El Piano de la noche de otoño

Era de noche, y como era habitual, trabajaba en el restaurante de mi familia, era uno de los meseros del lugar. El recinto era muy visitado por muchas personas, esto se debía a que era muy famoso por los alrededores y por otros lugares no tan cercanos. Más concreto aun, era uno de esos sitios en donde tocan música en vivo además de ser muy elegante y prestigiado, solo los de alta clase iban a cenar.

-Kris, hay nuevos clientes en la entrada- Ese fue uno de mis compañeros que estaba ocupado en el fondo de la sala atendiendo a unos comensales.

Bueno. No me he presentado, Mi nombre es Kris Stevens, tengo 24 años de edad y soy estudiante de música aparte de ser mesero en el restaurante familiar como ya había mencionado. Soy algo extrovertido y muy alegre. Soy alto y de piel trigueña, tengo cabello oscuro y ojos color miel. Me gusta siempre darles una gran sonrisa a todas las personas a las que me dirijo. La gente me considera muy guapo y buen mozo, aunque yo no lo creo de a mucho, solo lo deben decir por mi amabilidad con las personas, de todas formas me da lo mismo si dicen que si o si no, yo solo sigo mi forma de ser. Aunque… Puede que por fuera parezca una gran persona hay algo en mí que no logro entender. Varios de los individuos que he conocido en mi vida, por algún extraño motivo solo me dejan y se van sin decir mucho. Esos individuos la gente común suele llamarlos novias. Yo a ninguna de ellas las he considerado verdaderamente eso, siempre abandonan sin ninguna explicación coherente. Por tal motivo no estoy interesando en ninguna relación sentimental en el momento.

-Bienvenidos. Hay una mesa disponible por allí, síganme- Sonreí como de costumbre y lleve a los clientes a la mesa que les había dicho, le corrí la silla a la señora para que tomara asiento y ella muy amablemente me dio las gracias. –Aquí está la carta, cuando quieran que tome su orden me llaman y gentilmente los atenderé-

Seguí con mi trabajo normalmente, había muchos comensales aquella noche y estaba muy cansado ya me quería ir a mi casa a descansar. Mi casa era pequeña, era solo un departamento que tenía lo necesario para que vivieran al menos dos personas, pero vivía solo así que no era tan malo, era muy confortable para mi parecer. Sin embargo no podía irme tan pronto, faltaba la actuación musical de cada noche, que como era habitual, me tocaba a mí. Ser estudiante de música debe servir para algo decía mi padre. Así que me acerque al piano que estaba al lado derecho del lugar y me senté frente a él.

-Buenas noches a todas las damas y a todos los caballeros presentes. Hoy voy a tocar una de las melodías que he compuesto, espero que sea muy confortable para ustedes- Puse mis dedos sobre las teclas y empecé a tocar cada nota de aquella melodía tan hermosa, muchas personas creían que era hipnotizante toda música que tocaba, siempre me decían que iba a ser un gran músico famoso, pero no lo creía. A veces era muy negativo en la vida, no entendía la razón de aquello.

Al terminar de tocar todas las personas empezaron a aplaudir, todas las veces que mostraba mi música me aplaudían muy enérgicamente, no sé porque ninguno de los aplausos que he recibido hasta el momento no me han alegrado realmente, pero siempre les mostraba una gran sonrisa al terminar, y no era la excepción así que hice una reverencia y sonreí como siempre y seguí con mi trabajo, todas las personas me alababan cuando les iba a entregar su comida o a recibir sus platos, yo solo le daba las gracias y seguía con mi trabajo.

El día terminó y me dirigí a mi casa como de costumbre acompañado con mi amigo y compañero de trabajo, John Anderson. Hablábamos de cosas normales sobre el trabajo, el estudio y una que otra chica que habíamos visto, no sé pero lo último nunca me interesaba de a mucho, solo decía que eran hermosas y muy bellas pero no comentaba nada más, en cambio, John solo hablaba y hablaba de ellas y yo como siempre lo escuchaba y solo hacia sonidos afirmativos. John era uno de esos que van tras las chicas y consiguen novia de manera muy fácil, cosa que no me gustaba de a mucho pero aun así éramos amigos.

