se podría decir que el último.

-Y-Yo… Y-Yo N-No sé qué pasará con él- Dije algo cabizbajo.

-Pues lo cuidarás desde tu mundo… Prométeme que lo harás.

-¡Claro!- Solo pude decirle eso. Mi voz ya estaba quebrada.

-Bueno, creo que ya es hora… Adiós mi amado ángel.

-A-Adiós- Solté mi última lagrima. No sabía que tendría tantas.

Él saco su flor marchita que poseía en su alma, la esencia de la vida se podría decir. Con todo el poco poder que tenía la destruyo por completo quedando solo cenizas de aquella hermosa pero marchita flor. Su cuerpo se empezó a esfumar poco a poco, no podía pronunciar ninguna palabra acerca de lo que estaba pasando. Después de un tiempo, no quedo ni una pequeña ceniza de él. No lloré más después de eso pero en mi corazón todavía estaban sus últimas palabras, palabras que nunca desaparecerán de mí… Sin embargo algo me exaltó más cuando llegó el creador del universo a mis espaldas y me desconcertó con lo que dijo.

-El tiempo aún está detenido. Algo no está bien-

Esas palabras significaron mucho para mí… ¿Será que no murió?... No, eso es imposible. Yo lo vi con mis propios ojos. Debe haber otra razón… Así que me giré para mirarlo con una cara de confusión.

-¿Qué quieres decir con eso?- Le pregunté en un tono rudo.

No me contesto nada. Su rostro expresaba todo, era algo que ni él podía explicar ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué me lo dijo a mí?... Sin embargo su rostro cambio en un segundo. Daba miedo, era aterrador, nunca le vi así…

-También tienes que morir… - ¿Qué rayos era eso? Según él cuando uno de los dos muriera el tiempo regresaría a su normalidad ¿Por qué ahora sale con que me tiene que matar? -Lo siento Azul, pero es la única solución que tenemos.

-¡No! ¡Eso no es posible!- Me aleje de él y empecé a huir… Pero ambos sabemos que era imposible. Me sujeto del brazo cuando menos lo esperaba – ¡Suéltame! ¡No quiero morir! ¡Debo cumplir la promesa!

-Eso no es posible Azul… Debes morir.