-¡Oye! ¡Kris! ¿Me estás escuchando?-

-¿Eh? Perdón, estaba en mis pensamientos- Fue muy repentino, no lo estaba escuchando para nada. Íbamos caminando por el parque que siempre cruzábamos para llegar a nuestras casas.

-¿En qué pensabas?- Me preguntó.

-No tiene importancia, tranquilo. ¿Y de qué hablabas?- Evité responder a esa pregunta, igualmente no era importante.

-Bueno si tú lo dices. Y te estaba hablando sobre aquella chica que estaba sentada en la parte dere…- Volví a ignorar lo que decía. Sabía de qué chica hablaba así que preferí ignorar y solo responder con "si" y "Ajá".

En realidad no estaba pensando en algo concretamente, solo quería estar tranquilo por un rato y John no ayudaba de a mucho contando sobre las chicas que le interesó y a las que les interesé. Él siempre insistía en que consiguiera una novia, que ya era hora de que encontrará a alguien, sin embargo no tenía ganas de hacerlo, cada vez era la misma historia así que ya no estaba interesado en ninguna chica que veía.

-¡Sé que no me estás escuchando! ¡Te he dicho que esa chica era muy bonita y que se fijó en ti!- Me dijo en el oído un poco fuerte.

-¡John! ¡Eso Duele!- Le dije algo molesto y pasando mi mano por el oído que había gritado mi "amigo".

-¡Vamos! ¿No vas a decir que estaba muy linda? Deberías de hablarle alguna vez- Mencionó para luego picarme un ojo.

-Ah- Suspiré- ¿Cuántas veces te he dicho que no te metas en mi vida sentimental? Sabes que no me interesa nada en el momento así que no insistas. –Me molestaba que siempre fuera lo mismo. "¿Por qué no le hablas?" "Se van a divertir mucho" "Imagina como serian de novios". Una y otra vez, cada vez que aparecía una chica que se fijaba en mí decía eso.

-No sé, tal vez 100 o más. Sabes que no soy bueno con los números- Se encogió de hombros y no dijo nada más.

-Pues han sido muchas veces, eso te lo aseguro- Ya casi llegábamos a lugar en donde nos separábamos, el no dijo más, al parecer comprendió mi situación, o eso esperaba- Bueno, aquí nos separábamos. Nos vemos mañana- Nos dimos la mano y él se fue alejando, pero…

-¡Piénsalo! ¡O si no te vas a quedar solo de por vida!- Se giró y me gritó aquellas palabras.

-No tienes por qué preocuparte por mí. Mejor piensa en no quedarte solo- Solo cambie de dirección y me fui camino a mi casa. No escuché ni respondí lo que me dijo después de ello.

Cuando llegue a mi humilde apartamento, me paré frente a la puerta, pero antes de abrir me giré y me quede mirando el portón vecino. Hace mucho que nadie vive ahí, sin embargo algunos rumores que se escuchan en el edificio decían que detrás de aquel pedazo de madera, en esa residencia, alguien va a llegar a vivir en unos pocos días, no se sabe cuándo exactamente, solo que ya no va a estar desocupada. Desde que escuché esos comentarios me puse a pensar en qué tipo de persona se vendrá a vivir, no sé porque me interesaba mucho en eso, igualmente va a ser un vecino más para mi así que dirigí de nuevo mi mirada a mi puerta y la abrí para poder descansar de un pesado y agotador día de trabajo y estudio. Estaba muy casando así que fui directo a la cama y me dormí casi de inmediato.

Soñaba plácidamente, de lo que recuerdo fue un sueño muy extraño pero agradable, conocía a alguien, pero no podía distinguir su rostro perfectamente, es más, ni lo podía ver. Sin embargo pasaba momentos muy divertidos con aquella persona, me reía mucho. En un momento pensé que era una realidad, pero el sonido de mi alarma me dijo de inmediato que despertará y que todo era un gran y magnifico sueño. Así que abrí los ojos y me percaté que ya era nuevamente de día, así que me frote los ojos con las manos, me estiré y salí de mi cama, como era habitual fui al baño y empecé a organizarme para empezar mi día. Cuando ya estuve listo, fui a la cocina y empecé a preparar mi desayuno, sí, vivía solo desde hace mucho tiempo así que ya era una rutina diaria hacer todo eso. Cuando terminé de cocinar me senté en el comedor, pero antes de empezar a comer puse algo de música para relajarme, empecé a degustar el desayuno que había preparado, no era un chef profesional pero trabajando en un restaurante ¿Quién no aprende a cocinar? En un momento sentí que ya estaba satisfecho así que me dirigí a la cocina y lavé los platos y todo lo que había ensuciando.

Miré mi reloj y me percaté que ya era hora de salir, así que abrí la puerta para salir y bajé al estacionamiento por mi auto. Cuando estuve ahí sabía que mi primera parada sería la casa de mis padres, tenía que ir a buscar a mi hermano menor para llevarlo a la escuela, él apenas iba en pre-escolar. Muy pocos hermanos mayores ya independizados harían eso, pero mi hermano era muy especial así que no me molestaba en hacerlo, lo considero casi mi hijo y estoy seguro que para él soy como su padre. Puede parecer raro pero así era, nos queríamos mucho.

Así que entré al auto y conduje a la casa de mis papás, ya eran mayores pero aun así pudieron conseguir su propio hijo después de tantos años, sí, yo también era su hijo, pero fui adoptado por ellos. No siento rencor por mis verdaderos padres, ni recuerdos quienes eran ni quiero conocerlos, así que para mí esas personas me dieron la vida aunque no sea cierto.

Cuando llegue a casa de mis padres ahí estaba Arthur esperando a que llegara. Mi hermano menor me fue a abrazar inmediatamente que salí del carro, era muy tierno conmigo ¿Cómo no quererlo si es así con uno? Así que me agache y le regresé el abrazo. Mis padres también estaban ahí esperando.

-¡Hola! ¿Cómo están?- Les dije a mis padres que estaban observando la escena y se acercaban lentamente a donde estábamos los hermanos.

-Bien como siempre. ¿Cómo te fue anoche en el trabajo?- Respondió mi padre y añadió.

-Muy bien, un poco agotador pero bien- Reí al final.

-Qué bueno que te esté yendo muy bien- Agregó mi mamá.

-¡Kris! ¡Kris! ¡Mira lo que hice!- Dijo mi hermano muy emocionado sacando algo de su mochila. Era un dibujo que había hecho él.

-¡Oh! Qué bonito tigre. ¡Dibujas muy bien, Arthur!- Le respondí a mi hermano. Él solo me abrazó y sonrió ampliamente, cosa que me hizo devolverle el gesto.

-Bueno- Interrumpió mi padre –Creo que es hora de que se vayan, ¿no?-

-Arthur, entra al auto y espérame- Él asintió y entró al vehículo como le pedí.

-¿Cómo te va en la universidad?- Me preguntó mi padre. Siempre hacia las mismas preguntas y yo siempre le respondía lo mismo:

-Muy bien, ya casi terminó el semestre-

-Bueno, se les va hacer tarde. Cuídalo mucho- Me dijo mi madre.

-Bueno, nos vemos mañana. Adiós- Me despedí de ellos y me subí al auto. La escuela de mi hermano quedaba cerca de mi apartamento, pero mis padres vivían muy lejos así que me tocaba ir en mi auto a recogerlo. Me dirigí a la escuela y al llegar deje a mi hermano ahí y seguí mi camino a la universidad. Sin embargo, algo se me había olvidado en la casa así que pase en un segundo a recoger aquello que dejé. Al llegar vi un señor abriendo la puerta del frente de mi apartamento. "¿Ya habrá llegado el nuevo vecino?" Pensé. Así que mi curiosidad ganó y saludé al señor que estaba ahí.

-Hola, ¿Se le ofrece algo?- Le pregunté.

-¡Oh! Hola… No, tranquilo. Solo estaba dejando algo que se me había olvidado del dueño, no tiene de que preocuparse.

-Bueno, que tenga un buen día- Le respondí.

Me parecía muy raro pero creo que estaba diciendo la verdad. ¿Entonces él no era el nuevo vecino? ¿No? Bueno, se me hacía tarde así que entré a mi apartamento por lo que se me había olvidado y bajé lo más rápido que pude al auto para ir a la universidad. Al llegar, todo transcurrió normalmente, era otro día aburrido de estudio. Me gustaba la música, aun así aburría una que otra vez, pero ya me acostumbré.

Por fin mi jornada de estudio terminó y me pude ir a mi casa, pero antes de eso fui a recoger a Arthur a la escuela. A veces él se quedaba en mi pequeño apartamento a pasar la noche, pero esta vez se fue a su casa como era lo más común. Cuando llegue miré la puerta de al frente pero esta vez no había nadie ahí así que solo la ignoré y entré a mi dulce morada. Ahí me relajé un poco antes de tener que ir al trabajo.

El trabajo pasó como si nada, fue muy normal y esta vez no fue ninguna chica linda quien se fijará en mí para que John empezara a molestar con la cuestión de tener novia, tuve suerte. Estuvo ocupado en su trabajo, cosa que es muy rara, así que no pude dejar escapar la oportunidad para preguntarle.

-John. Has estado trabajando muy duro hoy ¿Pasó algo?- Le pregunté en un minuto en que vi oportunidad.

-El jefe me ha dicho que he estado un poco flojo así que tenía que esforzarme más o sino tendría serias consecuencias-

-Te dije que algún día podría pasar. Mejor sigue trabajando- Le pasé mi mano por el hombro y me reí suavemente.

-¡Tú eres el que no deja trabajar!-

Me reí un poco después de que dijo eso, hace mucho que no me apartaba de él un rato y de sus tontas preguntas e insistencia. Solo continúe con mi trabajo como de costumbre, mostraba mi sonrisa a todos aquellos clientes que entraban, que comían y que esperaban. No me sentía tan agotado como las otras veces, supuse que fue porque John no me hablaba mucho y hacia lo suyo, entonces no me sentía tan estresado.

-Buenas noches a todos, hoy les voy a tocar algunas de mis composiciones que he preparado para esta noche, espero que las disfruten-

Ya era hora del espectáculo de la noche, como siempre tocaba música compuesta por mí mismo, pocas veces interpretaba algo de alguien más, prefiero que escuchen algo que nació de mi pensamiento, si, pensamiento, nunca he escrito ni tocado una canción con el corazón, nunca he sentido ese sentimiento en donde la música sale desde la parte más sensible e inexplicable del ser humano. Es algo frio, pero es cierto. Sin embargo, esa noche sentí algo raro, como si en verdad estuviera sintiendo la música. No era algo fácil de explicar, pero creo que mi pasión nació de repente, sin explicación alguna.

La gente aplaudía más y más. Era supremamente diferente a las otras veces, era anormal, pero me sentía feliz, feliz con las personas que me rodeaban y conmigo mismo. La alegría del lugar era enorme y toda entorno a mí. Por fin mi música ha logrado tocar el corazón de las personas, cosa que nunca antes había experimentado. Y todo ocurrió en una fría noche, pero los sentimientos no eran así, sino más bien lo opuesto. Eran cálidos como un día de verano, aunque hayan surgido de un piano, en una noche de otoño.